Últimas tardes con Teresa

El título

Independientemente de que luego, tras la lectura, sus novelas gusten más o menos, muchos de los títulos de Juan Marsé (Barcelona, 1933) son tan golosos que al oírlos se abre el apetito lector: Encerrados en un solo jugueteÚltimas tardes con Teresa, La oscura historia de la prima Montse, Si te dicen que caí, El embrujo de Shanghai, Noticias felices en aviones de papel, etc. No extraña que, por su gracia poética o por lo que sugieren, hayan sido parafraseados decenas de veces en titulares de periódicos y en publicaciones diversas.

Por lo que se refiere al de la novela Últimas tardes con Teresa (1966), se recuerda con facilidad por cómo suena gracias a sus aliteraciones y por su significado, que apunta a la melancolía de una historia  de amor que se acaba. Anticipa, por otra parte, el punto de vista predominante desde el que está escrita la novela, pues esas tardes son las últimas para quien las pasó con Teresa, en este caso, el protagonista, Manolo Reyes, apodado Pijoaparte.

El origen

En una entrevista concedida en diciembre del 2006, cuando la novela cumplía 40 años, Juan Marsé recordaba que la idea de escribirla “surgió cuando estaba en París, en 1960. El primer latido ocurrió a raíz de unas conversaciones con unas chicas francesas a las que se suponía que yo daba clases de español. Nos reuníamos una vez a la semana, y una de ellas se llamaba Teresa, hija de un pianista. Una muchacha guapísima en una silla de ruedas. Me escuchaban, les contaba cosas de Barcelona, de mi barrio, y noté en ellas una atención especial. Ése fue el germen de la novela. Capté que despertaba en ellas cierta fascinación por el arrabal cuando les hablaba de mis juegos infantiles en el Monte Carmelo con los chavales de cabezas rapadas, hijos de los inmigrantes del sur. […] La nostalgia del arrabal que yo veía en aquellas señoritas se combinó con el sentimiento que advertí en los exiliados con relación a España. Conocía a los exiliados […]; hablaban de la inminencia de una huelga general, decían que la caída del franquismo estaba a la vuelta de la esquina, que los trabajadores estaban bullendo… Ahí no me podían engañar, porque desde los 13 años yo había trabajado en una gran taller, donde había 30 operarios, y yo sabía cuáles eran sus aspiraciones: comprarse un reloj, una gabardina, un coche. Aquel romanticismo de la izquierda que veía el cambio al doblar la calle no se correspondía con la realidad” (“El Pijoaparte sería hoy un inmigrante del Magreb”, entrevista de Juan Cruz a Juan Marsé, El País, 4 de diciembre de 2006).

El epígrafe

Al frente de la novela figuran unos versos en francés, un poema de Baudelaire (no se citan ni el título ni la última estrofa). El poema se titula “El albatros“, y una de sus muchas traducciones al castellano dice:

A veces, para divertirse, los marineros
cazan albatros, grandes pájaros de los mares
que, indolentes compañeros de viaje, siguen
al barco que navega sobre los oscuros abismos.

Mas apenas arrojados en la cubierta,
estos reyes del cielo, torpes y avergonzados,
dejan sus grandes alas blancas,
como remos, caer a sus costados.

¡Qué débil es y qué inútil el alado viajero!
Él, antes tan hermoso, ¡qué feo y ridículo aparece!
Uno, con su pipa le quema el pico;
otro, cojeando, remeda al lisiado que volaba.

El poeta es como este príncipe de las alturas
que asedia la tempestad y se ríe de las flechas,
desterrado en el suelo, entre burlas,
sus alas de gigante le impiden andar.

[Traducción de Ana María Moix, 1966.]

La última estrofa no aparece citada en el epígrafe para no confundir al lector, así se consigue que el albatros no se identifique con los poetas, sino con cualquiera que fracase después de haber intentado llegar muy lejos. Con los versos colocados intencionadamente en el umbral del libro Marsé tal vez haya querido destacar la importancia del medio en que se vive para ser quien se es: un pájaro tan imponente mientras vuela por los aires como el albatros pierde su fuerza y su elegancia cuando baja a tierra. Lo mismo le ocurre (parece anunciar el autor) al protagonista de esta novela, que pasa de ser objeto de deseo a ser objeto de burla y pierde su arrogancia cuando se descubre que no es quien creían.

Tema

Si el tema más evidente de esta novela es la imposibilidad de éxito de una relación extremadamente desigual (por diferencias económicas, culturales, de origen, de clase social, etc.), el subtema dominante sería la crítica de la inautenticidad de las relaciones en una sociedad devota de las apariencias, la de la Barcelona de la década de 1950, en plena dictadura franquista. Es decir, en simbiosis con la falsa condición de novela romántica (personajes que, por amor, parecen querer luchar contra las barreras sociales que lo dificultan), se desarrolla el tema moral de la impostura (personajes que, por diferentes motivos, fingen ser lo que no son).

Argumento

La noche de la verbena de San Juan de 1956, Manolo Reyes (Pijoaparte), que vive en una barraca de la barriada del Carmelo de Barcelona, entra con decisión en el jardín de una casa particular del barrio de San Gervasio para asistir a una fiesta a la que no ha sido invitado. Ha llegado hasta allí en una moto cualquiera que ha cogido en una plaza del Guinardó. En la fiesta conoce a una muchacha, Maruja, que dice veranear en Blanes, “en la torre de sus padres”. Unos meses después, en septiembre, Manolo se encuentra por casualidad con Maruja en Blanes, junto a una mansión (la Villa) cercana a la playa, y esa noche entra furtivamente en su habitación y hacen el amor. Por la mañana, cuando descubre que Maruja es una criada de la Villa y no la hija de los propietarios, decepcionado, en un arrebato de furia la despierta a bofetadas. Sin embargo, se hacen novios y empiezan a salir juntos; Maruja llega a conocer el ambiente en que vive Manolo y, de paso, le va hablando de Teresa, la hija de los Serrat, la familia para la que trabaja. Meses después, a consecuencia de una caída, Maruja entra en coma y es ingresada en una clínica de La Bonanova. Teresa y Manolo se encuentran con frecuencia en la habitación de la paciente, salen a pasear juntos y van intimando. Teresa, una estudiante progresista, quiere creer que Manolo es un obrero con ideología política de izquierdas, aunque Luis Trías, un líder estudiantil, no acaba de creérselo, y Manolo, por su parte, que ni trabaja como obrero ni tiene conciencia política, prefiere no desengañarla para mantenerla interesada. Maruja muere en la clínica y Manolo es detenido por la policía por haber robado una moto. Al saber que Manolo ha sido detenido por ese motivo, Teresa, que no sabía que fuera un delincuente, se echa a reír como si la historia con él “fuese un chiste viejo y casi olvidado”. Dos años después, cuando sale de la cárcel, Manolo se entera por Luis de esa reacción de Teresa y de los nuevos derroteros por los que está llevando su vida.

Estructura

La novela está compuesta por veintidós capítulos (veintitrés si se cuenta el primero, una simple viñeta), cada uno de ellos precedido por un breve epígrafe tomado de autores diversos (Espronceda, San Juan de la Cruz, Pablo Neruda, etc.). Los veintidós capítulos se agrupan en tres partes que se corresponden con la división clásica (presentación, nudo y desenlace).

En la primera parte (cinco capítulos) se desarrollan los encuentros entre Manolo y Maruja, durante el verano y el otoño de 1956, en tres escenarios principales: el barrio de San Gervasio, donde vive Teresa; el Carmelo, donde viven Manolo y sus amigos (Bernardo, el Cardenal, Hortensia…), y la casa señorial de Blanes, la Villa, donde veranea la familia de Teresa y adonde acude por las noches Manolo para encontrarse furtivamente con Maruja.

La segunda parte, la más extensa (diez capítulos), transcurre durante el verano de 1957. Maruja ha sido ingresada en una clínica como consecuencia de una caída, Manolo y Teresa la visitan y el supuesto pretendiente de Teresa, Luis Trías, deja de ser un estorbo; estos hechos propician el progresivo y particular enamoramiento de Manolo y Teresa y sus escapadas al Carmelo y a las playas de los alrededores de Barcelona.

En la tercera parte (siete capítulos),  se relatan los últimos encuentros de Manolo con Teresa a finales del verano del 1957, a veces solos o con los amigos de Teresa, a veces en la clínica ante la familia Serrat. Los escenarios en que se mueven los personajes se amplían por el Guinardó, las Ramblas, el Barrio Chino y Pueblo Seco. La muerte de Maruja, el abismo que se abre entre Teresa y Manolo, la denuncia de Hortensia y el encarcelamiento de Manolo ponen un amargo final a la historia.

Tanto la viñeta inicial como el último capítulo de la tercera parte presentan características propias. El cuadro descriptivo del principio funciona a modo de un salto en el tiempo, como una especie de anticipación cinematográfica (técnicamente se llama prolepsis): recoge el melancólico paseo de una solitaria y desigual pareja que avanza en la madrugada hacia un Floride blanco dejando atrás los restos de guirnaldas, farolillos y confetis de una verbena popular a la que asistirán Manolo y Teresa la noche del 11 de septiembre de 1957, pocas horas antes de enterarse de que Maruja acaba de morir. Capta con elegancia lírica el fin de fiesta, el fin del verano y (se descubre más tarde) el último momento de felicidad para Manolo junto a Teresa. En cuanto al último capítulo, se sitúa en el verano de 1959, dos años después de las últimas tardes pasadas con Teresa, cuando Pijoaparte sale de la cárcel y se encuentra en un bar, cerca de Las Ramblas, con Luis Trías, quien le cuenta cómo se había reído Teresa al enterarse de su detención. En ese momento el lector se acuerda del epígrafe inicial y piensa: “Teresa se ha reído de Manolo igual que los marineros se ríen del albatros que han cazado, el rey del cielo que ya no puede volar.”

Técnica

La novela utiliza un tipo de narrador omnisciente capaz de conocer lo que los personajes hacen, piensan (“Mal empezamos, chaval”, se dice a sí mismo Manolo), imaginan, desean, temen, recuerdan o recordarán en el futuro (“Era la madrugada del 12 de septiembre, recordaría la fecha por el desorden de flores y de besos que dejaron tras ellos, el triste abandono en que quedó todo”), un narrador que escribe la historia en 3ª persona sin disimular sus opiniones. Se trata de un narrador muy escrupuloso en el registro de ciertos datos (“El primer encuentro con Teresa Serrat tuvo lugar en la verja del jardín de su casa, en San Gervasio. Sucedió un jueves, a eso de las diez de la noche…”, pág. 77), pero con una fuerte tendencia al subjetivismo y a opinar muy libre y contundentemente sobre personajes y acontecimientos: “Con el tiempo, unos quedarían como farsantes y otros como víctimas, la mayoría como imbéciles o como niños, algunos como sensato, ninguno como inteligente, todos como lo que eran: señoritos de mierda” (pág. 232), concluye al hablar de los estudiantes que participaron en 1957 en los llamados hechos del Paraninfo.

En la narración predomina el punto de vista de Manolo y, muy en segundo lugar, en algunos momentos, el de Teresa. Sin embargo, en dos ocasiones por lo menos, el narrador cede la palabra a Maruja, que está inconsciente (en coma), para producir el efecto del monólogo interior:  “…la fragancia del jardín esa noche […], fue durante un pequeño descanso después de distribuir y preparar otra bandeja de canapés (ya sabía yo que faltarían) pues me dije mira vamos a sentarnos un rato al borde de la piscina para verles bailar…” (pág. 205), rememora Maruja en un larguísimo párrafo separado del resto del texto por un espacio en blanco, igual que ocurre más adelante, al final del capítulo dieciocho: “…mientras se dejaba caer muy despacio a los pies del elegante desconocido…” (pág. 273). El uso de esta técnica, que en un primer momento puede desconcertar por el desorden con que se engarzan las imágenes evocadas, permite, en teoría, conocer de manera más fidedigna los pensamientos más ocultos del personaje, aquello que no se atreve a reconocer conscientemente, y, a la vez, al insistir en episodios ya conocidos desde el punto de vista de Manolo, dar cabida a otra perspectiva (enfoque múltiple). No son estos los únicos fragmentos en los que emerge al exterior el mundo interior de los personajes: en varios pasajes, el narrador deja entrever las fantasías heroico-eróticas de Manolo en las que se ve a sí mismo como un héroe que salva de cualquier peligro a la heroína de sus sueños o en los que la imagen de Teresa se confunde con la de la actriz Jean Simmons en una imaginaria Teresa Simmons o con la de la hija de los Moreau, su primer amor en la igualmente imaginaria Teresa Moreau.

Todo eso no obsta para que en algún momento el narrador aparque a sus personajes y describa con rigor cómo se formaron los enjambres de barracas del Carmelo (capítulo tres de la primera parte) o se explaye con severidad sobre la naturaleza del incipiente movimiento estudiantil (capítulo primero de la tercera parte).

Un aspecto sobresaliente de este narrador es su capacidad para captar y retratar a sus personajes con trazos no abstractos, sino muy visuales y plásticos, y para señalar aspectos físicos que parecen reveladores de la personalidad de cada uno; por ejemplo, cuando se refiere al bigotito franquista de Oriol Serrat o a las piernas de tobillos anchos de su esposa. En ambos casos, como en muchos otros, el narrador manifiesta una fuerte tendencia a la ironía y a desvelar con humor sarcástico el aspecto más ridículo de algunos personajes y situaciones.

La acción principal se desarrolla a lo largo de poco más de un año (desde junio de 1956 a septiembre de 1957), con predominio de la linealidad cronológica (los hechos se cuentan siguiendo el orden en que ocurrieron), con algunas excepciones, básicamente para reconstruir momentos del pasado (analepsis): la infancia de Pijoaparte en Ronda (Málaga), la amistad de adolescencia de Maruja y Teresa en Reus, los recuerdos de cuándo se conocieron Manolo y Maruja, etc. Por no hablar de la anticipación temporal de la viñeta del principio  ni  del salto temporal a septiembre de 1959 del último capítulo.

El Carmelo

Muchos novelistas han inventado un territorio mítico donde situar sus sagas (Faulkner, YonakpatawphaGarcía Márquez, Macondo; Onetti, Santa María, etc.), pero a Juan Marsé no le ha hecho falta inventarlo. Como aclara en la entrevista citada, ha recordado los años de su infancia y adolescencia correteando por entre el Carmelo y el Guinardó y ha ido situando allí algunas de sus historias más punzantes de los años 40 y 50 del siglo pasado.

El barrio del Carmelo aparece descrito en Últimas tardes con Teresa como un barrio pobre y digno, formado por un enjambre de barracas autoconstruidas a lo largo de los años, a medida que iban llegando nuevos inmigrantes. Un barrio de aluvión que acogía a todo el que llegaba (“El barrio está habitado por gentes de trato fácil, una ensalada picante de varias regiones del país, especialmente del Sur”, pág. 25), en el que, sin embargo, en medio de la pobreza, el hambre y las calles enfangadas, quedaban resquicios para los sueños como un mecanismo necesario para no rendirse a la dureza del vivir: “En los grises años de la postguerra, cuando el estómago vacío y el piojo verde exigían cada día algún sueño que hiciera más soportable la realidad, el Monte Carmelo fue predilecto y fabuloso campo de aventuras de los desarrapados niños de los barrios de Casa Baró, del Guinardó y de La Salud” (pág. 24). Sin embargo, aunque el Carmelo no diste mucho de San Gervasio (unos siete kilómetros), entre ambos barrios se levanta una impenetrable barrera económica y social, muy perceptible para algunos. Así, “para la señora Serrat, el Monte Carmelo era algo así como el Congo, un país remoto e infrahumano, con sus leyes propias, distintas” (pág. 138): para ella, saber que Manolo vive en el Carmelo basta para suponer que es un “desvergonzado” y para pedirle a su hija que lo olvide.

Personajes

En Últimas tardes con Teresa Marsé presenta dos mundos contrapuestos: el mundo de la burguesía catalana, caracterizado como un mundo de pijos prejuiciosos, clasistas y relamidos, al que pertenecen Teresa, su familia y sus amigos (Luis Trías, Mari Carmen Bori, etc.) y el mundo del Carmelo, al que pertenecen inmigrantes (identificados genéricamente como murcianos o, más despectivamente, como xarnegos) que viven precariamente como Manolo y otros seres marginales, muchos de los cuales viven al borde o inmersos en la delincuencia (el Cardenal, Hortensia, Bernardo, las hermanas Sísters, etc.); por otro lado estarían Maruja y su familia, inmigrantes pero con trabajo estable al servicio de la burguesía, por lo que sirven de nexo entre ambos mundos (Manolo llega a conocer a Teresa gracias a Maruja).

El personaje de Manolo, aunque puede recordar a algunos protagonistas de la novela picaresca por su descaro, su gusto por vestir con elegancia, su carácter bronco y su facilidad para mentir, por sus orígenes humildes, por haber nacido en provincias y por su aspiración a ascender socialmente en la gran ciudad está emparentado con Julien Sorel (el protagonista de Rojo y negro, de Stendhal), con Eugène de Rastignaç (personaje de Papá Goriot y La piel de zapa, novelas de Balzac) e, incluso, según palabras del propio Marsé, con Jay Gatsby (de El gran Gatsby, de Scott Figtzeral) como “tipo que se fabrica a sí mismo”). Manolo puede ser violento (maltrata a Maruja, golpea brutalmente a Bernardo, entra en cólera con facilidad…), machista, roba motos para vendérselas al Cardenal, se juega a las cartas el dinero que no tiene, va dejando deudas a sus espaldas y más que buscar trabajo trata de dar el braguetazo, aunque, como señala Marsé, no sea el típico braguetero, y, sin embargo, a pesar de estos defectos, hay en él restos de inocencia, de decisión y de autenticidad capaz de, a partir de cierto momento, cautivar a Teresa, que llega a valorarlo por encima de sus amigos universitarios, más ricos, más cultos y… tan o más farsantes. Su capacidad para mentir sobre sí mismo llega a ser asombrosa: “Trabajo en los negocios de compraventa de mi hermano. Compraventa de coches” (pág. 155). Su obsesión por Teresa no le impide admitir para sí que la suya es una historia sin futuro, condenada de antemano. Manolo no se hace muchas ilusiones. En algún momento, incluso, se plantea contarle la verdad a Teresa: “¿Y si le hablara?…” (pág. 262).

Teresa, rubia de ojos azules, rasgos físicos que tanto le atraen de ella a Manolo, que es moreno, no es imagen de la bella cruel y despiadada, sino una joven universitaria perteneciente a la burguesía catalana, arrastrada por los incipientes movimientos estudiantiles de la época y fascinada algo ingenuamente por Luis Trías. No ve contradicción ninguna entre leer a Simone de Beauvoir, que predica la liberación de la mujer, y, al mismo tiempo, entretenerse con la revista Elle (“revista femenina de moda, belleza y cocina”), que es un escaparate de la mujer objeto, como tampoco entre considerarse de izquierdas y conducir con desparpajo un Floride blanco, símbolo de lujo. Quizás para diluir esas contradicciones prefiere creer que Manolo es un obrero comprometido con la lucha antifranquista, aunque ante su padre sea capaz de negar que lo conoce como San Pedro a Jesucristo (“Apenas lo conozco, papá…”, pág. 185) o como el mismo Manolo había hecho previamente cuando ella fue a avisarle del accidente de Maruja (“Yo no tengo novia. No conozco a ninguna Maruja”). Incluso con sus vaivenes, Teresa, caracterizada como una joven idealista, capaz de tener amistades con gente que escandaliza a los de su clase, empieza a madurar cuando sufre un enorme desencanto ante la impotencia y la pedantería de Luis Trias, en quien había confiado inicialmente. En el plano intelectual demuestra una honestidad muy superior a sus compañeros de grupo cuando admite, muy significativamente, preferir a Balzac y al personaje de Rastignac por encima de otros novelistas de moda (pág. 239).

Maruja, ingenua, confiada y sumisa, cree en Teresa como en una amiga fiel a pesar de la diferencia social y cultural y, aunque Manolo la maltratara, quiere creer en él como alguien que puede rectificar y enderezar su vida. Tampoco ella está idealizada ni se libra de incurrir en mentiras cuando Manolo le pregunta si veranea en la torre de sus padres o cuando no desmiente a Teresa que le pregunta por las reuniones clandestinas del supuesto comunista. En todo caso, su función en la novela es clara: es quien presenta a los dos personajes principales y quien alienta, sin advertirlo, el interés de Teresa por Manolo.

El Cardenal es hombre experimentado, maniático  y turbio que, además de los negocios de compraventa de motos robadas, parece ocultar muchos secretos, de ahí la atracción que parece inspirar en Manolo y en otros jóvenes del barrio. Aunque había ejercido un cierto poder sobre Manolo, a partir de cierto momento, viendo que este se le escapa y no se somete a sus deseos, empieza a adoptar un papel elusivo que será determinante para que Hortensia, una versión pálida y desvaída de Teresa, trate de tejer una red de dependencias y deudas con la que atrapar sentimentalmente a Manolo, pero como no lo consigue no duda en delatarlo a la policía.

Otro personaje que cumple un cierto papel decisivo, aunque involuntariamente, en la decantación de Teresa por Manolo es Luis Trías (gracias al desengaño erótico que sufre con él, Teresa empieza a desear a Manolo) en quien el narrador se ceba con sarcasmo presentándolo como impotente y como un ser superficial, izquierdista de pacotilla, incapaz de superar su clasismo ni la repugnancia teñida de celos que le despierta Manolo. En el último capítulo, ya convertido en un alcohólico sin remedio, cuando le cuenta a Manolo que Teresa se había reído de él, parece disfrutar malévolamente y vengarse de los antiguos golpes recibidos de alguien a quien considera inferior.

Bernardo, ocioso, débil y manipulable,  es un personaje característico del entorno semidelictivo en que se mueve Manolo, con quien tiene una relación de dependencia hasta el momento en que se casa con Rosa y pasa a depender de ella; luego, abrumado por la vida matrimonial, se va degradando por el alcoholismo (curiosamente, igual que Luis, que pertenece a una clase social tan distinta) hasta convertirse en una sombra de sí mismo. Manolo utiliza su nombre para hacerle creer a Teresa falsamente que tiene amigos muy comprometidos políticamente, lo que resulta una cruel ironía muy alejada de la realidad.

En fin, para Marsé los personajes no pueden ser de una manera simplista moralmente buenos o malos por el hecho de pertenecer a un determinado grupo social. Es cierto que los personajes del mundo burgués están presentados negativamente y, algunos, como moralmente desagradables, pero, en contrapartida, tampoco los personajes de clase baja como Manolo resultan ejemplares. Cada personaje tiene su matiz. Marsé sabe muy bien que si un novelista busca la verosimilitud no puede construir personajes maniqueos ni tampoco planos, idénticos a sí mismos de principio a fin. Tanto Manolo, como Teresa, como el mismo Luis pasan por diferentes fases, son personajes vivos que van cambiando a medida que van experimentando fracasos.

Humor

El humor que impregna las páginas de la novela  se manifiesta bajo diferentes mecanismos: el tono irónico del narrador, los juegos paródicos, los errores lingüísticos, las situaciones contradictorias, etc. Se trata de un tipo de humor que busca desenmascarar a los personajes (la mayoría, farsantes), desmitificar las modas intelectuales y, a veces, incidir en la crítica social. Sus manifestaciones son variadas, por ejemplo, a través de las descripciones de los padres de Teresa, cargadas de sentido político. De Oriol Serrat se destaca con ironía su bigotito franquista (“han querido eternizar su juvenil adhesión a la victoria con el fino, coqueto, bien cuidado y curiosamente recortado bigote ibérico”) y de Marta Serrat, su pierna, “símbolo de un sentido práctico y de una sólida virtud monserratina”.

Otras manifestaciones humorísticas más evidentes son las derivadas de la falsa presunción de que Pijoaparte es un hombre comprometido políticamente; por ejemplo, algunos momentos relacionados con el panfleto que Pijoaparte se compromete a imprimir sin tener noción de cómo hacerlo (el episodio termina de manera pijoapartesca en la terraza de un edificio de Pueblo Seco, adonde llega Manolo con la intención de ir por lana y solo consigue salir trasquilado) o cuando Teresa le habla a Manolo de Bertolt Brecht como si lo más natural del mundo fuese que un personaje apenas escolarizado como Manolo tuviese que estar muy ducho en el teatro de Brecht.

No falta  el humor basado en los usos o registros lingüísticos. En la primera escena, el mismo Manolo, consciente a su manera del significado de los registros lingüísticos, para impresionar a Maruja porque todavía no sabe que ella es una criada, utiliza varias veces la palabra “realmente” (cree que es palabra más propia de gente rica), y su manera de darse importancia  con esa palabra lo vuelve ridículo. Otras situaciones de la novela se vuelven humorísticas como consecuencia de equívocos basados en el desconocimiento de ciertas palabras. Cuando Manolo oye a hablar a los estudiantes de una máquina para imprimir panfletos entiende “lipotimia”, y no linotipia, que es una palabra que no conoce. Y cuando Teresa le habla de los pecés (palabra del argot político de la época para referirse a los miembros del Partido Comunista, PC), Manolo cree que se está refiriendo a peces de colores (pág. 158).

Abundan los juegos de intención paródica con nombres híbridos: con el nombre de Maruja (en diminutivo, como en la actriz Marujita Díaz, famosa en la época) y el apellido de Simone de Beauvoir se forma el híbrido Marujita de Beauvoir (un notable contrasentido que amalgama el nombre de una mujer sumisa y el de una feminista de pro), “compañera envidiable de Manolo Sartre o Jean Paul Pijoaparte” (pág. 127), formado por mezclar el nombre de Manolo con el de Jean Paul Sartre, filósofo y compañero sentimental de Simone de Beauvoir. De hecho, el nombre de Simone de Beauvoir llega a producir en otro momento el híbrido Teresa de Beauvoir. Otra broma onomástica consiste en llamar Maria’s Julian Jazz, a un grupo de jazz (broma a cuenta del filósofo Julián Marías). En todos estos casos queda claro que el narrador no se toma muy en serio, por diferentes razones, ni a Jean Paul Sartre, ni a Simone Beauvoir ni a Julián Marías, y los considera poco más o menos que charlatanes.

Tampoco faltan las alusiones que parodian referencias de contenido religioso: “Teresa veía, tocaba y luego creía” (pág. 279), alusión al episodio en que Santo Tomás necesitó tocar a Jesucristo para aceptar que había resucitado. O cuando Manolo reza “una oscura oración”: “¡Tere mía, rosa de abril, princesa de los murcianos, guíame hasta la catalana parentela” (pág. 319), en que se alude paródicamente al Virolai, o el nombre, menos irreverente, pero algo gamberro del grupo musical que actúa en el baile popular, el Trío Moreneta Boys. Sin que falten bromas a costa de la literatura reaccionaria: la obra Eugenio o la proclamación de la primavera, de Rafael García Serrano, autor franquista, se convierte aquí en Manolo o la proclamación erótico-social de la primavera (pág. 319).

Pero, en fin, si el sentido del humor empieza por uno mismo, Marsé demuestra en esta novela que sabe reírse de sí mismo, y así llama Marsé al pellizcón (pág. 252) que va por las salas de baile pellizcando el trasero de las mujeres y desapareciendo rápidamente.

Algunas referencias históricas y culturales

El principal acontecimiento histórico al que se alude en varias ocasiones en la novela y que tiene un valor central para entender la decantación ideológica de Luis, de Teresa y de otros estudiantes de su entorno es la protesta estudiantil de 1957, los llamados “sucesos del Paraninfo” de la Universidad de Barcelona, ocurridos el 18 y el 19 de febrero de 1957, cuando se arrojaron a la calle retratos de Franco y de José Antonio Primo de Rivera (el Gobierno replicó cerrando temporalmente la universidad). Esos disturbios habían tenido dos precedentes a los que se alude también en la novela: los llamados sucesos de 1956 ocurridos en Madrid (“En febrero de 1956, después de la suspensión de un Congreso de Estudiantes en Madrid, los ánimos estaban excitados, hubo un choque, sonó un disparo, y un joven cayó al suelo gravemente herido. Luis Trías, que por esas fechas estaba en Madrid […] fue detenido y sufrió seis meses de cárcel”, pág. 230), y las protestas de los estudiantes de Barcelona en octubre de 1956 contra la dictadura de Franco, en las cuales desempeña un cierto protagonismo Luis Trías, ya cargado con la aureola de preso franquista.

Algunas referencias culturales tienen que ver con obras y autores prohibidos por la censura franquista y leídos por los jóvenes izquierdistas en traducciones o en ediciones latinoamericanas que llegaban a España clandestinamente, como la poesía de Nazim Hikmet o los ensayos de Simone de Beauvoir (El pensamiento político de la derecha). El mismo sentido de identificación con el pensamiento de izquierdas tiene la referencia a los discos de Atahualpa Yupanqui, cantante argentino, o a películas prohibidas por la censura como El acorazado Potenkim, uno de los clásicos del cine ruso revolucionario. Pero si estas son las referencias culturales que interesan a los universitarios antifranquistas de la época, a Manolo le va más otro tipo de cosas, por ejemplo, la actriz Jean Simmons, su mito erótico, en películas como La isla perdida (Manolo la evoca obsesivamente en la playa de Castelldefels mientras imagina un híbrido entre Teresa y la actriz, una imaginaria Teresa Simmons). De hecho, una película que ven juntos, ¡Viva Zapata!, protagonizada por Marlon Brando, sirve de punto de extraña confluencia de sus gustos cinematográficos: Teresa, tan voluntariosa como ilusa, trata de ver en Zapata un posible precedente de un Pijoaparte revolucionario mientras que Manolo se fija en Marlon Brando como un seductor de quien aprender (“aprende, chaval”, se dice).

Otras ecos culturales se utilizan como elementos de cariturización de los universitarios de la época. Por ejemplo, en la conversación de los estudiantes en un bar del Barrio Chino (llamado pomposamente Saint-Germain-des.Prés) se alude a la caza de brujas del senador McCarthy, pero como de esa conversación sólo nos llegan algunos fragmentos que consigue atrapar Manolo, sin entenderlos muy bien, McCarthy aparece mencionado como Marcaci y Ethel Greenglass Rosenberg, víctima del mccartismo igual que su marido, aparece calificada por error (atribuible al estudiante que lo dice o a Manolo que cree escucharlo) como “un hijoputa llamado Greenglass”. En ese mismo contexto paródico, se alude a Balzac y a otros grandes novelistas del siglo XIX, de forma burda propia de ignorantes sabihondos: “En general, puede decirse que el novelista del siglo XIX fue poco inteligente” (idiotez a la que Teresa, con más sensatez e inteligencia que sus amigos, responde que ella prefiere Balzac a López Salinas, novelista que, según parece, preferían sus contertulios por simple devoción a la moda).

Todas estas alusiones ayudan a conocer mejor la época y el pensamiento de los jóvenes universitarios de entonces, aunque, de hecho, alguna otra tenga un disculpable carácter anacrónico: el Felipe, movimiento de izquierdas, que se cita en la pág. 115, no había sido fundado todavía; lo sería algo después, en 1958, y el Renault Floride, coche de lujo, no se fabricaría hasta 1958. Pero, obviamente, no se puede leer una novela como si fuera un libro de historia, el hecho de que aparezca aquí o allá un pequeño anacronismo no representa ningún demérito literario. En cambio, la portada de la revista Elle en la que Teresa apoya su rodilla (pág. 319) sí que se corresponde a la de aquel tiempo, como puede comprobarse en la siguiente ilustración.

Comentario

En uno de los poemas de Moralidades (1966), “Barcelona ja no és bona, o mi paseo solitario en primavera”, el poeta Jaime Gil de Biedma, amigo y, por aquella época, mentor literario de Marsé, recoge su experiencia de un paseo por Montjuïc y expresa un deseo:

[…]  Sólo montaña arriba, cerca ya del castillo,
de sus fosos quemados por los fusilamientos,
dan señales de vida los murcianos.
Y yo subo despacio por las escalinatas
sintiéndome observado, tropezando en las piedras
en donde las higueras agarran sus raíces,
mientras oigo a estos chavas nacidos en el Sur
hablarse en catalán, y pienso, a un mismo  tiempo,
en mi pasado y en su porvenir.

Sean ellos sin más preparación
que su instinto de vida
más fuertes al final que el patrón que les paga
y que el salta-taulells que les desprecia:
que la  ciudad les pertenezca un día. […]

Que la ciudad les pertenezca un día… Ese mismo deseo de integración y de mestizaje de los inmigrantes con la población autóctona lo defendía Marsé y lo encarna Pijoaparte. Sin embargo, Pijoaparte fracasa porque las uvas que él quiere comer, como las de la fábula clásica, estaban demasiado verdes, y no poder comer las uvas lo convierte en un perdedor… aunque ya fuera desde el principio un soñador que dudaba y que no acababa de creer del todo en su sueño de casarse con Teresa.

El cortejo de Manolo a Teresa, dos personajes opuestos en tantos aspectos, sobre todo en su condición social, sigue una fórmula clásica que, a veces, rige en las historias de amor: la ley de atracción de los contrarios. Aunque Marsé prefiere hablar de la nostalgia del arrabal, los franceses tienen una expresión, la nostalgie de la boue (la nostalgia del barro), que podría alegarse igualmente para explicar el encaprichamiento de Teresa por Manolo. Se define esa nostalgia como el gusto por lo más bajo y primitivo, por aquello que la clase media detesta y que la burguesía biempensante trata de prohibir a sus vástagos. Teresa, por impulso rebelde, tiene la tentación de diferenciarse, de acercarse a lo prohibido, pero su impulso se revela poco consolidado, pues luego, cuando encarcelan a Manolo, no le alcanza el coraje suficiente para defender sus sentimientos, renuncia y vuelve al redil familiar.

Que el matrimonio entre Teresa y Manolo no tendrá lugar se sabe antes de leer el libro: se anuncia en el título (si son las últimas tardes con Teresa, esto significa que la historia se acaba, que no continúa) y se anuncia en el epígrafe, como se dijo más arriba. Pero también lo señala el narrador en una imagen hermosísima en la primera página de la novela: “Hay en el caminar de la pareja el ritual solemne de las ceremonias nupciales, esa lentitud ideal que nos es dado gozar en sueños” (pág. 11). En esa escena, que anticipa el final, el narrador está avisando indirectamente de que Teresa y Manolo no llegarán a casarse, pues caminan con la lentitud con que se camina en los sueños, no en la realidad. Sin embargo, del fracaso algo se aprende, y el lector tiene la sensación de que así pasará con estos dos personajes; Teresa, por ejemplo, parece que, al final, después de haberse decepcionado de sus compañeros universitarios y de haber superado su “nostalgia del arrabal” se ha buscado nuevas amistades (su primo de Madrid…) muy alejadas del Carmelo y de ciertas veleidades intelectuales. En cuanto a Manolo, se diría que su humor se ha vuelto más amargo (cuando Luis le pregunta al final qué tal le ha ido, le responde que no le ha ido mal, que ha estado de viaje), pero no ha perdido la dignidad ni la entereza, y la maliciosa confirmación por parte de Luis de lo que Manolo ya intuía, que Teresa lo había olvidado, “no podía afectarle para nada, porque siempre […] la había llevado escrita en sus ojos sardónicos de una manera cruel e irrevocable” (pág. 330). Es decir, Luis sabe perfectamente que Manolo puede decir mil embustes, pero, al contrario que él y otros progresistas de pacotilla (o que la misma Teresa, que tiene mejor voluntad) no se engaña a sí mismo. Y es ese, precisamente, uno de los temas de la novela, la diferencia entre el engaño y el autoengaño. Todos mienten, pero hay muchas formas de mentir y de mentirse. Hortensia traiciona al Cardenal cuando le da dinero a Manolo y después traiciona a Manolo cuando lo denuncia por despecho. Incluso Maruja, que tiene menos pretensiones que otros, no duda en mentir por omisión cuando Manolo, creyéndola rica, empieza a cortejarla, y no le saca de su error hasta que no tiene más remedio. Las mentiras de Teresa, de Luis y de otros personajes de su entorno son de la categoría de autoengaños; todos, por esnobismo o moda, se fingen más progresistas de lo que en realidad son. Manolo en principio no pretende hacer creer a Teresa que él es un obrero comprometido, pero viendo que ella le atribuye un oficio y un compromiso político que no tiene, él se deja querer y acepta el juego por conveniencia. Esto no significa que se salve de la quema general. Bastaría, si no fuera suficiente con lo dicho en su contra, recordar que su menosprecio de los sentimientos de Hortensia le cuesta la cárcel, pero, sobre todo, que su cobardía al huir de la habitación en que deja a Maruja inconsciente no puede ser redimida cuando en la clínica recrimina a Teresa de manera farisaica que no hubiesen llevado a Maruja antes al médico.  De todas maneras, si Manolo y Teresa no quedan bien parados en la novela, tampoco los retratos de la familia Serrat, tan estirada y clasista, y el del grupo de universitarios (especialmente, el líder estudiantil, Luis) resultan complacientes. Marsé no parece hacerse ilusiones ni casarse con nadie. Se entiende, pues, que cuando escribió esta novela no pretendiera gustar a todos los lectores; sabía que algunos se incomodarían con él. No le importaba; él es un espíritu libre que no pretende gustar a los demás sino ser fiel a su manera de ver el mundo y de entender la literatura. Quería mostrar su visión de la Barcelona de los años 50 (y al que le pique, que se arrasque, parece decir), el tejido de mentiras, de autoengaños y de desigualdades sociales sobre el que se erigía la convivencia en la ciudad en aquellos años. Resulta admirable, por ejemplo, que Marsé, hombre de izquierdas, no se pliegue a la visión esperanzada, benevolente, algo cándida y optimista del movimiento estudiantil que solía tenerse desde la izquierda oficial y deje a su narrador calificar el movimiento estudiantil de la época con una expresión rotunda: “señoritos de mierda”,

La autenticidad del narrador a la hora de hablar sin tapujos de lo que no le gusta es uno de los aspectos más reconfortantes de la obra, pero ni mucho menos el único valor destacable. Es admirable, por ejemplo, su penetración a la hora de plasmar la psicología y las reacciones de sus personajes a través de gestos o de movimientos corporales. Esta cualidad la comparte Manolo, quien intuye, en su primer encuentro nocturno en la Villa, que Maruja se le entregará pese a estar amenazando con gritar, cuando observa, “a pesar de la oscuridad, el gesto que hizo de llevarse los dedos a la nuca para atusar sus cabellos” (pág. 43).

Este tipo de observaciones, tan frecuentes en la novela, sirve para valorar la obra más que por la crítica social que contiene por la verdad humana que muestra. En este sentido, valdría la pena destacar la primera escena en la clínica entre Teresa y Manolo, a la que ya hemos aludido, cuando él se debate entre sentimientos y sensaciones muy complejas y contradictorias. hasta el punto de que al sentir la mano de Teresa en su hombro, “y ante el temor de que la ternura o la compasión acabaran por jugarle una mala pasada, concentró su impulso vital, reprimido durante tres días a causa del miedo y de los remordimientos, en un arrebato de indignación” (pág. 146). La escena, de extraordinaria tensión, se queda grabada largamente en la memoria.

De  hecho, esa escena tan intensa sirve, como otras, para darle la razón a Marsé, quien, en una nota a la 7ª edición, en febrero de 1975, destacaba algunas imágenes de la novela que le seguían produciendo placer estético “como la de Teresa en su jardín de San Gervasio, avanzando hacia Manolo con el pañuelo rojo asomando por el bolsillo de su gabardina blanca y con una temblorosa disposición musical en las piernas. Y al Cardenal sentado en su sillón de mimbres color naranja, con su raído batín y su bastón, decoroso y pulcro, espiando la vida efímera de un músculo dorsal del murciano…”. Si no bastara con esas imágenes para subrayar la plasticidad de los detalles utilizados para impresionar la sensibilidad del lector, se podría recordar el penúltimo capítulo de la novela en que Manolo, “apretando entre sus muslos las ardientes caderas del depósito de gasolina” de una Ducati, cabalga épicamente en medio de la noche hacia la Costa Brava hasta el momento en que la policía, con una escueta palabra (“Documentación”), frena sin contemplaciones el vuelo del albatros de su ambición…

En definitiva, la novela cumplió ya 50 años y aguanta bien el paso del tiempo. Más que por las vicisitudes del argumento, que tiene tintes melodramáticos (aunque, todo lo contrario que aquí, en los folletines el galán pobre que seduce a la muchacha rica acaba saliéndose con la suya por su heroísmo, su emprendeduría o sus habilidades como arribista), la novela debe valorarse por sus cualidades literarias. Es verdad que algunas alusiones de época pueden parecer excesivas (por ejemplo, las digresiones sobre el movimiento estudiantil) o que algunas reacciones de Manolo pueden resultar insoportables y políticamente incorrectas para un lector contemporáneo (aunque el lector, obviamente, no tiene que compartirlas), pero los méritos de la novela (la honestidad del narrador, su humor irresistible, la plasticidad de algunas imágenes, la complejidad con que están analizadas algunas emociones, etc.) compensan ampliamente sus posibles defectos. A estas alturas, Juan Marsé lleva casi 60 años en el oficio y goza de buena salud literaria. ¡Que dure!

F. Gallardo

[Todas las citas de la novela corresponden a la 25ª edición de Seix Barral, Barcelona, febrero de 1996.]

Omnia tibi felicia

Como estamos convencidos de que el estudio de las humanidades puede contribuir a pensar y a vivir mejor, si en la entrada anterior recogíamos un manifiesto a favor de las ciencias, en esta, aunque creamos que la contraposición letras/ciencias sea una falsa dicotomía, queremos abogar en favor de las letras, ninguneadas en nuestro sistema educativo como en el de otros países europeos hasta extremos vergonzosos. Pero como bastaría situarnos ante un buscador de Internet para encontrar inmediatamente numerosos manifiestos en defensa, por ejemplo, de la filosofía y de las humanidades en general, aquí nos limitaremos a recoger algunas citas (aurea dicta, frases de oro) y  a abrir con ellas una ventanita para que los más jóvenes se asomen por un momento a uno de los mayores monumentos de la antigüedad clásica, la lengua latina, e intuyan y admiren su grandeza. Por ejemplo, las palabras que encontramos en un mosaico expuesto en El Bardo, el Museo Nacional de Túnez, procedente de una casa de Dougga: Omnia tibi felicia (“Que todas las cosas te lleven a la felicidad”).

Omnia tibi felicia

Desde la implantación de la Ley de Educación de 1990 (LOGSE), el latín ha ido perdiendo espacio, visibilidad y dedicación en los estudios de secundaria. En nuestro tiempo, puede ocurrir que un alumno acabe la ESO y el bachillerato sin haber oído o leído una sola frase en latín a lo largo de sus años de estudio e, incluso, puede ocurrir que tenga una noción prejuiciosa, rudimentaria y equivocada de lo que significa la cultura clásica, aunque también es posible que, en alguna clase (por ejemplo, de catalán o de castellano, al hablar del origen de las lenguas románicas), se haya recordado, por lo menos, un principio necesario para retener las explicaciones de los profesores o para cimentar los conocimientos que se van aprendiendo: Verba volant, scriptum manet (“Las palabras vuelan, lo escrito permanece”), porque lo que oímos una vez podemos olvidarlo, pero si lo escribimos podemos llevarlo con nosotros y compartirlo como algo muy preciado con quien queramos. Así, las locuciones y frases que transcribimos a continuación. Algunas de ellas son muy conocidas; otras, menos; algunas son frases históricas que se han repetido muchas veces pero que no nos cansamos de oír porque parecen encerrar un secreto y un encanto inagotables; otras, traducidas o adaptadas en forma de refranes, son pensamientos muy comunes que con los años se han convertido en tópicos cuyo origen se ha olvidado. Todas, en cambio, dichas en voz alta, por su sonoridad y su significado nos dejan entrever la intensidad, la belleza y la fuerza de la la lengua latina, De algunas damos la traducción más literal; de otras, la traducción más aceptada.

Verba volant scripta manent

  • Veni, vidi, vici: “Llegué, vi, vencí”, frase pronunciada por Julio César en el Senado romano después de la victoria en la batalla de Zela,
  • Alea iacta est: “La suerte está echada”, traducción de un verso griego de Menandro que Julio César dijo después de cruzar el río Rubicón y marchar contra Roma,
  • Tu quoque, Brute, fili mi?: “¿Tú también, Brutus, hijo mío?”, frase que alcanzó a decir Julio César cuando reconoció entre los conjurados que lo acuchillaban a su ahijado Brutus).
  • Carpe diem (Horacio): “Coge el día de hoy”, es decir, disfruta del presente.
  • Volat aetas (Cicerón): “El tiempo vuela”.
  • Taedium vitae (Aulo Gelio): “Desgana de vivir”.
  • Quod era demonstradum (Euclides): “Como queríamos demostrar”.
  • Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? (así empieza Cicerón su primera Catilinaria para denunciar ante el Senado romano la conjura de Catilina): “¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”
  • Noli me tangere (le dice Jesucristo después de su resurrección a María Magdalena, según San Juan): “No quieras tocarme” o “No me toques”, como se traduce habitualmente.

Pinturas de Pompeya

  • Beatus ille, qui procul negotiis (Horacio): “Dichoso aquel que lejos de pleitos…”
  • Ut pictura poesis (Horacio): “Como en la pintura, así en poesía”.
  • Omne tullit punctum qui miscuit utile dulci (Horacio): “Quien mezcle [en arte, pero también en la enseñanza] lo placentero con lo útil, ganará la aprobación de todos”.
  • Tristis est anima mea usque ad mortem (San Mateo): “Mi alma está triste hasta la muerte”.
  • Homo sum: humani nihil alienum puto (Terencio): “Soy hombre: nada humano me es ajeno”.
  • Nosce te ipsum: “Conócete a ti mismo”, traducción latina de una máxima griega inscrita en el santuario de Delfos y que Sócrates tenía como lema.
  • Homo homini lupus (Plauto): “El hombre es un lobo para el hombre”.
  • Nec revocare potes, qui periere dies (Ausonio): “No puedes volver a llamar a los días que ya han muerto”.
  • Brevis a natura nobis vita data est; at memoria bene redditae vitae sempiterna (Cicerón): “Breve es la vida que la naturaleza nos ha dado, pero el recuerdo de una vida bien empleada es eterno”.
  • Optima quaeque dies miseris mortalibus aevi prima fugit (Virgilio): “Para los infelices mortales los días que antes se van son los mejores”.
  • Praeterita mutare non possumus (Cicerón): “No podemos cambiar el pasado”.
  • Factum abiit; monimenta manent (Ovidio): “Lo hecho pasa; quedan los recuerdos”.
  • Omnis habet sua dona dies (Marcial): “Cada día tiene sus dones”.
  • Quod ratio non quit, saepe sanavit mora (Séneca): “Con frecuencia el tiempo cura lo que la razón no ha podido”.
  • Nullius boni sine socio iucunda possessio est (Séneca): “La posesión de un bien no es grata si no se comparte”.
  • Unum bonum est quod beatae vitae causa et firmamentum est, sibi fidere (Séneca): “Solo hay un bien causa y fundamento de la vida feliz: creer en uno mismo”.

Séneca

  • Tolle, lege (San Agustín): “Toma y lee”.
  • Si fallor sum (San Agustín): “Si me equivoco existo”.
  • Salus populi suprema lex est (Cicerón): “El bien del pueblo es suprema ley”.
  • Cedant arma togae (Cicerón): “Que las armas se sometan a las togas”.
  • Si hortum in bibliotheca habes, deerit nihil (Cicerón): “Si cerca de tu biblioteca tienes un jardín, no te faltará nada”.
  • Nil nimis: “De nada demasiado”, traducción de una máxima griega que propugna la moderación.
  • Audentes fortuna iuvat (Virgilio): “La fortuna ayuda a los audaces”.
  • In dubio pro reo (principio jurídico): “En caso de duda, favorecer al reo”.
  • Nil posse creare de nilo (Lucrecio): “Nada puede crearse de la nada”.
  • Fugit irreparabile tempus (Virgilio): “El tiempo se va para no volver”.
  • Ars longa, vita brevis (Séneca): “El arte es largo y la vida corta” (traducción de un aforismo de Hipócrates en el que ars se refiere a la ciencia, pero que suele citarse en el sentido de arte).
  • Labor omnia vicit (Virgilio): “El trabajo puede con todo”.
  • Age quod agis: “Haz lo que haces”, es decir, presta atención.
  • Quid pro quo: “Una cosa por otra”.
  • Sine ira et estudio (Tácito): “Sin rencor ni parcialidad”, así dice Tácito que escribe su historia de Roma.
  • Religio peperit scelerosa atque impia facta (Lucrecio): “La religión ha dado origen a hechos impíos y criminales”.
  • Aliena vitia in oculis habemus, a tergo nostra sum (Séneca): “Siempre tenemos ante los ojos los vicios ajenos, y los nuestros a la espalda”.
  • Felix qui potuit rerum cognoscere causas (Vrigilio): “Dichoso el que pudo conocer el porqué de las cosas”.
  • Ut ameris, amabilis esto (Ovidio): “Para ser amado, sé amable”.

Virgilio

En fin, tanto si alguna de estas frases les inducen a dejar a continuación algún comentario o reflexión como si no, queremos desear a quienes las lean lo mismo que los dueños de la casa de Dugga deseaban a sus visitantes: Omnia tibi felicia (“Que todas las cosas te lleven a la felicidad”).

F. Gallardo

Posdata.- Después de haber tramado esta entrada, hemos leído que Nicola Gardini, un profesor italiano, acaba de publicar con gran éxito de público (ocho ediciones en poco tiempo) un libro, Viva el latino, storie e belleza di una lengua inutile, en defensa de los estudios de latín: “Hay que estudiar latín”, concluye Gardini, “no sólo para disfrutar, sino además para educar el espíritu, para darle a las palabras toda la fuerza transformadora que se aloja en ellas” (“El latín, ¿lengua oficial de la UE?”, escribe Rubén Amón en El País de hoy, 5 de febrero).

Manifest per la cultura científica i tecnològica

Els sotasignats, preocupats per la manca d’atenció que es presta a la cultura científica i tècnica i als seus efectes sobre l’evolució de la societat, exposem les consideracions següents:

1. La ciència i la tècnica són presents en les transformacions de la humanitat. Això no significa que n’hagin estat l’única causa, però no és possible comprendre l’evolució de la societat sense tenir en compte des dels progressos en l’agricultura i la ramaderia, fins a les transformacions de l’anomenada societat del coneixement, passant per la impremta, les exploracions i els descobriments geogràfics, i la primera i la segona revolució industrial degudes a les noves fonts d’energia i als nous sistemes de sistematització del treball, del transport i de la comunicació. La ciència és la causa de la diferent comprensió de l’espècie humana, de la natura, del nostre planeta i de l’univers. No prestar suficient atenció al paper de la ciència i la tecnologia impedeix la comprensió de la història de la humanitat.

2. La cultura científica va més enllà dels coneixements i les aplicacions que es deriven de la seva pràctica. Aquesta cultura explica, en bona part, l’actual visió del món, però també: el coneixement de la història amb l’evolució dels paradigmes acceptats en cada moment; el mètode que permet encarar problemes, plantejar hipòtesis, confirmar-les o refutar-les, i trobar lleis d’explicació, i la relació amb la literatura, l’art, la filosofia o la religió. D’una visió de la ciència i la tècnica que negligeixi aquests aspectes en sorgirà una visió esbiaixada del món i de la cultura.

3. Tot i que la ciència i la tècnica es presenten sovint com a disciplines pràctiques, el seu estudi i exercici són bàsics per al desenvolupament de funcions intel·lectuals molt diverses i necessàries per al desenvolupament personal. Ajuden a encarar els problemes i a comprendre els factors que hi intervenen; promouen la comprensió lectora i la memorització, i ofereixen visions diferents de l’ésser humà i de l’entorn, que ens permeten plantejar els dilemes ètics que se’n segueixen i debatre’ls. La ciència i la tècnica són imprescindibles per a la formació dels futurs professionals i per a la formació integral de la persona.

4. En els nombrosos debats ètics i socials que ens plantegen diverses ciències i sobre l’ús que s’ha de fer de les diverses tecnologies a l’abast, és absolutament necessària una mínima educació científica del conjunt dels ciutadans. La majoria deixen de seguir assignatures científiques a tercer curs d’ESO, tret de tres hores de matemàtiques a quart, i aconsegueixen el batxillerat amb només dues hores setmanals, al primer curs, d’una assignatura de ciències: Ciències per al món contemporani, que en els nous plans d’estudi està amenaçada de desaparèixer.

Cap ciutadà acabarà el batxillerat sense unes nocions de llengua i literatura, filosofia i història, assignatures obligatòries per a tots els alumnes. Això constitueix una discriminació de les ciències, en perjudici dels ciutadans que no segueixen estudis científics o tècnics.

5. Els dilemes ètics i socials no es poden resoldre només amb el coneixement científic o tècnic. La necessitat de dur endavant una certa recerca o aplicació tecnològica, o de limitar determinades investigacions, no es pot fer ignorant-ne l’impacte social i humà, els condicionants ètics i les conseqüències econòmiques o de tot un altre caire que puguin tenir sobre la humanitat o en segons quines poblacions. La formació del científic s’ha de complementar amb els coneixements d’història, dret o filosofia, que li permetin avaluar amb rigor els condicionants del seu treball.

6. S’alerta, amb raó, de la rapidesa amb què algunes tecnologies de la informació i les comunicacions entren en la vida quotidiana de la majoria de la gent. Cal reflexionar sobre l’ús que se’n deriva i sobre la rapidesa amb què s’haurien d’introduir. Malauradament, aquests debats sorgeixen quan la seva presència és evident i tornar enrere és impossible. Escoltar els científics i tecnòlegs que poden predir quines tècniques seran habituals en el futur i quins en seran els beneficis i riscos ajudaria a preparar la societat i el món educatiu per integrar-les de manera gradual en el dia a dia i evitar, així, els fets consumats.

Per això, demanem:

1. Que s’abandoni la visió que atribueix només a determinades branques del coneixement un sentit únicament pràctic mentre a les altres se les considera pilars fonamentals per a la formació d’individus responsables i d’una societat més humana. Tot el coneixement té un paper essencial en la formació integral de l’individu, incloent-hi les matèries científiques i tècniques.

2. Que l’educació bàsica dels ciutadans es plantegi de manera completa i s’eviti que la majoria deixi de tenir una formació científica i tècnica a partir del quart curs d’ESO.

3. Que en l’educació dels mestres es presti especial atenció als temes científics, sobretot a les matemàtiques, per tal que, abans de l’ESO, transmetin uns continguts que familiaritzin els alumnes amb el mètode científic i amb l’observació atenta de l’entorn. Els mestres han de seguir una formació continuada en les matèries científiques i tècniques que els permeti respondre als reptes, canviants, que es van succeint.

4. Que en les carreres científiques i tècniques no es descuidi la formació integral, perquè en l’exercici de la professió, els dilemes ètics i socials siguin presents, així com en les carreres de ciències socials o humanitats no es deixi de banda el coneixement científic i tècnic, per tal que els professionals del dret, l’economia, l’empresa o la comunicació tinguin una base sòlida per a debatre els reptes a què ha de fer front el desenvolupament.

5. Que es faci tot el possible perquè ciències i tècniques, d’una banda, i humanitats i ciències socials, de l’altra, intensifiquin les seves relacions, i busquin línies de treball conjunt. I això, cercant els elements d’enriquiment mutu, sense l’eliminació del debat i la discussió necessaris.

6. Que el Govern, el Parlament i els mitjans de comunicació públics incorporin assessories de ciència i tècnica que ajudin a l’acció de govern i a la sensibilització de la nostra societat, i que això es tradueixi en instàncies de reflexió científica i ètica que introdueixin les noves tecnologies, d’acord amb els valors i les exigències de la nostra societat.

Barcelona, 13 de desembre de 2016

Si hi esteu d’acord,  seguint aquest enllaç podeu signar aquest manifest promogut per l’Institut d’Estudis Catalans (Secció de Ciències Biològiques i Secció de Ciències i Tecnologia), la Societat Catalana de Biologia i la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona.

manifest-per-la-cienciaAra bé, tant si signeu el manifest com si no, us convidem a deixar a continuació la vostra opinió sobre el paper de la ciència i de la tecnologia a la nostra civilització, el grau d’assoliment dels coneixements científics i tecnològics per part dels ciutadans o sobre com podrien les institucions apropar la ciència a sectors més amplis de la societat… O, almenys, un comentari sobre tots o alguns dels personatges que il·lustren aquesta pàgina: Hipàtia, Isaac Newton, Albert Einstein, Kurt Gödel, Charles Darwin i Marie Curie. Gràcies per la vostra col·laboració.

El arte de perder

UN ARTE

No es difícil dominar el arte de perder:
tantas cosas parecen llenas del propósito de ser perdidas,
que su pérdida no es ningún desastre.

Perder alguna cosa cada día. Aceptar aturdirse por la pérdida
de las llaves de la puerta, de la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.

Después practicar perder más lejos y más rápido:
los lugares, y los nombres, y dónde pretendías
viajar. Nada de todo esto te traerá desastre alguno.

He perdido el reloj de mi madre. Y, ¡mira!, voy por la última
—quizás por la penúltima— de tres casas amadas.
No es difícil dominar el arte de perder.

He perdido dos ciudades, las dos preciosas. Y, más vastos,
poseí algunos reinos, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue ningún desastre.

Incluso habiéndote perdido a ti (tu voz bromeando, un gesto
que amo) no habré mentido. Por supuesto,
no es difícil dominar el arte de perder, por más que a veces
pueda parecernos (¡escríbelo!) un desastre.

Elizabeth Bishop, Obra poética. Traducción de D. Sam Abrams. Ediciones Igitur, Barcelona, 2008.

elizabeth-bishop

ONE ART

The art of losing isn’t hard to master;/ so many things seem filled with the intent to be/ lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster/ of lost door keys, the hour badly spent. The art/ of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:/ places, and names, and where it was you meant/ to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last,/ or next-to-last, of three loved houses went. The/ art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,/ some realms I owned, two rivers, a continent/ I miss them, but it wasn’t a disaster.

—Even losing you (the joking voice, a gesture/ I love) I shan’t have lied. It’s evident/ the art of losing’s not too hard to master though it may/ look like (Write it!) like disaster.

De la poesía al cine; del cine a la poesía

Algunas películas tienen la virtud de llevar al espectador a la poesía. Así, Historia de una pasión (2016), de Terence Davies, invita a leer los poemas de Emily Dickinson, como Cuatro bodas y un funeral (1994), de Mike Newell, incitaba a leer a Auden después de haber oído su Funeral blues, o como Luna en Brasil (2013), de Bruno Barreto, apremiaba a conocer el poema “Un arte” y otros poemas de Elizabeth Bishop (1911-1979).

luna-en-brasil

El arte de perder

Lo primero que sorprende del poema de Elizabeth Bishop es el título, pues la palabra arte es una palabra polisémica que puede referirse a las bellas artes (la pintura, la escultura, la música, etc.) pero también a la maña o habilidad para hacer alguna cosa. Nadie pierde las llaves de casa por gusto ni siente complacencia al perder el reloj heredado de su madre. Con frecuencia, esas cosas se pierden por descuido, involuntariamente (aunque, de hecho, se trata de pérdidas que en algunos casos pueden ser analizadas simbólicamente como si tuvieran un significado oculto). Otras de las pérdidas a las que alude Bishop suceden de manera distinta por no tratarse de meros objetos materiales: no se pierde el tiempo de la misma manera que a un ser querido. Pero a ella no le interesa distinguir entre las pérdidas que suceden a nuestro pesar y aquellas otras en las que intervenimos. Ante la aflicción que supone perder  con frecuencia cosas, ciudades y personas amadas (en el ámbito anglosajón, este poema suele leerse en algunos funerales), Elizabeth Bishop quiere ofrecer un consuelo: todo es efímero, todo tuvo alguna vez su gloria y su momento. Aprender a vivir es aprender a perder y a considerar que las pérdidas, aunque duelan, no tienen por qué vivirse como desastres

Entendido así el poema, aunque este no sea ni mucho menos su único sentido, parecería que nos estamos refiriendo a una variante de la inscripción del anillo del rey David que recogió Antonio Machado en los Cantares: “Todo pasa y todo queda”. Es decir, ni la tristeza ni la alegría son emociones eternas: nace cada una en su momento, en su circunstancia, y luego se transforman y se diluyen en la corriente ruidosa de los días, aunque nos quede el recurso paliativo de convertirlas en verso, como hizo el mismo Machado en sus “Otras canciones a Guiomar”:

Y te enviaré mi canción:

“Se canta lo que se pierde”,

con un papagayo verde

que la diga en tu balcón.

antonio-machadoComo el poeta canta lo que ha perdido y la poesía es un remedio para enfrentarnos a la melancolía, a la nostalgia y a otras enfermedades del alma, no nos extrañará que el consuelo que nos ofrece Bishop también nos lo ofreciera en su momento Blas de Otero (“En el principio”):

Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza,

me queda la palabra.

blas-de-otero

Así que, aceptando la lógica de Blas de Otero, si nos queda la palabra después de haber perdido todo lo demás, con la palabra podemos reivindicar nuestra identidad y recuperar no solo el tiempo perdido, como Marcel Proust (En busca del tiempo perdido), sino también las emociones que nos producían las cosas, los lugares y los seres perdidos, una aparente contradicción, en fin, que puede llevarnos a pensar en el viejo refrán español: “Perder es ganar” (o en aquel otro que dice: “Donde una puerta se cierra, otra se abre”, pero en este no aparece el verbo perder).

En torno a la pérdida en el sentido de derrota (perder la guerra, perder un partido de fútbol…) o de fracaso (profesional, sentimental…), también se han escrito no solo poemas sino novelas: el protagonista de la novela Perder es cuestión de método, del escritor colombiano Santiago Gamboa, parece coleccionar frases relacionadas con la derrota, como esta procedente de una novela, Nombre de torero, del escritor chileno Luis Sepúlveda: “Perdí. Siempre perdí. No me irrita ni preocupa. Perder es una cuestión de método”. En esta como en otras frases similares se trata de caracterizar como un héroe romántico a quien, contra lo establecido, prefiere perder a ganar o, al menos, no ganar aun pudiendo (este es el caso de Colin Smith, joven protagonista de La soledad de corredor de fondo, novela corta de Alan Sillitoe), y lleva su voluntaria derrota con elegancia moral porque no quiere ser considerado un vencedor ni pertenecer a la casta de los triunfadores, y se convierte así en un héroe atípico que, como don Quijote, encuentra la cordura y el sentido de su vida en la experiencia de perder.

perder-es-cuestion-de-metodo

A vueltas con la idea de perder

Ahora bien, aquí no queremos hablar de Elizabeth Bishop, ni de Antonio Machado, ni de Blas de Otero, ni de Santiago Gamboa, ni de Luis Sepúlveda: queremos hablar y proponer como tema de reflexión para los lectores de este blog la variedad de expresiones con sentido figurado que utilizamos cotidianamente en las que aparece el verbo perder: perder de vista, echar a perder, llevar las de perder, perder el tren, perder la cabeza (y su variante en la copla, perder el sentío), perder el culo, perder el alma, perder terreno, perder la vergüenza, perder los estribos, no tener nada que perder, no estar todo perdido… Porque todas esas expresiones de creación popular muestran lo que algunos poetas insisten en recordarnos: que todo hablante de una lengua es, a su modo, poeta, pues todo hablante utiliza habitualmente expresiones metafóricas, además de ser capaz (tener el arte) de hablar con frases que no hayan sido dichas nunca. Y lo más curioso del caso es que perder, palabra de origen latino, procede de perdere (“dar del todo”), derivada a su vez de dare, “dar”. Así que, cuando perdemos algo, lo damos totalmente.

Nujeen i Nasrine

Aquests dies s’ha estrenat a Barcelona Fuocommare, un documental del cineasta italià Gianfranco Rosi que va guanyar l’Ós d’Or al festival de Berlín d’aquest any (febrer del 2016). La pel·lícula va ser rodada a Lampedusa, una petita illa italiana de 20 quilòmetres quadrats d’extensió i una població d’uns 5.500 habitants. Per la seva situació geogràfica (a 205 km de Sicília i a 113 de Tunísia, és a dir, més a prop d’Àfrica que d’Europa), l’illa és un lloc on intenten desembarcar milers d’immigrants provinents de les costes nord-africanes. La pel·lícula està construïda sobre la base d’un contrapunt entre dos realitats molt diferenciades: per una part, tracta de plasmar la vida quotidiana d’alguns illencs, especialment de Samuel, un nen de 12 anys, que va a l’escola, li agrada fer punteria amb un tirador i ha de portar ulleres perquè té un ull gandul, i per l’altra, el rescat d’immigrants quan són a punt de naufragar perquè naveguen en embarcacions molt fràgils. Els personatges de l’illa estan més o menys individualitzats; dels personatges que han pogut sobreviure a les dificultats de la travessia, en canvi, se’ns deixa intuir genèricament les seves motivacions: que arriben impulsats per la fam, la por de morir en la guerra o a causa de la repressió, la busca de treball i d’un futur millor per a ells o per la seva família… L’objectiu de Gianfranco Rosi és molt clar: sensibilitzar els espectadors occidentals de la tragèdia dels immigrants que moren a la Mediterrània sense haver pogut tocar terra; és a dir, la denúncia d’un fet incontrovertible:  la Mediterrània s’ha convertit en un immens cementiri de vides humanes (es calcula que només en els nou primers mesos d’aquest any han mort a les seves aigües 3800 persones). La pel·lícula ens colpeja, però no deixa a la nostra memòria cap nom ni cap tipus d’identificació de les víctimes; ens presenta víctimes anònimes, no identificables (ens explica, en canvi, que els immigrants més pobres, que han pagat menys, han de viatjar a la bodega del vaixell i tenen, per consegüent, més risc de morir asfixiats o en cas de naufragi). És el mateix que va passar al seu moment quan vam llegir, per exemple, que “l’enfonsament d’un vaixell amb 700 persones al canal de Sicília és el més greu de les dues últimes dècades” (Cronologia dels naufragis amb immigrants al Mediterrani): a la pel·lícula i a certs informatius els immigrants morts son vistos com a números, cossos sense nom, rostre ni individualitat. És veritat que aquestes informacions sobre milers i milers d’immigrants són estremidores i ens porten a fer-nos moltes preguntes sobre les causes de les immigracions, el negoci del tràfic de persones, les formes d’acollida a Europa i sobre com s’haurien de resoldre aquests problemes.

naufragis-dimmigrants

[El Roto, vinyeta publicada a El País.]

Ara bé, sembla que l’empatia funciona amb més eficàcia quan sabem els noms de les víctimes. Les històries d’immigrants i refugiats que arriben amb més efecte als ciutadans occidentals i es queden per més temps a la seva memòria tenen nom i cognom. Són en aquest cas víctimes identificables que ens fan pensar que podríem ser nosaltres mateixos o qualsevol dels nostres familiares i amics. Pensem, per exemple, en el nen Aylan Kurdi: qui podrà oblidar mai el cos del nen jaient a la sorra?  Des que va aparèixer la seva foto als diaris, Aylan Kurdi i la seva família ocupen un lloc al nostre cor i al nostre record.

una-imagen-vale-mas-que-mil-ahogados

Per això, perquè les protagonistes tenen rostre, un origen, nom i cognom, entre les històries d’immigrants i refugiats que ens arriben aquests dies, la de les germanes Nujeen i Nasrine Mustafa, refugiades sirianes, s’ha convertit en un fenomen mediàtic. La seva història ens commou i ens fa creure en la força de voluntat, en la tenacitat i el coratge d’alguns éssers humans. La seva història és, malgrat totes les dificultats i tot el patiment que han viscut, una història d’esperança, però també —no ens enganyem— una petita excepció molt diferent de la desventura de tants altres milers de refugiats.

nujeen-i-nasrine-mustafa

Nujeen Mustafa (Alepo, 1999), que es mou en cadira de rodes (pateix paràlisi cerebral), no havia anat mai a l’escola als seus 17 anys. La més petita de nou germans, s’ha passat gran part de la seva vida mirant la televisió (“la televisió era la meva finestra al món des del cinquè pis on vivíem, perquè no podia sortir fàcilment a causa de la meva discapacitat”, ha explicat en una entrevista a La Vanguardia del 16 d’octubre de 2016). Després de sortir de Síria i arribar a Turquia, Nusjeen i les seves germanes tenien por que, a causa de la cadira de rodes, malgrat haver pagat 1300 euros per cap, no les deixessin pujar al bot que havia de portar-les cap Grècia… precisament el 2 de setembre de 2015, el mateix dia que el petit Aylan Kurdi (tres anys), el seu germà Galíp (cinc anys), la seva mare, Rehan Kurdi, de 32 anys (“Li tinc molta por a l’aigua, no vull anar-hi”, li va confesar premonitòriament el dia abans de morir a la seva cunyada, Teema Kurdi), i altres dotze persones van morir ofegades quan intentaven arribar des de Bodrum (Turquia) a l’illa grega de Kos.

trajecte-de-nujeen-i-nasrine

Nujeen ha mostrat el seu coratge per anar en la seva cadira de rodes des d’Alepo, ciutat ara destruida per la guerra, fins a la ciutat alemanya de Wesseling, al costat de Colònia, però si mirem la fotografia de més amunt, veurem que darrera de la Nujeen, empenyent la seva cadira, hi ha una de les seves germanes, Nasrine, de 27 anys, estudiant de Física, i aquesta entrada no pot deixar fora de focus la Nasrine, que ha lluitat i s’ha esforçat per no deixar enrere la seva germana minusvàlida: “Estic molt agraïda [a la Nasrine] pel que va fer. No parlem gaire d’això ara. En tot cas, fem broma. Si vull alguna cosa i ella no hi està d’acord, diu rient: “Eh, que et vaig empènyer per mitja Europa|” (La Vanguardia, 16-10-2016).

Fugint d’una ciutat destruïda per la guerra, les germanes Mustafa van recórrer 5600 km. Ara viuen a Alemanya, amb una altra germana i quatre nebodes, estudien alemany i somnien amb el futur. Els mitjans de comunicació en parlen perquè una periodista anglesa, Christina Lamb, ha publicat un llibre amb la seva història. Milers i milers d’immigrants i de refugiats han mort ofegats intentant arribar a Europa, i en alguns casos ni tan sol la seva família se n’ha assabentat, de la seva mort: ningú en parla ara. No tenen nom, no tenen rostre: són un número entre milers d’ofegats… El Roto, un cop més, té raó: al nostre món, “una imagen vale más que mil ahogados”. I d’aquesta contradicció dels mitjans de comunicació que parlen d’uns i no es preocupen d’investigar la vida que han deixat enrere els milers d’immigrants i de refugiats que han mort, qui ens salvarà?

[Més informació: “La extraordinaria travesía de Nujeen” (El País, 11 d’octubre de 2016) i “Ja em patit prou, només volem estar fora de perill” (La Vanguardia, 16 d’octubre de 2016).

Centenarios

Como el centenario del nacimiento o de la muerte de un autor suele ser tradicionalmente una ocasión para celebrar su obra, revisarla, comentarla y leerla o releerla, según los casos, recordaremos aquí los nombres de algunos autores de quienes se cumplen centenarios en el 2016, año generoso en este tipo de conmemoraciones. Por ceñirnos al ámbito literario, no hablaremos de artistas como Hieronymus Bosch, El Bosco (1450-1516), autor de pinturas prodigiosas de quien se conmemora el V centenario de su muerte el próximo 9 de agosto; ni del pianista y compositor Enrique Granados (1867-1916), muerto por ahogamiento hace cien años en el naufragio del Sussex; ni del filósofo Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), llamado “El último genio universal”, de quien se conmemora el 14 de noviembre el tercer centenario de su muerte. Nos limitamos a unos cuantos escritores de los que se celebran centenarios y empezaremos, en orden cronológico, por aquellos que han tenido mayor reconocimiento oficial en nuestro entorno.

Ramon Llull

No se sabe con certeza ni en qué fecha ni en qué lugar murió Ramon Llull (1232-1316), autor de cuya muerte se conmemora este año el VII centenario (Any Llull). Nadie duda, sin embargo, de su insaciable curiosidad, de su titánica capacidad de trabajo bibliográfico (se conocen 265 títulos suyos, entre los escritos en latín, occitano, catalán y árabe), de su inquieto afán evangelizador (una de las razones por las que realizó numerosos viajes por Europa, Oriente Próximo y el norte de África), ni, sobre todo, de  la trascendencia de su obra, tanto para la filosofía y la teología medieval  como para la lengua y la literatura catalana (la influencia del Llibre de l’orde de cavalleria es perceptible, por poner sólo un ejemplo, en el código caballeresco de Tirant lo Blanc), pues fue el primer autor que, consciente de la necesidad de transmitir las enseñanzas del cristianismo a quienes no sabían latín, empezó a utilizar la lengua catalana con una finalidad didáctica, tanto en tratados doctrinales como en obras poéticas y narrativas. Y todo por amor al conocimiento de Dios, causa última de los afanes de su vida personal, intelectual y contemplativa.

Cervantes, Shakespeare, Inca Garcilaso

En cuanto a otras grandes celebraciones, el pasado 23 de abril se conmemoró oficialmente el IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes (1547-1616), de William Shakespeare (1564-1616) y del Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), “el primer mestizo biológico y espiritual de América”, autor de los Comentarios reales de los incastres autores más atraídos por los trabajos, los amores y los días de los seres humanos que por el conocimiento de la divinidad.

Pero, dejando aparte las celebraciones oficiales, que, por carácter y por vocación, suelen tener un lado espectacular gracias al que a veces consiguen un cierto efecto divulgativo, aunque no siempre llegan a estar a la altura de las circunstancias, debe recordarse que el mejor homenaje que puede rendirse nunca a un escritor es leer sus obras y facilitar los medios para que otros las puedan leer (lo demás es publicidad y boato). Debe admitirse, es verdad, que, por prejuicios o por experiencias malogradas, a veces la simple mención de autores clásicos como Llull, Cervantes, Shakespeare o el Inca Garcilaso pueden disuadir a algunos lectores. Para recordar la vigencia de los clásicos, Italo Calvino escribió un ensayo, ¿Por qué leer a los clásicos?, con catorce razones para convencer a los más recalcitrantes. Sin embargo, con una de las razones, la que enumera como sexta, podría ser suficiente para algunos: “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. Es decir, los clásicos admiten lecturas adecuadas a nuestro tiempo y pueden ayudarnos a conocernos mejor. En fin, si alguien que lea estas páginas tiene dudas sobre el papel de los clásicos en la enseñanza, que lea la experiencia didáctica de Carmen Miñana (“Clásicos contra molinos”) y el ensayo de la profesora Mercè Romaní (“Los clásicos en el aula: el caso del Quijote”).

Charlotte Brontë

Otros autores centenarios más cercanos a nosotros en el tiempo tampoco admiten malas excusas para no ser leídos: de ellos se suele hablar en diferentes entornos (por ejemplo, por limitarnos a nuestro instituto, en las clases de literatura y en los clubs de lectura) y sus libros se siguen reeditando con frecuencia, así Charlotte Brontë (1816-1855), autora de Jane Eyreuna novela cuyo final feliz compensa emocionalmente las fatigas y avatares de los protagonistas y conmueve hasta al más intransigente de los lectores doscientos años después del nacimiento de su autora.

Henry James

En este mismo curso, como homenaje a Henry James (1843-1916), en los clubs de lectura de nuestro instituto hemos leído y comentado dos de sus obras, Otra vuelta de tuerca y Daisy Miller. En la primera sentimos y analizamos el desconcierto que el autor buscaba provocarnos: ¿es fiable el punto de vista de la narradora, la institutriz de Miles y Flora, y siguen estos dos niños en contacto con Jessel, la anterior institutriz, y Quint, el antiguo chófer? En cuanto a Daisy Miller, una joven norteamericana sin los prejuicios de los europeos que la censuran hipócritamente, no podemos sino lamentar que sea víctima de su ingenuidad o de su inconsciencia ni dejar de preguntarnos en qué medida debe considerarse una pionera de la liberación de la mujer.

Muchos de los relatos y de las novelas de Henry James, algunas de ellas llevadas al cine en películas de gran interés (Retrato de una dama, La copa dorada, ¿Qué hacemos con Maisie?, etc.), siguen cosechando lectores en todo el mundo y dándoles dádivas como la que se contiene en esta frase de La edad madura: “Una segunda oportunidad: ahí radica el engaño. Nunca habría más que una. Trabajamos en la oscuridad; hacemos lo que podemos; damos lo que tenemos. Nuestra duda es nuestra pasión y nuestra pasión es nuestra tarea. Lo demás es la locura del arte.” Una frase para llevar escrita en la agenda personal.

Rubén Darío

Algunos alumnos de primaria y de ESO siguen aprendiéndose, con gusto y sin contratiempos, llevados por la gracia musical de sus versos, el poema  que Rubén Darío, el príncipe de las letras (1867-1916), dedicara a Margarita Debayle:

Margarita, está linda la mar

y el viento

lleva esencia sutil de azahar;

yo siento

en el alma una alondra cantar:

tu acento.

Margarita, te voy a contar

un cuento.

Otros, mayores y más reflexivos, inclinados tal vez a la metafísica, siguen dándole vueltas a las ideas de “Lo fatal”:

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura porque ésa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el de ser vivo

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Todos (o algunos, quién sabe), en fin, habrán podido oír en clase de literatura estos días, especialmente desde el 6 de febrero, fecha del centenario de la muerte de su autor, los primeros versos (por lo menos) de la “Canción de Otoño en Primavera”:

Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro,

y a veces lloro sin querer…

Jack London

Durante muchos años fueron lecturas habituales del alumnado de secundaria novelas como La llamada de la selva y Colmillo Blanco, de Jack London (1876-1916). Ahora que se cumplirán cien años de la muerte de su autor (exactamente, el 22 de noviembre), tal vez convenga que los jóvenes recuperen esas lecturas, su novela autobiográfica Martin Eden y muchos otros de sus relatos ambientados en las tierras del silencio blanco en los que igualmente se siente con ímpetu contagioso la llamada de la naturaleza. “Nostalgias inmemoriales de nomadismo brotan debilitando la esclavitud del hábito; de su sueño invernal despierta otra vez, feroz, la tensión salvaje”, dice el hermoso epígrafe inicial de La llamada de la selva para aludir al impulso que siente Buck, el perro protagonista, hacia sus orígenes ancestrales una vez que ha perdido a su amigo John Thornton. Su transformación no puede dejar indiferente a nadie.

Henryk Sienkiewicz

Henryk Sienkiewicz (1846-1916) tal vez no esté de moda entre nosotros, pero la más famosa de sus novelas históricas, Quo vadis?de la que se han hecho cinco versiones cinematográficas directas y varias indirectas o parciales, todavía evoca en muchos lectores, aunque ya resulte convencional, el afanoso mundo de los primeros cristianos en tiempos de Nerón, los amores difíciles entre Vinicio y Ligia, la elegancia intelectual de Petronio, la fidelidad de Ursus y el transformismo del sofista Quilón Quilónides. Constituye, por tanto, un viaje ameno, con regusto por los detalles de ambiente (no en vano el autor era periodista), a la tumultuosa Roma del siglo I.

Camilo José Cela

Camilo José Cela (1916-2002), autor de cuyo nacimiento se cumplen cien años dentro de unos días (el 11 de mayo), controvertido por sus actitudes, por sus ideas políticas y por el trasfondo de algunas de sus obras literarias, concebía la novela como un género literario en permanente transformación, de manera que trató siempre de que ninguna de sus novelas se pareciera a las anteriores, aunque sus resultados sean muy desiguales. En los clubs de lectura, cuando se revisa su obra, se recurre a las novelas de mayor aceptación popular, como La familia de Pascual Duarte y La colmena.

Saki

Saki, nombre literario de Hector Hugh Munro (1870-1916), autor de cuentos maliciosos construidos con diálogos y observaciones memorables por su ingenio irónico, no ha tenido con cierta crítica académica el reconocimiento que merecería (Harold Bloom, por ejemplo, no lo incluye en su canon del cuento), aunque entre sus defensores se cuente el mismísimo Jorge Luis Borges. Pero su obra se reedita periódicamente y resiste con creces el paso del tiempo, y sus personajes retratan con un humor incisivo (a veces, negrísimo) la comedia de las vanidades que vivían permanentemente las clases altas británicas en la época victoriana. “Saki fue el primero en utilizar con éxito una premisa salvajemente escandalosa para comunicar una idea seria… Sus mejores cuentos siguen siendo mejores que los mejores de casi cualquier otro escritor”, sostiene otro de sus defensores, Roald Dahl.

Giorgio Bassani

Giorgio Bassani (1916-2000), autor italiano de cuyo nacimiento acaban de cumplirse cien años el pasado 4 de marzo. Escrita en primera persona por un narrador que suele identificarse con el propio autor, El jardín de los Finzi-Contini, su obra más conocida, y no sólo por haber sido adaptada al cine sino por ser la clave de otras de sus novelas ambientadas en Ferrara, nos acerca al mundo de una familia acomodada de origen judío. Los Finzi-Contini acabarán desapareciendo en los años convulsos de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de ellos deportados a campos de exterminio nazis. Bassani declaró en varias ocasiones que su objetivo al escribir esa novela no fue sólo denunciar la vergüenza insoportable que significó la política de exterminio de la comunidad judía por parte de los nazis, sino contribuir a que las vidas de los personajes en que estaba basada su crónica no cayeran en el olvido. Ese objetivo se alcanza en la medida en que sus obras siguen reeditándose y leyéndose con gran interés.

Roald Dahl

Y, por último, aunque en la imaginación de muchos jóvenes lectores ocupe el primer lugar de esta lista, hablemos de Roald Dahl (1916-1990), de cuyo nacimiento se cumplirán cien años el 13 de septiembre. Aunque algunos lo encasillen por algunas de sus novelas (Matilda, Charlie y la fábrica de chocolate, etc.) como un autor de literatura para niños (quizás por su defensa furibunda de los niños frente a las razones pragmáticas de los mayores), quienes más que admirarlo lo aman, saben muy bien que sus mejores obras no diferencian a los lectores por su edad; Boy o Volando solo, dos libros autobiográficos,por ejemplo, y muchos de sus cuentos pueden disfrutarse tanto si uno es joven como si es adulto; basta con que a uno le guste la literatura. Como buen lector de Saki (ya hemos visto más arriba la generosidad con que lo valora), Dahl impregna de un feliz sentido del humor la mayor parte de sus relatos, pero sin evitar la ternura ni reprimir su apasionada imaginación, y eso hace inmensamente felices a todos sus fieles lectores.

En fin, bienvenidos sean tantos centenarios si contribuyen a que se conozcan mejor las obras de los autores aquí mencionados: que cada cual escoja los suyos y, si tiene ganas y tiempo, nos deje aquí su comentario.

 

Pa, sostre, drets i roses

El 8 de març, Dia de la Dona Treballadora, ens convida a repassar moments de la llarga lluita de la dona pel reconeixement de les seves reivindicacions laborals i per la plena igualtat de drets amb l’home, però, de fet, cada dia de l’any hauria de ser Dia de la Dona Treballadora i de tots els éssers humans víctimes de la violència, la discriminació i la injustícia, fins acabar amb aquestes xacres que degraden la condició humana. És veritat que el camí recorregut per la dona fins avui no és el mateix a totes les societats: hi ha societats del món occidental, com als països nòrdics, on la dona gaudeix d’un reconeixement semblant al dels homes, i això es comprova, per exemple, en els percentatges de dones que tenen responsabilitat política als governs i en els de les que ocupen càrrecs directius a les grans empreses. En un altre extrem, a alguns paisos islàmics les dones no tenen un ple reconeixement de drets polítics ni socials i són considerades prolongacions subsidiàries del seu pare o del seu marit. I en altres societats, com a la nostra, malgrat que la dona ha assolit el reconeixement dels seus drets a nivell polític, encara sobreviuen, a més de la violència sexista i de diferents formes i graus de discriminació, actituds i comportaments atàvics clarament regressius que poden qualificar-se de masclistes i de denigrants per la dona (per exemple, hi ha suplements de moda d’alguns diaris europeus que presenten les dones com a maniquins o simplement com a dones objecte).

Manifestació de dones

El 1975, l’ONU va establir el dia 8 de març com a Dia Internacional de la Dona Treballadora. Es va triar aquesta data perquè recollia la proposta que al seu moment (a la II Conferència Internacional de dones socialistes a Copenhague, l’agost de 1910)  havia fet  Clara Zetkin, comunista alemanya, i perquè a més serveix per recordar i mantenir una tradició de lluita amb fites com aquestes:

  • El març de 1857 les dones de les fàbriques tèxtils de Nova York van començar a reivindicar els seus drets laborals i van a aconseguir la creació dels seus propis sindicats dos anys després.
  • El març de 1908, més de 15000 persones van manifestar-se pels carrers d’aquella ciutat per reclamar millors condicions de treball i salarials per les dones. (Aquesta manifestació inspiraria el poema “Bread and Roses”, del qual parlem més endavant.)
  • El 19 de març de 1911, Clara Zetkin va impulsar a alguns paisos europeus (Alemanya, Àustria, Dinamarca i Suïssa) la primera celebració del dia de la dona treballadora, amb mítings i manifestacions que van reunir més d’un milió de persones.
  • El 25 de març de 1911 van morir 146 persones (123 dones i 23 homes) a l’incendi d’una fàbrica tèxtil de Manhattan, la majoria de les quals eren joves immigrants, jueves i italianes (les portes de la fàbrica estaven tancades a propòsit per evitar protestes sindicals i molts treballadors no en van poder sortir…).
  • I al març de 1912 va culminar la vaga coneguda com de Pa i Roses de les treballadores d’una fàbrica tèxtil de Lawrence, Massachusetts (el pa representava per elles la lluita per les millores salarials i les roses, millors condicions de vida).

Clara Zelkin

Molts anys després d’aquells i d’altres esdeveniments històrics, la lluita pels drets i la dignitat de la dona continua, i el 8 de març ens ho recorda molt especialment. De fet, al nostre blog s’hi poden consultar algunes entrades relacionades amb aquesta data i amb la qüestió femenina en general: la dedicada a Malala Yousafzai (12 de desembre de 2014), Per la diversitat cultural i contra la violència de gènere (1 de juliol de 2014), Per l’alliberament de les estudiants nigerianes (19 de maig de 2014), Les dones de veritat (7 de març de 2013), Contra la discriminació de les dones (10 de desembre de 2012), Dones i poesia (9 d’abril de 2012), etc. Molts d’aquests comentaris no han perdut la seva actualitat. Aquests dies, quan llegim la premsa, trobem una i altra vegada històries de dones que fan palesa la desigualtat i la violència que les dones d’arreu continuen patint. Aquí en tenim alguns casos, a tall d’exemple.

Caddy Adzuba

Caddy Adzuba (Buka, Congo, 1981), advocada i periodista, va rebre el premi Príncep d’Astúries al 2014, per la seva denúncia de les violacions massives, de les mutilacions i assassinats de milers de dones i nenes al seu país. Una de les seves frases més citades, “Nosaltres morim perquè vosaltres pugueu tenir els vostres smartphones“, fa referència a una de les causes de la guerra al seu país, el control de les mines de coltan, un mineral necessari pel funcionament dels mòbils.

Chika Oduah

Chika Oduah (Ogabru, Nigèria, 1987), periodista i antropòloga, va tornar al seu país des dels Estats Units, on havia emigrat amb els seus pares quan era petita, per dedicar-se a escriure una sèrie d’articles sobre el grup terrorista Boko Haram (un grup sanguinari que va assassinar només en 2014 a 6644 persones) i va rebre el premi Trust Women Journalist Award 2014 per aquests reportatges. Els seus articles denuncien les condicions de vida i treball de la dona nigeriana, víctima de pràctiques esclavistes i d’un masclisme molt agressiu que porta, per exemple, a considerar les víctimes dels maltractaments sexuals com a culpables.

Nadia Murad

Nadia Murad, refugiada iraquiana a Alemanya, membre de la minoria yazidita, el 2014, quan tenia 19 anys, “va ser segrestada, maltractada, utilitzada com a botí de guerra i esclava sexual per militants de les forces del mal, com anomena ella l’Estat Islàmic” (“Ens volen esborrar de la terra”, La Vanguardia, 29 de febrer 2016). Després d’un primer intent fallit d’escapar-se dels seus segrestadors, va ser castigada amb una violació col·lectiva, i ara, intentant superar els seus malsons, tracta de difondre el seu testimoni com una forma de lluita per salvar del genocidi el seu poble.

Berta Cáceres

Berta Cáceres (1973-2016, La Esperanza, Hondures), membre de la comunitat indígena lenca i activista pel medi ambient i pels drets humans, va rebre el premi Goldman 2015 per la seva lluita contra la construcció d’una central hidroelèctrica en les aigües del riu Gualcarque i fa uns dies (el 3 de març) va ser assassinada per defensar el medi ambient. El seu assassinat no és un fet aillat, forma part d’una llarga sèrie: des del 2002 al 2014 s’han produit a Hondures 111 assassinats d’activistes pel medi ambient.

Aquestes quatre dones compromeses amb les seves idees són referents positius dins del seu camp respectiu. Darrera d’elles n’hi ha altres que ens recorden que encara hi ha molts fronts oberts per lluitar pels drets de la dona i la seva dignitat. Diríem, fins i tot, que en aquest temps de treball precari, d’atur multitudinari, de desnonaments, de refugiats sense asil ni sostre, de deshumanització de la feina, de tràfic de persones i de noves formes d’esclavisme, la lluita que s’ha de lliurar ha ampliat els seus fronts i les seves motivacions. Si les obreres nord-americanes de principis del segle XX demanaven Pa i roses, ara tots hauríem de reivindicar pa, sostre, drets i roses. I com que el poeta nord-americà James Oppenheim (1882-1932) va escriure el poema Bread and Roses (1910) com a ofrena a aquelles dones que lluitaven pels seus drets, el transcrivim aquí com a homenatge a totes les dones que continuen lluitant i no han perdut l’esperança.

PAN Y ROSAS

Mientras vamos marchando, marchando a través del hermoso día
Un millón de cocinas oscuras y miles de grises hilanderías
Son tocados por un radiante sol que asoma repentinamente
Ya que el pueblo nos oye cantar: ¡Pan y rosas! ¡Pan y rosas!

Mientras vamos marchando, marchando, luchamos también por los hombres
Ya que ellos son hijos de mujeres, y los protegemos maternalmente otra vez
Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte
Los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos
¡dennos pan, pero también dennos rosas!

Mientras vamos marchando, marchando, innumerables mujeres muertas
Van gritando a través de nuestro canto su antiguo reclamo de pan
Sus espíritus fatigados conocieron el pequeño arte y el amor y la belleza
¡Sí, es por el pan que peleamos, pero también peleamos por rosas!

A medida que vamos marchando, marchando, traemos con nosotras días mejores
El levantamiento de las mujeres significa el levantamiento de la humanidad
Ya basta del agobio del trabajo y del holgazán: diez que trabajan para que uno repose
¡Queremos compartir las glorias de la vida: pan y rosas, pan y rosas!

Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte
Los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos
¡pan y rosas, pan y rosas!

En el centenario de La transformación

El centenario

Se cumplen en este mes de noviembre cien años de la publicación de La transformación, novela corta de Franz Kafka más conocida como La metamorfosis. Para recordar la que muchos consideran la mejor novela corta del siglo XX, para rendir el debido homenaje a su autor y para animar a que la leyeran los alumnos de nuestro instituto que no la conocieran, se propuso como lectura para la sesión del club de lectores del 28 del pasado octubre, y eso nos da pie ahora para invitar a quienes visiten este blog para que la comenten aquí.

Franz Kafka

El contexto

El otoño de 1912 fue especialmente fructífero para Franz Kafka (tenía entonces 29 años, publicaría a mediados de noviembre su primer libro de relatos, Contemplación, y por sus estudios de Derecho se desempeñaba, sin demasiado interés, como consultor en la Compañía de Seguros de Accidentes de Trabajo del reino de Bohemia). En casa de su mejor amigo, Max Brod, había conocido poco antes, el 13 de agosto, a Felice Bauer, con quien se comprometería, rompería relaciones, volvería a comprometerse y acabaría rompiendo definitivamente el 27 de diciembre de 1917 después de haberle enviado durante esos cinco años centenares de cartas que ocupan 792 páginas en la edición española (las cartas de ella no se han conservado) y que constituyen probablemente el mayor documento epistolar de todos los tiempos. Conocer a esta mujer berlinesa fue un reactivo para Kafka, un caso fulgurante de azar objetivo. Empezó a escribirse con ella el 20 de septiembre de 1912 (le escribe en tres meses más de sesenta cartas, algunas de ellas de más de diez páginas) y, casi inmediatamente, en la noche que va del 22 al 23 de septiembre, escribe de un tirón, durante ocho horas seguidas, La condena, uno de sus relatos magistrales. Por esos días continúa escribiendo El desaparecido —novela que dejaría inacabada—, interrumpe temporalmente su diario el 25 de septiembre (lo reanudaría el 11 de febrero de 1913; de hecho las cartas a Felice Bauer cumplían para él una función similar a la del diario), y escribe La transformación en tres semanas, desde el domingo 17 de noviembre al 6 de diciembre.

Franz Kafka y Felice Bauer

La mañana de ese domingo Franz Kafka se había quedado en la cama algo inquieto e impaciente. Varias veces había preguntado si no había llegado todavía la carta que esperaba. Según recordaría después, se sentía afligido y asediado desde lo más hondo de sí mismo por un cuento que acababa de venirle a la mente. Por fin, hacia las once, Ottla, su hermana favorita, le entregó la carta que acababa de llegar de Felice Bauer y su estado de ánimo cambió inmediatamente. Esa misma noche empezaría a escribir La transformación.

La obra

Cuando una mañana, Gregor Samsa se despertó de unos sueños agitados, se encontró convertido en un monstruoso bicho. Yacía sobre su espalda, dura como un caparazón, y al levantar un poco la cabeza vio su vientre abombado, pardo, segmentado por induraciones en forma de arco, sobre cuya prominencia el cubrecama, a punto ya de deslizarse del todo, apenas si podía sostenerse. Sus numerosas patas, de una deplorable delgadez en comparación con las dimensiones habituales de Gregor, temblaban indecisas ante sus ojos.

El drama de Gregor Samsa, viajante de comercio que vive con sus padres y su hermana Grete, pasa a lo largo de seis meses por los tres momentos clásicos, nacimiento, cenit y ocaso. Nace convertido en un monstruoso bicho esa mañana nublada de otoño en que “se oía el tamborileo de las gotas de lluvia contra la plancha metálica del alféizar”, alcanza su apogeo algunas semanas más tarde (“le gustaba quedarse arriba, colgado del techo; era algo totalmente distinto a yacer en el piso, se respiraba con mayor libertad, un leve balanceo le recorría a uno el cuerpo, y en el casi feliz aturdimiento que embargaba a Gregor allá arriba, podía ocurrir que, para su propia sorpresa, se desprendiese y fuese a estrellarse contra el suelo”) y acaba algunos meses después, en primavera (“Pensó en su familia con emoción y cariño. Su convicción de que debía desaparecer era, si cabe, más firme aún que la de su hermana. En ese estado de meditación vacía y pacífica permaneció hasta que el reloj de la torre dio las tres de la madrugada”).

Die Verwandlung (La transformación) fue publicada por la editorial Kurt Wolff de Leipzig en noviembre de 1915, como volumen 22/23 de la misma colección en que se había publicado como número 3 Contemplación en noviembre de 1912, Der Jüngste Tag (El último día o también El día del Juicio Final), cuyos libros, con tiradas de mil a dos ejemplares, alcanzaron gran difusión por venderse a un precio muy asequible (80 pfennings, es decir, 80 céntimos de marco) y dieron a conocer la literatura del expresionismo alemán. Poco antes de la publicación, cuando supo que el dibujante Ottomar Starke se encargaría de las ilustraciones, Kafka recalcó al editor: “El insecto no tiene que salir dibujado. Ni siquiera de lejos”, y su voluntad fue respetada. El libro conoció una sola reedición.

Die Verwandlung

El monstruoso bicho 

Aunque Kafka había tenido mucho cuidado en no aclarar en qué tipo de insecto se convierte Gregor (un insecto del que no se conoce la especie resulta más estimulante para la imaginación que otro que se clasifica en una categoría conocida), a lo largo del tiempo críticos y dibujantes han especulado con la forma y la categoría del “monstruoso bicho”.

Algunos especialistas han recordado la afición del padre de Kafka a usar insultos degradantes procedentes del campo animal (“bestia”, “perro enfermo”, “gran cerdo”…) y a descalificar a los amigos de su hijo con un refrán: “Quien se acuesta con perros, con pulgas se levanta”; otros han subrayado la extensa fauna que puebla los relatos de Kafka: monos, perros, ratones, topos, insectos… Elías Canetti, por su parte, en un ensayo memorable (El otro proceso) habla del interés de Kafka por las estrategias de transformación y camuflaje de algunos animales para pasar desapercibidos y la relaciona con su tendencia a inhibirse, a pasar a segundo plano y a desaparecer de escena por razón de su timidez, derivada de, entre otros motivos, su extrema delgadez, que guarece bajo su casi omnipresente abrigo. Y el novelista Vladimir Nabokov, con vocación de entomólogo, llega a la conclusión de que si el insecto en que se ha convertido Gregor tiene seis patas, por la forma convexa de su vientre y de su espalda, ha de ser un escarabajo doméstico (aunque no “un escarabajo pelotero”, como lo llama la vieja asistenta que trabaja en casa de los Samsa).

El argumento más sólido para caracterizarlo como escarabajo doméstico lo proporcionan, no obstante, quienes aluden a un pasaje del relato Preparativos de boda en el campo, escrito hacia 1906: […] “Y mientras estoy acostado en la cama tengo la forma de un gran escarabajo, de un ciervo volante o de un abejorro. […] La forma de un escarabajo, sí. Y luego me las ingeniaba para simular un sueño invernal y apretaba mis patitas contra mi cuerpo abombado. Y susurro unas cuantas palabras que son instrucciones para mi cuerpo triste, que está de pie junto a mí, inclinado”.

A pesar de estas referencias, no conviene olvidar que Kafka atribuía a un sueño el origen de lo que él creía que sería un cuento (luego se le fue convirtiendo en una novela corta) ni que no quería que el insecto fuese representado gráficamente. Llamarlo “monstruoso insecto” aludiría a su tamaño (unos noventa centímetros de largo, según Nabokov). Y recordemos, por lo demás, una curiosidad, una extraña coincidencia: el apellido Kavka significa en checo grajo, por lo que este córvido fue el emblema de la tienda del padre de Kafka, pero, por cierto, ¿de qué se alimentan los grajos? De semillas, saltamontes, larvas, escarabajos, etc.

Emblema del grajo

¿La transformación o La metamorfosis?

Die Verwandlung se tradujo por primera vez al castellano en 1925 en la Revista de Occidente con el título de La metamorfosis. No se sabe con seguridad quién fue el traductor, pero se sospecha que pudo ser José Ortega y Gasset, director de la revista, o Fernando Vela, secretario de redacción. El título hizo fortuna y se ha repetido en otras muchas ediciones. Sin embargo, el profesor Jordi Llovet, editor de las obras completas de Kafka, ha defendido la conveniencia de preferir traducir Die Verwandlung como La transformación alegando que esta es una palabra más común, menos técnica y más cercana al tono que maneja Kafka al contar la historia como una sucesión de hechos cotidianos y no sobrenaturales. (Más información sobre la polémica.)

El mar helado

Muchas de las explicaciones que lectores y críticos acostumbran a dar sobre La transformación giran en torno a los elementos más o menos autobiográficos que contiene. Por ejemplo, el nombre del protagonista, Gregor, parece un anagrama de Georg (nombre de un hermano de Kafka fallecido con dieciocho meses, pero también del personaje de La condena); el apellido Samsa lleva a pensar en Kafka por cómo se intercala la  misma vocal entre las consonantesGregor Samsa, como el propio Kafka hasta una edad tardía, vive en casa de sus padres, una familia burguesa, y duerme en una habitación que se comunica con otras piezas, una habitación de paso (de las cuatro paredes, tres tienen sendas puertas y la cuarta una ventana que da a la calle), etc. (Quien quiera profundizar en otras similitudes entre el autor, considerado un “bicho raro” por dedicarse a escribir, y el personaje, transformado en “un bicho monstruoso”, debería leer, por lo menos, Carta al padre, en la que Kafka recuerda muchos momentos en que se sintió humillado y ofendido por su padre.)

Sin embargo, otros comentaristas prefieren ceñirse a diferentes aspectos de la obra, bien argumentales (la soledad, la incomunicación…), formales (no insistiremos en la frecuencia del número tres), estilísticos (“se revela como un escritor en el sentido de Flaubert, para quien nada es trivial siempre que sea exacto”, escribe Canetti), etc. Pero, en fin, que cada lector hable de las impresiones y efectos que le haya dejado el libro, pues aquí, para acabar, sólo anotaremos dos observaciones de nuestro autor.

La primera se refiere al valor que concedía a la literatura: “Mi vida consiste, y en el fondo ha consistido desde siempre, en intentos de escribir, en la mayoría de los casos fallidos. Pero si no escribiera yacería en el suelo, digno de ser barrido” (carta a Felice del 1 de noviembre de 1912).

La segunda se refiere al efecto que los libros tendrían que tener para los lectores:  “Si el libro que estamos leyendo no nos espabila de un mazazo en la cabeza, ¿para qué lo leemos? […] Necesitamos que los libros nos afecten igual que una catástrofe, que nos duelan en lo más hondo, como la muerte de alguien a quien queremos más que a nuestra propia vida […]. Un libro debe ser el hacha para [romper] el mar helado de nuestro interior” (carta de Franz Kafka a su amigo Oskar Pollak, del 27 de enero de 1904).

Creant vincles, construint ponts

Un cop més el nostre institut ha participat durant aquest any al concurs del projecte Joves en Xarxa —els premis de Convivència i Drets civils—, convocat per tractar de prevenir conductes contràries a la convivència, enfortir la cohesió social  i educar els joves colomencs en l’ús dels drets civils i la cultura del diàleg. A aquesta quarta convocatòria del concurs, els premis han estat els següents: 1r premi, per al grup 3r B, del Sagrat Cor, pel projecte Rumors a les xarxes socials; 2n premi, per a l’alumnat de l’aula d’acollida de l’IES La Bastida, pel seu treball Amor a Fondo, i 3r premi, per al grup Horitzó de l’IES Numància, pel treball No somos perfectos. Des d’aquí enviem la nostra enhorabona als guanyadors. Quant a la nostra participació, recordem ara els precedents.

Si al curs 2011-2012, a la primera convocatòria del premi, el nostre institut va participar-hi amb el treball  Calen les normes? (veure entrada de 3 de juny de 2012 a aquest mateix blog), al curs 2012-2013, amb Tothom en contra meva (veure entrada de 2 de juny de 2013) i al curs 2013-2014 amb dos treballs, The Mirror: Una mirada als adolescents de Santa Coloma de Gramenet i M’estimes?: Prevenció de la violència de gènere en adolescents, que va resultar guanyador (veure entrada de l’1 de juliol de 2014), aquest any, els projectes presentats pel nostre centre eren El Puig estiu, del grup 1r C, dirigit per la professora Belinda León, i Creant vincles, construint ponts, del grup 4t D, dirigit per la professora Yolanda Moneo,  veterana en aquest concurs.

Grup 1r C

El treball del grup 1r C, centrat en els estereotips i rumors, consisteix en la publicació d’una revista, El Puig estiu, a l’editorial de la qual els seus autors expliquen com han aprofitat els diferents tallers de sensibilització que han fet al llarg del curs sobre la tolerància, els rumors, els prejudicis, el treball en grup, etc., i com han treballat aquests temes a diferents assignatures (català, ciències de la natura, música, anglès, matemàtiques i ciències socials). Quant al seu contigut, hi trobem articles (per exemple, “Cremades digitals”, on es fa un paral·lelisme entre les cremades del sol a l’estiu i les cremades per la tecnologia a la nostra societat), entrevistes, jocs en anglès, passatemps, recomanacions (de pel·lícules, sèries de TV, cançons…), un llistat crític d’estereotips (“Estem tips d’estereotips”), reflexions sobre interculturalitat, els rumors i les meduses (“Arriba l’estiu i les meduses ocupen les nostre platges de la mateixa manera que els  rumors també podem ocupar les nostre vides. Hem fet un paral·lelisme entre com viuen, ataquen i ens podem guarir de les picadures de meduses i dels rumors”) i un estudi sobre els canvis que troben els alumnes en passar de primària a secundària.

A la memòria escrita, la tutora del projecte, Belinda León, contextualitza el treball, explica que “El Puig Estiu va ser el nom que li vam donar a la revista, ja que és un treball fet per alumnes del  Puig i està pensada per fullejar-la a l’estiu ja que és el resultat de moltes de les coses que han après aquest any”, i declara els seus objectius: millorar el treball en equip, consolidar el respecte per les diferències culturals i tenir com a referent positiu al grup que els apadrinava, el 4t D.

Grup 4t D

Respecte al projecte de 4t D, no s’han limitat a fer una feina teòrica, sinò que han tractat de portar-la a la pràctica com a padrins dels alumnes de 1r d’ESO, perquè consideren que quan l’alumnat de primària passa a secundària hi troba moltes diferències i cal acompanyar-lo i guiar-lo perquè cap alumne es pugui sentir desorientat en aquest moment de canvi. Deixem, però, que siguin els mateixos alumnes que ens expliquin el sentit del seu treball:

“Vivim en una societat obsessionada en crear una bombolla per al benestar adult, però no
aconseguim adonar-­nos compte de la importància de sembrar una autoestima forta sobre
el nostre futur, els nens. És molt important que aquests petits cors creixin en un medi d’adults equilibrats, ja que això serà el millor que els puguem transmetre. En canvi, si ens parem a pensar sobre el tema, ens costarà una misèria conscienciar­-nos que fem les nostres mancances visibles. Així com els animals, els nens perceben les nostres pors, ergo les nostres inseguretats i les fan seves amb gran facilitat. Davant d’aquest succés, és cert que ens hem d’esforçar perquè això passi en menor mesura. Però, com podem fer-­ho? En primer lloc hem de tenir en compte que som el seu millor exemple a seguir, és a dir, que necessitem fomentar la nostra estima. En segon lloc, la nostra forma de tractar­los, així com en els valors que demostrem i inculquem, és a dir, en com els eduquem. D’això tracta aquest treball col∙lectiu. Que els nens nouvinguts a l’ESO no xoquin contra un mur d’aspectes negatius, que els nostres consells arribin a la seva ment i cor, i sobretot a poder afrontar les seves pors i les seves penes. Per tant, es tracta d’un procés d’adaptació a les experiències de vida difícils o extremes. Parlem de resiliència, un terme definit com ‘la capacitat humana d’assumir amb flexibilitat situacions límit i sobreposar­-s’hi i el qual no es té gaire en compte en els centres escolars i molt menys en el “modus operandi” de les assignatures. Això ens ha fet replantejar sobre la necessitat i l’obligació que tenim d’incorporar la resiliència dins de les aules, perquè els alumnes puguin aconseguir els seus objectius. Arribat el moment, li hem donat molta importància a l’empatia, a la capacitat de posar­-se en la pell de l’altre, fent­-nos partícips dels seus temors i vivències. Però creiem que cal anar un pas més enllà i també concedir la importància que es mereix a la resiliència per afrontar amb plenes garanties l’èxit dels nostres companys de 1r”, escriuen a la memòria final els alumnes de 4t D guiats per la tutora del projecte, Yolanda Moneo.

En definitiva, tenim aquí dos bons exemples de treball d’educació per a la ciutadania i de defensa del diàleg  i de la cultura de la pau, pels quals hem de felicitar molt cordialment els seus autors, l’alumnat i les professores participants, al mateix temps que agrair-los el seu esforç per crear vincles i construir ponts. Ara només cal esperar que tota aquesta feina que fan molts professors per l’educació cívica a les aules tingui tot el suport i el reconeixement que es mereix per part de la societat i que doni els seus fruits.

Tiempo de memoria

La guerra civil española comenzó con un golpe militar. Existía una larga historia de intervención militar en la vida política de España, pero el golpe del 17-18 de julio de 1936 fue un instrumento viejo empleado para un objetivo nuevo. Se proponía detener la democracia política de masas que se había puesto en marcha por los efectos de la Primera Guerra Mundial y la Revolución rusa, y se había acelerado por los subsiguientes cambios sociales, económicos y culturales de las décadas de 1920 y 1930. En este sentido, el alzamiento militar contra el orden democrático y constitucional de la Segunda República de España fue el equivalente del golpe de estado fascista que ocurrió tras la llegada al poder de Mussolini en Italia (1922) y Hitler en Alemania (1933), y cuya intención era también controlar manifestaciones similares de cambio social, político y cultural.

Helen Graham, Breve historia de la guerra civil

El pasado 29 de abril, en el club de lectura de nuestro instituto se comentó Tiempo de memoria. Una novela sobre el hombre que intentó matar a Franco, de Carlos Fonseca (Madrid, 1959), autor de documentados libros históricos sobre diferentes episodios de la Guerra civil como, por ejemplo, Trece rosas rojas. La sesión contó con la dirección y el asesoramiento de la profesora Agustina Rico, sobrina de José Rico, protagonista de la historia real en la que se basó Fonseca. Como algunos lectores y amigos no pudimos asistir a la sesión, queremos dejar constancia aquí del interés de la novela y ofrecer este espacio a quienes quieran dar su opinión por escrito.

Tiempo de memoria

Tiempo de memoria cuenta la historia de José Rico, un joven labrador de Monleras (Salamanca) que con apenas veinte años se enrola en el ejército con un amigo, Manuel Cadierna. Destinados a Ceuta en enero de 1936, allí, al cabo de pocos meses, concretamente el 18 de julio, sin el apoyo de su amigo Manuel, pero con la colaboración de otros soldados (por ejemplo, el cabo Veintemillas), José Rico va a trazar un plan para matar a Franco  horas después de que se supiera que este general encabezaba un golpe militar para derribar la República (“Cuando reviste la guardia, le dispararé a quemarropa”). El plan, sin embargo, no va a poder realizarse: va a ser descubierto por una delación y los implicados van a ser detenidos, torturados, encarcelados en el penal del Hacho, juzgados sin garantías, condenados a muerte y fusilados el 17 de abril de 1937. Mientras van ocurriendo estos hechos, en Monleras, la familia Rico, una vez que en el pueblo se ha sabido que José Rico está detenido en Ceuta, se ve sometida a un acoso y a un repudio constantes por parte de vecinos que hasta entonces habían considerado amigos, mientras otros simpatizantes de la República, con peor suerte todavía, son secuestrados por grupos falangistas y asesinados vilmente al borde de los caminos. La represión más brutal y feroz había comenzado en los pueblos con la colaboración de las autoridades locales y se ensañaba despiadadamente contra los más débiles e inermes, antes incluso de la caída de la República y del triunfo de la dictadura de Francisco Franco. Sin embargo,  a pesar de su significado como acto de rechazo y de resistencia contra el fascismo, durante muchos años la historia de José Rico yacerá sepultada en el olvido de los archivos militares hasta que un historiador, Ernesto (un personaje de ficción inspirado en otros reales), mientras investigaba la reorganización del Partido Comunista de España, encuentra por casualidad una carta que le llama la atención: “una carta sin aparente relación con el sumario que tenía entre manos. Estaba fechada el 18 de abril de 1937 en Ceuta e iba dirigida a don Antonio Rico Matías, vecino de Monleras (Salamanca). En el extremo superior izquierdo, un anagrama y la leyenda: Comandancia de Intendencia de la Circunscripción Occidental de Marruecos” (pág. 18). Esa carta, que comunicaba a los padres el fusilamiento y enterramiento de José Rico, va a cambiar el curso de la investigación de Ernesto. A partir de ese momento, dejará de lado su estudio sobre el Partido Comunista y tratará de buscar toda la información posible sobre José Rico, el hombre que tramó un plan para matar a Franco en Ceuta al día siguiente de iniciada la guerra. Ernesto comenta con Andrés, un discípulo y colaborador, el hallazgo de la carta y éste empieza a especular sobre lo que hubiera podido pasar si el plan para matar a Franco hubiera triunfado: “Podría haber cambiado el rumbo de la historia”, dice (pág. 229), pero desarrollar que hubiera pasado si el plan hubiera triunfado sería política-ficción, y esta novela prefiere atenerse a los hechos reales.

Puerto de Ceuta

Vista del puerto de Ceuta, uno de los escenarios de la novela

Como en la vida misma, por la novela desfilan personajes de todo tipo: algunos nobles y coherentes con sus principios democráticos, como el mismo Rico y su compañero Veintemillas; otros igualmente dignos por su lealtad  constitucional (por ejemplo, Antonio López Sánchez-Prado, alcalde de Ceuta, y Antonio Parrado, sindicalista, ambos encerrados en el penal y ejecutados); otros, crueles y brutales (por ejemplo, el Guarrero, el sargento encargado de castigar a los presos del Hacho, o el comandante Civantos, que detiene a Rico y a Veintemillas); otros, justos y prudentes (como Antonio Rico, padre del protagonista); otros, oportunistas y granujientos (como Baltasar Tavera, el cura, y Eloy Vicente, el alcalde de Monleras), etc.

Aunque la novela está escrita con un estilo contenido, preciso, sin ornamentación ni alharacas retóricas, y carece de efectismos y de dramatismos superfluos (el autor prefirió ponerse al servicio de la historia en lugar de poner la historia a su servicio), convence por su rigor documental (las referencias a los personajes históricos son muy exactas, no están literaturizadas) y por el certero trazo psicológico de los personajes. Algunas de las escenas descritas impresionan la memoria del lector por su verosimilitud. Por ejemplo, ésta:

“Sólo unas semanas bastaron para transformar Monleras. Vecinos de edad hasta entonces indiferentes a cualquier cuestión que pudiese ser tachada de política se paseaban ahora vestidos de falangistas, camisa azul con el haz y las flechas bordados en el pecho y gorrilla cuartelera de color azul marino y vivos rojos, como prueba de su segura adhesión a lo que todos llamaban el Glorioso Alzamiento Nacional. Habían viajado a Ledesma, e incluso a Salamanca, para comprar las prendas que les distinguían como hombres de ley. En la calle gritaban vivas a España con el brazo en alto, emulando lo que antes habían visto hacer a otros, y esperaban que el saludo les fuera devuelto como un eco. El pueblo era un enorme escenario donde cada vecino interpretaba un papel en el que muy pocos creían. Pura ficción con tal de evitar problemas o malentendidos” (pág. 283).

Esa ficción a la que de manera oportunista tantos se entregaron durante y después de la Guerra civil, lleva a pensar que, por contraste y para ejemplo de las generaciones venideras, los testimonios y los actos de las personas justas no deben ser olvidados, así el caso del soldado José Rico (al fin y al cabo, el título de la novela alude a la necesidad de mantener viva la memoria histórica). Lo dijo de manera inolvidable Luis Cernuda refiriéndose a uno de los brigadistas internacionales que intervinieron en la Guerra civil, pero lo pudo haber dicho igualmente de otros personajes de la novela que comentamos:

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
Cuando asqueados de la bajeza humana,
Cuando iracundos de la dureza humana:
Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. […]

Gracias, Compañero, gracias
Por el ejemplo. Gracias porque me dices
Que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan sólo basta
Como testigo irrefutable
De toda la nobleza humana.

Así que, lector, recuérdala tú la historia de José Rico y recuérdala a otros, pues aunque Tiempo de memoria esté concebida como una novela y no como un libro de historia, la verdad que encierra transciende la ficción y toca nuestra sensibilidad, nuestra humanidad y nuestra memoria.

(Para más información sobre la historia de José Rico, véase la entrevista que Agustina Rico concedió a Salvador López Arnal en febrero de 2008 y la crónica publicada por el historiador ceutí  Francisco Sánchez Montoya en El Mundo el 31 de agosto de 2003.)