L’educació val més que la incertesa

Un grup d’alumnes de 3r d’ESO del nostre institut ha realitzat un documental sobre l’educació. Volien saber com veien els seus avis i altres adults l’educació dels temps de quan eren escolars (“l’escola d’abans”) i com veuen la dels seus nets (“l’escola d’ara”), i van començar a fer preguntes. Algunes de les persones entrevistades assenyalen algunes de les dificultats amb les quals es trobaven molts espanyols, sobretot al món rural, per accedir als estudis quan l’escolarització obligatòria acabava més aviat (als catorze anys) i la major part d’adolescents havia de treballar per contribuir a l’economia familiar…

Una altra de les qüestions que s’hi plantegen, al vídeo, té a veure amb l’educació entesa com a una plataforma de preparació per al futur i com a mecanisme per anar cap amunt socialment. En el passat, per imaginar més fàcilment aquest ascens, l’educació es comparava freqüentment amb una escala: s’havia d’estudiar amb constància i regularitat de la mateixa manera que pugem una escala, a poc a poc, graó a graó. Més recentment, a mesura que es devaluava el sentit de l’esforç que impliquen els estudis, aquesta metàfora de l’escala va ser substituïda per la de l’ascensor, i els sociòlegs van començar a parlar de l’educació com a un ascensor social, és a dir, un mecanisme de mobilitat per passar d’una classe social a una altra més benestant. Així, qui havia nascut dins d’una família pobra podia sortir de la classe social a la qual semblava condemnat pel seus orígens i pujar socialment si aconseguia realitzar estudis superiors; els estudis li facilitaven l’accés a una feina més ben pagada i a una situació social més confortable, eren una garantia de futur.

No és, ni molt menys, la preparació per al món laboral l’única utilitat personal reconeguda de l’educació, però en temps de fosca incertesa, després de successives crisis econòmiques i amb quotes d’atur tan altes com les que tenim a la nostra societat (fins i tot entre el personal qualificat), no és estrany que els joves vulguin saber si l’educació que ara reben és la més idònia per fer front a les dificultats que s’albiren a l’horitzó. L’educació ha de donar als joves eines de comprensió del món i de desenvolupament personal i social, i fer-se preguntes sobre el futur forma part d’aquests objectius. En aquest sentit, les preguntes que ells plantegen podrien resumir-se en aquesta: s’ha espatllat l’ascensor social de l’educació o continua servint per ascendir socialment? Els dubtes dels joves són també, potser, els nostres: Ajudem els joves des de l’educació a formar-se per trobar després una feina a l’alçada de les seves expectatives professionals? És aquest el principal sentit de l’educació? Davant tants dubtes pel futur, hi ha una cosa clara: l’educació val més que la incertesa. Qui té estudis té una riquesa que ningú li pot treure. Una riquesa que val més que els diners. El professor Miguel Requena, catedràtic de Sociologia, a l’article “L’educació com a ascensor social” (Barcelona, 2016), ho diu d’una altra manera: “A causa de la crisi econòmica i coincidint amb la fi de l’expansió del sistema educatiu, podríem pensar que, a diferència del que passava fins no fa gaire, invertir en capital humà ja no és útil per pujar en l’escala social. Les dades disponibles, però, desmeteixen aquesta tesi. Fins i tot en la fase recessiva del cicle econòmic, els títols educatius milloren les perspectives d’ascens social, atenuen les de davallada i protegeixen de la desocupació”.

En tot cas, una cosa és el punt de vista dels professors i una altra la percepció de la ciutadania, que pot coincidir o no amb la nostra, però que cal conèixer. I tant si estem d’acord amb el professor Requena com si no, aquest documental ens ofereix una oportunitat per començar un debat sobre si l’educació com a ascensor social s’ha espatllat o si continua funcionant. Qui hagi vist el vídeo i hagi llegit fins aquí té ara la paraula.

F. Gallardo

Ecofeminismo

Hablemos de activistas. Hablemos de personas que comparten con otras sus ilusiones sociales y su lucha por un mundo más justo y más igualitario. De personas que no se arredran por ser consideradas utópicas por quienes no se plantean hacer de éste un mundo más habitable. Hablemos, por ejemplo, de ecofeminismo, una corriente de pensamiento y acción en la que confluyen dos fuerzas transformadoras de nuestro tiempo, la ecología y el feminismo, dos fuerzas necesarias para construir unas relaciones más armónicas de las personas con la naturaleza y de las personas entre sí. Hablemos de ecofeminismo porque, a pesar de las muchas razones que lo sostienen, sus ideas todavía no han llegado a amplios sectores de la sociedad, y para cubrir esa carencia se hace necesario divulgarlas, sobre todo entre los jóvenes. Por eso traemos aquí, previa autorización de las autoras, una entrevista de Paula Romero Muñoz (publicada en el número 107 de la Revista Ecologista) con una activista, Hortensia Fernández Medrano, y unas ilustraciones de la recordada Carmen del Olmo, profesora de Historia, artista plástica y activista incansable del ecofeminismo muerta prematuramente a los cincuenta y cinco años (1948-2002).

Hortensia Fernández: “El ecologismo sin el feminismo es incompleto”

Entrevistamos a Hortensia Fernández Medrano, ecofeminista e integrante de Ecologistes en Acció de Catalunya. Repasamos su dilatada trayectoria como activista ambiental y por la lucha de la igualdad de género. Confiesa que el coronavirus nos ha demostrado que “todo está conectado con todo” como han venido preconizando las ecofeministas.

En medio de la emergencia climática en la que estamos inmersas, puede ser aconsejable detenerse y mirar atrás. Reflexionar sobre las historias de aquellas mujeres que han navegado en tiempos convulsos puede ayudarnos a ver la realidad desde otra perspectiva, e inspirarnos para seguir caminando hacia horizontes mejores. Nos gustaría dar a estas historias su espacio y por ello hoy conversamos con Hortensia Fernández Medrano, compañera de Ecologistas en Acción desde sus inicios y una de las precursoras del Ecofeminismo en el Estado español. Ella nos atiende encantada, con la idea de compartir los “recuerdos de una vieja ecofeminista no arrepentida”.

Hortensia Fernández Medrano, en un momento de la entrevista.

—¿Cómo recuerdas tu infancia? ¿Y tus primeros contactos con la naturaleza?
—Tuve la suerte de nacer en una pequeña capital de provincia donde la naturaleza formaba parte de nuestras vidas. Mis padres habían sido enviados allí por “rojos”, de forma que a mi padre le dieron diez días para incorporarse al Instituto de Logroño. En aquella época esto constituía un lugar de destierro y era una de las típicas represalias realizadas por el franquismo después de nuestra guerra civil.
Todo su delito consistía en simpatizar con la República y la Institución Libre de Enseñanza en una ciudad castellana de cuyo nombre no me quiero acordar. Allí mi abuelo materno era propietario de una librería que fue saqueada e incendiada por grupos falangistas en diferentes ocasiones. Mi madre, que era funcionaria en la Administración, no tuvo mejor suerte que mi padre y los dos fueron suspendidos de empleo y sueldo durante un año, y forzados al exilio interno dentro del Estado español.
Mi afición por la naturaleza se la debo a mi padre. Fue él quien nos llevaba a mí y a mis hermanos al río Iregua. Allí aprendimos a nadar en un río tranquilo y transparente. Ese conocimiento de la naturaleza llevaba valores implícitos, como el de la observación, respeto y conservación, algo que he podido descubrir mucho después con mis alumnos.

—Después os trasladasteis a Barcelona. ¿Qué destacarías de esta etapa?
En 1958 llegamos a Barcelona gracias a un traslado voluntario de mi padre al Instituto Balmes. Mis padres decidieron trasladarse a Barcelona para que pudiésemos acceder a la Universidad. En una ciudad pequeña como la que vivíamos no había, y tampoco habría sido posible costear los gastos de tres hijos en una ciudad universitaria.
Yo ya estaba orientada hacia las Ciencias Naturales y por eso decidí estudiar Ciencias Biológicas. Escogí la asignatura de Ecología por convicción, asignatura entonces optativa e impartida por el Dr. Ramón Margalef. Él fue quien me proporcionó argumentos científicos, los cuales iban muchas veces en contra de mis sentimientos, más encaminados hacia el interés social o político y en los que había mucho más de buenas intenciones que de ciencia.

Recuerdo perfectamente cómo ya por entonces se atrevía a decir que cierto turismo era peor que muchos problemas ambientales. Mucho tiempo después he tenido que darle la razón y admitir el daño que nos ha hecho el monocultivo del turismo. Todo ello se lo he agradecido con el tiempo: un buen profesor es el que te plantea dudas y no el que reafirma tus ideas, muchas veces ingenuas y falaces, aunque sean bien intencionadas.
Sin embargo, mi acceso a la Universidad estuvo marcado principalmente por la política. Eran los años del franquismo más férreo en los que era bastante normal incorporarse a la lucha antifranquista, dada la falta de libertades existente en todos los ámbitos. Ello me llevó a sufrir la represión y detención en mi propia persona, hasta pasar tres días en los calabozos de Via Laietana, debido a mis amistades peligrosas con militantes comunistas del PSUC. Además, me vi privada del certificado de buena conducta, requisito necesario para acceder a gran parte del mundo laboral.

Todos estos contratiempos y la represión, incluso familiar, me pesaban como una losa y me llevaron a dar el salto a Francia en cuanto pude, en busca de la ansiada “libertad”.

Pintura ecofeminista de Carmen del Olmo (propiedad de su hija Amaia Sangorrin del Olmo, a quien agradecemos su permiso para publicarla).

—Cuéntanos más sobre tu estancia en Francia, suponemos que fue un cambio radical…
El Mayo del 68 es lo mejor que me pasó en la vida. Allí conocí el movimiento situacionista, que era la corriente principal en el movimiento estudiantil de la ciudad de Estrasburgo, donde yo vivía.
Entre nuestras acciones se cuentan la creación de un Comité de Relaciones con el Movimiento Obrero, que convocó a la Huelga General que movilizó a miles de trabajadores. Este potente movimiento obrero y estudiantil hizo saltar por los aires al Partido Comunista Francés por condenar el Mayo del 68 como asunto de pequeños burgueses. Igualmente se creó un Comité de Relación con los trabajadores migrados, en el que me impliqué directamente con los trabajadores españoles. Además, elaboramos un boletín dirigido también a este colectivo, donde pretendíamos concienciar sobre la lucha contra el franquismo en momentos tan duros como el Proceso de Burgos.
Fue en Francia también donde tuve mi primer contacto con un movimiento ecologista incipiente contra las centrales nucleares y que procedía originariamente de Alemania, donde tenía mucho calado. Esto me permitió informarme de los problemas causados por la energía nuclear. Igualmente, allí tomé contacto con un feminismo a favor de la liberación de las mujeres, en el que las feministas quemaban los sujetadores en hogueras como símbolos de opresión femenina. Era la época de Simone de Beauvoir, del feminismo de la igualdad entre hombres y mujeres, y la lucha por el aborto. Sin duda, fueron las semillas que quedaron tras el movimiento de Mayo del 68 las que pusieron en cuestión valores conservadores y muy asentados de la sociedad francesa.

—Tras la vorágine de libertades que supuso tu vida en Francia, decidiste volver a España. ¿Cómo fue tratar de encontrar tu sitio en tu propio país?
Cuando al cabo de los años decidí volver a Barcelona en 1972, se acababa de publicar el Informe sobre “Los límites del crecimiento”, aunque en España era desconocido en general y puesto en cuestión en los ámbitos científicos.
«Las mujeres del grupo defendimos el control de la reproducción por las propias mujeres, para no caer en políticas antinatalistas basadas en esterilizaciones de mujeres de países empobrecidos sin su consentimiento»
Por mi parte, estaba convencida de la importancia de los principios allí postulados y sobre la imposibilidad de seguir creciendo en un planeta finito. Con la experiencia y conocimientos adquiridos en Francia en la lucha antinuclear, intenté formar parte de algún movimiento de este tipo. Sin embargo, lo más parecido que encontré en aquella época fueron las comisiones de urbanismo de las asociaciones vecinales. Así que allí me metí a luchar contra el Plan de la Ribera en la Barceloneta y contra la destrucción del Borne, a través de la Asociación de Vecinos del Casc Antic, y que por cierto conseguimos salvar.
Fue un momento que coincidió también con el auge del movimiento feminista. Se organizaron las Primeras Jornadas Feministas de Catalunya en 1976, en las que yo también participé. Recuerdo que también militaba en la Organización Comunista Bandera Roja para luchar contra el franquismo y allí me dijeron que tenía que elegir entre feminismo y medio ambiente. Ya en aquel momento y por primera vez me sentía escindida entre ecologismo y feminismo, y veía la necesidad de unir ambas luchas.

Pintura de Carmen del Olmo (propiedad de su hija Amaia Sangorrin del Olmo, a quien agradecemos su permiso para publicarla).

—¿Qué tal tu vida laboral como científica y mujer en aquella época?
A nivel laboral conseguí una beca miserable de 10.000 pesetas al mes sin seguro de ningún tipo en el Instituto de Investigaciones Pesqueras, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Allí vi de forma más clara que nunca la situación de la investigación científica al servicio de los intereses privados, sin tener en cuenta los intereses de la sociedad, así como la precariedad del personal investigador del que yo formaba parte.
Fue por todo ello por lo que decidimos fundar con otros compañeros becarios y contratados del CSIC la Comisión de Investigación y Medio Ambiente, desde la que podíamos denunciar las políticas nefastas del Gobierno en materia científica, como el vertedero del Garraf o el plan Energético Nacional, consistente en llenar el Estado español de centrales nucleares. Estábamos en el año 1975 y no había libertad de reunión, por lo que tuvimos que crear la asociación utilizando el paraguas legal del Colegio de Licenciados de Cataluña y Baleares.
Siempre recordaré con cariño los años pasados en la Comisión de Investigación y Medio Ambiente que debió ser de los primeros grupos ecologistas del Estado español. Nos veíamos todos los viernes y prácticamente en cada reunión redactábamos un comunicado de denuncia de los diferentes atropellos cometidos contra el medio ambiente, que raramente transcendía nuestro ámbito, porque eran censurados en la prensa oficial la mayoría de las veces. Además, por primera vez se hizo un análisis crítico de la política científica del CSIC y de las condiciones económicas y sociales del personal investigador.
En el grupo antinuclear de la Comisión de Investigación del que yo formaba parte llegamos a realizar 53 charlas entre los años 1976 y 1979 por toda Cataluña y la zona del Bajo Ebro aragonés, según contabilizamos en una lista detallada que todavía conservamos. Recuerdo que yo siempre estaba en minoría o sola en las charlas que impartíamos y en los debates con ingenieros y científicos partidarios de la energía nuclear que, como por casualidad, siempre eran hombres.
A partir del grupo antinuclear de la Comisión de Investigación del Colegio de Licenciados y de forma conjunta con otros grupos, como el Colectivo de periodistas antinucleares, grupos pacifistas y grupos locales de afectados por las centrales nucleares, entre otros, se fundó el Comité Antinuclear de Catalunya en abril de 1977. El CANC fue el primer grupo antinuclear de Cataluña desde el que se organizaron marchas y manifestaciones muy numerosas y en el que tuvimos el honor de contar con la presencia del filósofo y profesor Manuel Sacristán y su equipo de la revista Mientras Tanto de orientación marxista.


—Imaginamos que esta situación supuso el germen de las primeras reflexiones en torno al ecofeminismo. Cuéntanos cómo llegaste hasta ahí.
Fue en 1977, desde el CANC, donde un grupo de tres mujeres animadas por Carmen del Olmo iniciamos por primera vez una reflexión sobre la relación que ya intuíamos entre ecologismo y feminismo. De hecho, devoramos los escritos de Francoise D’Eaubonne, la primera mujer que habló explícitamente de ecofeminismo, y publicamos un artículo en Dones en lluita, en el que señalábamos que los hombres se habían apoderado de la agricultura y del control de la población, según la tesis de D’Eaubonne, y que esa era la causa de nuestra opresión como mujeres. Como no nos acababan de convencer los argumentos de las pocas feministas que escribían en aquel momento sobre el tema, dejamos reposar el tema durante algún tiempo.
Tras el accidente de la central nuclear de Chernóbil en 1986, cuya denuncia fue la última acción del CANC como colectivo, llegó una época de gran actividad en la que se crean los comités anti-OTAN en contra del referéndum convocado por el Gobierno Español para entrar en la OTAN y que perdimos, a pesar de la gran actividad desplegada. Por otro lado, en 1989 tuvo lugar el grave accidente de la central nuclear de Vandellós I, por lo que se vuelve a reactivar el movimiento antinuclear enriquecido con el movimiento antimilitarista, hasta conseguir su cierre definitivo.
Como colofón de esta intensa actividad se crea Acció Ecologista en 1991, organización que dio lugar más tarde a la actual Federació de Catalunya de Ecologistes en Acció. Fueron momentos muy creativos dentro de nuestra organización. Las mujeres, aunque seguíamos siendo minoría, jugábamos un papel muy importante. A ello contribuyó sobre todo la incorporación de Anna Bosch, exalcaldesa de Mollet del Vallès por el PSUC, que entre otras cosas propuso la creación de una Iniciativa Legislativa Popular antinuclear donde se pedía el cierre de las centrales nucleares y que perdimos a pesar de haber recogido medio millón de firmas.
Sin embargo, cuando menos lo esperábamos surge una crisis en el seno de la organización en forma de desacuerdo sobre el tema de la población. Fue el momento de la Conferencia sobre Población y Desarrollo, celebrada en 1994 en El Cairo, en la que hubo grandes desencuentros y debates entre las instituciones y las mujeres representantes de los países más pobres sobre ese tema.

Los hombres del grupo de Acció Ecologista se definieron a favor del control de la población como principal causa del deterioro del medio ambiente mundial, junto con renombrados ecólogos como Paul R. Ehrlich y su “bomba demográfica“. Mientras tanto las mujeres del grupo defendimos el control de la reproducción por las propias mujeres, para no caer en políticas antinatalistas basadas en esterilizaciones de mujeres de países empobrecidos sin su consentimiento, ya que para ellas el número de hijos era su única seguridad en la vejez. Creíamos y seguimos creyendo que a medida que se elevase el nivel de educación de las mujeres y el acceso a los medios anticonceptivos ellas mismas disminuirían el número de hijos.

Esta crisis dio lugar a un movimiento singular llamado Las Petras. Las mujeres de Acció Ecologista decidimos organizarnos por nuestra cuenta con mujeres procedentes del movimiento feminista y pacifista, y algunas académicas feministas como Verena Stolcke.  También hay que reconocer el papel fundamental realizado por mujeres como la desaparecida Anna Bosch, cuya energía nos llevó a una intensa actividad en forma de charlas, presentaciones y publicaciones con las que cosechamos muchos éxitos.

Pintura de Carmen del Olmo (propiedad de su hija Amaia Sangorrin del Olmo, a quien agradecemos su permiso para publicarla).

—¿Cuándo os declaráis oficialmente ecofeministas?
Aunque no nos declaramos oficialmente ecofeministas, el tema del ecofeminismo surgió justamente cuando decidimos reflexionar con mujeres feministas del Grupo Dones i Treballs. Entre ellas se encontraba Cristina Carrasco, que procedía de la economía feminista, así como mujeres procedentes de ámbitos como la salud o la educación, y que no se consideraban ecofeministas ni ecologistas.
Para mí, ese momento fue el verdadero nacimiento del ecofeminismo, quedando plasmado en el libro de color rosa titulado Malabaristas de la vida (Mujeres, tiempos y trabajos) y publicado por Icaria en 2003, así como en la redacción del artículo titulado “Arraigadas en la Tierra”. Este último está firmado por tres mujeres de Ecologistes en Acció (Anna Bosch, Inés Amoroso y yo), cuya elaboración nos llevó a leer a muchas ecofeministas desconocidas por la mayoría de nosotras.

—¿Cuáles fueron vuestras principales aportaciones?
Además de hablar del control de la población, formulamos por primera vez gracias a nuestra reflexión conjunta con las mujeres de Dones i Treballs el concepto de sostenibilidad de la vida humana, al valorar el trabajo realizado por las mujeres como fundamental para el mantenimiento de la vida, aunque fuese ignorado por la economía clásica de la misma forma que era ignorada la naturaleza, al no estar consideradas en el PIB.
Es decir que, por un lado, las ecologistas del grupo planteamos el tema de la ecodependencia al situar a la especie humana dentro de la biosfera junto con el resto de los seres vivos y poniendo de relieve que formamos parte de un mismo ecosistema del que dependemos totalmente y hemos de respetar, si no queremos desaparecer como especie.
Pero a su vez desde el feminismo se construyó el concepto de sostenibilidad de la vida humana, la necesidad de reconocer que esta tampoco es sostenible sin el necesario trabajo realizado por las mujeres a lo largo de todos los tiempos y culturas, o lo que es lo mismo, la dependencia existente entre unos seres humanos y otros, y a la que llamamos interdependencia.
Este trabajo que llamamos de cuidados ha sido y es necesario para conseguir que una persona se desarrolle desde que nace hasta que muere, pero como sabemos también ha quedado olvidado durante la historia de la humanidad, a pesar de ser fundamental para la vida humana.
El debate fue extenso y muy rico, y nos llevó a sentar las bases del ecofeminismo, al admitir que el ecologismo sin feminismo es incompleto y deshumanizado, pero que a su vez el feminismo requiere admitir la necesidad de los límites del planeta del cual dependemos, como estamos comprobando con la actual crisis ecológica, consecuencia de nuestra actividad depredadora con el medio.
A lo largo de este debate rompimos con el feminismo esencialista, que relacionaba a las mujeres con los cuidados por su inclinación biológica hacia ellos y no por la división sexual del trabajo. Rompimos también con la mística de la femineidad que nos asignaba el papel de cuidadoras universales. Es decir, admitimos la necesidad de este cuidado, pero también la necesidad de que sea asumido igualmente por los hombres en un justo reparto de funciones.
Creo que el mayor éxito de las ecofeministas ha sido el de cambiar la forma de pensar al poner el cuidado de la vida humana en el centro.
Además, cuando se declaró el estado de alarma por COVID-19 y nos confinaron en casa, pudimos comprobar que la mayoría de los trabajos considerados esenciales estaban fundamentalmente ocupados por mujeres, ya que eran las que satisfacían las necesidades de cuidado o subsistencia. Según los datos aportados por Lourdes Beneria, estas constituían un 70 % del trabajo remunerado de servicios y 75 % del no remunerado a nivel mundial. Es decir, que lo único esencial eran las mujeres.

Pintura de Carmen del Olmo (propiedad de su hija Amaia Sangorrin del Olmo, a quien agradecemos su permiso para publicarla).

—¿Cómo ves al ecofeminismo en nuestra organización?
Creo que el ecofeminismo ha dado saltos de gigante estos últimos años gracias al enorme trabajo de mujeres como Yayo Herrero, Marta Pascual y muchas otras que conocí cuando eran chicas muy jóvenes y empezaban a interesarse por ello. Para mí es un gran alivio asegurar la continuidad en este tema en el que algunas nos iniciamos hace ya muchos, demasiados años. En ese sentido creo que hemos mejorado mucho en Ecologistes en Acció y es un gustazo ver a los hombres más implicados también en el tema de los cuidados.

—Las personas jóvenes se han organizado y están dando un verdadero ejemplo al mundo, a pesar de que esta situación les ha venido dada. ¿Qué opinas de este movimiento?
No quiero terminar sin señalar el fantástico trabajo realizado por nuestros jóvenes en contra del calentamiento global, liderados o no por Greta Thunberg. Ha sido como un regalo que nos ha caído del cielo cuando más lo necesitábamos y que valoro muy positivamente. Ese es nuestro futuro si es que hay alguno, o en el mejor de los casos se trata de una actividad necesaria para colapsar mejor, como diría Jorge Riechmann, y cambiar nuestro rumbo hacia la justicia social y climática.
No nos queda la menor duda de que estamos ante un colapso civilizatorio, que no es más que la manifestación de una crisis sanitaria, social, ecológica, económica, política, financiera, climática y de la biodiversidad producida por un sistema de producción capitalista y patriarcal, al que nos quieren volver a llevar con el nombre de «nueva normalidad», que apunta hacia una mayor desigualdad social, mayor destrucción de los ecosistemas, mayor perturbación del clima y mayores desastres naturales en general.

—Ya para acabar, al principio nos decías que te declaras una “ecofeminista no arrepentida”. ¿A qué te referías?
Lo que quiero decir es que cada vez es más evidente que la crisis sanitaria puesta de manifiesto por el coronavirus tiene la virtud de habernos devuelto a nuestra realidad, realidad según la cual somos organismos ecodependientes e interdependientes dentro de una biosfera en la que «todo está conectado con todo», como no nos hemos cansado de preconizar las ecofeministas.
Y en este sentido pienso que no nos hemos equivocado en el diagnóstico y vamos por el buen camino, si nos atrevemos a asumir este cambio enorme que va a suponer aceptar el reto de empezar de nuevo bajo otras premisas, basadas sobre todo en la solidaridad de la especie humana con las personas más vulnerables y la aceptación de los desafíos de la naturaleza de la que formamos parte, si no somos capaces de respetarla mediante el decrecimiento económico y el bajo consumo de materiales y energía. Tenemos un gran trabajo por delante en el que va nuestra supervivencia como especie.

Paula Romero Muñoz. Área de Ecofeminismo de Ecologistas en Acción.

Revista Ecologista nº 107.

África en la música y en el corazón

La autora de este reportaje, Mar Joaniquet, es geógrafa formada en cooperación internacional. Activista por los derechos humanos, lleva 20 años trabajando como voluntaria de la ONG Survival Internacional, que defiende los derechos de los pueblos indígenas. En los últimos años ha trabajado de cooperante en África y ha apoyado a colectivos migrantes de Barcelona, como el Sindicato de Manteros y el de las Mujeres Cuidadoras sin Papeles. A través de sus reportajes transmite la voz de personas en riesgo de exclusión y denuncia el empobrecimiento y el expolio de los países del Sur perpetrado por Occidente. Para mostrar un ejemplo de la riqueza cultural que aportan los emigrantes africanos a la sociedad occidental, le hemos pedido permiso para reeditar esta entrevista suya, publicada anteriormente en Catalunya Plural, con dos músicos de Camerún que reivindican la necesidad de empoderar la música africana de origen popular.

Más allá de la música: ÉrickAliana y Picket, dos músicos de Camerún en Barcelona

“Si perdemos la cultura, perdemos nuestra riqueza”

Paseamos por los barrios de Barcelona, y los cantos y danzas surgen espontáneos tras la marcha. Y es que Érik Aliana lleva la música en el interior de su ser, de donde emana con su talento y con la sinceridad de sus palabras. A su paso, el cantante camerunés multiinstrumentista  interactúa felizmente, tanto  con músicos de la calle, como con personas que juegan al ping-pong en una plaza de la Barceloneta, a las que les pide compartir una partida. A la brillante gama de su voz única le acompaña el bajista Picket. Ambos forman un dúo de sonoridad musical con gran complicidad y son dignos de ser vistos en el escenario. Ya en el ensayo de sonido hacen vibrar a los espectadores: los transportan más allá de la música, una música que conecta desde lo tradicional hasta lo universal. Los korongos (guitarras) y percusiones tradicionales se acompasan con sus voces. Voces que narran temas desde el patrimonio ancestral y cultural de su país hasta la destrucción que provoca la fabricación de las armas.

Los cantos y danzas surgen espontáneamente a su paso en Érik Aliana, y a su paso interactúa con las personas, como con este músico de origen africano. Foto: Mar Joaniquet

—¿Cómo aprendisteis el arte de la música? ¿En qué se inspira?
Érik. En nuestra juventud, cuando empezamos a tocar música, estábamos inspirados  en la vida local, en la manera de ser de nuestro pueblo, en los ancianos. De niños aprendimos las cosas que existen en nuestro hogar, la forma de vivir, de cantar. Yo quería transmitir la manera de entender el respeto,  los valores,  ciertos ritos y danzas, las relaciones con los padres y la familia, con la naturaleza y la forma como hablamos de Dios, quien es más grande que la religión. Amaba la música, mas no sabía que sería músico. Mi padre quería que fuese médico o abogado. Pero empecé a cantar en mi tierra natal, en Camerún. Yo diría que la nuestra no es exactamente música tradicional. Si los occidentales van a las regiones donde las personas tocan los tambores desde hace miles de años y lo registran, lo pueden transformar en música moderna con las tecnologías. La música es la pulsión, y la que hacemos nosotros es la música primaria.
—¿Cuánto tiempo lleváis trabajando juntos?
Picket.— Hace casi 20 años que nos encontramos en Camerún. En 2003 viajamos a Francia al Festival Musiques Métisses de Angoulême, y  allí nos descubrió el público francés: fuimos la revelación del festival.  En 2004 nos invitaron a la siguiente edición, y a partir de ese momento viajamos por  EEUU, a Nueva York y las Vegas. Después fuimos a Asia,  Japón y Corea. Luego ya nos asentamos en Francia. No lo hacemos por negocio sino para compartir nuestra música con otras personas y que puedan conocernos. Nuestra música abre, ayuda, es universal.
Érik. —En mi vida he encontrado a gente muy interesante. En un momento dado mi corazón me habló: Picket era el único que comprendía lo que yo hacía. Él me ha permitido ser yo mismo y expresar lo que hay en mi interior. Simplemente respeta lo que soy y respeta lo que hago. La amistad, la complicidad y la fraternidad nos unen. Nos inspiraron muchos, pero aún no tenía mi estilo definido. En el momento que me pregunté quién soy yo, y qué hago con mi música,  surgió el proyecto de Just my Soul. Nosotros no tocamos la música, la vivimos desde dentro.
—Tenéis una música singular, de gran personalidad artística. Utilizáis polifonías y polirritmos. ¿Revelan algo de cómo  se comunican los pigmeos u otras etnias ancestrales?
Érik.—Los pueblos de Camerún tienen técnicas vocales y una manera de hablar  extraordinaria que todavía no estaba explotada. La entonación de las lenguas africanas es muy rica: sube, baja, ríe, llora, cae, juega, y nosotros utilizamos estas múltiples variedades tonales. En Camerún tenemos  la suerte de que nuestros antepasados ya permitían la  mezcla entre las diferentes etnias, y así se formó nuestra diversidad cultural mestiza.
Con la edad, Picket y yo reflexionamos: ¿por qué tocamos música de esta manera? ¿De dónde viene este estilo? Lo hacemos de forma inconsciente, no surge de la escuela. Y empezamos a investigar para comprenderlo, estudiando la historia antigua de nuestros pueblos, de nuestros reyes, como las civilizaciones egipcias, del Congo y de Etiopía. Y nos dimos cuenta de que teníamos diferentes estilos musicales según las diferentes regiones de África. Observamos  que las formas musicales de nuestros ancestros se basan en muchos ritmos, o sea en la polirritmia. Y los ritmos son la vida. No era magia, no era música de conservatorio. Esto lo constatamos cuando leímos los escritos de los investigadores alemanes, pues nuestra transmisión es oral y no había nada escrito sobre ello. El encuentro con el percusionista francés François Kokelaere nos concienció de lo que estábamos creando. Nos dijo que  actualmente la música africana estaba a punto de morir, pues los africanos tocaban para satisfacer a los occidentales y algunos occidentales los utilizaban para hacer negocio. Reconoció nuestro trabajo y nos hizo ver que lo que hacíamos inspiraba al mundo. Hemos creado una expresión de la sabiduría de nuestro país muy especial que no se encuentra dentro ni fuera de nuestras las fronteras.
Si te paras un momento, te das cuenta que la vida cotidiana está hecha de polifonía: el canto de los pájaros, el coche que pasa, las voces de la gente,… Con la calma, nuestros antepasados podían escuchar cómo hablaba la vida. Pero la tecnología nos destruye porque nos trae exceso de información inútil, y nos pone enfermos, Si estás calmado, escucharás los sonidos y  te sanarán.

Érik Aliana. /Foto: Mar Joaniquet

—En vuestras canciones exponéis el  saqueo de los recursos de África por parte de Occidente.
Picket.—África está llena de riquezas. Durante la colonización, se organizó en 1885 la Conferencia de Berlín, en la que los países europeos se repartieron África y comenzó la explotación sistemática. Redistribuyeron nuestro continente y nuestros recursos. Muchos  grupos étnicos se han quedado divididos por las fronteras que trazaron los colonizadores sin respetar nuestra cultura.
La naturaleza nos dio toda esta riqueza, pero cuando hablamos de cooperación hace falta que se haga dentro de la equidad. Por ejemplo en Camerún, Francia no ha de fijar los precios de las materias de primas. Si no lo aceptas, te pueden matar. Desde los años 60 han sido asesinados más de 20 jefes de estado.  Nos  han impuesto un modelo de vida y cultura que no se parece a la nuestra. ¡Camerún no vendrá aquí a Barcelona e impondrá su cultura!
Érik. En nuestro álbum  de Just my soul hemos evocado un poco esto. Vemos, por ejemplo, un país como Francia que no nos deja desarrollarnos por nosotros mismos ni ser libres. ¡Hace ya  dos siglos que están en nuestro país! Francia tiene la primera gran reserva de oro, pero no tiene minas: lo extrae de Mali, Burkina Faso, Senegal… Nosotros no tenemos industrias porque cuando África quiere impulsar procesos de industrialización, desde Occidente hacen lo posible para impedir esta política. La electricidad de Francia se alimenta principalmente de centrales nucleares que utilizan uranio. ¿De dónde se extrae este mineral? Esto tiene que acabarse.
En este sentido forma parte de dicho álbum la canción de “La Razón”, y la razón no es ni blanca ni negra, ni asiática ni sudamericana. La razón es el buen sentido: cada uno en su lugar se organiza a su manera según su razón, y además hay una razón universal que se comparte por el mundo entero y con sentimientos de justicia.
—En el concierto de la librería Panafricana estabais acompañados de libros con historias de vuestro continente como la de Thomas Sankara. Es uno dela veintena de presidentes asesinados que comentabais, que Intentó liberarse de los dictados del Banco Mundial y el FMI. ¿Unas palabras sobre esta gran figura?
Érik.—Lo resumo así: es la estrella que el Universo nos envió.
Picket.Es la memoria de África. Fue el mejor presidente del mundo en esa época.

De África a Europa la migración llamada clandestina se toma muchas muertes en los mares… “Los únicos clandestinos son las entidades extranjeras que nos saquean los recursos”, reclama Erik. | Mar Joaniquet

—¿Cómo veis la juventud de los países africanos? Por ejemplo, en Senegal con el lema “Basta Ya”, se han rebelado en estos últimos meses contra el neocolonialismo.
Érik.Los jóvenes actualmente son conscientes de que nuestros antepasados fueron víctimas del expolio y  masacrados por las armas. Ellos dicen: ¡”NO MÁS!”. Por otro lado ven que en otras partes del mundo la juventud vive bien la vida mientras otros sufren en el planeta, y eso es lo que difundimos en el álbum Just my Soul.
Las manifestaciones continuarán aunque cambien los jefes de Estado, pues el problema es que todavía nos dirigen los países que nos colonizaron. La vida africana mejoraría mucho si los occidentales cambiaran su modo de vida consumiendo menos, para distribuir los recursos mejor, y si en África las materias primas se vendieran a un precio justo al extranjero.
Con la gran depresión de 1929 la gente cambió por necesidad en Occidente. Hace falta que modifiquemos la mentalidad y cambiar el sistema actual. Cuando cambie la conciencia general de las personas surgirán nuevos dirigentes. Paralelamente, los países se tendrían que organizar para eliminar la corrupción. Habría que rehacer nuestro país y nuestro sistema democrático partiendo de nuestra tradición, pues actualmente la Constitución está dictada por Francia. Seguimos trabajando para  la liberación de África, para la liberación del hombre negro. Tardará, pero llegará.
Picket.— Los jóvenes se están movilizando, son actualmente reivindicativos y con razón.

Bajo la estatua de Colón nos recuerdan el neocolonismo tan patente en Camerún, y que sobre el mito de que los africanos son primarios, hay que saber que tienen su propia inteligencia. | Mar Joaniquet

—Habéis visitado la tienda Top Manta, del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes, formado por muchas personas africanas que llegaron a través de la migración forzada, llamada “clandestina”. ¿Cómo lo vivís en vuestro país?
Érik .—Hay dos tipos de migración: la  más importante es la internacional de las empresas que entraron clandestinamente en nuestro país  y que no pagan impuestos. El Gobierno lo acepta, pues la República de Camerún fue creada para provecho de Francia quien escogió a los primeros dirigentes. En nuestro país, no consideramos extranjeros las personas que llegan de países limítrofes, pues no podemos llamar migración el cruzar un río o una cordillera. Para nosotros los únicos clandestinos son las entidades extranjeras que nos saquean los recursos.
—¿Un canto de esperanza para los países del continente Africano?
Érik.—Veo una esperanza para África. Porque todo cambia. En todas las partes del mundo (europeos, asiáticos,…) empiezan a comprender que hace falta preservar África, también para la humanidad. Me refiero a  preservar la cultura,  no a preservar la materias primas que están allí desde hace miles de años. Puede ser que no lo veamos nosotros, puede ser que lo vean los hijos de nuestros nietos o bisnietos…
Picket.— Si veo la esperanza, pues ha habido un avance en muchos terrenos, como en la alfabetización y en las nuevas tecnologías o en las redes sociales. Sin embargo, lo primero es que dejen de expoliar a nuestros países y que no se organicen guerras. Queremos ser libres, pues nuestras instituciones todavía son afines al estado francés.

Erik y Picket formando un dúo de sonoridad musical con gran complicidad en el concierto de la librería Panafricana. | Mar Joaniquet

—¿Creéis que a través de vuestra música se puede reducir el racismo en los países occidentales?
Érik.— Sobre todo en Just my Soul con Picket, las canciones impactan sobre la gente cada vez que vamos a los conciertos. En  nuestra música buscamos lo universal.
Hay una parte del mundo que le molesta el hombre negro, la  piel negra. Y siempre está en confrontación con nosotros. Aquí mismo nos han interceptado en la estación de Renfe de Sants por el solo hecho de ser “negros” mientras veíamos cómo los demás pasajeros pasaban libremente No era para pedir el test del COVID precisamente… A nuestros países vienen asiáticos, occidentales, y muchos se creen superiores. Fuera de las fronteras, han caricaturizado la cultura de África diciendo que somos robustos y fuertes, como un animal, pero también somos inteligentes, tenemos nuestra ciencia. Hemos ayudado a amigos occidentales, como Picket sobre organización y plano psicológico, o yo mismo  sobre el conocimiento de la vida, de la existencia. Pedimos que nos respeten, y este es nuestro combate. Y difundiremos esto a través de nuestra música y en los encuentros, haya dos o dos mil personas.
—¿Habéis realizado talleres en el Instituto Francesc Ferrer y Guardia de Sant Joan Despí. ¿Cómo fue la experiencia con los jóvenes?
Érik.—Quiero insistir sobre la transmisión, pues sino se transmite, no hay nada. Me he dado cuenta que la música que hacemos es más que eso, lo sobrepasa. En mi infancia he aprendido y me he formado gracias a otras personas que han organizado mi comunidad y que me han transmitido valores. Ellos tenían la responsabilidad de mostrarnos como se desarrollaba la vida. Y hoy veo que no somos una cultura única, pues dentro de la cultura, del arte y de la tradición, hay expresiones diferentes de la vida que hacen que  los niños y niñas  se formen con unos determinados valores. 
Desde el comienzo yo tocaba solo para los  adultos. Fue en Japón que me di cuenta que los niños y niñas  amaban lo que hacía, la expresión de mi pueblo tradicional y la mía personal. ¿Por qué? Porque la música es universal. Allí empecé a ver la importancia de lo que hacía. Fuimos a tocar a hospitales, escuelas y diferentes centros. Los niños han construido mi humildad, pues puedes  actuar delante de miles de personas en un concierto y recibir aplausos, pero con los niños tengo el  enorme placer  de poder transmitir e intercambiar. En los talleres pienso en mi infancia, y escucho lo que construyo con ellos.

“Con los alumnos del Instituto Francesc Ferrer y Guardia tuve el enorme placer de poder transmitir y crear con ellos. Al finalizar, quería abrazarlos a todos”, declara Erik. | Rosa Ena

Aquí en el Instituto nos acogieron con mucho amor, con mucho respeto. Fueron muy humanos. A Picket y a mí nos sorprendió la gran capacidad de escucha y concentración que tuvieron los alumnos, además de sus habilidades como aprendices, pues respondieron muy bien. Cuando concluimos el taller en la escuela observé sus ojos, denotaban alegría. ¡Quería abrazarlos a todos! De esta experiencia ha surgido la idea de poder hacer en un futuro dos singles con ellos.
—¿Cómo os habéis sentido en Barcelona, ciudad nueva para vosotros?
Érik.—Ha sido maravilloso conocer esta ciudad y sus habitantes. La lengua es muy importante, y veo que en las vuestras hay una entonación variada y muchas expresiones, a diferencia de otros países europeos: vosotros habéis guardado la flor de la lengua, la energía,  es parecida a la de los africanos. 
Además, se puede respirar bien, hay mucha amplitud y espacio. Poder ver la fuerza del mar y que su olor se pueda sentir hasta en las partes altas de la ciudad… Y se conservan barrios antiguos como si fueran pueblos;  vemos que las personas hacen vida al aire libre, y que son más abiertas que donde vivimos, en Francia. Os parecéis más a nosotros, y es como sentirnos en nuestra tierra, en casa. 
 

“Los niños y niñas han construido mi humildad”, declara Erik. Su amor hacia ellos se observa al acabar el concierto en la Panafricana con la entrega de sus cascabeles a Judit, en el regazo Maky, coordinadora de los eventos. | Mar Joaniquet

Mar Joaniquet

Un blus per Amanda Gorman a la torre de Babel

A les escoles i instituts de Santa Coloma de Gramenet, com a altres llocs del món, estem acostumats a la diversitat d’orígens i de llengües de l’alumnat, i molts considerem aquesta diversitat una riquesa de la qual ens sentim orgullosos, com si totes les llengües fossin o poguessin ser nostres. Estimar les llengües és estimar la humanitat. Així que, quan ens arriben nous alumnes amb els quals no podem comunicar-nos en un primer moment per la diferència de llengua, els hi donem la benvinguda amb l’ajut d’alguna persona (traductors del servei municipal, un altre alumne o alumna del mateix origen…) perquè es trobi a gust al nostre centre sentint que estimem la seva llengua. I per això valorem molt l’ofici dels intèrprets i traductors: perquè són la mà estesa, els ponts que ens permeten comunicar-nos amb gent de diferents procedències, eixamplen la nostra universalitat i ens apropen a l’alumnat nouvingut i a les seves famílies. Així ho reconeix, per exemple, l’himne del nostre centre, l‘Institut Puig Castellar. “Estudiants del món/ que ens fan universals./ Gent que ve de lluny/ per veure’ns tots iguals”, un himne compost i escrit per Víctor Obiols/ Víctor Bocanegra, un cantant, poeta i traductor que, sense pretendre-ho, s’ha vist envoltat aquests darrers mesos en una inversemblant polèmica internacional sobre qui pot traduir a qui. Davant d’aquesta polèmica, li hem demanat al Víctor Bocanegra, amic i col·laborador del Puig Castellar des de fa quasi trenta anys, que ens en faci cinc cèntims, d’aquesta polèmica, de la seva resposta i de la d’altres traductors, alguns dels quals, molt generosament, han volgut participar al projecte de construir un altre pont al riu de les cultures, un pont per on puguin passar totes les persones que vulguin conèixer aquests blues per Amanda Gorman.

F. Gallardo

La torre de Babel de Pieter Brueghel el Vell (1563)

La festa ha de ser del llenguatge
Per resumir molt un afer que m’ha tingut entretingut (amb moments de diversa temperatura emocional) aquest darrer mes i mig, i per al lector d’aquesta notícia que no hagi estat al cas: com a traductor professional (més de trenta anys en l’ofici), vaig rebre l’encàrrec de traduir al català el poema The Hill We Climb d’Amanda Gorman, la jove poeta afroamericana que havia estat convidada a la investidura del nou president nord-americà, Joe Biden. Ho vaig fer amb la celeritat requerida, i vaig lliurar la traducció (El puig que enfilem). Al cap de poc vaig rebre amb sorpresa el rebuig de l’encàrrec. Els nord-americans volien un altre perfil de traductora: dona, activista i, preferiblement, negra. Jo, com a home, blanc i madur, quedava descartat, com ja va succeir a Holanda amb l’escriptora, blanca i no-binària, Marieke Lucas Rijneveld. Ell/a va triar respondre amb un poema a Amanda Gorman. Això em va inspirar a compondre també una resposta, en el meu cas en forma de cançó, que és també un ofici musical i poètic (un art i una tècnica alhora) que també fa anys que practico. I així va néixer “El blus de l’Amanda”. És una cançó de lloança de la fraternitat universal, de conciliació de totes les diferències, una oda a la diversitat (tal com jo també he interpretat el missatge del poema de Gorman), i és, sobretot, un elogi de la traducció, que és sempre una eina per bastir ponts entre persones i cultures, un instrument per tal que es produeixi la màgia de la comunicació. En la cançó he forjat la metàfora de l’istme, la llenca de terra que uneix continents, amb el qual m’identifico, enfront de l’illa, la terra isolada, envoltada de mar i de difícil accés. L’amic traductor (i traductòleg) Juan Gabriel López Guix va oferir-se a fer la traducció castellana per als subtítols, i vam pensar que potser podíem ampliar el ventall de versions per facilitar subtítols a diverses comunitats lingüístiques. En Gabriel, que té contactes arreu del món en el gremi, va oferir la proposta, i la sorpresa ha estat que més de vint traductors/es, de gran qualitat, per cert, s’han unit al projecte amb entusiasme, i el videoclip que aparegui a la Xarxa tindrà un menú de subtitulatge impressionant. Que es pugui seguir la lletra de la cançó en turc, islandès, esperanto, coreà… i tantes altres, més les que es vulguin afegir en el camí, és un triomf de la traducció, un cant a la diversitat d’idiomes, una festa del llenguatge.

Agraeixo als editors del Blog del Puig que hagin volgut fer-se ressò d’aquest fenomen. I quan estigui acabat el videoclip, m’agradarà que es pugui penjar i compartir amb els seus lectors.

Víctor Obiols

Amanda Gorman (2017), autora del poema The Hill We Climb (2021)

Text original en català:

Amanda

Amanda
Vull fer-te una corranda
Però quan m’hi poso
L’ànima em vibra
No sé què em passa
Que em surt un blus.

Amanda
Si pacta sunt servanda
Com és que em deixes
No soc una illa
Que soc un istme …
I et canto un blus.

Sortirem de l’ombra
Ardents i sense por
La llum l’encomanes
I saps escombrar la foscor.

Amanda
Vull fer-te una corranda
Però quan m’hi poso
L’ànima em vibra
No sé què em passa
Que em surt un blus.

Món divers de tots colors
Harmonia i goig
Benvolents i ben plantats
Deixem lluny el tràngol atroç

Amanda
Vull fer-te una corranda
Però quan m’hi poso
L’ànima em vibra
No sé què em passa
Que em surt un blus.

Amanda
Si pacta sunt servanda
Com és que em deixes
No soc una illa
Que soc un istme …
I et canto un blus.

Sortirem de l’ombra
Ardents i sense por
La llum l’encomanes
I saps escombrar la foscor.

Amanda
Vull fer-te una corranda
Però quan m’hi poso
L’ànima em vibra
No sé què em passa
Que em surt un blus.

Víctor Bocanegra

Relació de traduccions rebudes fins al moment: castellà, eusquera, gallec, francès, anglès, portuguès, hongarès, polonès, turc, japonès, esperanto, islandès, xinès, àrab, rus, neerlandès, grec, coreà, búlgar, finès, italià, llatí, ucraïnès, escocès, hebreu, romanès, wòlof, armeni, georgià i alemany. Oferim a continuació una primera mostra d’aquestes traduccions; més endavant tindrem la resta.

Traducció al castellà:

Amanda
(Traductor: Juan Gabriel López Guix)

Amanda,
te quiero hacer una corranda.
Cuando lo intento,
me vibra el alma,
no sé qué pasa,
que sale un blues.

Amanda,
si pacta sunt servanda
cómo me dejas.
Yo no soy isla,
que soy un istmo…
Te canto un blues.

Saldremos de la sombra,
ardientes y valientes.
De luz nos inyectas
y así barres las tinieblas.

Amanda,
te quiero hacer una corranda.
Cuando lo intento,
me vibra el alma,
no sé qué pasa,
que sale un blues.

Múltiple mundo multicolor,
armonía y gozo,
benévolos y hermosos,
atrás quede el trance atroz.

Amanda,
te quiero hacer una corranda.
Cuando lo intento,
me vibra el alma,
no sé qué pasa,
que sale un blues.

Amanda,
si pacta sunt servanda
cómo me dejas.
Yo no soy isla,
que soy un istmo…
Te canto un blues.

Saldremos de la sombra,
ardientes y valientes.
De luz nos inyectas
y así barres las tinieblas.

Amanda,
te quiero hacer una corranda.
Cuando lo intento,
me vibra el alma,
no sé qué pasa,
que sale un blues.

Traducción: Juan Gabriel López Guix

Traducció a l’eusquera:

Amanda
(Traductor: Manu López Gaseni)

Amanda,
bertso bat doakizu;
baina, jartzean,
arima ikaran,
ez dakit zertan,
blues bat datorkit.

Amanda,
baldin pacta servanda,
nola uzten nauzu?
Ez naiz irla bat
istmo bat baizik…
ta blues bat doakizu.

Itzaletatik libre,
sutsu ta adoretsu.
Kutsatzen duzu argia,
ta ilunpea ezabatu.

Amanda,
bertso bat doakizu;
baina, jartzean,
arima ikaran,
ez dakit zertan,
blues bat datorkit.

Mundu margo aniztuna,
harmonia, bozkario,
onberak, dotoreak,
bazter dezagun gaitzena!

Amanda,
bertso bat doakizu;
baina, jartzean,
arima ikaran,
ez dakit zertan,
blues bat datorkit.

Amanda,
baldin pacta servanda,
nola uzten nauzu?
Ez naiz irla bat
istmo bat baizik…
ta blues bat doakizu.

Itzaletatik libre,
sutsu ta adoretsu.
Kutsatzen duzu argia,
ta ilunpea ezabatu.

Amanda,
bertso bat doakizu;
baina, jartzean,
arima ikaran,
ez dakit zertan,
blues bat datorkit.

Itzulpena: Manu López Gaseni

Traducció al gallec:

Amanda
(Traductors: Hermes Salceda & Xina Vega)

Amanda
Quero facerche unha corranda
Pero cando me poño
Vibrame a alma
Non sei que teño
náceme un blues.

Amanda
Se pacta sunt servanda
Como é que me deixas
Non son unha illa
Eu son un istmo
E cántoche un blues.

Sairemos da sombra
Ardentes e sen medo
A luz convocas
Ti sabes varrer as tebras.

Amanda
Quero facerche unha corranda
Pero cando me poño
Víbrame a ialma
Non sei que teño
Náceme un blues.

Mundo diverso multicolor
harmonía e gozo
benignos e fermosos
Lonxe deixemos o transo atroz.

Amanda
Quero facerche unha corranda
Pero cando me poño
Vibrame a alma
Non sei que teño
náceme un blues.

Amanda
Se pacta sunt servanda
Como é que me deixas
Non son unha illa
Eu son un istmo
E cántoche un blues.

Sairemos da sombra
Ardentes e sen medo
A luz convocas
Ti sabes varrer as tebras.

Amanda
Quero facerche unha corranda
Pero cando me poño
Víbrame a ialma
Non sei que teño
Náceme un blues.

Tradución: Hermes Salceda e Xina Vega

Traducció al francès:

Amanda
(Traductora: Anne-Hélène Suárez)

Amanda,
J’veux t’faire une corranda
Mais quand j’m’y mets
Mon âme vibre
Qu’est-ce qui me prend
Et j’fais un blues.

Amanda
Si pacta sunt servanda
Pourquoi tu m’quittes
J’suis pas une île,
Je suis un isthme…
Je t’chante un blues.

Nous sortirons de l’ombre,
Ardents et sans peur
Tu infuses la lumière
Tu sais balayer les ténèbres.

Amanda,
J’veux t’faire une corranda
Mais quand j’m’y mets
Mon âme vibre
Qu’est-ce qui me prend
Et j’fais un blues.

Monde varié, multicolore
Harmonie et joie
Bienveillants, bien balancés
Laissons loin cette passe atroce

Amanda,
J’veux t’faire une corranda
Mais quand j’m’y mets
Mon âme vibre
Qu’est-ce qui me prend
Et j’fais un blues.

Amanda
Si pacta sunt servanda
Pourquoi tu m’quittes
J’suis pas une île,
Je suis un isthme…
Je t’chante un blues.

Nous sortirons de l’ombre,
Ardents et sans peur
Tu infuses la lumière
Tu sais balayer les ténèbres.

Amanda,
J’veux t’faire une corranda
Mais quand j’m’y mets
Mon âme vibre
Qu’est-ce qui me prend
Et j’fais un blues.

Traduction: Anne-Hélène Suárez

Traducció a l’anglès:

Amanda
(Traductor: Víctor Obiols)

Amanda
I want to sing you a ballad
But when I try to
My soul begins to shudder
And I don’t know what happens
But it turns into a blues.

Amanda
If pacta sunt servanda
How come you leave me
On my own island?
When I’m an isthmus
And I’m singing you a blues.

We’ll come out of the shadows
Fearless, full of ardour.
You cast light all around us
And sweep away the gloom.

Amanda
I want to sing you a ballad
But when I try to
My soul begins to shudder
And I don’t know what happens
But it turns into a blues.

A world of every colour
Of harmony and bliss
Good and beautiful people,
Let’s put behind us the belly of the beast…

Amanda
I want to sing you a ballad
But when I try to
My soul begins to shudder
And I don’t know what happens
But it turns into a blues.

Amanda
If pacta sunt servanda
How come you leave me
On my own island?
When I’m an isthmus
And I’m singing you a blues.

We’ll come out of the shadows
Fearless, full of ardour.
You cast light all around us
And sweep away the gloom.

Amanda
I want to sing you a ballad
But when I try to
My soul begins to shudder
And I don’t know what happens
But it turns into a blues.

Translation: Víctor Obiols

Traducció al portugués:

Amanda
(Traducció: Rita da Costa)

Amanda,
ia fazer-te uma corranda,
mas quando tento
a minha alma vibra,
não sei o que se passa,
que me sai um blues.

Amanda,
se pacta sunt servanda,
porque me deixas?
Não sou uma ilha,
mas sim um istmo…
e canto-te um blues.

Vamos sair das trevas
ardentes, sem nada temer.
A luz tu espalhas
e a escuridão sabes varrer.

Amanda,
ia fazer-te uma corranda,
mas quando tento
a minha alma vibra,
não sei o que se passa,
que me sai um blues.

Mundo diverso de todas as cores,
harmonia e festa.
Benevolentes e belos,
deixamos longe a barriga da besta.

Amanda,
ia fazer-te uma corranda,
mas quando tento
a minha alma vibra
não sei o que se passa,
que me sai um blues.

Amanda,
se pacta sunt servanda,
porque me deixas?
Não sou uma ilha,
mas sim um istmo…
e canto-te um blues.

Vamos sair das trevas
ardentes, sem nada temer.
A luz tu espalhas
e a escuridão sabes varrer.

Amanda,
ia fazer-te uma corranda,
mas quando tento
a minha alma vibra,
não sei o que se passa,
que me sai um blues.

Tradução: Rita da Costa

Traducció a l’hongarès:

Amanda
(traductora: Eszter Orbán)

Amanda,
Neked szól ez a corranda,
Mikor nekilátok,
Rezdül a lelkem.
Nem tudom, mi ütött belém,
Hogy végül blues lesz belőle.

Amanda,
Ha pacta sunt servanda,
Hogy hagyhatsz el?
Nem vagyok sziget,
földszoros vagyok…
Egy blues-t dúdolok neked.

Kilépünk a homályból,
Szenvedélyesen, félelem nélkül,
Fényt árasztasz felénk és
Elsöpröd a sötétséget.

Amanda,
Neked szól ez a corranda,
Mikor nekilátok,
Rezdül a lelkem.
Nem tudom, mi ütött belém,
Hogy végül blues lesz belőle.

Sokszínű, tarka világ,
Harmónia és öröm,
Mind jók vagyunk és szépek,
Hagyjuk hátra a rút pillanatokat.

Amanda,
Neked szól ez a corranda,
Mikor nekilátok,
Rezdül a lelkem.
Nem tudom, mi ütött belém,
Hogy végül blues lesz belőle.

Amanda,
Ha pacta sunt servanda,
Hogy hagyhatsz el?
Nem vagyok sziget,
földszoros vagyok…
Egy blues-t dúdolok neked.

Kilépünk a homályból,
Szenvedélyesen, félelem nélkül,
Fényt árasztasz felénk és
Elsöpröd a sötétséget.

Amanda,
Neked szól ez a corranda,
Mikor nekilátok,
Rezdül a lelkem.
Nem tudom, mi ütött belém,
Hogy végül blues lesz belőle.

Fordítás: Orbán Eszter

Traducció al polonès:

Amando
(Traductora: Agata Orzeszek)

Amando
Chciałbym Ci napisać corrandę,
Lecz gdy tylko zaczynam
Dusza mi drży
I nie wiem, czemu,
Ale wychodzi mi blues.

Amando
Jeśli pacta sunt servanda,
To czemu mnie porzucasz?
Nie jestem wyspą
Jestem przesmykiem…
Dlatego śpiewam Ci bluesa

Wyjdziemy z cienia
Płonący i nieustraszeni
Bije z Ciebie światło,
Co rozprasza ciemności.

Amando
Chciałbym Ci napisać corrandę,
Lecz gdy tylko zaczynam
Dusza mi drży
I nie wiem, czemu,
Ale wychodzi mi blues.

Wyjdziemy z cienia
Płonący i nieustraszeni
Bije z Ciebie światło,
Co rozprasza ciemności.

Amando
Chciałbym Ci napisać corrandę,
Lecz gdy tylko zaczynam
Dusza mi drży
I nie wiem, czemu,
Ale wychodzi mi blues.

Amando
Jeśli pacta sunt servanda,
To czemu mnie porzucasz?
Nie jestem wyspą
Jestem przesmykiem…
Dlatego śpiewam Ci bluesa

Wyjdziemy z cienia
Płonący i nieustraszeni
Bije z Ciebie światło,
Co rozprasza ciemności.

Amando
Chciałbym Ci napisać corrandę,
Lecz gdy tylko zaczynam
Dusza mi drży
I nie wiem, czemu,
Ale wychodzi mi blues.

Tłumaczenie: Agaty Orzeszek

Traducció al turc:

Amanda
(Traductora: Esra Kılıç)

Amanda,
Bir türkü yazmak istiyorum sana.
Ancak bunu yapmaya koyulunca
Titriyor birden ruhum
Bilmiyorum ne oluyor bana
Bir blues çıkıveriyor ortaya.

Amanda,
Varsa şayet ahde vefa
Nasıl bırakırsın beni
Bir ada değilim ben
Boğazıyım karanın…
Ve bir blues söylüyorum sana.

Çıkarız gölgelerden nasılsa
Ateşli ve korkusuzca
Bulaştırırsın bize ışığını
Bilirsin süpürmeyi karanlığı.

Amanda,
Bir türkü yazmak istiyorum sana.
Ancak bunu yapmaya koyulunca
Titriyor birden ruhum
Bilmiyorum ne oluyor bana
Bir blues çıkıveriyor ortaya.

Çok renkli dünya
Uyum içinde ve keyifli
Yüce gönüllü ve görkemli
Kalsın geride o berbat çıkmaz.

Amanda,
Bir türkü yazmak istiyorum sana.
Ancak bunu yapmaya koyulunca
Titriyor birden ruhum
Bilmiyorum ne oluyor bana
Bir blues çıkıveriyor ortaya.

Amanda,
Varsa şayet ahde vefa
Nasıl bırakırsın beni
Bir ada değilim ben
Boğazıyım karanın…
Ve bir blues söylüyorum sana.

Çıkarız gölgelerden nasılsa
Ateşli ve korkusuzca
Bulaştırırsın bize ışığını
Bilirsin süpürmeyi karanlığı.

Amanda,
Bir türkü yazmak istiyorum sana.
Ancak bunu yapmaya koyulunca
Titriyor birden ruhum
Bilmiyorum ne oluyor bana
Bir blues çıkıveriyor ortaya.

Çevirmen: Esra Kılıç

Traducció al japonès:

アマンダ
(Traductors: Keiko Takahashi & Jordi Fibla)

アマンダ
お前に ひとつの唄「コランダ」を創りたいと思う。
ただ、創ろうとすると 魂がゆさぶられる。
どうしたことか 解らないが、浮かぶのは ブルースだけだ。

アマンダ
もしお前が 「合意は 守らなければならない」に 賛成するのならば、なぜ俺を捨てるのか。
俺は 離れ小島ではなく 陸続きの地峡なのだ…
それじゃぁ お前に ブルースでも 唄うよ。

暗雲から抜け出そう、情熱を持って且つ 果敢に。
お前から 受ける 楽観的な明るさで この闇を拭い去ろう。

アマンダ
お前に ひとつの唄「コランダ」を創りたいと思う。
ただ、創ろうとすると 魂がゆさぶられる。
どうしたことか 解らないが、浮かぶのは ブルースだけだ。

多様性、調和、逸楽、慈善心に満ちた 美しい世界。
そして 凄惨なトランス(脱魂)状態を あとにしよう。

アマンダ
お前に ひとつの唄「コランダ」を創りたいと思う。
ただ、創ろうとすると 魂がゆさぶられる。
どうしたことか 解らないが、浮かぶのは ブルースだけだ。

アマンダ
もしお前が 「合意は 守らなければならない」に 賛成するのならば、なぜ俺を捨てるのか。
俺は 離れ小島ではなく 陸続きの地峡なのだ…
それじゃぁ お前に ブルースでも 唄うよ。

暗雲から抜け出そう、情熱を持って且つ 果敢に。
お前から 受ける 楽観的な明るさで この闇を拭い去ろう。

アマンダ
お前に ひとつの唄「コランダ」を創りたいと思う。
ただ、創ろうとすると 魂がゆさぶられる。
どうしたことか 解らないが、浮かぶのは ブルースだけだ。

髙橋啓子 Jordi Fibla 訳

L’efecte Matilda

8 de març, Dia Internacional de les Dones

Aquest any, aquests dies previs al 8 de març, Dia Internacional de les Dones (o Dia de la Dona Treballadora), hi ha una certa polèmica entre els partidaris de celebrar manifestacions multitudinàries i aquells altres que, per evitar les possibilitats de contagi del coronavirus, preferirien no organitzar de moment grans manifestacions al carrer i centrar-se en canvi en altres formes d’expressió de les reivindicacions feministes (petites concentracions guardant les distàncies de seguretat, xerrades en grups reduïts, exposicions artístiques, difusió d’articles i texts feministes, intervencions telemàtiques, etc.). Per la nostra part, si a l’institut cada any hem tractat de fer d’aquesta diada una jornada pedagògica de sensibilització entorn a la violència i la desigualtat que encara pateixen moltes dones arreu del món, ara voldríem obrir, almenys des de la instància d’aquest blog, un debat sobre un aspecte concret de la discriminació femenina, l’anomenat efecte Matilda i algunes de les seves conseqüències.

Vindicació de les dones que han lluitat pels drets feministes reconeguts com a drets de tota la Humanitat.

El feminisme és més gran que el moviment feminista

De la mateixa manera que hi ha cristians sense Església, hi ha feministes sense moviment. És a dir, les polèmiques entorn a la celebració del 8 de Març ens recorden que el feminisme és més gran que el moviment feminista, ja que aquest gira moltes vegades al voltant de partits polítics que tenen visions parcials, partidistes, i el feminisme és més global i més universal que qualsevol partit. Davant de les lluites partidistes dins del moviment feminista, s’ha de recordar que, com diu el títol d’un assaig de Chimamanda Ngozie Adichie, tothom hauria de ser feminista. I això hauria de ser així malgrat que no sempre agradin les postures i declaracions d’algunes persones que s’erigeixen en representants únics o úniques del feminisme, moltes vegades des de l’altaveu privilegiat d’algun ministeri del Govern. Aquestes acostumen a ser persones dogmàtiques que creuen tenir sempre raó i que pensen que la veritat del feminisme és el que elles diuen. No s’ha de confondre, però, el soroll mediàtic amb la veritat i, com a mètode filosòfic, val més dubtar de qui no té dubtes i de qui pensa que l’únic feminisme és el que representa el seu partit.

Enheduanna, la primera escriptora de la qual coneixem el seu nom.

Tothom hauria de ser feminista

Malauradament, encara hi ha gent, sobretot homes però també dones, que creuen que el feminisme és assumpte de dones i que els homes no hi tenen res a veure. Amb tots els respectes, crec que aquesta és una posició còmoda però equivocada. Perquè, en primer lloc, com deia l’escriptor suís Friedrich Dürrenmatt, “els problemes de la humanitat han de ser resolts per tota la humanitat”. Una persona que s’exclogui de la resolució dels problemes de la humanitat, de fet s’està dient a si mateixa que no forma part d’aquesta humanitat, està renunciant, almenys teòricament, a la seva condició. En la mateixa línia de pensament, si el poeta anglès John Donne deia que “la mort de qualsevol persona em disminueix perquè formo part de la humanitat”, ara podríem dir que qualsevol acte contra els drets de les dones em disminueix com a persona i hauria de rebre la corresponent reprovació social, perquè tots formem part del mateix col·lectiu d’éssers humans. El feminisme, per consegüent, tracta de resoldre greus problemes de discriminació, violència i desigualtat que pateixen directament moltes dones arreu del món i, indirectament, la resta de la població (perquè no podem estar tranquils sentint i veient el tracte injust i discriminatori que, en algunes societats més que en altres, reben les dones). Fins que no s’arribi a una situació d’igualtat de drets, possibilitats de realització personal i reconeixement de mèrits entre homes i dones, ningú haurà assolit la seva plena competència com a ésser humà. Hem comprovat al llarg del segle XX i els anys que portem del segle XXI que quan més avança una societat en la igualtat de reconeixement entre homes i dones, més s’eixampla l’horitzó ètic i social de tothom, més equilibrades i harmòniques resulten les relacions entre homes i dones. Així, doncs, com tothom hi surt guanyant amb el feminisme, el feminisme hauria de ser assumpte de tothom, fins i tot d’aquells que s’han de treure de sobre els prejudicis masclistes acumulats durant molts segles de discriminació contra les dones.

Matilda Joslyn Gage (1826-1898), sufragista, pionera del feminisme, al seu honor es va anomenar la discriminació a les científiques l’efecte Matilda.

Dones ignorades

Si se’ns demanés, com va fer recentment el diari La Vanguardia (secció “El repte”, 25 de febrer de 2021), “qui va ser el primer escriptor que va firmar les seves obres?”, potser tractaríem de buscar a les enciclopèdies o en alguna història de la literatura universal el nom d’algun escriptor egipci, xinès o grec, però ens equivocaríem, perquè el primer escriptor que va firmar les seves obres va ser una escriptora, Enheduanna, filla del rei Sargon el Gran, que va viure a Mesopotàmia fa 4350 anys, segons ens explica a l’esmentat diari el periodista Justo Barranco. Hauríem de preguntar-nos ara per què, abans de saber-ho, havíem pensat en un escriptor i no en una escriptora. I la resposta és molt senzilla: perquè, molt freqüentment, el treball de les dones ha estat poc o gens reconegut i perquè moltes dones han estat ignorades al llarg de la història malgrat que el seu treball era tan important o més en el seu camp que el d’alguns homes molt coneguts. Per tractar de combatre aquesta tendència, que és un prejudici injust i interessat més que una mostra de mandra mental, que també, hem de pensar en allò que modernament es diu efecte Matilda, que s’aplica especialment a les dones científiques els treballs de les quals han estat reconeguts als homes que eren al costat o darrera seu, és a dir, a un tipus de discriminació molt específica, però que ens pot servir ara com un exemple de menysvaloració del treball de les dones.

Margaret W. Rossiter (1944), historiadora de la ciència, va encunyar l’expressió efecte Matilda

L’efecte Matilda

Segons hem llegit, l’expressió efecte Matilda va estar encunyada per Margaret W. Rossiter, historiadora de la ciència, al seu assaig “The Mattew/Matilda Effect in Science” (Londres, 1993), per reivindicar el nom i el pensament de Matilda Joslyn Gage (1826-1898), autora del llibre La dona com a inventora (1870). En aquest llibre precursor, Matilda J. Gage descriu per primera vegada el fenomen de les dones científiques que, només pel fet de ser dones, reben menys crèdit per les seves investigacions que aquell que els correspondria objectivament. Aquest fenomen té unes conseqüències perverses perquè moltes vegades el nom de la dona investigadora queda relegat a un segon lloc, marginat, quan no és el cas que se li atribueixen els seus mèrits a un investigador masculí. I aquesta constant marginació dels noms de dones investigadores ha contribuït a formar el prejudici, totalment erroni, que les ciències no són aptes per a les dones. Margaret W. Rossiter, reprenent i ampliant la recerca de Matilda J. Gage, refuta aquest prejudici i hi afegeix nombrosos exemples de científiques que van ser relegades malgrat els seus grans descobriments: Trotula de Salern (metgessa italiana del segle XII que va escriure llibres que després van ser atribuïts a homes), Nettie Maria Stevens (genetista que va descobrir les bases cromosòmiques del sexe), Marie Curie (física i química pionera en els estudis de la radiactivitat), Lise Meitner (física codescobridora de la fissió nuclear), Marietta Blau (física avançada en l’estudi de les emulsions nuclears i en el camp de les partícules), Rosalind Franklin (biòloga avançada en l’estudi de l’ADN) i Jocelyn Bell Burnell (astrofísica, descobridora del primer radiosenyal d’un púlsar). Aquests i altres casos que podríem comentar (Hipàtia d’Alexandria, Sophie Germain, Ada Lovelace, Emmy Noetther, Barbara McClintock, Jane Goodall, etc.) refuten àmpliament, si fos necessari, els prejudicis contra les dones científiques i contra les dones en general. La llàstima és que aquests prejudicis, com a conseqüència del desconeixement i d’una interessada mentalitat masclista, estan fortament arrelats en alguns sectors de la societat i es necessita fer molta pedagogia per eradicar-los. De fet, va ser Albert Einstein qui va dir. “Trista època la nostra! És més fàcil desintegrar un àtom que un prejudici”.

Trotula de Salern, metgessa italiana del segle XII que va patir l’efecte Matilda.

És veritat, és una evidència: la nostra època encara no ha sabut desfer-se de prejudicis irracionals com els que afecten a les relacions entre homes i dones ni de prejudicis contra la igualtat fonamental dels éssers humans. Tothom hauria d’haver assolit ja, com a mínim, per exemple, una veritat inqüestionable: a la mateixa feina, homes i dones haurien de tenir el mateix sou, però això, lamentablement, encara no és així. Segon un diari d’avui mateix (El País, 5 de març de 2021: “Bruselas obligará a las empresas a compensar a las víctimas de la discriminación salarial”), la bretxa salarial a Europa entre homes i dones és encara del 14,1%. I si això passa a Europa, quina és la bretxa salarial entre homes i dones a altres llocs del planeta? Per què ha de guanyar una dona menys que un home fent la mateixa feina? Per què aquestes diferències?

Nettie Maria Stevens (1861-1912), genetista que va patir l’efecte Matilda.

L’efecte Matilda i aquestes bretxes salarials ens confirmen que vivim en un món injust, un món on els éssers humans no som tractats equitativament. I per això dèiem al començament que el feminisme és assumpte de tothom, perquè els seus guanys beneficiarien a tothom. De la mateixa manera que els obrers que, al segle XIX, no participaven a les primeres manifestacions en defensa de les 8 hores de jornada laboral i d’altres reivindicacions en les condicions laborals i salarials després se’n van beneficiar, amb el moviment feminista passa el mateix: tothom hi sortirà guanyant si aconseguim la igualtat en drets i en reconeixement entre homes i dones. Si volem un món més just, ja és hora que homes i dones tinguin el mateix reconeixement i les mateixes possibilitats de realització personal. Mentrestant, haurem de dir, com aquell altre personatge de l’esmentat Dürrenmatt: “Quins temps tan tristos aquests en què cal lluitar pel que és evident!”. Ens queda la tristesa, potser, però també la lluita feminista i altres lluites pacífiques per un món més igualitari. S’ha avançat molt des de les sufragistes del segle XIX com la mateixa Matilda J. Gage, però si el camí és llarg, l’esperança ho és més. Les generacions més joves ho agrairan.

Mai més l’efecte Matilda ni cap altre efecte discriminatori contra les dones. Al collage, d’esquerra a dreta, primera fila: Ada Lovelace (1815-1852), Barbara McClintock (1902-1992), Marie Curie (18671934), Lise Meitner (1878-1968), Marietta Blau (1894-1970); segona fila: Rosalind Franklin (1920-1958), Jocelyn Bell Burnell (1943-), Henrietta Swan Leavitt (1868-1921), Grace Murray Hopper (1906-1992) i Katherinne Johnson (1918-2020).

Per acabar, volíem proposar que, igual que Margaret W. Rossiter la va encertar en anomenar efecte Matilda el fenomen de discriminació de les dones en el camp de la ciència, intentéssim entre tots descriure i posar-li nom a altres situacions semblants d’abús i discriminació, perquè quan un fenomen d’aquest tipus arriba a ser descrit comença a ser més fàcil de resoldre. I, de pas, ja que les manifestacions de l’efecte Matilda són molt diverses, animem a qui visiti aquesta pàgina que, si vol, tracti d’esbrinar les diferents formes de discriminació que van rebre les científiques aquí citades i ens ho expliqui amb un comentari. Gràcies anticipades a les persones que ho facin.

F. Gallardo

(Altres entrades d’aquest blog sobre dones i feminisme: “Mil dones”, “Pa, sostre, drets i roses”, “Les dones de veritat”, “Dones i poesia”, etc.)

El personal sanitari, protagonista de l’any 2020

Aquest any que ara acaba ha estat marcat per la pandèmia de la COVID-19, per la qual cosa el personal sanitari, que ha hagut de treballar i continua treballant infatigablement als hospitals davant de la malaltia i dels successius rebrots, ha rebut molts aplaudiments, honors i reconeixements. Els seus portaveus, però, han insistit un cop i un altre en què més que elogis i reconeixements retòrics necessiten, a més de sous dignes, més recursos materials: més personal sanitari i assistencial i més mitjans tècnics i logístics per prevenir l’extensió de l’epidèmia, controlar els nous contagis i evitar la saturació del sistema. En aquest sentit, ara s’ha comprovat que .les pancartes del personal sanitari no exageraven quan anunciaven el què està passant: “Retallar la sanitat mata”. Ho deien i ho diuen per protestar per les retallades dels pressupostos dedicats a la sanitat pública des de l’any 2009, i ara s’ha pogut comprovar que és veritat, que retallar la sanitat mata, i molt. Val més prevenir que curar, deia Hipòcrates i diu el refrany, i ara ho estem veient. Els diners que no es gasten en el moment precís per enfortir el sistema hospitalari, després, quan arriben les necessitats (epidèmies i altres emergències), s’han de quintuplicar per tractar d’evitar-ne el col·lapse.

Homenatge de Bansky al personal sanitari

Hem sentit aquest any moltes vegades la paraula “herois” per referir-se al personal sanitari i assistencial. Hauríem de pensar que més que herois les persones que treballen a la medicina són bons professionals que s’enfronten quotidianament, i extraordinàriament si cal, com ara, a la malaltia i tracten de curar els malalts. Es podria dir que aquest sentit del deure, aquesta ètica del deure, està inscrita en els orígens de la medicina per la mà dels seus mestres més antics. Així, per exemple, per Hipòcrates (460-370 aC), metge grec considerat “el pare de la medicina”. A més de diverses contribucions a la medicina clínica, a ell se li atribueix el jurament hipocràtic, veritable i admirable declaració d’ètica professional.

Reconeixement al personal sanitari mort pel coronavirus

Un dels moments més emotius dels actes de lliurament del títol als nous graduats a les facultats de medicina acostuma a ser la lectura pública del jurament hipocràtic, que els nous metges fan seva. És aquest un document que hauria de ser llegit i conegut per tothom. De fet, a molts hospitals n’hem vist una còpia penjada, molt pedagògicament, al vestíbul, perquè tothom pugui llegir-la i conèixer els fonaments ètics d’aquesta professió. I per això ara, a tall d’homenatge al personal sanitari i assistencial, transcrivim aquest document.

Hipòcrates, pare de la medicina

Jurament hipocràtic

En el moment de ser admès com a membre de la professió mèdica davant dels meus mestres i en aquesta facultat de Medicina que m’ha ensenyat tot el que sé, juro que:

  1. Consagraré la meva vida al servei de la humanitat.
  2. Guardaré als meus mestres el degut respecte i gratitud.
  3. Practicaré la meva professió amb consciència i dignitat.
  4. La salut dels meus pacients serà l’objectiu prioritari de la meva feina.
  5. Respectaré els secrets que em siguin confiats en tot allò que amb ocasió o a consciència de la meva professió pugui haver conegut i que no hagi de ser revelat.
  6. Consideraré els meus col·legues com a propis germans i no formularé a la lleugera judicis contra ells que poguessin lesionar la seva honorabilitat i prestigi.
  7. No permetré que prejudicis de religió, nacionalitat, raça, partit polític o nivell social s’interposi entre el meu deure i la meva consciència.
  8. No prestaré col·laboració als poders polítics que pretenguin degradar la relació metge-pacient restringint la llibertat d’elecció, prescripció i l’objecció de consciència.
  9. Guardaré el màxim respecte a la vida i dignitat humanes. No practicaré, col·laboraré ni participaré en cap acte o maniobra que atempti als dictats de la meva consciència.
  10. Respectaré sempre la voluntat del meu pacient i no realitzaré cap pràctica mèdica o experimental sense el seu consentiment.
  11. No realitzaré experiments que comportin patiment risc o que siguin innecessaris o atemptin contra la dignitat humana.
  12. Mantindré la noble tradició mèdica en tot allò que es refereixi a publicitat, honoraris i dicotomia.
  13. Procuraré mantenir els meus coneixements mèdics en els nivells que em permetin exercir la professió amb dignitat i seguretat.
  14. Si arribat el dia en que els meus coneixements, facultats físiques o sensorials no fossin les idònies per l’exercici professional i no abandonés voluntàriament, demano als meus companys d’avui i de demà que m’obliguin a fer-ho.
  15. Faig aquestes promeses solemnement i lliurement, sota Paraula d’Honor, en memòria de tots els que creuen o hagin cregut en l’honor dels metges i metgesses i en l’ètica de les seves actuacions.

Versió del jurament hipocràtic de la Universitat Autònoma de Barcelona

Gràcies al personal sanitari i assistencial pel seu treball

Dins el darrer blau

Dins el darrer blau de Carme Riera

Als amics i amigues del Club de Lectura del Puig.

Els prejudicis deformen el judici. Alguna cosa semblant és el què m’ha passat amb la relectura de Dins el darrer blau. Fa molts anys vaig menystenir la novel·la, segurament perquè menystenia el gènere de novel·la històrica. Ficcionar fets ocorreguts no encaixava dins les meves preferències. Ara, llegir el llibre en el seu mallorquí original ha estat un plaer i una remoguda emocional.

Dins el darrer blau va obtenir el premi Josep Pla l’any 1994 i, al 1995, el Premi Nacional de Narrativa del Ministeri de Cultura espanyol, el Joan Crexells i el Lletra d’Or.

El fet històric que reviu l’obra és un judici contra la comunitat jueva —o més ben dit, contra els judeitzants— de la Ciutat de Palma a finals del segle XVII. En aquells moments era hàbit del poder imperial espanyol perseguir amb fúria els conversos, els jueus convertits al catolicisme, espoliar-los dels seus béns, cremar els acusats a la foguera, etc. Sempre n’hi queia algun convertit de cor. Eren acusats de practicar d’amagat els ritus jueus. Els no convertits a estones eren més respectats (per això l’avi de Santa Teresa de Jesús es va convertir al catolicisme, va tornar després obertament a la fe jueva amb la il·lusió de viure més tranquil i més endavant es convertí altra vegada a la fe católica quan es devia desengañar de poder viure millor; i cada vegada que es convertia havia de fer la desfilada ritual amb el sambenito o el capirote mentre era insultat i a vegades apedregat per la població fervorosa). A Mallorca, els descendents dels jueus, encara avui dia, son anomenats “xuetes”, paraula derivada de “xuia”, ‘carnsalada de porc’. Ve a ser un equivalent del “marrano” de la Península. Apel·latiu sarcàstic precisament perquè la religió jueva prohibeix menjar carn de porc, dit també marrà o marrano.

El ritme de la novel·la és pausat al començament, anem coneixent uns i altres personatges. Queda ben definida l’estuctura de poder de la societat que es presenta. Sobretot a través de la tertúlia de les forces vives, una mena de Sanedrí de segona: el nebot del governador, com a representant del poder civil, el poder eclesiàstic, representat per un inquisidor, que no és l’Inquisidor Major, i que aspira a un càrrec més alt; el mateix càrrec al qual aspira un altre togat de tipus més intelectual, poeta místic molt cursi, que és qui rep a casa i ofereix uns dolços molt cobdiciats; també hi ha el cronista de la ciutat com a representant de la premsa. La competència entre l’home d’acció bèstia, que és el pare Ferrando, i el delicat poeta i especialista en hagiografies de sants, el pare Amengual —que encara posa més els pèls de punta pel fet d’escriure bajanades bondadoses de pixapiles en mig de la crueltat regnant— està ben portada i ben resolta. Els tombs que fa el poder, segons les directrius que arriben de Madrid, es reflecteixen allà amb tot el servilisme dels aspirants i tenen els jueus com element útil per reafirmar el poder.

Entre els personatges més lograts hi ha en Gabriel Valls. La seva actitud com a líder dels judeitzants és rica en matisos, en pugna o no amb els seus sentiments. La prostituta Beatriu, Sara de les Olors, Maria Pomar en són d’altres que destaquen per ben portats. Hi ha escenes grotesques ben logrades, com la salutació d’agraïment que fa el miserable d’en Cortina amb les mans mullades pels mocs i les llàgrimes, quan agafen la del pare Ferrando per besar-la, que encara està ensucrada, la dolçor de la qual es percebuda no com a producte de la golafreria del pare en qüestió, sinó com de santedat.

El ritme es precipita en un determinat punt. Els intents frustrats de socórrer, de fer alguna cosa per als condemnats de bell antuvi, per endavant, vaja, precipiten un final sec, però efectiu. El calfred que produeix la Justícia del poder, contra la qual s’estavella tota raó o sentiment de qui no es vol traïr a sí mateix i es creu amb dret de defensar el què defensa, tot i saber que se la juga, em va remetre a fets molt propers. El propòsit del llibre de demanar perdó als descendents d’aquells judeitzants em sembla honest. Encara hi haurà qui pensi que dels disbarats del passat no se n’ha de parlar. Durant el llarg franquisme va ser així: la majoria dels vençuts va callar. La veu dels vencedors anava deixant la seva versió ben ficada dins el cap dels espanyols que creixien. Així s’expliquen la ignorancia i la sorpresa. Llàstima que demanar perdó sempre arriba tard, per definició.

Carme Riera Guilera (Palma, Mallorca,1948)

La Carme Riera ha fet una obra gran i es mereix els honors. Per exemple, ser Acadèmica de la Llengua Espanyola. Ara, és normal ser Acadèmica de la Llengua Espanyola, quan la seva producció més important està escrita en una altra llengua?

Mercè Romaní Alfonso

Aprenent a estudiar durant el confinament

Amics, professors, llibres de text… Tot ha quedat pausat de sobte. Sense que poguéssim fer res per frenar a temps. No només hem hagut de deixar de veure els nostres amics, sinó que  també hem hagut de canviar completament la nostra tradicional manera d’estudiar. De sobte una muntanya de deures se’ns va venir a sobre i cap de nosaltres s’esperava haver d’organitzar-se de nou, oblidant la forma de fer-ho que per a nosaltres ja era normal.

Al començament va ser un desastre (potser només per a mi). Em vaig trobar en una situació desesperant on ja no controlava res del que pensava que ja tenia dominat. Els deures eren massa a la majoria d’assignatures, com si ens tiressin a sobre un munt de feina que els sobrava. Estar en un aula amb els companys era molt diferent d’estar a casa, sense cap amic amb el qual parlar, sense el nostre calendari habitual…

Telemàticament no ho tenim, això, i són coses que es troben a faltar. Perquè encara que podem seguir en contacte, no és el mateix que estar junts de debó. Crec que no m’hi vaig acostumar fins dues setmanes després més o menys. Després d’una reorganització completa vaig veure que hi havia assignatures que ho posaven molt més difícils que d’altres, però al final m’he acostumat a aquest tipus de vida una mica improvisat. Penso que la majoria ja ho hem fet. No perquè volguéssim, és clar. Però hem hagut de fer-ho.

Encara que les classes triguin a ser el que van ser, tots sabem que encara que tot s’hagi tornat molt més confús, d’alguna forma seguim sent estudiants de secundària, ens agradi o no. I hem de continuar avançant perquè quan això acabi, l’esforç i el treball ens hauran fet més forts.

Paula Pérez Verdún (4t ESO)

Ja fa més de 75 dies des del sobtat tancament de l’institut, i encara continuem amb la incertesa de quan i com podrem tornar-hi, sense una resposta clara, ja que pràcticament ens trobem vivint dia a dia.

Tot i això, sí que es pot fer balanç del que hem sentit aquests últims dos mesos i mig, i fer-ne un repàs acurat no és pas senzill, ja que cada poc temps la situació en què ens trobàvem canviava, fent impossible poder aclarir-se amb els sentiments i, sobretot, amb l’esdevenir del curs.

Inicialment, quan el dia 12 de març ens deien que no tornaríem a l’institut en dues setmanes, tots vam pensar que seria una petita pausa temporal, que ens permetria relaxar-nos i no haver de seguir les classes de manera exhaustiva, i així va ser, ja que el professorat ens encarregava petits treballs que es podien portar de manera adient i controlada. La incertesa va arribar, però, quan tots vam poder preveure que aquesta situació s’allargaria, com a mínim un mes més. En aquest moment, el professorat es va començar a preparar i a manar més feines, de manera que podríem continuar el curs de manera virtual.

De bones a primeres, des del meu punt de vista, la idea no era dolenta si es realitzava únicament de manera temporal. Jo entenia que era la forma més adient de continuar el curs, però també creia necessari que un cop tornéssim, hauríem de repassar els conceptes que no es poguessin tractar presencialment. Evidentment, la tornada (passats uns dies) ja es veia impossible, i va ser quan realment em vaig començar a plantejar seriosament si aquesta manera de continuar el curs em permetria assolir conceptes de cara a 2n de batxillerat. La resposta encara no l’he trobat, i evidentment no la trobaré fins que em trobi en la situació de comprovar-ho, d’aquí uns 4 mesos. A banda d’això, també sorgia la pregunta interna pel rendiment. No era capaç d’avaluar si estava rendint al mateix nivell. La meva sensació era que la meva eficiència havia baixat, però alhora estàvem donant el temari de manera pràcticament més ràpida del que estava planejat. Aquests pensaments dividits donaven pas a una angoixa que em perseguia durant tot el dia, sumant-se a les molestes notificacions de les aplicacions utilitzades per donar les classes i entregar treballs, provocant que de vegades em fos impossible concentrar-me.

Tot plegat ens porta a avui, dia 26 de maig, amb un final de curs com mai s’havia viscut, en què la tercera avaluació pràcticament s’ha convertit en una espècie de distopia acadèmica. Un trimestre en què tothom s’ha hagut d’adaptar a noves maneres d’estudi i ensenyament, que evidentment han arribat per quedar-se, espero que amb complementació d’ensenyament presencial.

Robert Vera Campillo (1r de batxillerat)

La ciutat: proximitat física i distanciament social

A propòsit del confinament: La ciutat, proximitat física i distanciament social

Em proposa un amic compartir amb els companys del Puig Castellar algunes impressions i pensaments d’aquests dies d’obligada i, necesaria, reclusió. Com començar? Són tants els nostres sentiments contraposats i estats d’ànim canviants en aquests dies; dies que afavoreixen també la reflexió, que obren nous camins al pensament. El nostre món ha canviat i necessitem repensar-nos, situar-nos de nou en ell.

Diria que, sobretot els primers dies, m’he sentit amarada d’una sensació d’estranyesa i d’irrealitat. Embolcallats en la relativa confortabilitat de les nostres cases podíem verament entrellucar l’horror viscut als hospitals o a les residències d’ancians? No hi estàvem acostumats a aquesta mort massiva i potser encara no ens hi hem acostumat i, tanmateix caldrà aprendre a viure amb aquest escreix d’incertesa que no havíem pas imaginat; inesperada celada que s’abat sobre alguns de nosaltres en l’etapa final de l’existència; llavors penso en els joves, s’hi acostumaran a aquest sentiment de fragilitat i vulnerabilitat en un moment de l’existència en què corren delerosos a l’encontre de la vida? I els nens, tendres criatures que en descobrir-nos de nou la infantesa ens han fet albirar en moltes ocasions el futur que ja no viurem però que imaginàvem seu, com seran ara els seus dies, com protegir-los de les nostres incerteses i pors?

Ens sentíem protegits i segurs i de sobte hem estat expulsats a la intempèrie. De cop i volta, la nostra vida ha canviat. Per salvar-nos, les cases s’han convertit en refugi i la ciutat amb les seves places i carrers ha esdevingut un territori abandonat. La casa i la ciutat s’han convertit en altres. Com no sentir-hi estranyesa? La casa és ara el nostre refugi però també presó, i la ciutat un territori “absent” del qual ha fugit el batec de la vida.

Mentrestant, els meus pensaments s’esmunyien cap al passat, com a vegades acostumo a fer. Al món antic, la casa i la ciutat havien estat espais de civilització que assenyalaven un dins i un afora, uns límits més enllà dels quals s’estenia un territori pel qual calia endinsar-se amb una actitud d’alerta, amatents a un atzar incert; i ara, en el nostre món, de forma inesperada, les nostres seguretats s’havien esvanit, a nosaltres però, no ens havia calgut abandonar la casa i la ciutat a l’encontre d’allò desconegut, el perill s’havia escolat silenciós, a les nostres cases, a les nostres ciutats i no l’havíem vist venir. Immersos en el ritme accelerat d’ocupacions i d’entreteniments de la vida moderna, confiats i enlluernats en les possibilitats, aparentment infinites, de les tecnologies punteres, havíem oblidat la vulnerabilitat intrínseca a l’existència, i ara la pandèmia venia a recordar-nos, de manera brutal, els nostres límits, la nostra fragilitat.

Els canvis a la ciutat en aquells primers dies de confinament esperonaven els meus pensaments d’una manera poc definida que tanmateix s’anava articulant al voltant de dos eixos: d’una banda, la casa i la ciutat i d’altra, les diferències entre comunitat i societat. Un sentiment en principi difús desvetllà les meves reflexions; en aquells dies del mes de març, amb places i carrers buits, érem poques les persones que transitàvem per la ciutat a fer les compres necessàries, i tanmateix, a les botigues o als carrers , hi copsava en les mirades de la gent, en el tracte amable, en la consideració personal de cadascun de nosaltres, aquell sentiment de comunitat que emergeix en moments especials en mig del traüt anònim de la gent; el darrer cop que havia experimentat aquest sentiment, havia estat a Barcelona, a l’agost de 2017 arran dels atemptats a Les Rambles; recordo el silenci de la gent en la ciutat, tothom parlava com en un murmuri; al metro i a l’autobús, les persones ens miràvem amb un sentiment de reconeixença: aquella ferida ens havia tocat a tots. Ara també ens sentíem amenaçats i indefensos i amb aquest sentiment recuperàvem de nou el sentit de comunitat.

Volia aprofundir-hi en aquests idees esparses tot i que els meus pensaments eren una mica desordenats i volàtils; així vaig enfilar el camí una mica intuïtivament, sovint eren les paraules les que em portaven,d’unes a les altres, a una nova percepció, un punt de vista abans no contemplat; les paraules sempre fan drecera, en els camins del coneixement. No es tractava tant de definir i precisar conceptes com de copsar i entendre els significats que romanen amagats en ells.

Em va semblar que el concepte de comunitat implicava una relació de proximitat, de veïnatge i reconeixement mutu entre les persones que hi pertanyen i que el concepte de persona indicava també un caràcter concret: en la comunitat cada membre és algú en relació als altres i d’aquí la qualitat orgànica de tota comunitat, de la qual se’n deriva, probablement, un altre aspecte a considerar: a la comunitat l’èmfasi recau sobre allò comú i col·lectiu i, en aquest sentit, al si d’una comunitat les persones es defineixen per la funció o posició que tenen com a membres dins del grup. En una comunitat, l’elecció d’un o altre destí diferent a l’esperat esdevé quelcom excepcional per al seus membres; en altres paraules, la idea de llibertat, entesa com a possibilitat d’elecció individual, de bon principi, no hi estaria contemplada. La idea de comunitat implicaria no solament ajuda i cooperaració al si de la comunitat sinó també hospitalitat envers els forasters: el rigor de la vida obligava a l’hospitalitat, costum aquest que ha arribat fins a l’època en moltes comunitats camperoles, on, per torn, cada veí havia d’acollir “els pobres caminants”.

Pel que fa al concepte de societat, com abans he dit, provaré no tant de donar una definició acadèmica com d’establir-ne alguns dels elements que la diferenciarien de la comunitat. Al meu parer, en una societat, tot i que és molt més que una suma d’individus, s’acabaria imposant el caràcter més aviat abstracte de la relació entre els seus components, a diferència dels trets de proximitat i reconeixença que abans hem destacat en la idea de comunitat. En una societat, de bon començament, els individus apareixen desposseïts dels seus trets personals i de les seves circumstàncies particulars i, per tant, ens són representats com a éssers anònims; l’anonimat, doncs, seria un tret destacat d’aquesta concepció d’allò col·lectiu. Els individus no vindrien definits en aquest cas per la seva funció dins de la col·lectivitat sinó que serien éssers lliures a l’encalç del seu propi destí.

Serveixin aquests tempteigs per precisar aquests dos conceptes com una breu introducció per provar a delimitar, ni que sigui precàriament, el marc conceptual en què ens hi haurem de moure. Abans, però, enfilem camí amb “la casa i la ciutat”.

La casa (oikos) i la ciutat (polis) eren els dos àmbits en què, al món clàssic (Grècia en particular) es teixia i sostenia la nostra condició humana; una i altra compartien, com ja he apuntat, el fet de ser espais civilitzadors, espais on es preservava i perllongava la vida; em sembla, però, que la seva articulació al si d’aquelles societats no es correspon ben bé amb el paper que una i i altra exerceixen en les nostres societats; en un principi, podria semblar que la casa correspondria al nostre àmbit de allò privat mentre que la polis se situaria en l’àmbit d’allò públic; no obstant això, diria que, al món grec, entre la casa i la polis existia una continuïtat que, probablement, a les nostres societats s’ha anat diluint. A la societat contemporània, la separació entre allò privat i allò públic és molt marcada i en algunes ocasions podríem dir que funcionen com àmbits segregats. Al món clàssic, i en particular al grec, crec veure en la casa un espai preparatori, una mena de llindar necessari abans de l’entrada a la vida pública. La casa i la ciutat es complementaven com a espais d’acollença per a l’infant, la casa, i d’aprenentge de la ciutadania, la polis.

Així doncs, m’agrada pensar que en aquell món, la casa i la ciutat compartien un tret que els era inherent, l’hospitalitat, una i altra eren espais que asseguraven empara i auxili; per als grecs, per als romans, tots els éssers humans eren o podien ser en algun moment de les seves vides, viatgers, i per tant persones necessitades d’ajuda i protecció. Al llatí, la mateixa paraula, hospes, servia per a designar tant al viatger que havia d’hostatjar-se en una casa o ser acollit com a refugiat en una polis o en una urbs, com a la persona que li donava acollida. El mot hospes implicava, doncs, uns vincles de mútua reconeixença, de reciprocitat.

I, com hem comentat anteriorment, l’hospitalitat sol anar unida a la idea de comunitat. Així doncs, la polis no solament era una unitat política, una societat, sinó que encara servava dins seu la idea de comunitat, d’hospitalitat deguda a tot viatger… Hi havia un reconeixement de la humanitat dels altres més enllà dels límits de la polis. És clar que tots coneixem les limitacions dels grecs en relació al mateix concepte d’humanitat, més restrictiu que el nostre, els habitants de cada polis s’identificaven en principi amb els de les altres polis, en un primer cercle d’humanitat: l’ecumene, “la Terra habitada” era l’Hèlade, més enllà dels seus confins hi havia altres pobles, designats com a barbaroi, estrangers. I a l’interior de la mateixa ecumene grega, les dones i els esclaus i els metecs vivien disminuïts també en la seva humanitat. Tanmateix, crec que podríem recuperar el sentit de comunitat i d’hospitalitat de l’antiga polis i portar-lo al nostre present per empeltar-lo al cor de la nostra idea d’ humanitat, verament, més eixamplada que la del món clàssic.

Abans potser, caldria preguntar-se quan es va esvanir aquest sentiment de comunitat? Permeteu una ràpida passejada pel passat per trobar-ne el trencall de camins que ens condueixen al present.

Podríem dir que les societats rurals de les quals procedim —i també les ciutats a la seva manera— conservaren la idea de comunitat fins a l’esclat de la Industrialització. Aquesta, en un procés alhora vertiginós i dilatat en el temps canvià de soca-rel moltes coses. La producció en cadena i el treball massiu esmicolaren els vincles que nuaven les societats tradicionals malgrat les diferències i antagonismes socials que hi podia haver.

La industrialització generà no solament un creixement econòmic sostingut, comportà també una expansió urbana que suposà una revolució en l’estructura i morfologia de les ciutats, tot plegat acabaria produint una “revolució antropològica”: canviaren els éssers humans i les seves formes de vida. El capitalisme necessitava, per a la seva consolidació, individus anònims, sotmesos a les lleis d’un mercat impersonal que no solament desqualificà els coneixements i habilitats tècniques dels antics artesans sinó que reduí cada treballador a mer instrument productiu. Aquesta despossessió d’allò humà tindrà una sèrie de conseqüències que es desplegaran en moltes direccions, algunes de les quals encara perduren. L’afebliment de la idea de comunitat en serà, probablement una d’elles.

L’anonimat dels treballadors, en trencar els vincles que travaven les societats tradicionals, obrí el camí vers una individualitat presentada en els textos dels revolucionaris del XVIII com a condició d’una llibertat que, ultrapassant l’antic marc social i polític, apareixia com un horitzó possible per a tots els éssers humans. Aquesta llibertat, proclamada com a universal pels pares de les Revolucions del XVIII (ells també la necessitaven per legitimar la seva lluita contra els privilegis de les monarquies) acabarà deixant a la intempèrie a molta gent. Per a molts la seva única llibertat serà la d’anar a treballar a les fàbriques per sobreviure. El desarrelament, l’exclusió social i la marginació ja existien, ara però, adquiririen unes altres formes, una despersonalització dels éssers humans, dels homes i dones concrets.

La ciutat fou l’escenari de la major part d’aquests canvis. Així “la ciutat moderna” esdevindrà un espai escindit, format per barris de burgesos que buscaven allunyar-se de la misèria i la lletjor per ells generada, del fum i el soroll de les fàbriques, dels habitatges insalubres on malvivien els obrers; la segregació social, reflectida en l’espai, serà probablement el tret més destacat de la ciutat moderna. En ella, la idea de comunitat serà arraconada, substituïda ara per la d’una multitud anònima d’individus enfrontats en dura competència. En aquest context, els treballadors hagueren de recuperar les velles fórmules d’ajuda i socors mutu que esdevingueren noves formes de solidaritat i de lluita enfront l’explotació, la despersonalització i deshumanització dels homes reduïts a nua comptabilitat.

La complexitat, però de la ciutat moderna, fa que en ella trobem espais on la proximitat física conviu amb el distanciament social. Al centre de les ciutats cosmopolites podem trobar, lluny dels barris exclusius de les classes benestants, espais on el garbuix de la vida es fa més intens, a les places i carrers on conflueixen les vies de comunicacions, a les grans estacions, als suburbans, però també als llocs dedicats a l’esbarjo i al divertiment; en aquests indrets trobarem, d’una banda, el flâneur, el petit burgès culte, passejant ociós que vagareja per la ciutat fruint de tot allò que aquesta li ofereix: cafès, botigues, teatres, però també jardins i boulevards i, en les hores nocturnes, tavernes, cabarets i altres caus per on transita la bigarrada humanitat que habita la ciutat. El flâneur, “el pintor de la vida moderna” pot viure en una certa estretor, tanmateix té una certa disponibilitat econòmica, un coixí personal o familiar que li permet viure a recer; el flâneur, es mou esperonat per la seva curiositat artística o intel·lectual que el porta a explorar la ciutat a l’encalç de la novetat i la sorpresa que el rescati de l’esplin modern; d’alguna manera, hi ha en ell un cert desclassament, la seva figura, però, s’allunya dels éssers que encarnen l’ exclusió i el desemparament social de la ciutat moderna: el rodamón, el vagabund, el clochard, criatures expulsades del món productiu i condemnades a viure a la intempèrie. Aquesta misèria anònima i desemparada que nia en els baixos fons de les ciutats amb els seus persontges desarrelats, com ara els clochards, podria representar, d’alguna manera, la contrafigura del flâneur.

Les nostres ciutats no són pas com el Londres victorià o el Lyon de les protestes de les sederies, tanmateix no hem d’oblidar que continuem sent hereus d’aquelles ciutats: l’explotació i la marginació encara existeixen entre nosaltres. I si gratem una mica en aquesta cara poc amable de la ciutat, les coses es compliquen, s’alletgen; en la ciutat planten el seu cau malfactors que pouen en la marginació i la misèria per a treure’n guanys i profit, persones perilloses que fan difícil la vida i la convivència, especialment en alguns barris i zones. La ciutat, doncs, no és igual per a tots els seus habitants, els problemes de marginació i exclusió social, la violència i l’agressivitat “van per barris” com s’acostuma a dir, tot seguint una distribució que, en gran part, reflecteix la segregació social i espacial a què abans al·ludíem: els barris de les classes benestants solen ser també els més tranquils, mentre la conflictivitat i la marginació és present sobretot en els barris més desafavorits i pobres; realitat incòmoda aquesta, que sovint oblidem o amaguem. A Ciutat Vella hi ha hagut veïns que en aquests dies han hagut de suportar una conflictivitat que ha afegit desassossec i inquietud al seu confinament. Per què no pensar alguns dels reptes de les nostres ciutats a partir de Ciutat Vella? En ella, passat i present fan trena, per què no esbrinar-ne el futur?

Podríem contemplar Ciutat Vella com un espai viu del nostre present i alhora com un jaciment d’una potència arqueològica extraordinària i actual, no em refereixo ara al món romà i medieval sinó al fet que en ella podem esbrinar i resseguir alguns dels aspectes que hem anat esmentant sobre la gran sacsejada urbana que fou el procés industrialitzador i la seva deriva posterior. Així, la seva estructura social encara conserva, malgrat tot el temps que s’ha anat escolant des de l’enderroc de les muralles el 1854, la rica diversitat social de la Barcelona “intramurs”, és clar que hi ha hagut moltes transformacions en la ciutat, algunes d’elles relacionades amb les diverses ones d’immigració que aquí s’han anat assentant al llarg del XX i principis del XXI, tanmateix hi ha zones on perduren alguns dels nuclis de la vella Barcelona, gent del barri “de tota la vida”, restes de les classes menestrals i mitjanes àdhuc professionals que habitaven l’antiga ciutat, o bé carrers amb predomini de les classes populars de sempre, sobre aquest teixit s’han anat afegint àrees amb una elevada població extraeuropea (paquistanesos, magrebins) o bé europea i americana lligada a joves professionals o artistes que s’han instal·lat en alguns del seus barris. Ciutat Vella presenta un mosaic social d’una complexitat extrema, sobretot en relació al seu reduït espai, com no pot ser un bon observatori per aprendre’n, de les ciutats, de les seves possibilitats de transformació!

La varietat de Ciutat Vella es percep també en l’habitatge, majoritàriament cases antigues, respon a diverses tipologies que subtilment marquen la personalitat dels barris, tot i que sovint dins del mateix barri descobrim models d’habitatge molt diferents: des d’ antigues finques “règies”, la majoria del XIX, a immobles més petits en estretes cases entre mitgeres; la diversitat és gran i les línies divisòries, les fronteres interiors, entre barris i fins i tot dins de cada barri són imperceptibles però presents. Hi ha illots tranquils i dos carres més enllà els veïns poden viure “en un infern”. Així, la seva morfologia, edificis, carrers i places, presenta un ventall més variat del que, en un primer moment, ens podria semblar. A tot això caldria afegir la densitat de la seva trama urbana i la multiplicitat d’usos i funcions que col·lapsen l’espai. Àdhuc des del punt de vista simbòlic-social, en ella hi conviuen les representacions més altes de l’ordre polític de la ciutat al costat de nuclis que concentren pobresa, exclusió i marginació social extremes.

Mentre escrivia he pensat, Ciutat Vella és un equilibri fràgil i delicat de tantes coses, un ver miracle, que se sosté per un fil, per més d’un fil potser , cal però estar-hi amatents! Són tants els reptes que s’hi plantegen, que tal vegada podríem albirar-hi algunes respostes als nostres dubtes i interrogants; precisamente, per tractar-se d’un territori on s’ha condensat tanta vida i tanta història, la seva complexitat ens pot ajudar a esguardar millor el present. Repensar, des de Ciutat Vella , la ciutat del segle XXI? Per què no?

Tantes ciutats dins de Ciutat Vella en aquests dies de confinament! En aquestes línies, he volgut fixar-me espai marginal i sovint invisible per a molts de nosaltres, també per a mi, que el tinc tant a prop.

A Ciutat Vella, el nombre de persones que demanen almoina, passavolants o fixos , potser és el més elevat de la ciutat, també les persones sense casa i jaç, els que viuen al carrer són molts. En són tants, que acostumo a passar de pressa a frec seu, enfondida en la indiferència dels vianants, que és la meva; cert que en alguna ocasió m’he pogut sentir colpida, en general, però, els meus sentiments són de temença, de prevenció. Conscient també que quelcom de la meva humanitat s’esberla dins meu amb aquesta actitud; admiro les persones que no tenen la meva prevenció, que s’acosten compassives i afectuoses, als clochards del barri, els saluden, s’interessen per ells… mentre jo m’hi veig incapaç, paralitzada.

El confinament, és clar, ha fet canviar aquesta situació: els clochards, les persones sense llar, han quedat sols en aquests carrers estrets i places petites, llavors, com passar al seu costat ignorant la seva presència, com no sentir-me interpel·ada per les seves vides? Al barri hi ha persones que s’ocupen d’ells, la meva responsabilitat, però, únicamente és meva. Així, he sabut per la gent de la Comunitat de Sant Egidi, que per a les persones sense llar, la situació havia estat molt dura, especialment els primers dies del confinament, sols al carrer, sense veïns i vianants, amb els establiments tancats, el seu desemparament fou encara més gran, la seva vida més incerta. Ara, a poc a poc , el barri va prenent una mica de vida, els veïns tornem al carrer, hi ha alguns operaris que fan obres en algun casalot i que, en les seves anades i tornades, els saluden, també a nosaltres ens saluda un dels clochards de Sant Just, li contesto amblement i segueixo camí, “proximitat física i distanciament social”, em dic, em recrimino.

I probablement ha estat aquesta vivència la que m’ha empès a escriure, perquè no és fàcil viure a tocar de la misèria i la marginació; em fan por, recel potser, l’esgarriament mental, la manca d’higiene l’alcoholisme…i, en canvi, necessito, necessitem recuperar la nostra humanitat, per sentir les seves vides en les nostres, per ajudar-hi d’alguna manera. Perquè de tot això en voldria aprendre, treure’n alguna lliçó que ens ajudés a millorar la ciutat, millorar la ciutat és també millorar les nostres vides, les relacions entre nosaltres, fer-la més humana.

A mode de cloenda, algunes consideracions

En primer lloc, la ciutat continua essent per definició el territori on confluixen moltes vides, i precisament, perquè hi ha tanta i tan diversa humanitat, en ella, no sempre és senzill i planer comportar-nos compassivament, ser-hi humans . Caldria però, entendre aquesta posició de partida no tant com un problema que sí que ho és, sinó també com una condició de possibilitats: la ciutat genera i afavoreix tota mena de relacions entre uns i altres éssers humans, que multipliquen no solament les nostres possibilitats d’aprenentatge i de coneixement, d’esbarjo i de companyonia, sinó també d’ajuda i solidaritat. Viure en la ciutat, paradoxalment, ens fa —ens hauria de fer— més humans.

D’altra banda, malgrat que no he fet esment de manera explícita en aquestes línies, sí que ha estat present el tema de les grans desiguats socials existents en les nostres societats, desigualtas que probablement es mostren amb més cruesa a les ciutats, voldria recoradar que tots els esforços per reduir aquestes desigualtats i per fer una societat més justa en relació a la distribució dels recursos i a l’accés als béns haurien de ser condició imprescindible en la millora de les nostres ciutats.

Tot recuperant de nou el camí que he seguit en aquestes línies, ara per acabar, voldria centrar-me en alguns dels temes i conceptes que han anat sortint per tal de reformular-los de nou, en una lectura que ens ajudés a mirar d’una altra manera el present de les ciutats.

En relació a la deshumanització i a l’anonimat de l’individu en la ciutat moderna, si contemplem aquests aspectes en la seva complexitat hi podríem esbrinar alguns matisos no tant negatius; així, l’anonimat, podria entendre’s com un halo protector, com sinó, podríem preservar la nostra intimitat, frec a frec dels altres, sobretot si aquest són molts? Protegir la intimitat esdevindria, doncs, una condició de llibertat enfront de la intromissió dels altres en les nostres vides.

Però encara podríem dir-ne més; a la ciutat, un cert grau d’indiferenciació és necessari, al capdavall, la cortesia i les regles del respecte social que tant ajuden i serveixen en el tracte amb els altres, els hauríem de dispensar a tothom, independentment de la seva condició social o personal; malament aniríem si únicament fóssim cortesos amb els amics, coneguts i saludats. El mateix concepte de ciutadania enclou una certa indiferenciació, en origen potser a la polis tots els ciutadans es coneixien, però ja a l’Antiguitat l’expansió de l’Imperi Romà i l’ampliació de la ciutadania arreu de l’Imperi no eliminà el sentit de reconeixement mutu que té el concepte però sí que el dotà d’una certa abstracció /indiferenciació, ésser ciutadà marcava l’individu al marge de les seves característiques personals que, per al cas, eren indiferents.

Al fil però del concepte de ciutadania voldria recordar alguns aspectes que ens permetrien aquesta nova lectura a la qual ens hem referit. A les nostres societats acostumem a insistir en el concepte de dret i no tant el de deure quan un i l’altre van indestriablement units. Descuidem així la complexitat de vincles que hi ha al seu darrere: la delicada xarxa de drets i deures , és a dir de reciprocitat, que genera i sosté les relacions socials a les nostres societats, que podríem resumir en la frase: “ els teus drets son les meves obligacions , els meus drets son les teves obligacions”. La grandesa d’aquesta construcció es palesa en el fet que els drets els són reconeguts també a aquells que neguen i rebutgen el pacte social implícit en aquesta reciprocitat. No se m’acut un exemple més clar d’indiferenciació, beneït sigui!

D’altra banda, els problemes i circumstàncies que afecten les nostres ciutats i les persones que hi viuen, evidencien la necessitat d’anar més enllà del concepte de ciutadania per tal d’eixamplar-lo amb el de persona. Potser a les ciutats, lloc de confluència de persones d’orígens, cultures i circumstàncies molts diversos, ens cal avivar i recuperar i el que ja sabíem: tractar els éssers humans com a persones i no pas com a individus indiferenciats. Perquè els éssers humans, com ja hem dit, necessitem un cert grau de diferenciació, que el nostres origen, la nostra situació personal i familiar siguin tingudes en compte. Atendre a les diferències per aspirar a la igualtat, podria semblar contradictori i tal vegada ho és… Aquesta és una drecera difícil i complicada, conflictiva també, atendre no vol dir acceptar i assumir sempre les diferències. Inestable i delicat l’ofici de viure i conviure…

Havíem dit, recuperar els conceptes clàssics per tal d’eixamplar el seu significat, abans d’allunyar-me dels conceptes ciutadania / persona, én les ciutats i més enllà d’elles, les societats del segle XXI hauríem de superar décalage entre “drets dels ciutadans” i “drets humans”, no vull dir que uns i altres siguin “idèntics” en tot, em refereixo al fet que sovint l’accés als drets humans en les nostres societats democràtiques ve mediatitzat pel fet de ser o no ciutadà del país on et trobes, on vius.

Repensar la ciutat en el context en què ho fem hauria d’implicar també una nova redefinició i articulació d’allò públic i allò privat. Primer ens referirem a l’espai públic i l’espai privat en la ciutat.

A la ciutat, la proximitat física dels seus habitants —i més en una ciutat tan densa com Barcelona—, ens empeny a imaginar noves maneres d’articulació de l’espai públic i privat. El continu urbà planteja un complicat joc d’equilibri entre l’espai públic i l’espai privat. Qualsevulla modificació de l’espai públic urbà genera immediatament canvis en les relacions entre els habitants de la ciutat, canvis que a vegades produeixen conseqüències imprevistes on xoquen els interessos i necessitats d’uns i altres dels seus habitants: allò que beneficia uns acaba molestant altres, la recuperació d’un espai per a ús públic ha suposat en alguna ocasió la seva apropiació, mals ús i abús per part de persones diferents d’aquelles per a les quals s’havia destinat la reforma o recuperació d’aquell espai públic. En aquest sentit, a la ciutat és important l’existència d’una intermediació entre els diversos actors urbans. La ciutat hauria de ser territori propici per al pacte i l’acord; es tractaria no tant de defugir el conflicte com de trobar vies per a la seva solució, i aquí les dificultats són grans. Les necessitats i els interessos de les persones, grups, institucions que hi conflueixen són a vegades tan diferents i sobretot tan desiguals, uns que tenen molt a oferir i altres tant a necessitar, com “concertar” tot això, com evitar l’esquinçament social? Fer les ciutats més habitables hauria de passar per la consideració de l’espai públic com un bé comú, com un espai compartit sí però no pas privatitzat o mercantilitzat.

Caldria ara referir-nos a l’habitatge, espai privat sí, però també dret imprescindible per assegurar els altres drets de la persona. El tema és complex i delicat, no hi entraré, doncs. Crec, però, que l’habitatge requereix un tracte i una cura que vagi molt més enllà de les lleis del mercat. Problablement, la ciutat i guanyaria, hi guanyaríem tots.

En aquesta perspectiva que intenta indagar en la relació entre l’espai públic i el privat a les nostres ciutats, tal vegada la concepció més orgànica i dialogant que tenien els grecs de la casa i la ciutat ens podria ajudar a explorar noves formes més integradores de l’espai públic i l’espai privat a les ciutats del present.

Però encara no abandonem aquest tema, la pandèmia ha fet palesa la importància d’allò públic i de les seves institucions destinades a preservar la vida de tots al marge de la seva condició social (metges i infermers, personal sanitari, treballadors de les cures han anat més enllà del seu treball en una mostra de generositat i d’abnegació que se n’ha portant moltes vides); d’altra banda, la crisi sanitària però també social no solament ha deixat al descobert la nostra vulnerabilitat també ha fet emergir el que ja existia, el teixit associatiu i solidari de la ciutat ha estat amatent a ajudar en la desgràcia, a pal·liar la pobresa i la solitud, ha mostrat, en fi, que també entre nosaltres batega i és viu el sentiment de comunitat. La societat i la comunitat han anat de la mà per salvar-nos.

Així en els moments de crisi, el sentiment de comunitat que ja hi era s’ha fet present en l’esforç de tants voluntaris que han incrementat les capacitats d’actuació de les associacions i persones que en la ciutat anònima i despersonalitzada ajuden habitualment als més pobres i vulnerables. Probablement aquesta és una altra lliçó d’aquests dies: la necessitat de fer confluir societat i comunitat per fer una societat més humana. La societat, representada en l’Estat i les seves institucions i serveis públics, ha de tenir un paper decisiu per garantir l’atenció a la salut, les cures i l’assistència als més vulnerables (vellesa, malaltia, discapacitat, pobresa…) però també l’accés al coneixement i a la cultura haurien d’estar garantits…perquè és de justícia. El paper de la societat i els seus serveis públics, no hauria de suposar la retirada de la comunitat, més aviat tot el contrari, en unes societats tan atomitzades com la nostra, la presència de la comunitat, amb les nombroses associacions i iniciatives que treballen a frec de les persones, es fa necessària com a interlocutora i mediadora per nuar la nostra individualitat anònima amb la injustícia i el dolor del mon, que no sempre veiem, no sempre volem veure. Justícia i humanitat es complementen i enriqueixen.

I traslladant aquesta idea a les nostres ciutats, voldria una ciutat més humana en la qual societat i comunitat trenessin noves aliances, compaginar potser la llibertat anònima de la ciutat cosmopolita enriquida pel sentiment de comunitat que encara alena als nostres barris amb el seu ric teixit associatiu.

Asunción Álvarez de Paz (professora jubilada)

Reflexions sobre el confinament

Quan es va anunciar el tancament de l’institut, el sentiment generalitzat entre l’alumnat va ser d’esbalaïment. Passada la sorpresa inicial, molts dels estudiants van alegrar-se amb la perspectiva de quedar-se a casa. Altres, com jo, estàvem preocupats pel futur desenvolupament de les classes. Fora la que fos la nostra reacció, penso que molt pocs imaginàvem la magnitud dels efectes que aquesta crisi sanitària tindria sobre les nostres vides.

Aviat va fer-se evident que el tancament de les escoles només era el principi. La declaració de l’Estat d’alarma i el posterior enduriment de les mesures del confinament van anar acompanyats de notícies cada cop més esfereïdores. El nombre d’infectats i víctimes augmentava vertiginosament, la situació als hospitals era de col·lapse, no hi havia prou recursos sanitaris, l’economia es desplomava… Tots aquests factors contribuïen a incrementar la sensació d’impotència de la qual estic convençuda que tots hem estat víctimes.

Al principi vaig penedir-me d’haver infravalorat l’impacte del virus. Com la majoria, soc culpable d’haver-me distanciat del problema, al sentir-lo llunyà i, fins i tot, inversemblant. Sovint penso que, si l’any passat algú m’hagués dit que hauria de recloure’m a casa a causa d’una pandèmia mundial el curs que havia de fer l’examen més important de la meva vida fins al moment, me n’hauria rigut. Tanmateix, ni les notícies ni les declaracions d’experts ens donaven prou indicis del que passaria. El que és indubtable és que no estàvem preparats, o almenys tot el que pot estar-se, per fer front a aquesta situació.

Si em preguntessin què és el pitjor del confinament, la meva resposta seria, sens dubte, la incertesa. Potser hi ha qui contestaria la por al contagi, l’aclaparament d’estar tancat a casa… però, per a mi, tot això és secundari. No saber si tornarem a l’institut, en quines condicions farem la selectivitat, quan podrem sortir de casa, quan hi haurà la vacuna… Això és el que m’angoixa per sobre de tot: no saber què passarà. L’única certesa que tenim en aquest moment és que tots aquests aspectes estan fora de les nostres mans, i que no podem fer res, excepte esperar.

Crec que, més enllà de les terribles conseqüències que ha tingut i que tindrà aquesta crisi, ens ha fet adonar-nos de la nostra petitesa. La supèrbia que moltes vegades demostrem no té cabuda davant d’un problema d’aquestes proporcions, que ens està donant una cruel lliçó d’humilitat.

Perquè el destí, l’atzar, Déu, o com cadascú l’anomeni ens ha posat en aquesta situació, i l’únic que podem fer és gestionar-la tan bé com puguem. I, sobretot, mantenir l’esperança. Perquè, al cap i a la fi, potser sí que tinc una altra certesa: la fe dels uns en els altres és el que ens farà superar aquesta crisi.

Laia Marcos Cañal (2n de batxillerat)

Aquests dies l’esperança està representada pel personal sanitari.

Llevar-se, fer la rutina del matí i anar cap a l’escola era el dia a dia per començar una altra jornada d’estudi i treball a l’institut amb les amistats. Potser una rutina com qualsevol altra, però una que feia cada dia d’alguna manera productiu i amb alguna cosa a fer: un deure, un treball, alguna xerrada pendent amb els amics. Ara, atesa la situació que vivim a causa de la quarantena, aquests dies queden difosos i llunyans en la meva ment. La sensació de no estar gaudint ni aprofitant els dies es queda com una ombra durant aquesta quarantena, causant una estranya enyorança en mi de l’antiga normalitat.

Llevar-se al matí (o al migdia) i posar les notícies per veure si les coses empitjoren o es mantenen, posar-se a esmorzar intentat agafar la rutina de sempre, revisar correus esperant algun treball o deure dels professors… No sona tan malament al principi, però amb el temps fins i tot el camí cap a l’escola en el meu imaginari es torna com un luxe d’abans. Ara, i quan aconsegueixo un moment de solitud a casa meva, les xerrades amb els companys o el fet de veure un altra cosa que no siguin aquestes quatre parets, les aprecio d’una altra forma i penso com mai realment m’havia imaginat què significaria tenir arravatada aquesta ‘normalitat del dia a dia’. A l’estudiar Història no pots evitar intentar posar-te en el dia a dia del que vivia aquella gent, però només aconsegueixes una caricatura de la sensació real d’aquell moment. Ara, en una situació menys exagerada que una guerra però que una altra vegada tots els veïns compartim, desitjo tornar al temps més senzill i, a la vegada, miro amb por el futur.

Aguantem!

Liz N. Chérrez Vélez (2n de batxillerat)