Solenoide: un libro tiene que pedirte una respuesta

Mircea Cartarescu, Solenoide. Editorial Impedimenta. Madrid, 2017. Traducción de Marian Ochoa de Eribe.

Antes de leer esta novela conocía poco a Mircea Cartarescu: sólo había leído un libro suyo, Por qué nos gustan las mujeres, un conjunto de relatos al que me llevó el cebo del título, que vagamente me recordaba Queremos tanto a Glenda, de Julio Cortázar; ahora, después de leer Solenoide, empiezo a conocerlo mejor y tengo la sensación de haber ascendido a un Everest literario y de haber vivido una experiencia magnética (aunque, a ratos, la novela parezca magmática y canse por la reiteración de algunos materiales). Si un libro tiene que ser como un hachazo para romper el mar helado que todos llevamos dentro, como quería Kafka, Solenoide consigue con creces ese objetivo.

Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956)

Dicen que para subir a la cima del Everest se necesitan unos 40 días (sobre todo para aclimatarse a las alturas); no sé si en ese tiempo algunos escaladores, mientras ascienden por sus laderas, se sienten asediados por las dificultades, el cansancio o la tentación de abandonar. Habrá habido de todo, como habrá todo tipo de respuestas y reacciones mientras se arma el puzzle llamado Solenoide. Pero quien no llega a la cima o no acaba de montar el puzzle no podrá saber lo que se experimenta al final de la experiencia. Por esa razón, si tuviera que dar un consejo sobre este libro a alguien de quienes componemos el grupo de lectura del Puig Castellar, no podría ser otro que este: “Persevera, amigo, y verás recompensados tus esfuerzos”. Un poliedro no se conoce mientras no se han visto todas sus caras. Y Solenoide tiene muchas; a continuación se habla de algunas de las más evidentes.

solenoide.- Bobina cilíndrica de hilo conductor arrollado de manera que la corriente eléctrica produzca un intenso campo magnético. (DRAE)

El protagonista de esta novela es un buscador: busca en los libros y en los encuentros azarosos la llave que le permita escapar de la prisión de este mundo. Trabaja como maestro de Lengua rumana en una escuela de las afueras y vive solo en una casa en forma de barco de la calle Maica Domnului. Después de disfrutar del prodigioso efecto levitatorio que produce el solenoide enterrado en los cimientos de su casa, va localizando por casualidad los otros cinco solenoides esparcidos por Bucarest y, sobre un plano de la ciudad desgastado por el uso, coloca envoltorios de bombones para marcar la ubicación de cada uno: el Instituto de Medicina Legal Mina Minovici, la casa de Palamar, al fondo del barrio de Pantelimon, la escuela del barrio de Colentina en la que trabaja, etc. Todos estos nombres de lugares bucarestinos y otros muchos, si al principio causan extrañeza al lector foráneo, acaban resultándole familiares a fuerza de repetirse como centros de interés, pues, efectivamente, si el protagonista de la novela es el narrador (sería un error de perspectiva identificarlo totalmente con el autor, más bien se diría que es uno de sus posibles desdoblamientos), el pernicioso antagonista contra el que lucha es la ciudad de Bucarest:

“…deambulaba aturdido entre unos edificios en cuyo avanzado estado de ruina no reparaba todavía y entre transeúntes cuya melancolía no percibía. Tenía que conocer mejor esa ciudad en cuyo caos, entre el perímetro de tres cinematógrafos, habían reconstruido mis padres, procedentes del campo, su pueblo. Por eso compré el plano y lo estudié luego tardes enteras, hechizado y aterrorizado por el gran laberinto bucarestino, en avanzado estado de ruina, dibujado allí con tanta minuciosidad que podías distinguir no sólo las calles, los ríos y los lagos de los planos convencionales, sino cada edificio por separado, con sus apartamentos, sus cocinas y baños, con la mugre de las paredes, con los zapatos en el recibidor, con la ropa de los armarios, con las hilachas de la ropa y con las hebras microscópicas que forman las hilachas, y con las ramas y hojas de cada árbol, con los nervios de cada hoja y sus manchas de tanino en forma de cara, de nubes o de lejanos países africanos” (págs. 746-747).

En ese fragmento puede apreciarse la mirada penetrante del narrador, una mirada de entomólogo: capta el alma de la ciudad en toda su podredumbre y, al mismo tiempo, registra todo tipo de realidades, desde las más visibles a las aparentemente más insignificantes, los accidentes geográficos, la tristeza inmemorial de los transeúntes y la belleza escondida en las manchas de las hojas de los árboles. (Como decía Salvat-Papasseit, res no és mesquí, y Dios, el Diablo y las raíces de la poderosa escritura de Cartarescu están en los detalles.) Pero es que, además, se encuentran aquí algunas observaciones que definen la relación del personaje con su ciudad: deambulaba aturdido, hechizado y horrorizado… Este deambular solitario y aturdido en medio de la multitud es un motivo clave de la novela contemporánea ambientada en la gran urbe (así, por ejemplo, en Hambre, de Knut Hamsun, cuyo narrador protagonista busca respuestas, merodea sin rumbo por las calles de Cristianía/Oslo y se aferra a la escritura como tabla de salvación). En cuanto a sentirse hechizado y horrorizado al mismo tiempo es un estado, aparentemente contradictorio, propio de quien se siente atrapado por la complejidad de la realidad y palpa en la oscuridad del túnel buscando el camino de salida. Otras palabras icónicas que aparecen en ese fragmento: ruinas, caos, laberinto… Expresan una visión del mundo.

Barrio de Pantelimon donde vive Palamar.

El hecho de que la ciudad parezca caerse a pedazos podría conducir a una interpretación política de la novela, cuya acción principal se desarrolla básicamente durante el periodo de Ceausescu (!965-1989). Así lo recuerdan los retratos de personajes que cuelgan de las paredes de la escuela en la que trabaja el protagonista, las periódicas campañas patrióticas de recogida de botellas, la prepotencia y la ostentación de los maestros miembros del Partido Comunista, o la beligerancia con que la policía secreta persigue a los piquetistas. Es decir, los edificios ruinosos y abandonados serían una metáfora de la descomposición de un régimen corrupto e ineficiente. Pero el narrador no fomenta esta línea interpretativa con comentarios explícitos ni sobreactúa como los populistas. No duda, en cambio, en desvelar las legiones ocultas de chupópteros que, como los ácaros, parecen labrar desde el subsuelo la descomposición moral y física de la ciudad. De esas fuerzas ya le había hablado  su primer mentor, Traian, en el sanatorio de tuberculosis, cuando niño, pero el narrador no las describe hasta el final, en el momento en que quedan desarmadas y desnudas como alacranes desconcertados cuando se levanta la piedra que los cubría. Al fin y al cabo, los parásitos, como aquellos de los que habla en la primera línea (“He cogido piojos otra vez”), constituyen un elemento recurrente en toda la narración, no tanto como elementos simbólicos sino como seres vivos reales que le fascinan por su persistente y ubicua presencia, la infinita variedad de sus formas y la imposibilidad de comunicarse con ellos (como pone de manifiesto el experimento en la casa de Palamar, un verdadero y dramático viaje al corazón de los ácaros).

Los ácaros que estudia Palamar.

Palamar encarna al viejo sabio secreto, solitario y silencioso, dedicado al objeto de su estudio con una intensidad y una pasión rayanas en la demencia: igual que el alquimista capaz de experimentar en sí mismo el veneno cuya fórmula persigue, Palamar cría sarna en su propia piel para tener un mayor conocimiento de este parásito, sobre el que escribe la mayor monografía de todos los tiempos.  Además, Palamar, que hechiza por su discreción y su inquietante saber, es el verdadero padre intelectual del protagonista, aquel que lo conduce desde la distancia y trata de ayudarlo a salir del laberinto. Representa lo mismo que Virgilio representa para Dante en la Divina Comediapues si Dante se sentía extraviado en una selva oscura, el protagonista de Solenoide se encuentra extraviado entre dos realidades que se comunican entre sí hasta complementarse: la diurna (la del trabajo en la escuela, las relaciones familiares, el deambular por las calles, etc.) y la nocturna (los sueños, los miedos, el desasosiego, etc.). Con el mismo asombro con que Alicia penetra en madrigueras y traspasa espejos en los libros de Lewis Carroll, el protagonista de Solenoide recorre sótanos, túneles, pasadizos, galerías y edificios abandonados; contempla “el mundo como un enigma, como un laberinto, como una pregunta que exige imperiosamente una respuesta” (pág. 267) y va registrando minuciosamente, por si acaso, todo aquello que encuentra a su paso por desagradable, monstruoso o sórdido que parezca. Cuando cree haber encontrado alguna clave, su emoción impaciente se identifica con la de Edmond Dantés (El Conde de Montecristo) mientras escucha golpes al otro lado de la pared de su celda.  En sus recorridos por el mundo de las sombras confluye en algunos momentos con los piquetistas, esa especie de secta que se manifiesta contra el dolor y la muerte: “¡Muera la muerte!”, gritarían si sus voces no estuvieran acaparadas por un grito más desesperado y contundente todavía: “¡Socorro!” (la palabra que gritan centenares de voces a lo largo de diez páginas del libro).

Cartarescu es un explorador de los senderos luminosos y de los abismos sombríos de la mente humana. Su afición a los laberintos y a los enigmas matemáticos nos recuerda a Borges y su obsesión por los túneles oníricos, a Víctor Hugo, que sigue al Jean Valjean fugitivo por  las cloacas de París en Los miserables. Pero también a Sabato, autor de El túnel (“…en todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario, el mío”) y de Sobre héroes y tumbas, por cuyas páginas transitan los pasos angustiados de Fernando Vidal a través de los canales subterráneos de Buenos Aires. Estos y otros autores resuenan como latidos entre las páginas de Solenoide, pues en la búsqueda de respuestas, Cartarescu ha leído todos los libros posibles y algunos de ellos, hitos de su formación, aparecen citados en la novela; por ejemplo, Nietcha Nézvanova, de Dostoievski, El tábano, de Ethel L. Voynich, o los diarios de Kafka. Del libro de Dostoievski el narrador toma el ejemplo de Efimov, el violinista mediocre que le sirve de modelo de artista fracasado. De El tábano se dice que, además de haberle hecho llorar como ningún otro libro, se convirtió en “la primera pieza del motor metafísico” de su escritura. En cuanto a los diarios de Kafka, son una fuente constante de inspiración para su escritura y para su vida.

Las tentaciones de San Antonio, obra de Dalí a la que se alude en dos o tres ocasiones en la novela.

La búsqueda de un estilo propio por parte de Cartarescu es, al mismo tiempo, la búsqueda de una respuesta a las obsesiones del protagonista de Solenoide, sin que ambos, como se pone de manifiesto al hablar del fracaso del poema La caída, deban confundirse. En la noche del 24 de octubre de 1977 Cartarescu y su doble se separan literaria y vitalmente. Esa noche, el narrador protagonista, ante un público de lletraferits que se reúnen bajo el nombre de Cenáculo de la Luna, lee su primer y único mapa de su mente (pág. 40). El fracaso hunde al poeta en ciernes y le sirve de excusa para compararse con el mediocre Efimov de Dostoievski. Desde entonces, Mircea Cartarescu empieza a construir su trayectoria como novelista de éxito, pero uno de sus yoes queda maltrecho, dolido y resentido. De esa herida le supurarán centenares de páginas recogidas en cuatro cuadernos en los que incorpora el registro de algunos sueños y pesadillas  recurrentes: el manuscrito de Solenoide. Son páginas escritas por un sosias de Cartarescu, una especie de doble fracasado que se pregunta angustiosamente por el sentido de la vida, por el sentido de los sueños, por el sentido del azar y de los encuentros casuales… y por el significado del Manuscrito Voynich, el libro más misterioso de todos los libros, entre otras cosas, por estar escrito en una lengua que no ha sido descifrada.

Páginas del Manuscrito Voynich

Para Cartarescu, encontrar un estilo, su voz, representa la salvación por la palabra; para su doble, el narrador de Solenoide, la salvación finalmente no estará en la palabra, sino en la vida. Ha escrito cuatro cuadernos en los que ha ido acumulando sus reflexiones, sus miedos (“Siempre he tenido miedo, un miedo puro, surgido no de la idea del peligro, sino de la vida misma”, pág. 69) y la búsqueda del libro definitivo que podría salvarlo (por un momento cree haberlo encontrado en el Manuscrito Voynich, pero no es así). La salvación para Cartarescu puede estar en los libros, pero su doble escoge la salvación por el amor de Irina y por su hija, la pequeña Irina. Así que, efectivamente, Irina resulta ser la Beatriz que guía al doble novelístico de Cartarescu hacia la vida nueva, es decir, hacia la paternidad. El doble de Cartarescu quema sus manuscritos (el libro que estamos leyendo, Solenoide) y descubre el valor de la vida:

“Permanecería atrapado para siempre en este valle. Pero ahora sabía que no habría marchado solo, que estaba unido a través de la hermandad y el amor a todos mis semejantes, a los de la fila de la muerte, a aquellos cuya huella en este mundo se extinguiría enseguida. A los piquetistas, a mis colegas, a cada uno de los rostros que había visto alguna vez. No habría partido sin mis Irinas, que iluminaban ahora mi vida. Porque solo cuando mi manuscrito se destruyó entre las llamas empecé a sentir que tengo de verdad otra vida” (pág. 784).

Esas líneas, que se escriben después de la asombrosa desaparición de la ciudad muerta, le sirven de respuesta y de consuelo también al lector. “Permanecería atrapado”, nos dice el narrador: no hay escapatoria posible de la prisión de este mundo; la vida no está en otra parte: hay que vivirla aquí, en este mundo, en la hermandad y el amor a todos los semejantes. Ya no le hace falta seguir llevando el libro de registros de sus búsquedas, su manuscrito; por eso decide quemarlo. Parece, pues, haber leído el epígrafe inicial de la novela, las versos de Tudor Arghezi: “Amado libro, tan infecundo,/ no ofreces respuesta a ninguna pregunta” . Puestas al principio de su novela, Cartarescu parece advertir con esas palabras que un libro no es un oráculo al que haya que preguntar nada. Y para rematar esa idea, más adelante, el narrador afirma: “Un libro tiene que pedirte una respuesta” (pág. 263), es decir, que es el lector el que tiene que dar respuesta a las preguntas que el libro pueda plantear y no al revés. Con estos mimbres, el lector de la novela ya sabrá a qué atenerse cuando se le pregunte, como Irina a su amante, si prefiere el arte o la vida. La gran literatura, aunque hable de grandes tragedias, monstruosidades y dolores, siempre es una forma de afirmar la vida, de defenderla y de perpetuarla. Pues la vida es más grande que cada una de sus manifestaciones. Seguiremos hablando de Mircea Cartarescu; le debíamos una respuesta y le agradecemos la lección práctica que nos brinda en Solenoide: un autor tiene que escribir sin pretender gustar a nadie más que a sí mismo. En esa actitud, tan rara en nuestro tiempo, radican su libertad y el motivo de nuestra admiración.

Màrius Sampere, el mestre de la poesia

Màrius Sampere, el mestre de la poesia que va viure entre nosaltres

L’any 2003, l’Institut va organitzar unes jornades sobre Poesia i educació. Professors, editors, estudiosos i poetes es van aplegar, a la crida del Puig Castellar, per reflexionar sobre el gust per la poesia i com fer-lo viure en l’àmbit escolar. Vam tenir el goig i el privilegi de comptar amb la presència i les reflexions del poeta Màrius Sampere, una de les veus literàries més importants de les darreres dècades en llengua catalana i un dels poetes més reconeguts com a mestre per diferents generacions de poetes actuals.

Com a presentació del poeta, vaig escriure aquest text que ara, a poques dates de la seva mort, recullo:

“Ja fa molts anys, a Santa Coloma hi havia un fotògraf que retratava casaments, nens i nenes de primera comunió, xicots que feien el servei militar, grups familiars per al carnet de família nombrosa… Era un home molt ros, de celles espesses i amb els ulls molt blaus, que semblava d’un país del nord o de l’est. El que molt pocs sabien és que aquell fotògraf de Can Cabacés (nom de l’estudi fotogràfic del carrer Llorenç Serra) que es passava el dia entre fotos de carnet i retrats per enviar al nòvio o al “pueblo”, era poeta. I un poeta dels bons, que havia obtingut el premi Carles Riba —el més prestigiós en poesia catalana— l’any 1963 amb L’home i el límit.

Després d’aquell llibre, en vingueren d’altres i també nous premis fins que aquests darrers anys, l’obra de Màrius Sampere ha estat reconeguda com una de les més sòlides entre els poetes catalans vius. El seu mestratge és indiscutible i molts joves poetes el reconeixen com a influència i guia. Els seus darrers reculls de poemes Les imminències i  Jerarquies han estat guardonats respectivament amb els premis Ciutat de Barcelona 2002 i Premi Internacional de Poesia Laureà Mela 2003. Com a reconeixement a la seva trajectòria artística, ha rebut el Premi Nacional de Literatura 2003 concedit per la Generalitat de Catalunya.

En el cim de la seva creació, Màrius Sampere ens visita, visita novament “el seu poble”, l’escenari que emmarca alguns dels seus poemes. Com que ens hem trobat per parlar de poesia i ensenyament em sembla oportú d’esmentar la dedicatòria que em va fer al seu llibre Poemes de baixa freqüència. Era l’any 1982 i aquell llibre on apareixen el riu Besòs, la muntanya el Sanatori de l’Esperit Sant i d’altres paratges ciutadans m’havia servit en diverses ocasions per fer uns dictats diferents. Així li ho vaig dir, i la dedicatòria no pot ser més avinent per unir poesia i escola, i també per copsar el tarannà del poeta i de l’home. Diu :“Un dia vas dir-me que aquest llibre el feies servir a l’escola. Només et demano una cosa: que no renyis ningú per culpa meva.”

La petjada del poeta a Santa Coloma

Màrius Sampere va néixer a Barcelona. Badalona, Sant Adrià i Santa Coloma són també poblacions importants en la seva vida. A Badalona va desenvolupar la seva faceta creativa com a músic i lletrista en el moviment de la Nova Cançó i a Barcelona ha viscut intensament la seva darrera i més fèrtil etapa. Però és a Santa Coloma on l’espai públic recull les paraules del poeta emmarcades en llocs emblemàtics de la població com són el riu Besòs, el Turó del Pollo (Poblat Ibèric Puigcastellar) i la Font de l’Alzina.

Poema al GR, sender de gran recorregut

Si l’arbre és l’espai que germina

i l’aigua és la sang de l’espai

vetllem perquè no es pari mai

el cor de la font de l’alzina.

Aquests versos els trobarem en el pedrís que hi ha damunt la Font de l’Alzina, a la Serra de Marina

Una veu persistent

Fins i tot després d’haver guanyat el premi Carles Riba, Màrius Sampere continuava sent un poeta molt poc conegut, molt minoritari. Però ell persistia, continuava amb una veu pròpia, intensa, colpidora, sense concessions a la facilitat ni a la complaença, indòcil, com la duresa dels temps que li van tocar viure en els seus primers anys de vida.

“No puc dir que jo fos feliç, llavors; però crec que sí. Perquè era una criatura ignorant, un animalet, un ninot de cera i cotó. En realitat, un projecte de fantasma. Anava cobrant les mides i la consciència volàtil. Un esbós amb els ulls d’un blau destriat, amb cabells blanquinosos de tan rossos, amb cara de passar gana i, naturalment, de no haver viscut la meva mesura rasa.” (L’escala de cargol, llibre autobiogràfic, en prosa)

El final del segle XX i el que ha transcorregut del segle XXI han estat un període de gran creativitat i reconeixement. El 1999 li va ser atorgada la Creu de Sant Jordi, el 2003 obtingué el Premi Nacional de Literatura i el 2016, la Lletra d’Or. Home senzill, amable i bonhomiós, rebia tothom amb idèntica cordialitat, sense fer distincions per edat ni estatus de cap mena. Amic de poetes, crítics i intel·lectuals il·lustres, obria les portes de casa seva a professors amb els seus alumnes i a joves universitaris i periodistes. Objecte d’estudis de volada, d’antologies i traduccions, l’emocionaven els senzills plantejaments sobre els seus poemes exposats en un treball de recerca de batxillerat. El poeta de la veu rotunda i el mot contundent despertava com a ésser humà una simpatia i un afecte instantanis.

A casa seva, llegint poemes a uns visitants

El darrer llibre publicat (2017)

En la seva mort

Màrius Sampere ha mort a finals del mes de maig, faria 90 anys al desembre. Ja molt malalt, però amb el cap clar de sempre, deia a qui l’anava a visitar a l’hospital que sentia tot sovint la presència de “la vella dama”. Però sense donar-hi gaire importància i fer-ne cap drama; somrient, fent broma amb el “modelet” tan poc elegant amb què el podia sorprendre (la camisa hospitalària cordada pel darrera); ell, sempre tan acurat, amb els seus inseparables foulards estampats.

La seva darrera etapa ha estat un colofó gloriós a tota una vida de persistència en una forma de fer poesia sense concessions a la facilitat, sense rendir-se, personal i autèntic fins al final. Amb la vellesa, la seva obra va intensificar-se i va treure a la llum molts llibres, també en prosa. Al mateix temps, la seva figura anava creixent amb el reconeixement de diverses generacions de poetes més joves que ell que en Màrius Sampere han trobat una veu molt personal i un mestre indiscutible.

KOAN (Demiúrgia, 1996)

Em dic Màrius i vaig néixer, m’hi ajudaren

legions de dimonis, entre els quals hi havia

els meus pares, els darrers ancestres

i sens dubte els més bells. Encara me’ls estimo

i ells m’estimen a mi, em consta: bo i morts

m’aconsellen i animen. Tot això ho sé

perquè hauré de morir.

També a vosaltres

us cridaran

pel nom, un a un, i naixereu,

també us ajudaran

legions de dimonis, un dels quals seré jo.

Màrius Sampere i Passarell (28-XII-1928 / 26-V-2018)

Agustina Rico

Un piano per al Puig

Un regal d’aniversari: un piano nou per al Puig. Campanya de micromecenatge

La tècnica del piano és, en realitat, molt senzilla, però es necessiten anys per dominar-la. Glenn Gould

La tècnica neix de l’ànima. Franz Liszt

Amb el piano, em fio totalment dels sentiments. La ciència la deixo a la vida. Oscar Wilde

Quan es va construir, ara fa 50 anys, l’edifici de l’institut Puig Castellar, l’Administració educativa (Ministeri d’Educació) acostumava, feliçment, a dotar els centres públics d’ensenyament mitjà (es com es deien abans els estudis de secundària) d’una sala d’actes.

Representació a la sala d’actes de Doña Rosita la soltera de Federico García Lorca al curs 1983-1984

Des de la seva inauguració, la sala d’actes del nostre institut guarda en la seva memòria milers de bonics records: actes de benvinguda a l’alumnat i a les famílies cada inici de curs, actes de comiat de les diferents promocions acadèmiques, festivals de Nadal i Carnaval, festes solidàries per recollir diners per campanyes humanitàries, celebracions literàries de Sant Jordi, representacions teatrals, conferències, audicions musicals, projeccions cinematogràfiques, trobades d’aniversari de l’institut, homenatges (per exemple, un d’inoblidable a les Brigades Internacionals), concursos d’arts escèniques, debats, jornades didàctiques, assemblees d’estudiants, de veïns … Però moltes d’aquestes activitats no tindrien sabor si no anessin acompanyades de banda sonora i, en el nostre cas, de la música del nostre piano.

Míriam Pérez, exalumna, tocant a la sala d’actes del Puig durant una celebració la primavera del 2013

Quan algú puja a l’escenari de la sala d’actes, el primer que l’assalta en veure el piano, malgrat que no sàpiga interpretar cap melodia, és la irreprimible temptació de passar la mà per les tecles, com acaronant-les, ja que tots guardem al nostre imaginari una fotografia impossible en la qual toquem el piano una nit d’hivern… com si la música ens escalfés l’ànima i ens reconfortés de les nostres penes. Una cosa semblant al que deia el rolling Keith Richards: “John Lennon era un gran escriptor i un esperit important. De vegades m’assec al piano i em trobo tocant Imagine. I començo a recordar John [Lennon], Jimi [Hendrix], Otis [Redding]…”. Ell pensava en uns músics i nosaltres podem pensar en uns altres (potser Brahms, Chopin, Thelonious Monk…), això sempre és molt personal, és clar. En tot cas, per les aules del nostre institut han passat molts alumnes que després han trobat en la música no només una professió sinó també el sentit de la seva vida (per comprovar-ho no cal més que veure les notícies d’antics alumnes, que és un llistat molt incomplet però obert a rebre noves notícies, o sentir les peces de Música i cançons, el disc gravat fa uns anys a l’institut).

John Lennon

El cert és que ara que el nostre institut farà cinquanta anys necessitem un piano nou. Fins ara al Puig hem tingut dos pianos: un primer que va tenir una vida més curta, des de 1968 a 1983, i el que tenim des d’aleshores, un Young Chang que comença a fer-se gran i ja no fa el mateix servei.

I per això, hem buscat i n’hem trobat un de la marca Kawai (model ND21) que podria anar-nos de meravella. Necessitem, això sí, 3990 euros… i esperem tenir gent al nostre costat per aplegar aquests diners i comprar-lo abans del 27 d’octubre, dissabte, data de la inauguració dels actes del 50è aniversari (lògicament, la campanya es tancaria quan s’arribi a l’import assenyalat).

Per aconseguir-ho, una possibilitat seria que la gent del Puig —alumnes i exalumnes, professors i exprofessors, AMPA, famílies, col·laboradors i amics en  general— aportessin una petita quantitat: un euro, dos, tres, cinc, deu… Cadascú el que pugui. Els diners s’han de transferir (telemàticament, des del mòbil o l’ordinador, o des de qualsevol oficina bancària), al compte corrent de l’AMPA de l’Institut Puig Castellar al BBVA:

ES6401829324920200017138

Al full d’ingrés o de transferència heu de fer constar com a conceptes la paraula Piano i el vostre nom i cognoms. Els noms dels donants podran fer-se públics més endavant (no la quantitat donada) i, en agraïment, tots els donants tindran dret a rebre entrades per als diferents concerts que s’organitzin al Puig Castellar al llarg del curs 2018-2019, a més d’un exemplar del llibre del Cinquantenari.

Gràcies a totes les persones que ens puguin fer un cop de mà i a totes les persones que no ho facin per les raons que siguin però que igualment simpatitzen amb el nostre projecte i el recolzen.

Entre tots fem el Puig! Entre tots aconseguirem un piano nou per a l’institut!

Comissió del Cinquantenari

Més informació: 50 anys

Adreça electrònica: 50anys@elpuig.xeill.net

Cap al 50è aniversari del Puig Castellar

El 28 de març de 2014, en aquest mateix blog, publicàvem la convocatòria de celebració del 45è aniversari i recollíem diverses targetes d’aniversaris del Puig Castellar que mostraven una línia de continuïtat al llarg dels anys: la voluntat de crear vincles d’afecte entre les persones que han passat pel nostre institut (professors, alumnes, personal no docent, famílies, col·laboradors, etc.). Aquesta voluntat ens porta ara a començar a preparar amb tot el nostre entusiasme els actes de commemoració dels 50 anys del Puig Castellar previstos per al curs vinent i a col·laborar en reunions preparatòries com aquesta a la qual ens invita a assistir i a participar-hi Carles Gil, el director.

Cap al 50è aniversari del Puig Castellar

Amigues i amics de l’Institut Puig Castellar, el curs que ve, 2018-2019, l’institut farà els 50 anys. Inaugurat l’octubre del curs 1968-1969, va ser el primer institut de Santa Coloma, i durant uns quants anys, l’únic. Si la construcció d’una escola o d’un institut és sempre una molt bona notícia en tot moment i arreu del món, imagineu l’any 68 l’edificacio del primer institut de la ciutat! Des de llavors Santa Coloma va ser més ciutat: més completa, més lliure.

I que el Puig, que llavors era nou de trinca, tot solitari enmig dels terrenys polsegosos i inhòspits de can Zam, en faci 50, i hagi viscut amb tota la intensitat tant per dins, a les aules, com per fora, al seu voltant, l’adveniment de la democràcia, la transformació urbanística de la ciutat, l’obertura d’altres instituts i la creació d’una espessa i dinàmica xarxa escolar; tot això fa que aquests 50 anys del Puig no siguin uns 50 anys ordinaris, sinó una veritable efemèride educativa, cultural i ciutadana.

Per això estem preparant un seguit d’actes i activitats commemoratives que donin el ressò degut a l’aniversari i se celebri amb l’alegria, l’emoció i el just orgull que mereix, i ens adrecem a la ciutat, a la comunitat educativa i, especialment, a tots aquells ciutadans que n’han estat alumnes, pares d’alumnes, professors o treballadors, perquè col·laborin en aquesta preparació. Així, us convidem a participar el proper 18 d’abril a les 18:00 a l’institut, a una reunió per començar a preparar l’esdeveniment.

Igualment, podeu deixar la vostra suggerència o el vostre comentari a l’esdeveniment en aquest blog mateix.

Moltes gràcies.

Carles Gil

Director de l’Institut Puig Castellar

 A més dels comentaris i suggeriments que podeu deixar a continuació d’aquestes ratlles, us animem a conèixer les primeres propostes de preparació de l’esdeveniment, a difondre aquesta convocatòria entre les vostres amistats i a enviar fotografies, dibuixos, records, documents i testimonis dels anys viscuts al Puig a la següent adreça:

50anys@elpuig.xeill.net

Us hi esperem el proper18 d’abril!

Gràcies per la vostra col·laboració.

La vida difícil

El proper 21 de març, al grup de lectura del nostre institut, comentarem el llibre de relats La vida difícil, de l’escriptor i dramaturg polonès Slawomir Mrozek. Amb aquest motiu, i per anar preparant el terreny d’altres possibles comentaris, presentem ara aquest article, que havia estat ja publicat al número 3 de la revista De 14 a 20.

La sintonia entre un polac i un polonès: Pere Calders i Slawomir Mrozek 

Abans de res, saludo l’Andreu Banús i en Joan Fernàndez, fundadors i ànima de la companyia teatral colomenca El Que Ma Queda de Teatre, i exalumnes del Puig, i els dono les gràcies per haver-me fet conèixer l’obra de Mrozek a través de l’adaptació dels contes d’aquest autor polonès i la fusió que en van fer amb els de Pere Calders en la seva obra Història de polacs i polonesos, estrenada el 2001.

Andreu Banús i Joan Fernández, en un assaig al Teatre Sagarra de Santa Coloma de Gramenet, on va estrenar-se l’obra Història de polacs i polonesos

No són de la mateixa època ni van viure al mateix país, ni tenen llengües germanes però tots dos escriptors, a més de ser uns mestres del relat curt —de vegades hipercurt o microrelat com es diu darrerament— i de conrear un sorneguer sentit de l’humor, van saber el que era viure sota una fèrria dictadura política que no permetia la crítica ni tenia gaire sentit de l’humor. I tots dos van haver d’exiliar-se.

Slamowir Mrozek (1930-2013), entre joventut i maduresa

Mrozek, el polonès, és més trist i més clarament polític; Calders, el “polac”, és més costumista i surrealista. Cal explicar per als més joves que el terme “polac” (castellanisme del gentilici polonès, que és el correcte) referit a un català, en aquest cas a Pere Calders, és irònic ja que “polacos” es com es designava despectivament els catalans en èpoques no gaire llunyanes. El terme s’ha recuperat amb l’èxit de Polònia, el programa televisiu d’humor bàsicament polític.

Pere Calders (1912-1994) en la seva joventut

D’aquests dos grans narradors no recomano només un conte o uns quants sinó que en recomanaré un llibre de cada un tot esperant que siguin la porta d’entrada a la resta de les respectives obres. Són llibres breus, d’expressió i contingut concentrats, d’un minimalisme modern i precursor que comparteixen, i que els ha convertit en mestres de generacions posteriors de contistes.

Mrozek comparteix amb Calders una peculiar visió de les coses

  • Pere Calders (1912-1994), Invasió subtil i altres contes (1978)
  • Slawomir Mrozek (1930-2013), Joc d’atzar (2001)

Agustina Rico

Deu raons per llegir Lèxic Familiar

El passat mes de gener, al nostre Grup de lectura, vam comentar Lèxic familiar/Léxico familiar (1963), de Natalia Ginzburg. L’obra se situa entre la narrativa de creació, la reflexió sobre les relacions humanes i les memòries familiars. De fet, l’autora diu en moltes ocasions que escrivia sobre fets reals, amb noms autèntics, però que volia que es llegís com una novel·la. Són, doncs, unes memòries tractades amb unes llicències i una voluntat d’estil que les fan diferents del relat clàssic dels records de família. L’autora és l’escriptora, assagista, dramaturga, traductora, editora i política italiana Natalia Levi, coneguda com a Natalia Ginzburg en adoptar el cognom del seu primer marit, Leone Ginzburg, destacat intel·lectual italià antifeixista d’origen rus (de l’Ucraïna actual) mort a la presó amb només 35 anys per les tortures sofertes com a opositor al règim feixista liderat per Benito Mussolini.

Placa a la memòria de Leone a la casa on va viure

A manera de resum d’idees, plantejo una mena de “decàleg” d’aspectes de la pròpia obra o de caire lateral que fan de Lèxic familiar/Léxico familiar una obra destacable i recomanable.

  1. La descoberta d’una autora desconeguda per a molts lectors fora d’Itàlia o coneguda només de nom, oculta entre els brillants noms de poetes i novel·listes de la seva generació, amb els quals compartí amistat, idees polítiques i , en alguns casos, orígens jueus i viure a la ciutat de Torí: Italo Calvino, Giorgio Bassani (El jardí del Finzi Contini), Carlo Levi, Primo Levi, Cesare Pavese i el cineasta Pasolini, entre altres.

Pier Paolo Pasolini, Natalia Ginzburg y Giorgio Bassani

  1. La reflexió sobre les relacions humanes agafant la família com a microcosmos. En el cas de la seva, una culta família jueva de classe mitjana, amb un pater familias de forta personalitat i caràcter autoritari, destacat científic, antifeixista com la resta de la família i víctima de la repressió, com alguns dels seus fills i gendres.

El pare, Giuseppe Levi, històleg

Rita Levi-Montalcini

  1. La recerca sobre el pare de Natàlia ens porta fins a la seva col·laboradora més destacada: Rita Levi-Montalcini (Tori, 1909-Roma, 2012), científica especialitzada en neurologia, Premi Nobel (1986) pels seus descobriments en el factor de creixement nerviós. Mentre treballava amb Giuseppe Levi, Benito Mussolini implantà a Itàlia les lleis de defensa de la raça que prohibien a tota persona jueva l’accés a una carrera acadèmica o professional. En el transcurs de la Segona Guerra Mundial va continuar estudiant d’amagat en un laboratori que muntà a casa seva on treballava sobre el creixement de les fibres nervioses en embrions de pollastre.
  1. El repàs de les pàgines més negres de la història de la Itàlia del segle XX i, per extensió d’Europa. La persecució dels jueus i la repressió que va caure sobre ells en forma de discriminació, d’empresonament, d’exili, de desterrament, de tortures i de mort, totes elles viscudes per la família Levi i per famílies emparentades amb ells, com el jove enginyer Olivetti (cunyat de Natàlia i fill del propietari de la firma de màquines d’escriure; una gran fàbrica d’aquesta empresa era l’edifici que actualmente ocupa un centre comercial a la Plaça de les Glòries).

Antiga fàbrica de Hispano Olivetti al carrer Pallars del Poble Nou

La nova fàbrica Olivetti, construïda el 1942 a la Gran Via-Plaça de les Glòries. Va ser una de les més grans del món de l’empresa italiana, una de les firmes líder en màquines d’escriure fins l’arribada dels ordinadors.

  1. Encara que en el llibre no se’n fa més que una referència molt de passada, com en altres aspectes de la vida de la parella que formà Natalia amb Leone Ginzburg, sí queda prou palesa l’empremta que els va deixar el poblet de Pizzoli, als Abruzzos, on va ser desterrada la família, que ja tenia tres criatures. Com ells i tants altres, l’escriptor Carlo Levi també va ser desterrat, en el seu cas en la regió de Basilicata, al sud. L’experiència viscuda inspirà la novel·la autobiogràfica Crist s’aturà a Éboli/Cristo se paró en Éboli (1945), retrat del sud oblidat, denúncia de la misèria i l’abandonament d’un territori on, a manera de metàfora, Crist no hi va arribar.

Els Ginzburg, com Carlo Levi, van ser castigats amb el confino, desterrament a poblets remots

  1. Entre els seus amics, rememorar d’una manera especial les figures del narrador i poeta Cesare Pavese i del cineasta Pier Paolo Pasolini. Una bona ocasió per tornar a l’obra d’aquests dos enormes creadors i figures tocades per la tragèdia.

Fitxa policial de Cesare Pavese

Natalia Ginzburg és Maria de Betània a la pel·lícula Il vangelo secondo Matteo (1964) (L’evangeli segons Mateu), de Pier Paolo Pasolini

  1. La no idealització de la vida familiar. Ginzburg pulveritza el clixé de la família nombrosa feliç i, en el cas de les famílies italianes, sorollosa i riallera. A la família hi ha afinitats i distància, conflicte entre la idea de mare-maternal que agradaria a alguns fills i la mare real —més frívola i juvenil—, hi ha conflictes entre germans, dictadura paterna amb expressions verbals que avui no passarien el filtre de la correcció, i un cert isolament de Natalia. Tampoc entre les dones de la família apareixen lligams de confiança i afectivitat, cosa de la qual es queixa la mare respecte a Natalia (“no em dóna cordill”).
  1. La manca de sentit tràgic o no voler abundar en la tragèdia. Natalia Ginzburg passa de puntetes per aspectes molt íntims, especialmente curiosa és la forma com de passada en referir-se a la seva pròpia família, la parella que formà amb el seu primer marit, Leone Ginzburg, i la repressió política que el portà a la mort. És com si l’autora digués sense verbalitzar-ho que la protagonista és la família que es va trobar en venir al món, que l’accent de l’obra és als orígens.

Torí, la ciutat on viu la família en els anys de Lèxic familiar

  1. El sentit de l’humor i el costumisme com a mecanismes de defensa davant l’adversitat. En l’obra, els detalls de la vida quotidiana, fins en episodis molt durs, són agafadors on aferrar-se per no caure. La fermesa de conviccions al costat dels costums que ajuden a fer la vida més fàcil. Estil detallista i minimalista al mateix temps. Passa d’esquitllentes per passatges d’un dramatisme colpidor com l’empresonament del pare i el germà, i la mort del marit, i el propi exili, i de moments feliços com l’enamorament i relació amb el seu marit i el naixement dels seus fills. Hi ha punts de contacte amb les obres de teatre de Giorgio de Filippo, com Dissabte, diumenge i dilluns, per citar una de les que han tingut més èxit al teatre barceloní en els darrers anys.

El 1983 va ser elegida com a diputada del PCI (Partit Comunista Italià). Amb Sandro Pertini, president de la República Italiana (1978-1985)

10.  La valoració del llenguatge en el sentit més ampli, i de les parles en concret. Llengües, dialectes, parles del nord d’Italia i el propi parlar de la família formen un conglomerat indestriable del que són ells mateixos. És una d’aquelles obres que et fan conscient del que perds no podent-la llegir en tota la seva plenitud. És una obra per rememorar llocs visitats o per incentivar el desig del viatge. Milà i Torí, Palermo i Roma, Trieste, Florència, Venècia, els Abruzzos, etc. I, per qui en pugui gaudir, és una rica deu cultural i lingüística: venecià, piamontés, triestí…

Natalia Levi (Natalia Ginzburg) (Palermo, 1916-Roma, 1991)

Agustina Rico

Sobre la neutralidad de red

Estos días los medios de comunicación han explicado que el organismo regulador de las comunicaciones en EEUU, la FCC, ha decidido suspender la legislación que protegía la neutralidad de red. Legislación que había entrado en vigor durante el 2015.

En cuanto se conocieron las intenciones de la FCC de acabar con la legislación que protegía la neutralidad de red se organizó una protesta en Internet. Muchos usuarios, e incluso las personas que han creado la tecnología que se utiliza en la red, decidieron intentar que la FCC desistiera de su propósito.

No lo han logrado, pero inmediatamente después de que la FCC haya tomado su decisión ya han llegado los primeros pleitos. Por lo que está por ver qué sucederá finalmente.

¿Qué es la neutralidad de la red?

La neutralidad de red ha sido una de las características de Internet tal y como la hemos conocido desde sus orígenes. Así la legislación que entró en vigor en 2015 se hizo para proteger algo que ya existía en el funcionamiento normal de la red.

Una definición exacta y completa sobre la neutralidad de red tiene que tratar sobre muchos detalles, pero esta idea se puede expresar de manera básica al decir:

“La red es neutral cuando transporta las comunicaciones de los usuarios sin discriminar por usuario, servicio, equipo, país, o cualquier otro factor.”

Así, por ejemplo, si dos usuarios de la misma ciudad tienen acceso a Internet no resulta razonable que uno pueda enviar correos electrónicos a Tokio y otro no. O que se obligue a los usuarios a utilizar determinado equipo, SO o navegador. O que, porque quizás el proveedor de servicios que utilizan tiene interés en que accedan a su propia enciclopedia de pago, no les permita (o les dificulte) el acceso a Wikipedia.

Pero para comprender mejor qué quiere decir esto puede ayudar tener una idea de cómo funciona Internet.

Una descripción de Internet sin demasiados detalles.

Internet es una red global que presta multitud de servicios, algunos de los más conocidos son: la web, el correo electrónico, el intercambio de archivos con P2P, videoconferencia y prácticamente cualquier servicio de comunicación imaginable.

Pero esta red que se extiende por todo el mundo utiliza diferentes tipos de enlace: fibra óptica, cables submarinos, radioenlaces, enlaces satélite y también tecnologías que podemos ver en nuestras redes de área local como Ethernet o WiFi. Y por supuesto todo esto no es de un solo propietario, así que si miramos con más detalle nuestra red global descubrimos que realmente son muchas redes interconectadas.

Por ejemplo, en el siguiente esquema se pueden ver algunos de los cables submarinos que muestra la web Submarine Cable Map. Cada cable puede tener un dueño diferente y, en definitiva, es un trozo de Internet.

Cables submarinos de https://www.submarinecablemap.com/

Por todos estos enlaces se transmite el tráfico de los usuarios de Internet, tráfico que está constituido formado por unidades que se llaman paquetes IP (es decir, paquetes del Protocolo de Internet). Así cuando los usuarios acceden a la web, envían correos electrónicos o juegan en red, están transmitiendo y recibiendo paquetes IP.

Y en Internet, tal y como la conocemos hasta ahora, esos paquetes IP se mueven de extremo a extremo sin incurrir en mayores costes por la distancia recorrida y sin ningún tipo de discriminación por origen, destino, aplicación, etc… Todos reciben el mismo trato de la red y esto es lo que llamamos la neutralidad de la red.

Si la red es un conjunto de redes, ¿dónde se intercambia el tráfico entre ellas? ISPs y puntos neutros de Internet.

Para un usuario doméstico de Internet el acceso a la red se produce a través de un proveedor de servicio de Internet (Internet Service Provider, ISP). Un ISP acostumbra a ser una empresa que tiende su propia red para facturar a los clientes que se quieren abonar. Esta red es una de las que forma Internet y en ocasiones puede ser muy grande al extenderse por el territorio de todo un país, pero aún así los clientes no se abonan para comunicarse con los usuarios de esta red (o no de manera exclusiva). Porque si bien la red de un ISP puede ser grande y tener muchos contenidos, Internet aún es más grande y tiene más contenidos. Así que, en general, los usuarios se abonan al ISP para poder comunicarse con otros usuarios de Internet (que estarán o no en el mismo ISP) y conectarse a servicios de Internet (que pueden estar en cualquier parte del mundo).

Por todo esto será necesario que el tráfico del usuario se transmita por la red del ISP que ha contratado y por diferentes redes hasta llegar a su destino.

Los puntos neutros de Internet son los lugares en los que se realiza el intercambio de tráfico entre los proveedores de servicio de Internet. Se trata de una infraestructura común en la que entran en contacto diferentes redes para intercambiar tráfico de manera voluntaria. Y este tráfico se intercambia de manera neutral. Es decir, quien decide participar en un punto neutro paga por cierta capacidad de intercambio de modo que puede entregar cierta cantidad de paquetes provenientes desde su red a otros participantes del punto neutro (que están obligados a aceptarlos). Del mismo modo que él está obligado a aceptar paquetes que provienen de los otros participantes del punto neutro.

Así los paquetes pueden ir cambiando de red en red para alcanzar su destino. Y las redes intermedias no bloquean o ralentizan este tráfico que pasa por ellas porque no tenga ni origen ni destino en ellas mismas.

Por volumen de tráfico intercambiado el mayor punto neutro de Internet es DE-CIX (Alemania). Se puede consultar la estadística de tráfico intercambiado y realmente es un volumen abrumador. En el momento de escribir esto hay momentos del día en los que se intercambia tráfico a cerca de 6 Tbps.

En Barcelona está el CATNIX, mucho menor, pero su web nos ofrece:

De esta manera es posible ver que entre los participantes de CATNIX hay organizaciones tan dispares como:

  • guifi.net: Una red de telecomunicaciones común, libre y neutral que está montada por entusiastas.
  • Telefonica: Una empresa de telecomunicaciones que entre otras cosas es el mayor ISP por estas latitudes.
  • Google: Una empresa tecnológica que ofrece servicios en Internet.

Es fácil suponer que estos tres participantes tienen diferentes objetivos pero, en el CATNIX, todos intercambian tráfico de manera neutral. Ninguno bloquea, ralentiza o filtra el tráfico que le envían los demás.

Si Internet ha sido neutral y los puntos neutros forman parte de su infraestructura. ¿Quién puede querer acabar con la neutralidad de red? ¿Y por qué?

Puede haber varios motivos para atacar la neutralidad de red, y entre ellos, los económicos son los más evidentes.

La red conecta a muchos actores con diferentes papeles. Los ISPs cobran a sus clientes directos por el acceso a Internet, pero los usuarios pueden utilizar muchos servicios gratuitos (como los de Google, Facebook, etc..) o de pago (como los de Netflix, HBO, etc..). En uno y otro caso, tanto los que prestan servicios gratuitos como los que prestan servicios de pago, ganan dinero a partir de sus usuarios. De manera que los ISPs pueden caer en la tentación de creer que Internet es suya y que deben obtener una porción del beneficio que obtienen terceros que utilizan esta red.

Por ejemplo Telefonica ya cobra a sus usuarios por el acceso a Internet. Pero viendo que otras compañías que ofrecen servicios y/o contenidos ganan dinero con estos usuarios reclaman una parte.

Esto lo puede ilustrar rápidamente César Alierta cuando era presidente de Telefónica. Dejo el corte en un momento en el que afirma que las redes son suyas (y de otros ISPs) pero todo el vídeo ilustra la mar de bien lo que piensa.

Por otro lado las empresas que ofrecen servicios en Internet (Google, Facebook, Netflix, HBO, …) no están interesadas en pagar a los ISPs. Su postura puede ir desde movimientos tácticos como los de Google con Google Fiber, que allí donde está desplegado (un área extremadamente pequeña de EEUU) deja en ridículo las ofertas de otros ISPs, a la greña como en el caso de Netflix/Telefónica.

Telefónica tiene su propio servicio de series y películas, de modo que Netflix es competencia directa. Por esta razón Telefónica no ha querido llegar a acuerdos de intercambio de tráfico con Netflix sin que Netflix pague al ISP.

Pero las noticias sobre el fin de la neutralidad de red están provocadas por un cambio de legislación en EEUU. ¿Qué ha sucedido?

Pues ha sucedido que Ajit Pai, que es el presidente de la FCC que ha propuesto acabar con la legislación de protección de la neutralidad de red.

Ajit Pai, presidente de la FCC.

Ajit proviene de Verizon, uno de los ISPs más grandes de EEUU. El origen de Verizon está en la decisión judicial que obligó a AT&T a dividirse para evitar una situación monopolística. Y sí, a AT&T es a quien cita César Alierta como otro propietario de la red.

Desde el punto de vista de Verizon, que Ajit Pai defiende, es injusto que un ISP tenga que tratar todo el tráfico (incluso el de servicios rivales) con la misma velocidad. La red es suya, así que ellos deciden qué calidad (o incluso si se puede acceder) a cada servicio. ¿Os suena?

Las implicaciones son evidentes. Con neutralidad de red un usuario paga por determinado ancho de banda de acceso a Internet, pero utiliza Internet para lo que crea conveniente. No hay diferencia entre participar en Wikipedia, leer la prensa o ver vídeos, el ISP símplemente transporta el tráfico del usuario.

Pero sin neutralidad de red el acceso se puede compartimentar. Por ejemplo, el ISP portugués MEO oferta los siguientes packs:

Packs de acceso del ISP portugués MEO.

Como se puede ver por 4.99€/mes se puede disfrutar del pack MESSAGING que da acceso a unas cuantas aplicaciones de mensajería instantánea, pero no permite otro tipo de acceso. Si también se quieren ver vídeos será necesario contratar el pack VIDEO que permitirá el acceso a otros servicios.

Así ya no se trata de un acceso a Internet como el que conocemos, sino un acceso a algunos servicios de Internet.

Sin neutralidad de red el ISP decide qué tipo de acceso se obtiene en cada caso. Por ejemplo, la web de un medio que pague al proveedor puede cargar con mayor velocidad y las páginas de otros medios de comunicación pueden resultar penalizadas y obtener un mal rendimiento.

En la Internet que conocemos el usuario puede dirigirse a cualquier lugar. Sin neutralidad de red el ISP se arroga el derecho a decidir a qué se puede acceder y en qué condiciones. De modo que Internet sin neutralidad de red ya no es el espacio de participación al que estamos acostumbrados, sino el parque temático que nos ofrezca nuestro proveedor.

Enlaces:

  1. Vint Cerf, Tim Berners-Lee, and 19 other technologists pen letter asking FCC to save net neutrality.
  2. Estadísticas de tráfico en diferentes puntos neutros: DE-CIX (Frankfurt), MSK-IX (Moscú), CATNIX (Barcelona)

La balada del cafè trist

Club de lectura (20-12-21017): Reflejos en un ojo dorado. La balada del cafè trist

Comentaré aquestes dues novel·les de Carson McCullers, citant-les en castellà, la primera, en la traducció de María Campuzano (editorial Seix Barral), i en català, la segona, en la traducció de Yannick Garcia Porres (L’altra editorial), perquè són les que tinc a mà.

L’autora

Nascuda a Georgia, EEUU, es deia Lula Carson Smith, però als 13 anys, quan volia fer-se concertista de piano, va suprimir el nom i es feia dir pel cognom. A partir del seu matrimoni, als 20 anys, amb James Reeves McCullers, va adoptar el nom pel qual seria coneguda. Viuria 50 anys (del 1917 al 1967) patint des dels 15 de molt mala salut. Com veieu, celebrem el centenari del seu naixement, i amb tota la raó: les seves cinc novel·les, dues obres teatrals, narracions breus, poesia per a criatures, són d’altíssima qualitat. També hi hem de comptar les memòries, Iluminación y fulgor nocturno, de publicació pòstuma (l’autora mateixa diu que es va basar en les nombroses cartes escrites al seu marit, del qual s’havia divorciat; s’havien recasat i separat en diverses ocasions. Quan va escriure les memòries, ell ja era mort per suïcidi). Avui dia hi ha un acord ampli de públic i crítica en aquesta valoració. De fet, la seva primera novel.la, El cor és un caçador solitari, va ser admirada de seguida, però la segona, Reflejos en un ojo dorado, fou rebuda amb fredor i incomprensió, segons el seu amic i col·laborador, Tennessee Williams. Tots dos autors formen part d’un potent grup literari d’escriptors del sud dels Estats Units, dels anys 30 als 60, encapçalats per William Faulkner, i on destaca Flannery O’Connor, entre d’altres. Se’ls acusava de tractar temes “espantosos” amb personatges extrems. Potser sí que els unia o caracteritzava l’interès pel que en podríem dir el mal, a part de la focalització en la seva societat del Sud. Més que no pas l’estil, ben diferent el d’uns del d’altres: Faulkner, de frase llarga, retorçada, i de recursos formals tan atrevits com posar en boca d’un deficient mental tota la narració de la primera part de El soroll i la fúria; contraposat a l’estil concís de Carson McCullers. L’adaptació al cinema i al teatre de les seves novel·les segellen l’èxit. En concret, hi ha una famosa versió cinematogràfica de Reflejos en un ojo dorado. Tot i així l’absència de McCullers en llistes dels millors escriptors nord-americans que corren per internet tan injusta— em fa pensar que continua essent una escriptora de culte.

Els títols

Comentar dues novel·les a la vegada pot afavorir confusions, però pot tenir l’avantatge de deixar més clara la importància de la unitat estètica i de temes de l’autora tot al llarg de la seva producció, el que se’n diu la creació d’un món literari. Miraré de sortir-me’n. Em fixo en el detall dels títols. La primera novel·la, que va començar dient-se The mute (El mut), títol denotatiu que senyala el personatge principal, va ser rebatejada com El cor és un caçador solitari. Aquest preciós títol resumeix una teoria de l’amor d’arrel platònica que es desarrolla de manera manifesta en la que és considerada la seva obra mestra: La balada del cafè trist. En canvi, aquest hagués pogut ser el títol de la primera novel·la, ja que té un caire més social, més dispers i també un cafè és el punt central de trobada dels personatges. Pel que fa a Reflejos en un ojo dorado trobem la referència del títol dins la novel·la mateixa. Anacleto, un majordom filipí, arruga un paper sobre el que estava dibuixant— i el tira al foc. Mirant les flames descriu així la imatge que hi veu:

Un pavo real de una especie de verde fantasmal. Con un inmenso ojo dorado. Y en el ojo, reflejos de algo delicado y…

    Esforzándose por encontrar la palabra adecuada, levantó la mano con el pulgar y el índice unidos. Su mano formó en la pared una gran sombra, a su espalda.

     —Delicado y…

    —Grotesco —añadió Alison.

    Anacleto asintió:

    —Exacto.”

Aquí hi ha una definició de l’estètica de McCullers, que busca allò delicat, de bellesa espiritual, quasi inefable, dels anhels humans (la que veu en el foc) i l’ombra grotesca (la que es reflecteix a la paret). Això val per a tota la seva producció, però precisament en el cas de Reflejos… no hi ha personatges tradicionalment considerats grotescos pel físic, com l’excels mut de El cor… o l’enamoradís geperut i la inoblidable dona homenot de La balada… Els de Reflejos… són personatges tràgics, encara que també projecten la seva ombra grotesca de forma més subtil, més “normal”. El que vol remarcar l’autora és com pot ser de pertorbadora la normalitat, la violència soterrada que pot arribar a amagar.

El bé i el mal

Acostumem a considerar que allò que ens beneficia és un bé i allò que ens perjudica, un mal. La natura reparteix béns i mals de forma caòtica i sense cap intenció. Simplement les coses succeeixen per motius aleatoris. Per exemple, els individus poden posseir una combinació perillosa de dons (com ara ser més propensos que altres a la venjança, a patir rancúnia, ressentiment, enveja, a ser actius, dominants i tot això amb una intel·ligència mediocre) que l’impulsen a fer mal quan són contrariats. D’altres tendeixen més a la passivitat o l’altruisme radical, característiques que porten a no fer mal o a mirar d’afavorir els altres sense finalitats egoistes. La majoria potser tingui un repertori de dons més o menys equilibrats entre un extrem i l’altre. Aclareixo aquests conceptes tan comuns per descartar un enfocament metafísic, que pot ser present en Flannery O’Connor, però no en McCullers, que es manté en una perspectiva naturalista.

¿Són extremosos els personatges de Reflejos…? Recordem que aquesta és una crítica que es feia als escriptors del sud en general i va ser la raó de la freda acollida d’aquesta segona novel·la de McCullers, segons bastants crítics americans de l’època. Tots els personatges de la novel·la es fan mal, però no perquè siguin especialment dolents. Tots ells tenen algun aspecte que els eleva i els permet compartir la bellesa del món, pel seu físic, la posició social i la bona salut, els interessos intel·lectuals, la capacitat d’entrega, o per disfrutar de la música, de la naturalesa… (també el geperut de La balada… té alguna capacitat d’aquestes). El problema són més aviat les circumstàncies, tan tradicionals, tan assumides, que se’ns fa difícil veure com perverteixen els personatges. Ells fan patir o han fet mal a algú per inconsciència, per poder, perquè busquen satisfer millor els seus desitjos sexuals sense trencar cap compromís social, perquè, per l’educació que han rebut, són incapaços d’acceptar obertament la seva homosexualitat. Fins i tot el personatge que sembla no fer mal a ningú, se’l fa a si mateix (aquella horrible automutilació dels mugrons, que Alison es fa amb les tisores de podar!). Només el criat filipí de l’Alison sublima amb èxit els seus impulsos sexuals a través d’una adoració per la seva mestressa i no fa mal a ningú; es buida a si mateix en l’entrega total a un amor sense sexe. Tota la resta és tràgica. Això ens ve a dir que la societat ha volgut constrènyer la naturalesa, posant-li una mena de camises de força institucionals o morals que encara provoquen més mal del que d’una forma caòtica infligeix la natura. El que veritablement va molestar, quan aparegué l’obra, és que la autora —que llavors tenia només 24 anys— situés la tragedia en un fort militar, una institució honorable, i que ens parlés de la violència que no es veu, “la violencia que no se llama violencia y sólo se llama jerarquía o se llama matrimonio, o se llama doma o se llama roturación del terreno es tanto o más violenta que la guerra para la que los militares se preparan”, dit en paraules de Cristina Morales (pàg. 11). M’admira que una autora tan jove veiés com l’autorepressió i la jerarquia provoquen transferències o substitucions: el capità sent atracció pel comandant, que és amant de la seva dona, però evita pertorbar l’ordre desviant l’atenció i el desig cap a un soldat. El capità evita atacar la seva dona —que deu ser el que li ve de gust per esbravar la frustració per tot el que es reprimeix i per la impotència que sent amb ella— i ho fa amb el cavall d’ella: una cavalcada intensa i desbocada com un coit amb molta brega, d’èxtasi, seguida d’una sessió d’humiliació i tortura de la pobra bèstia. El final —que no explicaré— està ple de sentit en el marc tant de la jerarquía assumida, com de la teoria sobre l’amor que sosté l’autora al llarg de tota la seva producció.

A La balada… hi ha un dolent de mena, del tipus descrit al principi d’aquest apartat. Perquè no hi hagi dubte, té un germà bo, del tipus passiu (la naturalesa reparteix dons de forma desigual també entre germans). Tots dos són supervivents d’una família desgraciada i han sofert les mateixes penalitats i la mateixa sort: ser acollits per una dona bona. Només l’amor intens, actiu, que arriba a sentir el dolent de mena el transforma i el porta a fer el bé, fins que arriba el desengany de qui inverteix molt en l’amor sense èxit. El bé té, doncs, alguna oportunitat?

L’amor

L’amor és un trencacors. La teoria que està a la base de tota l’obra de McCullers segueix de molt a prop l’exposada per Plató a El Banquet . L’autora la fa explícita a La balada…:

Val a dir d’entrada que l’amor és una experiència compartida entre dues persones, però que sigui compartida no vol dir que sigui semblant per als dos implicats. Existeix l’amant i l’amat, però són de països diferents. Sovint l’amat només és l’estímul de tot l’amor acumulat que l’amant atesora en silenci des de fa temps. I en certa manera això ho sap qualsevol amant. Sent dins l’ànima que el seu amor és cosa solitària. [Recordeu aquí el títol de la seva primera novel·la:’El cor és un caçador solitari]. Coneix llavors una solitud nova i estranya i aquest coneixement és el que li causa patiment. Així que a l’amant només li queda una opció: ha de donar aixopluc dins seu tan bé com pugui a aquest amor; ha de crear tot un món interior de cap i de nou: un món intens i estrany, complet en ell mateix.”

A Reflejos… hi ha cadenes no tancades, o tancades per diferents bandes, d’amants i amats; l’amat d’un és l’amant d’un altre: la cadena trencacors. A La balada… hi ha un trio. En aquest sentit el procés de l’amor pot ser descrit amb una riquesa de recursos admirable. Está més concentrat en pocs personatges. Veiem com l’amor porta el bé. L’amant no sols cuida l’amat, sinó que crea un ambient al seu voltant, un món on l’amat s’hi senti bé. El café de la balada s’omple de vida, tot floreix mentre l’amant disfruta del objecte del seu amor i tothom se’n beneficia. La parella és grotesca: la dona homenot i el geperut d’orelles grosses. Tan se val. Aquesta relació es pot produir entre dos éssers d’edats ben diferents, de sexes iguals i afectar “a qualsevol criatura humana sobre la faç de la terra”. Quan arriba l’hora de la venjança a La balada —l’agent d’aquesta venjança és el dolent de mena— només queda l’odi i la tristesa. Tot el món creat decau, s’acaba.

El curiós és que, encara que sembla que hi surti perdent l’amant perquè la seva dependència és major i, de fet, és qui odia amb més intensitat quan l’amor s’acaba —o transfereix l’odi a la persona que li sembla culpable de la seva pèrdua— l’autora diu que tothom s’estima més ser amant. L’amat viu aclaparat per les atencions de l’amant i a vegades ni tan sols està al cas que és estimat.

L’estil

És concís, intens. Tens la sensació que no es dispersa, que sap sempre on va. Un estil fet de perspicàcia psicológica i de poder poètic i que bascula entre allò que és bell i el que és grotesc.

Exemples… un per mostrar el grau d’obsessió i d’atracció del capità per un soldat. El seguia “Y cuando el soldado entró en el cuartel, el capitán siguió sentado en su coche mirando la fachada del edificio”. Un altre per mostrar el grau de compenetració i d’entrega del filipí cap a la seva mestressa: “Anacleto preparó el medicamento de Alison y se puso a hacer muecas por ella mientras Alison lo bebía”. I encara un tercer per mostrar la capacitat de síntesi: “¿Qué se espera de un hombre que entra en el ejército? Sólo se espera de él que siga los talones que le preceden”.

La narradora ronda sovint al voltant del misteri dels impulsos humans perquè ells es resisteixen a ser “compresos” en el sentit profund de la paraula. Misteri que et pot dur a l’èxtasi i l’espant, com el sentiment que es desprèn d’aquella música que evoca la narradora al final de La balada… cantada per uns presidiaris: “És una música que eixampla el cor i qui l’escolta queda glaçat d’èxtasi i d’espant (…) ¿D’on surt aquesta brigada, que és capaç de fer una música com aquella? Doncs només són dotze mortals, set negres i cinc blancs, de la contrada. Només dotze mortals, però junts.”

I un altre aspecte important de l’estil és que sap crear intriga. De manera molt sintètica anuncia uns fets i deixa que es vagin aclarint a poc a poc posteriorment, com ara al principi de Reflejos…: “Hay en el Sur un fuerte donde, hace pocos años, se cometió un asesinato. Los participantes en esta tragedia fueron: dos oficiales, un soldado, dos mujeres, un filipino y un caballo.” ¿Oi, que agafen ganes de seguir a veure com va anar això? Doncs, afanyeu-vos a llegir el llibre.

Mercè Romaní Alfonso

Pedro Páramo

El centenario del nacimiento de un autor puede ser una ocasión propicia para leer o releer alguno de sus libros. Para leer a Juan Rulfo (1917-1986) no se necesitan excusas; si no se tiene tiempo, uno se lo inventa: releerlo es un placer garantizado. En nuestro club de lectura comentamos el último miércoles de noviembre El llano en llamas y Pedro Páramo. Dejemos escrito aquí algo de lo que allí se dijo antes de que el tiempo y la desmemoria se cobren su parte. Esos dos libros juntos no superan las 250 páginas; si a ellas se añaden las 50 de El gallo de oro (novela corta), tendremos la casi totalidad de lo que Rulfo nos dejó como herencia literaria (no hablaremos ahora, por valiosos que sean, de documentos personales como sus Cartas a Clara ni de su extraordinario legado como fotógrafo, del que damos alguna muestra más abajo).

El llano en llamas (1953) recoge diecisiete cuentos ambientados en el mundo rural del estado de Jalisco. Sus personajes son, en general, campesinos que tratan de sobrevivir en un medio hostil azuzados por la pobreza, la violencia, las supersticiones religiosas y la aspereza de la tierra, a veces con el telón de fondo de la Revolución mexicana (así, en el que da título al conjunto, “El llano en llamas”). Algunas de las historias se cuentan en primera persona (“Es que somos muy pobres”, “Macario”, “Talpa”…); otras en tercera (“El hombre”, “La noche que lo dejaron solo”..); en otros cuentos predomina el diálogo entre dos personajes y la figura del narrador queda relegada (“El día del derrumbe”, “No oyes ladrar los perros”…). En todos ellos admira el lenguaje, tocado por la gracia, la exactitud y la expresividad, como si no fuera fruto de artificio del novelista sino emanación natural del alma de cada personaje. Pero al leer la novela después de conocer estos cuentos el lector puede pensar que aunque son relatos autónomos, independientes, con un sentido en sí mismos, parecen un aperitivo o una preparación para adentrarse en el mundo de Pedro Páramo (1955), no sólo porque unos escenifiquen enfrentamientos entre padres e hijos (“Paso del norte”, “En la madrugada”, “La herencia de Matilde Arcángel”…) y otros giren en torno a la venganza como forma más inmediata de resolver conflictos (“¡Diles que no me maten!”, “Acuérdate”…), sino porque en algunos de ellos (“Nos han dado la tierra”, “Luvina”…) se entrevén la maldición, la esterilidad y la tristeza que se ciernen sobre Comala, ese infierno en la tierra en el que se desarrolla la novela.

Cuando treinta años después Rulfo visitó San Gabriel, el pueblo de Jalisco donde había transcurrido su infancia, se quedó conmocionado. El pueblo se había despoblado; había pasado de tener más de siete mil habitantes a tener unos ciento cincuenta. El olvido y la soledad parecían haberse adueñado del lugar. De esa imagen desolada y polvorienta nació en su imaginación Comala, palabra que remite a una pequeña ciudad del estado de Colima, pero también a un comal, es decir, a un plato de cerámica tradicional que se pone sobre las brasas para cocer o calentar las tortillas de maíz. Y en esa Comala imaginaria a la que llega Juan Preciado en busca de su padre sitúa Rulfo la historia de su personaje principal, Pedro Páramo, nombre y apellido igualmente cargados de significación: Pedro deriva de la palabra latina petrus, piedra, y en cuanto a un páramo, es un tipo de terreno yermo, seco y desamparado. Por eso, como ya quedamos advertidos por el título, no nos extraña que algunos de los personajes que encuentra Juan Preciado en el secarral de Comala se deshagan como si estuvieran hechos de tierra y otros se desvanezcan como si fueran de aire. Y, en fin, como los topónimos no suelen ser gratuitos y su significado originario puede servir para comprender mejor el paisaje, tampoco resultará extraño descubrir que la palabra Jalisco, de origen náhuatl, significa “en el arenal”.

La novela se compone de setenta viñetas de desigual extensión protagonizadas por distintas voces narrativas y diversos puntos de vista. Con ese desorden formal el autor nos recuerda que la complejidad de la realidad no puede abarcarse en su totalidad desde un solo ángulo. El tiempo narrativo no sigue siempre un curso lineal, sino que algunos fragmentos se intercalan sin continuidad cronológica con los anteriores. Se trata de reproducir un microcosmos social y humano violentado, roto, del que parecen faltar algunas piezas que el lector tiene que imaginar. De hecho, este tipo de estructura (aparentemente caótica, pero muy planificada) requiere una lectura más atenta y menos confiada frente a lo que dicen algunos personajes (por ejemplo, cuando se alude al supuesto matrimonio de Susana San Juan… ¿fue un hecho real o son figuraciones de ella?).

El arranque del relato no puede olvidarse: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera.” Así que ya sabemos que Juan Preciado, que no lleva el apellido paterno sino el materno (además de llamarse como el novelista), habla desde Comala (dice “vine”, no “fui”, como Rulfo había escrito inicialmente), adonde llega siete días después de la muerte de su madre. De sus palabras deducimos que nuestro narrador no parece haber sido educado en el respeto a su padre (“un tal Pedro Páramo”), y adentrándonos en la novela entenderemos por qué es esto así: Pedro Páramo le había arrebatado sus propiedades a Dolores Preciado antes de repudiarla. Además, Juan le ha prometido a su madre en el lecho de muerte que buscaría a su padre, y esas promesas suelen considerarse sagradas a poco que uno tenga dignidad. Esto nos proporciona una de los temas de la novela: la búsqueda del padre a quien no se conoce. La madre le ha imbuido a Juan la nostalgia de Comala y le ha dado su manera de ver el mundo (“Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver”) y sus recuerdos del lugar, pues le dijo: “Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche”. Y al toparnos con este pasaje resuena en la memoria la descripción del Edén en la Biblia: “Había plantado el Señor Dios desde el principio un jardín delicioso […] y en donde había hecho nacer de la tierra misma toda suerte de árboles hermosos a la vista, y de frutos suaves al paladar”. Por si no fuera bastante, para acabar de convencerlo, su madre, mientras agonizaba, le ha prometido a Juan que “allá [en Comala] me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz.” Con estos alicientes, ¿cómo podría Juan resistirse a reencontrarse con su madre en una Comala paradisíaca? De hecho, en este momento podemos empezar a dudar de qué busca Juan Preciado en Comala: ¿encontrar a su padre, recuperar el paraíso perdido donde nació o volver a escuchar la voz de su madre?

Respecto a que Comala pueda ser un paraíso perdido como su madre le había hecho creer, muy pronto conocerá Juan Preciado el gusto amargo de la desilusión. Cuando se va acercando al pueblo se cruza con un arriero, Abundio, con el que entabla conversación. Al quejarse Juan del calor asfixiante (“Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias”), el arriero le contesta con una coda cargada de humor negro: “Sí, y esto no es nada […] Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.” No, Comala no es el paraíso, sino un comal, la tapadera del infierno mismo, y Juan encontrará allí el reverso de todo lo que busca. Para empezar, ni siquiera se interesa cuando Abundio le dice que también él es hijo de Pedro Páramo, a quien define como “un rencor vivo” o, lo que es lo mismo, según sabremos más adelante, un rencor que sigue viviendo después de que quien lo  provocó y quienes lo sufrieron, como el mismo Abundio, hayan muerto. Un rencor eterno.

Tras el encuentro con ese hermano sobrevenido que le informa también de que “Pedro Páramo murió hace muchos años”, Juan Preciado, que no reacciona ante la noticia (como si no la hubiera oído o le resultara indiferente), entra en el pueblo y se sorprende de la desolación que emana. Le llama la atención que no haya niños jugando por las calles (no hay pueblo más triste que aquel que se ha quedado sin niños) y empieza a vislumbrar presencias furtivas que rehúyen el contacto; los tejados de las casas están hundidos y las puertas desvencijadas. Una mujer, Eduviges Dyada, le revela que él tenía que haber sido hijo suyo: “Pues sí, yo estuve a punto de ser tu madre. ¿Nunca te platicó [tu madre] nada de esto?”. “No. Sólo me contaba cosas buenas. De usted vine a saber por el arriero que me trajo hasta aquí, un tal Abundio.” Eduviges le cuenta cómo su madre en la noche de bodas le había pedido que la sustituyera en el lecho matrimonial, y así lo hizo sin que el marido, Pedro Páramo, advirtiera la sustitución por estar borracho. Más tarde descubrimos que todo esto Juan Preciado, muerto (de espanto) a los dos días de haber llegado a Comala, se lo está contando a alguien, ¿a quién? A Dorotea, la alcahueta, que ha sido enterrada en la misma tumba que él. A partir de ese momento ya tenemos una clave de la novela: en la conversación que van tejiendo Juan Preciado y Dorotea se van intercalando voces procedentes de otras tumbas vecinas. Y, además de esas voces de difuntos que suenan leves como murmullos (Rulfo había pensado inicialmente en titular su novela Los murmullos), se intercala cada vez con más frecuencia el relato fragmentado de un narrador omnisciente cuyo nombre no llegamos a conocer pero a quien Rulfo ha querido colocar al mismo nivel y con el mismo crédito que a sus personajes de ultratumba. La función principal de este narrador es reconstruir, desde el punto de vista de algunos de los personajes principales, diferentes etapas de la trayectoria de Pedro Páramo y retratarlo en su condición de cacique despótico y de propietario de la hacienda y de la vida de las gentes del entorno, es decir,  como un señor feudal taciturno, cruel y libidinoso. Por eso el destino de Comala y de sus habitantes depende de su arbitrio: él decide vengarse y dejar morir a Comala cuando observa que los lugareños celebran una fiesta en lugar de guardar luto por la muerte de Susana San Juan, a quien había forzado a compartir el lecho después de haberla deseado desde niño sin posibilidad de ser correspondido. Pedro Páramo no concibe vivir el duelo por Susana sin vengarse de Comala: “Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre.” Y ese pueblo muerto es el que encuentra Juan Preciado cuando llega para reclamarle su parte a Pedro Páramo: “No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro”, le había exhortado su madre.

Como pasa con todas las grandes obras, las interpretaciones y los comentarios de esta novela no pueden agotar sus significados. En cada nueva lectura, en cada nuevo comentario, acaba por descubrirse siempre algo nuevo en ella que se nos había hurtado la vez anterior. Sin tratar de enumerar todas las líneas temáticas que la recorren, nos conformaremos con señalar algunas.

Las relaciones padre-hijo aparecen bajo diferentes configuraciones. Juan Preciado y Abundio Martínez representan dos formas distintas de bastardía: el primero busca a su padre para exigirle sus derechos; el segundo, que lo conoce y lo odia, se reencuentra con él para matarlo. Asociado a esta búsqueda del padre estaría el subtema del descenso al mundo de los muertos que protagoniza Juan Preciado, aunque, de hecho, como hemos planteado más arriba, en su descenso puede entreverse una doble finalidad: ¿busca al padre o quiere sentirse más cerca de la madre? En cualquier caso, en su figura antiheroica parecen resonar, salvando las distancias, ecos remotos de otros exploradores del más allá; por ejemplo, de Ulises, que habla en el Hades con su madre, Anticlea, y de Eneas, que se reencuentra con la sombra de su padre, Anquises (Juan Preciado no regresa al mundo de los vivos, al contrario que esos personajes míticos). En cuanto al propio Pedro Páramo en relación a su padre, Lucas Páramo, representa al hijo que venga exhaustivamente el asesinato de su padre siguiendo el viejo precepto revanchista de que quien a hierro mata a hierro tiene que morir. Caso distinto es el de Miguel Páramo, éste sí reconocido y bendecido por su padre, acaso porque se parece a él en su instinto violento y en su faceta de burlador de mujeres, sean ancianas (Damiana Cisneros) o jóvenes (Ana Rentería). Su muerte prematura por accidente representa para Pedro Páramo un duro golpe pero no una circunstancia que le lleve al arrepentimiento o a un cambio de conducta. Al fin y al cabo, no debemos olvidar dos cosas: la primera, que, recién nacido Miguel, Rentería se lo lleva a Pedro Páramo (“Don Pedro, la mamá murió al alumbrarlo. Dijo que era de usted. Aquí lo tiene”), la reacción más inmediata del cacique es rechazarlo, devolverlo a quien se lo ofrece; la segunda, que, cuando se entera de que su hijo ha muerto, antes de lamentarlo quiere saber quién lo ha matado para vengarse. En las dos circunstancias se pone de manifiesto el verdadero ser de Pedro Páramo: es un depredador, no un padre amante de sus hijos.

Si los hijos varones parecen buscar al padre, en los personajes femeninos de la obra, al menos en los más destacados, funciona un sentimiento distinto: buscan un hijo más que un marido. Llama la atención que abunden las mujeres que añoran la existencia de un hijo soñado o no tenido, como Eduviges, Dorotea, Justina y Damiana, todas ellas con vocación de madres vicarias de quienes tienen más a mano, sean hombres o mujeres. Frente a ellas sorprende el espíritu puro que representa Susana San Salvador, que no parece criatura del mundo material como reconoce Pedro Páramo, y quizás por esa misma espiritualidad no parece añorar ni sentir la falta de un hijo sino que se recrea y se sacia hasta el éxtasis con Florencio, una figura masculina nacida de su imaginación y a la que Pedro Páramo no podrá nunca vencer (los fantasmas alentados por el deseo insatisfecho son imbatibles).

La identidad caciquil de Pedro Páramo recuerda la de los caudillos latinoamericanos, tan frecuentes en la literatura de aquellos países. Ejerce una poderosa atracción entre sus subordinados, sean hombres o mujeres, a quienes doblega, manipula y utiliza sin compasión. Su capataz, Fulgor Sedano, que desconfiaba de él (no creía que pudiera inspirar miedo ni respeto) y había pensado que la hacienda se hundiría a la muerte del patriarca Lucas, no tardó en rendirle su admiración al comprobar su pétrea voluntad de dominio (Pedro Páramo no necesitaba dar explicaciones para ser obedecido). Lo mismo pasa con el abogado, Gerardo, que, fascinado por la impenetrabilidad de su patrón, renuncia a marcharse de Comala y acepta seguir trapicheando y lavando los trapos sucios de los Páramo.

Otro caso de subordinación al cacique lo encarna el padre Rentería a pesar de que Miguel Páramo le matara a un hermano y violara a una sobrina suya. Rentería perdona los pecados de los poderosos pero no es capaz de darle una absolución y una esperanza a Dorotea cuando se confiesa de haber sido la alcahueta de Miguel Páramo. Sin embargo, es un personaje atormentado que tampoco consigue ser absuelto de sus pecados de encubrimiento. El papel de Rentería en la obra nos lleva a pensar en la interesada colaboración de la Iglesia con los poderosos y en el triste y servil papel de algunos de sus miembros, pero cuando se echa al monte para participar en el alzamiento de los cristeros (un movimiento populista, reaccionario y contrario al laicismo del Estado) parece inclinado a cambiar de rumbo y a romper las amarras con que lo ataba Páramo.

En cuanto a Damasio Tilcuate, matón al servicio del cacique, su intervención contribuye a hacer más visible el trasfondo político (la Revolución mexicana) en el que transcurre parte de la obra. Siguiendo las órdenes de su patrón, encabeza un pelotón de sublevados para manipularlos y ponerlos al servicio de los poderosos. Es decir, representa la revolución traicionada sobre las cuales se asienta la historia política del país.

Otra línea del argumento, nutrida de las creencias religiosas católicas pero también de tradiciones ancestrales de la cultura mexicana, la tendríamos en la presencia de las ánimas en pena que pululan por Comala, condenadas al desasosiego por no haber purgado debidamente sus faltas mientras vivían. Tienen una conciencia tan fuerte del pecado que les lleva a decir, como a la hermana de Donis, que el pecado mancha la cara y mancha el alma (“¿No me ve el pecado? ¿No ve esas manchas moradas como de jiote que me llenan de arriba abajo? Y eso es sólo por fuera; por dentro estoy hecha un mar de lodo”).

Pero, en fin, si tuviéramos que mencionar uno solo de los temas preponderantes de la novela, sin desmerecer los otros de los que venimos hablando, quizás podríamos hablar del desengaño, de tanto arraigo en la literatura clásica española, y en ese sentido podríamos recurrir una vez más al propio texto, concretamente a una parte del diálogo entre Juan Preciado y Dorotea.

“¿Qué viniste a hacer aquí?”, le pregunta Dorotea. “Ya te lo dije en un principio. Vine a buscar a Pedro Páramo, que según parece fue mi padre. Me trajo la ilusión”, contesta Juan Preciado. “¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido. Pagué con eso la deuda de encontrar a mi hijo, que no fue, por decirlo así, sino una ilusión más; porque nunca tuve ningún hijo. Ahora que estoy muerta me he dado tiempo para pensar y enterarme de todo”, replica Dorotea. Y a poco que repasemos uno por uno a los personajes veremos que todos han sido víctimas de su personal ilusión, empezando por Dolores Preciado, la madre de Juan, quien, pobre, al saber por mediación de Fulgor Sedano que Pedro Páramo quería casarse con ella, se había dicho a sí misma: “¡Qué felicidad! ¡Oh qué felicidad! Gracias, Dios, por darme a don Pedro. […] Aunque después me aborrezca”. Claro que eso lo había pensado antes de desengañarse, antes de descubrir la despiada condición de Pedro Páramo y las verdaderas razones (económicas) que lo empujaron a casarse con ella. Es decir, demasiado tarde, como ocurre con frecuencia cuando sobreviene el desengaño y ya no hay tiempo para enmendar los errores ni la oportunidad de volver atrás. Y es que ilusión es uno de los nombres que le damos a la capacidad de autoengaño. Rulfo no quería aleccionar, sin duda; eso hubiera sido demasiado primario y hubiera restado mérito a su obra. Además, nadie escarmienta en cabeza ajena; cada uno necesita escoger las ilusiones con las que mejor puede confortarse hasta que encuentren su cauce o su vacío, quién sabe. Sin embargo, ahí quedan la historia de Comala y el desengaño de Juan Preciado (y de otros personajes), que quiere marcharse del lugar a poco de haber llegado. Igual que quedan el paisaje desolado del entorno y, como una maldición bíblica, su escueta descripción: “Desde entonces la tierra se quedó baldía y como en ruinas”.

En definitiva, Rulfo consiguió con esta novela darnos el alma doliente de México y el lector, con el ánimo sobrecogido, se lo agradece cada vez que vuelve a leerla.

[Procedencia de las ilustraciones: todas las fotos en blanco y negro, menos la primera, tomada de la Enciclopedia Británica, son obra del propio Juan Rulfo; las dos pinturas (ilustraciones número 5 y 7) pertenecen a Antonio López; en cuanto a la ilustración número 3, cuyo autor es Basilio Sainz,  corresponde a Sarnago, un pueblo de Soria.]

 

Filosofia i responsabilitat política i ciutadana

El curs passat vam publicar en aquest mateix blog un Manifest per la cultura científica i tecnològica (9-1-2017) i, poc després, una altra entrada en defensa de les humanitats (Omnia tibi felicia). Ara, quan la Filosofia ocupa un paper tan secundari i menystingut al currículum acadèmic malgrat ser tan necessària per a la vida, per a l’autoconeixement i per a la formació de ciutadans cívics, ens arriba aquest manifest que reivindica la filosofia com a eina per solucionar conflictes i com a instrument teòric i pràctic “per al desenvolupament d’una societat oberta, dinàmica, justa i a l’alçada de les exigències de tolerància que les relacions personals exigeixen”.

Els grecs anomenaven dialèctica a l’art del diàleg, a l’art del raonament discursiu per tractar d’arribar a la veritat. L’estudi de la filosofia i el coneixement del que han escrit els grans filòsofs— ens proporciona mecanismes per sortir de la confusió mental, ens ajuda a pensar i a fer-nos una opinió pròpia dels assumptes, ens acostuma a gaudir del que aprenem i ens dona arguments per resoldre els conflictes. La filosofia és una invitació al diàleg, a l’ús cívic de la paraula i, en aquest sentit, res més alié a la pràctica filosòfica que els insults i el llenguatge groller que alguns usuaris de les xarxes socials fan servir als seus comentaris per atacar als adversaris ideològics.

Amb la intenció de propiciar el diàleg  (entre institucions, però també entre ciutadans) i per contribuir a resoldre la crisi política que actualment vivim a Espanya, Miquel Seguró, professor de Filosofia a la Universitat Oberta de Catalunya, ha impulsat la redacció d’aquest manifest que ha estat publicat al blog d’Humanitats de l’UOC i ha estat signat de moment per trenta-dos professionals de la Filosofia. Un manifest que considerem que ha de ser conegut i comentat pel nostre alumnat perquè, al cap i a la fi, a un altre nivell molt més petit, al nostre institut, com a tants d’altres, és coneguda des de fa temps la pràctica de la mediació i del diàleg per a la resolució de conflictes tant com és habitual recordar a classe, citant al filòsof Aristòtil, que les persones són animals polítics perquè vivim a la polis (en grec, ciutat), és a dir, en societats organitzades segons determinades normes per a l’intercanvi i la col·laboració recíproques.

Filosofia i responsabilitat política i ciutadana. Un manifest

Amb motiu de la celebració el dijous 16 de novembre del Dia Mundial de la Filosofia, assenyalem que, en moments crítics com l’actual context polític que es viu a Catalunya i al conjunt de l’Estat, el menysteniment educatiu i institucional de les humanitats, i en especial de la filosofia, es fa palesament greu.


Primer: perquè la filosofia és una aspiració a saber, i per tant implica l’obertura a nous i desconeguts espais de coneixement, al contrast de les conviccions i a la comprensió de les raons de “l’altre”. Es contraposa per pròpia idiosincràsia a posicions maximalistes i inamovibles i s’até a l’autocrítica com a principal motor d’acció reflexiva.


Segon: perquè la filosofia es conjuga amb el desenvolupament d’altres disciplines, especialment rellevants per al moment actual com són el Dret o la Ciència Política, el que la converteix en un element d’enriquiment per a totes les especialitats. Qüestions com legitimitat, legalitat, sobirania, institució pública, responsabilitat ciutadana…, en definitiva, democràcia, són temes de preocupació constant per a la reflexió filosòfica. No hi ha crítica sense praxi filosòfica.


Tercer: perquè la filosofia forma part de la vida quotidiana de les persones i de les seves relacions ciutadanes. Totes i cadascuna de les persones ens confrontem i posicionem davant les coses que succeeixen al nostre voltant, i això ja implica un procés de reflexió i de crítica reconeixible en la filosofia. És tasca de cada ciutadà i ciutadana donar resposta dels seus posicionaments i procurar dotar-se de millors i noves eines per interpretar els esdeveniments.


Quart: en democràcies avançades la vida pública exigeix de ciutadans i ciutadanes que participin de manera activa i crítica en el desenvolupament de la vida social, cultural i política del seu entorn. És obligació moral de les institucions públiques procurar i incentivar en tot cas el desenvolupament crític i actiu de la ciutadania i facilitar els seus processos de participació qualitativa. Sense això no hi ha vida democràtica ni esfera pública.


Cinquè: perquè la filosofia, en situar-se entre la consciència d’ignorància i la voluntat de coneixement, permet adoptar una actitud imaginativa i realista alhora per a la resolució de conflictes socials i una alternativa a aquelles que redueixen la complexitat a elements binaris i unívocs. En moments de crisi i de demanda de nous paradigmes de comprensió això es converteix en un bé especialment necessari.

Per tot això, sempre, però particularment avui, considerem important no deixar de recordar que la pràctica i promoció de la filosofia és un element desitjable per al desenvolupament d’una societat oberta, dinàmica, justa i a l’alçada de les exigències de tolerància que les relacions personals exigeixen.

Signants:

Miquel Seguró, Daniel Innerarity, José Antonio Pérez Tapias, Victoria Camps, Jesús Adrián Escudero, José Luis Villacañas, Anna Pagès, Manuel Fraijó, Fernando Broncano, Mar Rosàs, Manuel Cruz, Camil Ungureanu, Antonio Valdecantos, Daniel Gamper, Juan Antonio Estrada, Josep Ramoneda, Joan-Carles Mèlich, Olga Belmonte, Francesc Torralba, Félix Duque, Ivan Ortega, Rafael Argullol, Alexander Fidora, Lluís Duch, Begoña Roman, Guillem Turró, Francesc Núñez, Miguel García-Baró, Alicia García Ruiz, Adela Cortina, Javier Sádaba, Javier Gomá