Sobre la neutralidad de red

Estos días los medios de comunicación han explicado que el organismo regulador de las comunicaciones en EEUU, la FCC, ha decidido suspender la legislación que protegía la neutralidad de red. Legislación que había entrado en vigor durante el 2015.

En cuanto se conocieron las intenciones de la FCC de acabar con la legislación que protegía la neutralidad de red se organizó una protesta en Internet. Muchos usuarios, e incluso las personas que han creado la tecnología que se utiliza en la red, decidieron intentar que la FCC desistiera de su propósito.

No lo han logrado, pero inmediatamente después de que la FCC haya tomado su decisión ya han llegado los primeros pleitos. Por lo que está por ver qué sucederá finalmente.

¿Qué es la neutralidad de la red?

La neutralidad de red ha sido una de las características de Internet tal y como la hemos conocido desde sus orígenes. Así la legislación que entró en vigor en 2015 se hizo para proteger algo que ya existía en el funcionamiento normal de la red.

Una definición exacta y completa sobre la neutralidad de red tiene que tratar sobre muchos detalles, pero esta idea se puede expresar de manera básica al decir:

“La red es neutral cuando transporta las comunicaciones de los usuarios sin discriminar por usuario, servicio, equipo, país, o cualquier otro factor.”

Así, por ejemplo, si dos usuarios de la misma ciudad tienen acceso a Internet no resulta razonable que uno pueda enviar correos electrónicos a Tokio y otro no. O que se obligue a los usuarios a utilizar determinado equipo, SO o navegador. O que, porque quizás el proveedor de servicios que utilizan tiene interés en que accedan a su propia enciclopedia de pago, no les permita (o les dificulte) el acceso a Wikipedia.

Pero para comprender mejor qué quiere decir esto puede ayudar tener una idea de cómo funciona Internet.

Una descripción de Internet sin demasiados detalles.

Internet es una red global que presta multitud de servicios, algunos de los más conocidos son: la web, el correo electrónico, el intercambio de archivos con P2P, videoconferencia y prácticamente cualquier servicio de comunicación imaginable.

Pero esta red que se extiende por todo el mundo utiliza diferentes tipos de enlace: fibra óptica, cables submarinos, radioenlaces, enlaces satélite y también tecnologías que podemos ver en nuestras redes de área local como Ethernet o WiFi. Y por supuesto todo esto no es de un solo propietario, así que si miramos con más detalle nuestra red global descubrimos que realmente son muchas redes interconectadas.

Por ejemplo, en el siguiente esquema se pueden ver algunos de los cables submarinos que muestra la web Submarine Cable Map. Cada cable puede tener un dueño diferente y, en definitiva, es un trozo de Internet.

Cables submarinos de https://www.submarinecablemap.com/

Por todos estos enlaces se transmite el tráfico de los usuarios de Internet, tráfico que está constituido formado por unidades que se llaman paquetes IP (es decir, paquetes del Protocolo de Internet). Así cuando los usuarios acceden a la web, envían correos electrónicos o juegan en red, están transmitiendo y recibiendo paquetes IP.

Y en Internet, tal y como la conocemos hasta ahora, esos paquetes IP se mueven de extremo a extremo sin incurrir en mayores costes por la distancia recorrida y sin ningún tipo de discriminación por origen, destino, aplicación, etc… Todos reciben el mismo trato de la red y esto es lo que llamamos la neutralidad de la red.

Si la red es un conjunto de redes, ¿dónde se intercambia el tráfico entre ellas? ISPs y puntos neutros de Internet.

Para un usuario doméstico de Internet el acceso a la red se produce a través de un proveedor de servicio de Internet (Internet Service Provider, ISP). Un ISP acostumbra a ser una empresa que tiende su propia red para facturar a los clientes que se quieren abonar. Esta red es una de las que forma Internet y en ocasiones puede ser muy grande al extenderse por el territorio de todo un país, pero aún así los clientes no se abonan para comunicarse con los usuarios de esta red (o no de manera exclusiva). Porque si bien la red de un ISP puede ser grande y tener muchos contenidos, Internet aún es más grande y tiene más contenidos. Así que, en general, los usuarios se abonan al ISP para poder comunicarse con otros usuarios de Internet (que estarán o no en el mismo ISP) y conectarse a servicios de Internet (que pueden estar en cualquier parte del mundo).

Por todo esto será necesario que el tráfico del usuario se transmita por la red del ISP que ha contratado y por diferentes redes hasta llegar a su destino.

Los puntos neutros de Internet son los lugares en los que se realiza el intercambio de tráfico entre los proveedores de servicio de Internet. Se trata de una infraestructura común en la que entran en contacto diferentes redes para intercambiar tráfico de manera voluntaria. Y este tráfico se intercambia de manera neutral. Es decir, quien decide participar en un punto neutro paga por cierta capacidad de intercambio de modo que puede entregar cierta cantidad de paquetes provenientes desde su red a otros participantes del punto neutro (que están obligados a aceptarlos). Del mismo modo que él está obligado a aceptar paquetes que provienen de los otros participantes del punto neutro.

Así los paquetes pueden ir cambiando de red en red para alcanzar su destino. Y las redes intermedias no bloquean o ralentizan este tráfico que pasa por ellas porque no tenga ni origen ni destino en ellas mismas.

Por volumen de tráfico intercambiado el mayor punto neutro de Internet es DE-CIX (Alemania). Se puede consultar la estadística de tráfico intercambiado y realmente es un volumen abrumador. En el momento de escribir esto hay momentos del día en los que se intercambia tráfico a cerca de 6 Tbps.

En Barcelona está el CATNIX, mucho menor, pero su web nos ofrece:

De esta manera es posible ver que entre los participantes de CATNIX hay organizaciones tan dispares como:

  • guifi.net: Una red de telecomunicaciones común, libre y neutral que está montada por entusiastas.
  • Telefonica: Una empresa de telecomunicaciones que entre otras cosas es el mayor ISP por estas latitudes.
  • Google: Una empresa tecnológica que ofrece servicios en Internet.

Es fácil suponer que estos tres participantes tienen diferentes objetivos pero, en el CATNIX, todos intercambian tráfico de manera neutral. Ninguno bloquea, ralentiza o filtra el tráfico que le envían los demás.

Si Internet ha sido neutral y los puntos neutros forman parte de su infraestructura. ¿Quién puede querer acabar con la neutralidad de red? ¿Y por qué?

Puede haber varios motivos para atacar la neutralidad de red, y entre ellos, los económicos son los más evidentes.

La red conecta a muchos actores con diferentes papeles. Los ISPs cobran a sus clientes directos por el acceso a Internet, pero los usuarios pueden utilizar muchos servicios gratuitos (como los de Google, Facebook, etc..) o de pago (como los de Netflix, HBO, etc..). En uno y otro caso, tanto los que prestan servicios gratuitos como los que prestan servicios de pago, ganan dinero a partir de sus usuarios. De manera que los ISPs pueden caer en la tentación de creer que Internet es suya y que deben obtener una porción del beneficio que obtienen terceros que utilizan esta red.

Por ejemplo Telefonica ya cobra a sus usuarios por el acceso a Internet. Pero viendo que otras compañías que ofrecen servicios y/o contenidos ganan dinero con estos usuarios reclaman una parte.

Esto lo puede ilustrar rápidamente César Alierta cuando era presidente de Telefónica. Dejo el corte en un momento en el que afirma que las redes son suyas (y de otros ISPs) pero todo el vídeo ilustra la mar de bien lo que piensa.

Por otro lado las empresas que ofrecen servicios en Internet (Google, Facebook, Netflix, HBO, …) no están interesadas en pagar a los ISPs. Su postura puede ir desde movimientos tácticos como los de Google con Google Fiber, que allí donde está desplegado (un área extremadamente pequeña de EEUU) deja en ridículo las ofertas de otros ISPs, a la greña como en el caso de Netflix/Telefónica.

Telefónica tiene su propio servicio de series y películas, de modo que Netflix es competencia directa. Por esta razón Telefónica no ha querido llegar a acuerdos de intercambio de tráfico con Netflix sin que Netflix pague al ISP.

Pero las noticias sobre el fin de la neutralidad de red están provocadas por un cambio de legislación en EEUU. ¿Qué ha sucedido?

Pues ha sucedido que Ajit Pai, que es el presidente de la FCC que ha propuesto acabar con la legislación de protección de la neutralidad de red.

Ajit Pai, presidente de la FCC.

Ajit proviene de Verizon, uno de los ISPs más grandes de EEUU. El origen de Verizon está en la decisión judicial que obligó a AT&T a dividirse para evitar una situación monopolística. Y sí, a AT&T es a quien cita César Alierta como otro propietario de la red.

Desde el punto de vista de Verizon, que Ajit Pai defiende, es injusto que un ISP tenga que tratar todo el tráfico (incluso el de servicios rivales) con la misma velocidad. La red es suya, así que ellos deciden qué calidad (o incluso si se puede acceder) a cada servicio. ¿Os suena?

Las implicaciones son evidentes. Con neutralidad de red un usuario paga por determinado ancho de banda de acceso a Internet, pero utiliza Internet para lo que crea conveniente. No hay diferencia entre participar en Wikipedia, leer la prensa o ver vídeos, el ISP símplemente transporta el tráfico del usuario.

Pero sin neutralidad de red el acceso se puede compartimentar. Por ejemplo, el ISP portugués MEO oferta los siguientes packs:

Packs de acceso del ISP portugués MEO.

Como se puede ver por 4.99€/mes se puede disfrutar del pack MESSAGING que da acceso a unas cuantas aplicaciones de mensajería instantánea, pero no permite otro tipo de acceso. Si también se quieren ver vídeos será necesario contratar el pack VIDEO que permitirá el acceso a otros servicios.

Así ya no se trata de un acceso a Internet como el que conocemos, sino un acceso a algunos servicios de Internet.

Sin neutralidad de red el ISP decide qué tipo de acceso se obtiene en cada caso. Por ejemplo, la web de un medio que pague al proveedor puede cargar con mayor velocidad y las páginas de otros medios de comunicación pueden resultar penalizadas y obtener un mal rendimiento.

En la Internet que conocemos el usuario puede dirigirse a cualquier lugar. Sin neutralidad de red el ISP se arroga el derecho a decidir a qué se puede acceder y en qué condiciones. De modo que Internet sin neutralidad de red ya no es el espacio de participación al que estamos acostumbrados, sino el parque temático que nos ofrezca nuestro proveedor.

Enlaces:

  1. Vint Cerf, Tim Berners-Lee, and 19 other technologists pen letter asking FCC to save net neutrality.
  2. Estadísticas de tráfico en diferentes puntos neutros: DE-CIX (Frankfurt), MSK-IX (Moscú), CATNIX (Barcelona)

La balada del cafè trist

Club de lectura (20-12-21017): Reflejos en un ojo dorado. La balada del cafè trist

Comentaré aquestes dues novel·les de Carson McCullers, citant-les en castellà, la primera, en la traducció de María Campuzano (editorial Seix Barral), i en català, la segona, en la traducció de Yannick Garcia Porres (L’altra editorial), perquè són les que tinc a mà.

L’autora

Nascuda a Georgia, EEUU, es deia Lula Carson Smith, però als 13 anys, quan volia fer-se concertista de piano, va suprimir el nom i es feia dir pel cognom. A partir del seu matrimoni, als 20 anys, amb James Reeves McCullers, va adoptar el nom pel qual seria coneguda. Viuria 50 anys (del 1917 al 1967) patint des dels 15 de molt mala salut. Com veieu, celebrem el centenari del seu naixement, i amb tota la raó: les seves cinc novel·les, dues obres teatrals, narracions breus, poesia per a criatures, són d’altíssima qualitat. També hi hem de comptar les memòries, Iluminación y fulgor nocturno, de publicació pòstuma (l’autora mateixa diu que es va basar en les nombroses cartes escrites al seu marit, del qual s’havia divorciat; s’havien recasat i separat en diverses ocasions. Quan va escriure les memòries, ell ja era mort per suïcidi). Avui dia hi ha un acord ampli de públic i crítica en aquesta valoració. De fet, la seva primera novel.la, El cor és un caçador solitari, va ser admirada de seguida, però la segona, Reflejos en un ojo dorado, fou rebuda amb fredor i incomprensió, segons el seu amic i col·laborador, Tennessee Williams. Tots dos autors formen part d’un potent grup literari d’escriptors del sud dels Estats Units, dels anys 30 als 60, encapçalats per William Faulkner, i on destaca Flannery O’Connor, entre d’altres. Se’ls acusava de tractar temes “espantosos” amb personatges extrems. Potser sí que els unia o caracteritzava l’interès pel que en podríem dir el mal, a part de la focalització en la seva societat del Sud. Més que no pas l’estil, ben diferent el d’uns del d’altres: Faulkner, de frase llarga, retorçada, i de recursos formals tan atrevits com posar en boca d’un deficient mental tota la narració de la primera part de El soroll i la fúria; contraposat a l’estil concís de Carson McCullers. L’adaptació al cinema i al teatre de les seves novel·les segellen l’èxit. En concret, hi ha una famosa versió cinematogràfica de Reflejos en un ojo dorado. Tot i així l’absència de McCullers en llistes dels millors escriptors nord-americans que corren per internet tan injusta— em fa pensar que continua essent una escriptora de culte.

Els títols

Comentar dues novel·les a la vegada pot afavorir confusions, però pot tenir l’avantatge de deixar més clara la importància de la unitat estètica i de temes de l’autora tot al llarg de la seva producció, el que se’n diu la creació d’un món literari. Miraré de sortir-me’n. Em fixo en el detall dels títols. La primera novel·la, que va començar dient-se The mute (El mut), títol denotatiu que senyala el personatge principal, va ser rebatejada com El cor és un caçador solitari. Aquest preciós títol resumeix una teoria de l’amor d’arrel platònica que es desarrolla de manera manifesta en la que és considerada la seva obra mestra: La balada del cafè trist. En canvi, aquest hagués pogut ser el títol de la primera novel·la, ja que té un caire més social, més dispers i també un cafè és el punt central de trobada dels personatges. Pel que fa a Reflejos en un ojo dorado trobem la referència del títol dins la novel·la mateixa. Anacleto, un majordom filipí, arruga un paper sobre el que estava dibuixant— i el tira al foc. Mirant les flames descriu així la imatge que hi veu:

Un pavo real de una especie de verde fantasmal. Con un inmenso ojo dorado. Y en el ojo, reflejos de algo delicado y…

    Esforzándose por encontrar la palabra adecuada, levantó la mano con el pulgar y el índice unidos. Su mano formó en la pared una gran sombra, a su espalda.

     —Delicado y…

    —Grotesco —añadió Alison.

    Anacleto asintió:

    —Exacto.”

Aquí hi ha una definició de l’estètica de McCullers, que busca allò delicat, de bellesa espiritual, quasi inefable, dels anhels humans (la que veu en el foc) i l’ombra grotesca (la que es reflecteix a la paret). Això val per a tota la seva producció, però precisament en el cas de Reflejos… no hi ha personatges tradicionalment considerats grotescos pel físic, com l’excels mut de El cor… o l’enamoradís geperut i la inoblidable dona homenot de La balada… Els de Reflejos… són personatges tràgics, encara que també projecten la seva ombra grotesca de forma més subtil, més “normal”. El que vol remarcar l’autora és com pot ser de pertorbadora la normalitat, la violència soterrada que pot arribar a amagar.

El bé i el mal

Acostumem a considerar que allò que ens beneficia és un bé i allò que ens perjudica, un mal. La natura reparteix béns i mals de forma caòtica i sense cap intenció. Simplement les coses succeeixen per motius aleatoris. Per exemple, els individus poden posseir una combinació perillosa de dons (com ara ser més propensos que altres a la venjança, a patir rancúnia, ressentiment, enveja, a ser actius, dominants i tot això amb una intel·ligència mediocre) que l’impulsen a fer mal quan són contrariats. D’altres tendeixen més a la passivitat o l’altruisme radical, característiques que porten a no fer mal o a mirar d’afavorir els altres sense finalitats egoistes. La majoria potser tingui un repertori de dons més o menys equilibrats entre un extrem i l’altre. Aclareixo aquests conceptes tan comuns per descartar un enfocament metafísic, que pot ser present en Flannery O’Connor, però no en McCullers, que es manté en una perspectiva naturalista.

¿Són extremosos els personatges de Reflejos…? Recordem que aquesta és una crítica que es feia als escriptors del sud en general i va ser la raó de la freda acollida d’aquesta segona novel·la de McCullers, segons bastants crítics americans de l’època. Tots els personatges de la novel·la es fan mal, però no perquè siguin especialment dolents. Tots ells tenen algun aspecte que els eleva i els permet compartir la bellesa del món, pel seu físic, la posició social i la bona salut, els interessos intel·lectuals, la capacitat d’entrega, o per disfrutar de la música, de la naturalesa… (també el geperut de La balada… té alguna capacitat d’aquestes). El problema són més aviat les circumstàncies, tan tradicionals, tan assumides, que se’ns fa difícil veure com perverteixen els personatges. Ells fan patir o han fet mal a algú per inconsciència, per poder, perquè busquen satisfer millor els seus desitjos sexuals sense trencar cap compromís social, perquè, per l’educació que han rebut, són incapaços d’acceptar obertament la seva homosexualitat. Fins i tot el personatge que sembla no fer mal a ningú, se’l fa a si mateix (aquella horrible automutilació dels mugrons, que Alison es fa amb les tisores de podar!). Només el criat filipí de l’Alison sublima amb èxit els seus impulsos sexuals a través d’una adoració per la seva mestressa i no fa mal a ningú; es buida a si mateix en l’entrega total a un amor sense sexe. Tota la resta és tràgica. Això ens ve a dir que la societat ha volgut constrènyer la naturalesa, posant-li una mena de camises de força institucionals o morals que encara provoquen més mal del que d’una forma caòtica infligeix la natura. El que veritablement va molestar, quan aparegué l’obra, és que la autora —que llavors tenia només 24 anys— situés la tragedia en un fort militar, una institució honorable, i que ens parlés de la violència que no es veu, “la violencia que no se llama violencia y sólo se llama jerarquía o se llama matrimonio, o se llama doma o se llama roturación del terreno es tanto o más violenta que la guerra para la que los militares se preparan”, dit en paraules de Cristina Morales (pàg. 11). M’admira que una autora tan jove veiés com l’autorepressió i la jerarquia provoquen transferències o substitucions: el capità sent atracció pel comandant, que és amant de la seva dona, però evita pertorbar l’ordre desviant l’atenció i el desig cap a un soldat. El capità evita atacar la seva dona —que deu ser el que li ve de gust per esbravar la frustració per tot el que es reprimeix i per la impotència que sent amb ella— i ho fa amb el cavall d’ella: una cavalcada intensa i desbocada com un coit amb molta brega, d’èxtasi, seguida d’una sessió d’humiliació i tortura de la pobra bèstia. El final —que no explicaré— està ple de sentit en el marc tant de la jerarquía assumida, com de la teoria sobre l’amor que sosté l’autora al llarg de tota la seva producció.

A La balada… hi ha un dolent de mena, del tipus descrit al principi d’aquest apartat. Perquè no hi hagi dubte, té un germà bo, del tipus passiu (la naturalesa reparteix dons de forma desigual també entre germans). Tots dos són supervivents d’una família desgraciada i han sofert les mateixes penalitats i la mateixa sort: ser acollits per una dona bona. Només l’amor intens, actiu, que arriba a sentir el dolent de mena el transforma i el porta a fer el bé, fins que arriba el desengany de qui inverteix molt en l’amor sense èxit. El bé té, doncs, alguna oportunitat?

L’amor

L’amor és un trencacors. La teoria que està a la base de tota l’obra de McCullers segueix de molt a prop l’exposada per Plató a El Banquet . L’autora la fa explícita a La balada…:

Val a dir d’entrada que l’amor és una experiència compartida entre dues persones, però que sigui compartida no vol dir que sigui semblant per als dos implicats. Existeix l’amant i l’amat, però són de països diferents. Sovint l’amat només és l’estímul de tot l’amor acumulat que l’amant atesora en silenci des de fa temps. I en certa manera això ho sap qualsevol amant. Sent dins l’ànima que el seu amor és cosa solitària. [Recordeu aquí el títol de la seva primera novel·la:’El cor és un caçador solitari]. Coneix llavors una solitud nova i estranya i aquest coneixement és el que li causa patiment. Així que a l’amant només li queda una opció: ha de donar aixopluc dins seu tan bé com pugui a aquest amor; ha de crear tot un món interior de cap i de nou: un món intens i estrany, complet en ell mateix.”

A Reflejos… hi ha cadenes no tancades, o tancades per diferents bandes, d’amants i amats; l’amat d’un és l’amant d’un altre: la cadena trencacors. A La balada… hi ha un trio. En aquest sentit el procés de l’amor pot ser descrit amb una riquesa de recursos admirable. Está més concentrat en pocs personatges. Veiem com l’amor porta el bé. L’amant no sols cuida l’amat, sinó que crea un ambient al seu voltant, un món on l’amat s’hi senti bé. El café de la balada s’omple de vida, tot floreix mentre l’amant disfruta del objecte del seu amor i tothom se’n beneficia. La parella és grotesca: la dona homenot i el geperut d’orelles grosses. Tan se val. Aquesta relació es pot produir entre dos éssers d’edats ben diferents, de sexes iguals i afectar “a qualsevol criatura humana sobre la faç de la terra”. Quan arriba l’hora de la venjança a La balada —l’agent d’aquesta venjança és el dolent de mena— només queda l’odi i la tristesa. Tot el món creat decau, s’acaba.

El curiós és que, encara que sembla que hi surti perdent l’amant perquè la seva dependència és major i, de fet, és qui odia amb més intensitat quan l’amor s’acaba —o transfereix l’odi a la persona que li sembla culpable de la seva pèrdua— l’autora diu que tothom s’estima més ser amant. L’amat viu aclaparat per les atencions de l’amant i a vegades ni tan sols està al cas que és estimat.

L’estil

És concís, intens. Tens la sensació que no es dispersa, que sap sempre on va. Un estil fet de perspicàcia psicológica i de poder poètic i que bascula entre allò que és bell i el que és grotesc.

Exemples… un per mostrar el grau d’obsessió i d’atracció del capità per un soldat. El seguia “Y cuando el soldado entró en el cuartel, el capitán siguió sentado en su coche mirando la fachada del edificio”. Un altre per mostrar el grau de compenetració i d’entrega del filipí cap a la seva mestressa: “Anacleto preparó el medicamento de Alison y se puso a hacer muecas por ella mientras Alison lo bebía”. I encara un tercer per mostrar la capacitat de síntesi: “¿Qué se espera de un hombre que entra en el ejército? Sólo se espera de él que siga los talones que le preceden”.

La narradora ronda sovint al voltant del misteri dels impulsos humans perquè ells es resisteixen a ser “compresos” en el sentit profund de la paraula. Misteri que et pot dur a l’èxtasi i l’espant, com el sentiment que es desprèn d’aquella música que evoca la narradora al final de La balada… cantada per uns presidiaris: “És una música que eixampla el cor i qui l’escolta queda glaçat d’èxtasi i d’espant (…) ¿D’on surt aquesta brigada, que és capaç de fer una música com aquella? Doncs només són dotze mortals, set negres i cinc blancs, de la contrada. Només dotze mortals, però junts.”

I un altre aspecte important de l’estil és que sap crear intriga. De manera molt sintètica anuncia uns fets i deixa que es vagin aclarint a poc a poc posteriorment, com ara al principi de Reflejos…: “Hay en el Sur un fuerte donde, hace pocos años, se cometió un asesinato. Los participantes en esta tragedia fueron: dos oficiales, un soldado, dos mujeres, un filipino y un caballo.” ¿Oi, que agafen ganes de seguir a veure com va anar això? Doncs, afanyeu-vos a llegir el llibre.

Mercè Romaní Alfonso

Pedro Páramo

El centenario del nacimiento de un autor puede ser una ocasión propicia para leer o releer alguno de sus libros. Para leer a Juan Rulfo (1917-1986) no se necesitan excusas; si no se tiene tiempo, uno se lo inventa: releerlo es un placer garantizado. En nuestro club de lectura comentamos el último miércoles de noviembre El llano en llamas y Pedro Páramo. Dejemos escrito aquí algo de lo que allí se dijo antes de que el tiempo y la desmemoria se cobren su parte. Esos dos libros juntos no superan las 250 páginas; si a ellas se añaden las 50 de El gallo de oro (novela corta), tendremos la casi totalidad de lo que Rulfo nos dejó como herencia literaria (no hablaremos ahora, por valiosos que sean, de documentos personales como sus Cartas a Clara ni de su extraordinario legado como fotógrafo, del que damos alguna muestra más abajo).

El llano en llamas (1953) recoge diecisiete cuentos ambientados en el mundo rural del estado de Jalisco. Sus personajes son, en general, campesinos que tratan de sobrevivir en un medio hostil azuzados por la pobreza, la violencia, las supersticiones religiosas y la aspereza de la tierra, a veces con el telón de fondo de la Revolución mexicana (así, en el que da título al conjunto, “El llano en llamas”). Algunas de las historias se cuentan en primera persona (“Es que somos muy pobres”, “Macario”, “Talpa”…); otras en tercera (“El hombre”, “La noche que lo dejaron solo”..); en otros cuentos predomina el diálogo entre dos personajes y la figura del narrador queda relegada (“El día del derrumbe”, “No oyes ladrar los perros”…). En todos ellos admira el lenguaje, tocado por la gracia, la exactitud y la expresividad, como si no fuera fruto de artificio del novelista sino emanación natural del alma de cada personaje. Pero al leer la novela después de conocer estos cuentos el lector puede pensar que aunque son relatos autónomos, independientes, con un sentido en sí mismos, parecen un aperitivo o una preparación para adentrarse en el mundo de Pedro Páramo (1955), no sólo porque unos escenifiquen enfrentamientos entre padres e hijos (“Paso del norte”, “En la madrugada”, “La herencia de Matilde Arcángel”…) y otros giren en torno a la venganza como forma más inmediata de resolver conflictos (“¡Diles que no me maten!”, “Acuérdate”…), sino porque en algunos de ellos (“Nos han dado la tierra”, “Luvina”…) se entrevén la maldición, la esterilidad y la tristeza que se ciernen sobre Comala, ese infierno en la tierra en el que se desarrolla la novela.

Cuando treinta años después Rulfo visitó San Gabriel, el pueblo de Jalisco donde había transcurrido su infancia, se quedó conmocionado. El pueblo se había despoblado; había pasado de tener más de siete mil habitantes a tener unos ciento cincuenta. El olvido y la soledad parecían haberse adueñado del lugar. De esa imagen desolada y polvorienta nació en su imaginación Comala, palabra que remite a una pequeña ciudad del estado de Colima, pero también a un comal, es decir, a un plato de cerámica tradicional que se pone sobre las brasas para cocer o calentar las tortillas de maíz. Y en esa Comala imaginaria a la que llega Juan Preciado en busca de su padre sitúa Rulfo la historia de su personaje principal, Pedro Páramo, nombre y apellido igualmente cargados de significación: Pedro deriva de la palabra latina petrus, piedra, y en cuanto a un páramo, es un tipo de terreno yermo, seco y desamparado. Por eso, como ya quedamos advertidos por el título, no nos extraña que algunos de los personajes que encuentra Juan Preciado en el secarral de Comala se deshagan como si estuvieran hechos de tierra y otros se desvanezcan como si fueran de aire. Y, en fin, como los topónimos no suelen ser gratuitos y su significado originario puede servir para comprender mejor el paisaje, tampoco resultará extraño descubrir que la palabra Jalisco, de origen náhuatl, significa “en el arenal”.

La novela se compone de setenta viñetas de desigual extensión protagonizadas por distintas voces narrativas y diversos puntos de vista. Con ese desorden formal el autor nos recuerda que la complejidad de la realidad no puede abarcarse en su totalidad desde un solo ángulo. El tiempo narrativo no sigue siempre un curso lineal, sino que algunos fragmentos se intercalan sin continuidad cronológica con los anteriores. Se trata de reproducir un microcosmos social y humano violentado, roto, del que parecen faltar algunas piezas que el lector tiene que imaginar. De hecho, este tipo de estructura (aparentemente caótica, pero muy planificada) requiere una lectura más atenta y menos confiada frente a lo que dicen algunos personajes (por ejemplo, cuando se alude al supuesto matrimonio de Susana San Juan… ¿fue un hecho real o son figuraciones de ella?).

El arranque del relato no puede olvidarse: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera.” Así que ya sabemos que Juan Preciado, que no lleva el apellido paterno sino el materno (además de llamarse como el novelista), habla desde Comala (dice “vine”, no “fui”, como Rulfo había escrito inicialmente), adonde llega siete días después de la muerte de su madre. De sus palabras deducimos que nuestro narrador no parece haber sido educado en el respeto a su padre (“un tal Pedro Páramo”), y adentrándonos en la novela entenderemos por qué es esto así: Pedro Páramo le había arrebatado sus propiedades a Dolores Preciado antes de repudiarla. Además, Juan le ha prometido a su madre en el lecho de muerte que buscaría a su padre, y esas promesas suelen considerarse sagradas a poco que uno tenga dignidad. Esto nos proporciona una de los temas de la novela: la búsqueda del padre a quien no se conoce. La madre le ha imbuido a Juan la nostalgia de Comala y le ha dado su manera de ver el mundo (“Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver”) y sus recuerdos del lugar, pues le dijo: “Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche”. Y al toparnos con este pasaje resuena en la memoria la descripción del Edén en la Biblia: “Había plantado el Señor Dios desde el principio un jardín delicioso […] y en donde había hecho nacer de la tierra misma toda suerte de árboles hermosos a la vista, y de frutos suaves al paladar”. Por si no fuera bastante, para acabar de convencerlo, su madre, mientras agonizaba, le ha prometido a Juan que “allá [en Comala] me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz.” Con estos alicientes, ¿cómo podría Juan resistirse a reencontrarse con su madre en una Comala paradisíaca? De hecho, en este momento podemos empezar a dudar de qué busca Juan Preciado en Comala: ¿encontrar a su padre, recuperar el paraíso perdido donde nació o volver a escuchar la voz de su madre?

Respecto a que Comala pueda ser un paraíso perdido como su madre le había hecho creer, muy pronto conocerá Juan Preciado el gusto amargo de la desilusión. Cuando se va acercando al pueblo se cruza con un arriero, Abundio, con el que entabla conversación. Al quejarse Juan del calor asfixiante (“Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias”), el arriero le contesta con una coda cargada de humor negro: “Sí, y esto no es nada […] Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.” No, Comala no es el paraíso, sino un comal, la tapadera del infierno mismo, y Juan encontrará allí el reverso de todo lo que busca. Para empezar, ni siquiera se interesa cuando Abundio le dice que también él es hijo de Pedro Páramo, a quien define como “un rencor vivo” o, lo que es lo mismo, según sabremos más adelante, un rencor que sigue viviendo después de que quien lo  provocó y quienes lo sufrieron, como el mismo Abundio, hayan muerto. Un rencor eterno.

Tras el encuentro con ese hermano sobrevenido que le informa también de que “Pedro Páramo murió hace muchos años”, Juan Preciado, que no reacciona ante la noticia (como si no la hubiera oído o le resultara indiferente), entra en el pueblo y se sorprende de la desolación que emana. Le llama la atención que no haya niños jugando por las calles (no hay pueblo más triste que aquel que se ha quedado sin niños) y empieza a vislumbrar presencias furtivas que rehúyen el contacto; los tejados de las casas están hundidos y las puertas desvencijadas. Una mujer, Eduviges Dyada, le revela que él tenía que haber sido hijo suyo: “Pues sí, yo estuve a punto de ser tu madre. ¿Nunca te platicó [tu madre] nada de esto?”. “No. Sólo me contaba cosas buenas. De usted vine a saber por el arriero que me trajo hasta aquí, un tal Abundio.” Eduviges le cuenta cómo su madre en la noche de bodas le había pedido que la sustituyera en el lecho matrimonial, y así lo hizo sin que el marido, Pedro Páramo, advirtiera la sustitución por estar borracho. Más tarde descubrimos que todo esto Juan Preciado, muerto (de espanto) a los dos días de haber llegado a Comala, se lo está contando a alguien, ¿a quién? A Dorotea, la alcahueta, que ha sido enterrada en la misma tumba que él. A partir de ese momento ya tenemos una clave de la novela: en la conversación que van tejiendo Juan Preciado y Dorotea se van intercalando voces procedentes de otras tumbas vecinas. Y, además de esas voces de difuntos que suenan leves como murmullos (Rulfo había pensado inicialmente en titular su novela Los murmullos), se intercala cada vez con más frecuencia el relato fragmentado de un narrador omnisciente cuyo nombre no llegamos a conocer pero a quien Rulfo ha querido colocar al mismo nivel y con el mismo crédito que a sus personajes de ultratumba. La función principal de este narrador es reconstruir, desde el punto de vista de algunos de los personajes principales, diferentes etapas de la trayectoria de Pedro Páramo y retratarlo en su condición de cacique despótico y de propietario de la hacienda y de la vida de las gentes del entorno, es decir,  como un señor feudal taciturno, cruel y libidinoso. Por eso el destino de Comala y de sus habitantes depende de su arbitrio: él decide vengarse y dejar morir a Comala cuando observa que los lugareños celebran una fiesta en lugar de guardar luto por la muerte de Susana San Juan, a quien había forzado a compartir el lecho después de haberla deseado desde niño sin posibilidad de ser correspondido. Pedro Páramo no concibe vivir el duelo por Susana sin vengarse de Comala: “Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre.” Y ese pueblo muerto es el que encuentra Juan Preciado cuando llega para reclamarle su parte a Pedro Páramo: “No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro”, le había exhortado su madre.

Como pasa con todas las grandes obras, las interpretaciones y los comentarios de esta novela no pueden agotar sus significados. En cada nueva lectura, en cada nuevo comentario, acaba por descubrirse siempre algo nuevo en ella que se nos había hurtado la vez anterior. Sin tratar de enumerar todas las líneas temáticas que la recorren, nos conformaremos con señalar algunas.

Las relaciones padre-hijo aparecen bajo diferentes configuraciones. Juan Preciado y Abundio Martínez representan dos formas distintas de bastardía: el primero busca a su padre para exigirle sus derechos; el segundo, que lo conoce y lo odia, se reencuentra con él para matarlo. Asociado a esta búsqueda del padre estaría el subtema del descenso al mundo de los muertos que protagoniza Juan Preciado, aunque, de hecho, como hemos planteado más arriba, en su descenso puede entreverse una doble finalidad: ¿busca al padre o quiere sentirse más cerca de la madre? En cualquier caso, en su figura antiheroica parecen resonar, salvando las distancias, ecos remotos de otros exploradores del más allá; por ejemplo, de Ulises, que habla en el Hades con su madre, Anticlea, y de Eneas, que se reencuentra con la sombra de su padre, Anquises (Juan Preciado no regresa al mundo de los vivos, al contrario que esos personajes míticos). En cuanto al propio Pedro Páramo en relación a su padre, Lucas Páramo, representa al hijo que venga exhaustivamente el asesinato de su padre siguiendo el viejo precepto revanchista de que quien a hierro mata a hierro tiene que morir. Caso distinto es el de Miguel Páramo, éste sí reconocido y bendecido por su padre, acaso porque se parece a él en su instinto violento y en su faceta de burlador de mujeres, sean ancianas (Damiana Cisneros) o jóvenes (Ana Rentería). Su muerte prematura por accidente representa para Pedro Páramo un duro golpe pero no una circunstancia que le lleve al arrepentimiento o a un cambio de conducta. Al fin y al cabo, no debemos olvidar dos cosas: la primera, que, recién nacido Miguel, Rentería se lo lleva a Pedro Páramo (“Don Pedro, la mamá murió al alumbrarlo. Dijo que era de usted. Aquí lo tiene”), la reacción más inmediata del cacique es rechazarlo, devolverlo a quien se lo ofrece; la segunda, que, cuando se entera de que su hijo ha muerto, antes de lamentarlo quiere saber quién lo ha matado para vengarse. En las dos circunstancias se pone de manifiesto el verdadero ser de Pedro Páramo: es un depredador, no un padre amante de sus hijos.

Si los hijos varones parecen buscar al padre, en los personajes femeninos de la obra, al menos en los más destacados, funciona un sentimiento distinto: buscan un hijo más que un marido. Llama la atención que abunden las mujeres que añoran la existencia de un hijo soñado o no tenido, como Eduviges, Dorotea, Justina y Damiana, todas ellas con vocación de madres vicarias de quienes tienen más a mano, sean hombres o mujeres. Frente a ellas sorprende el espíritu puro que representa Susana San Salvador, que no parece criatura del mundo material como reconoce Pedro Páramo, y quizás por esa misma espiritualidad no parece añorar ni sentir la falta de un hijo sino que se recrea y se sacia hasta el éxtasis con Florencio, una figura masculina nacida de su imaginación y a la que Pedro Páramo no podrá nunca vencer (los fantasmas alentados por el deseo insatisfecho son imbatibles).

La identidad caciquil de Pedro Páramo recuerda la de los caudillos latinoamericanos, tan frecuentes en la literatura de aquellos países. Ejerce una poderosa atracción entre sus subordinados, sean hombres o mujeres, a quienes doblega, manipula y utiliza sin compasión. Su capataz, Fulgor Sedano, que desconfiaba de él (no creía que pudiera inspirar miedo ni respeto) y había pensado que la hacienda se hundiría a la muerte del patriarca Lucas, no tardó en rendirle su admiración al comprobar su pétrea voluntad de dominio (Pedro Páramo no necesitaba dar explicaciones para ser obedecido). Lo mismo pasa con el abogado, Gerardo, que, fascinado por la impenetrabilidad de su patrón, renuncia a marcharse de Comala y acepta seguir trapicheando y lavando los trapos sucios de los Páramo.

Otro caso de subordinación al cacique lo encarna el padre Rentería a pesar de que Miguel Páramo le matara a un hermano y violara a una sobrina suya. Rentería perdona los pecados de los poderosos pero no es capaz de darle una absolución y una esperanza a Dorotea cuando se confiesa de haber sido la alcahueta de Miguel Páramo. Sin embargo, es un personaje atormentado que tampoco consigue ser absuelto de sus pecados de encubrimiento. El papel de Rentería en la obra nos lleva a pensar en la interesada colaboración de la Iglesia con los poderosos y en el triste y servil papel de algunos de sus miembros, pero cuando se echa al monte para participar en el alzamiento de los cristeros (un movimiento populista, reaccionario y contrario al laicismo del Estado) parece inclinado a cambiar de rumbo y a romper las amarras con que lo ataba Páramo.

En cuanto a Damasio Tilcuate, matón al servicio del cacique, su intervención contribuye a hacer más visible el trasfondo político (la Revolución mexicana) en el que transcurre parte de la obra. Siguiendo las órdenes de su patrón, encabeza un pelotón de sublevados para manipularlos y ponerlos al servicio de los poderosos. Es decir, representa la revolución traicionada sobre las cuales se asienta la historia política del país.

Otra línea del argumento, nutrida de las creencias religiosas católicas pero también de tradiciones ancestrales de la cultura mexicana, la tendríamos en la presencia de las ánimas en pena que pululan por Comala, condenadas al desasosiego por no haber purgado debidamente sus faltas mientras vivían. Tienen una conciencia tan fuerte del pecado que les lleva a decir, como a la hermana de Donis, que el pecado mancha la cara y mancha el alma (“¿No me ve el pecado? ¿No ve esas manchas moradas como de jiote que me llenan de arriba abajo? Y eso es sólo por fuera; por dentro estoy hecha un mar de lodo”).

Pero, en fin, si tuviéramos que mencionar uno solo de los temas preponderantes de la novela, sin desmerecer los otros de los que venimos hablando, quizás podríamos hablar del desengaño, de tanto arraigo en la literatura clásica española, y en ese sentido podríamos recurrir una vez más al propio texto, concretamente a una parte del diálogo entre Juan Preciado y Dorotea.

“¿Qué viniste a hacer aquí?”, le pregunta Dorotea. “Ya te lo dije en un principio. Vine a buscar a Pedro Páramo, que según parece fue mi padre. Me trajo la ilusión”, contesta Juan Preciado. “¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido. Pagué con eso la deuda de encontrar a mi hijo, que no fue, por decirlo así, sino una ilusión más; porque nunca tuve ningún hijo. Ahora que estoy muerta me he dado tiempo para pensar y enterarme de todo”, replica Dorotea. Y a poco que repasemos uno por uno a los personajes veremos que todos han sido víctimas de su personal ilusión, empezando por Dolores Preciado, la madre de Juan, quien, pobre, al saber por mediación de Fulgor Sedano que Pedro Páramo quería casarse con ella, se había dicho a sí misma: “¡Qué felicidad! ¡Oh qué felicidad! Gracias, Dios, por darme a don Pedro. […] Aunque después me aborrezca”. Claro que eso lo había pensado antes de desengañarse, antes de descubrir la despiada condición de Pedro Páramo y las verdaderas razones (económicas) que lo empujaron a casarse con ella. Es decir, demasiado tarde, como ocurre con frecuencia cuando sobreviene el desengaño y ya no hay tiempo para enmendar los errores ni la oportunidad de volver atrás. Y es que ilusión es uno de los nombres que le damos a la capacidad de autoengaño. Rulfo no quería aleccionar, sin duda; eso hubiera sido demasiado primario y hubiera restado mérito a su obra. Además, nadie escarmienta en cabeza ajena; cada uno necesita escoger las ilusiones con las que mejor puede confortarse hasta que encuentren su cauce o su vacío, quién sabe. Sin embargo, ahí quedan la historia de Comala y el desengaño de Juan Preciado (y de otros personajes), que quiere marcharse del lugar a poco de haber llegado. Igual que quedan el paisaje desolado del entorno y, como una maldición bíblica, su escueta descripción: “Desde entonces la tierra se quedó baldía y como en ruinas”.

En definitiva, Rulfo consiguió con esta novela darnos el alma doliente de México y el lector, con el ánimo sobrecogido, se lo agradece cada vez que vuelve a leerla.

[Procedencia de las ilustraciones: todas las fotos en blanco y negro, menos la primera, tomada de la Enciclopedia Británica, son obra del propio Juan Rulfo; las dos pinturas (ilustraciones número 5 y 7) pertenecen a Antonio López; en cuanto a la ilustración número 3, cuyo autor es Basilio Sainz,  corresponde a Sarnago, un pueblo de Soria.]

 

Filosofia i responsabilitat política i ciutadana

El curs passat vam publicar en aquest mateix blog un Manifest per la cultura científica i tecnològica (9-1-2017) i, poc després, una altra entrada en defensa de les humanitats (Omnia tibi felicia). Ara, quan la Filosofia ocupa un paper tan secundari i menystingut al currículum acadèmic malgrat ser tan necessària per a la vida, per a l’autoconeixement i per a la formació de ciutadans cívics, ens arriba aquest manifest que reivindica la filosofia com a eina per solucionar conflictes i com a instrument teòric i pràctic “per al desenvolupament d’una societat oberta, dinàmica, justa i a l’alçada de les exigències de tolerància que les relacions personals exigeixen”.

Els grecs anomenaven dialèctica a l’art del diàleg, a l’art del raonament discursiu per tractar d’arribar a la veritat. L’estudi de la filosofia i el coneixement del que han escrit els grans filòsofs— ens proporciona mecanismes per sortir de la confusió mental, ens ajuda a pensar i a fer-nos una opinió pròpia dels assumptes, ens acostuma a gaudir del que aprenem i ens dona arguments per resoldre els conflictes. La filosofia és una invitació al diàleg, a l’ús cívic de la paraula i, en aquest sentit, res més alié a la pràctica filosòfica que els insults i el llenguatge groller que alguns usuaris de les xarxes socials fan servir als seus comentaris per atacar als adversaris ideològics.

Amb la intenció de propiciar el diàleg  (entre institucions, però també entre ciutadans) i per contribuir a resoldre la crisi política que actualment vivim a Espanya, Miquel Seguró, professor de Filosofia a la Universitat Oberta de Catalunya, ha impulsat la redacció d’aquest manifest que ha estat publicat al blog d’Humanitats de l’UOC i ha estat signat de moment per trenta-dos professionals de la Filosofia. Un manifest que considerem que ha de ser conegut i comentat pel nostre alumnat perquè, al cap i a la fi, a un altre nivell molt més petit, al nostre institut, com a tants d’altres, és coneguda des de fa temps la pràctica de la mediació i del diàleg per a la resolució de conflictes tant com és habitual recordar a classe, citant al filòsof Aristòtil, que les persones són animals polítics perquè vivim a la polis (en grec, ciutat), és a dir, en societats organitzades segons determinades normes per a l’intercanvi i la col·laboració recíproques.

Filosofia i responsabilitat política i ciutadana. Un manifest

Amb motiu de la celebració el dijous 16 de novembre del Dia Mundial de la Filosofia, assenyalem que, en moments crítics com l’actual context polític que es viu a Catalunya i al conjunt de l’Estat, el menysteniment educatiu i institucional de les humanitats, i en especial de la filosofia, es fa palesament greu.


Primer: perquè la filosofia és una aspiració a saber, i per tant implica l’obertura a nous i desconeguts espais de coneixement, al contrast de les conviccions i a la comprensió de les raons de “l’altre”. Es contraposa per pròpia idiosincràsia a posicions maximalistes i inamovibles i s’até a l’autocrítica com a principal motor d’acció reflexiva.


Segon: perquè la filosofia es conjuga amb el desenvolupament d’altres disciplines, especialment rellevants per al moment actual com són el Dret o la Ciència Política, el que la converteix en un element d’enriquiment per a totes les especialitats. Qüestions com legitimitat, legalitat, sobirania, institució pública, responsabilitat ciutadana…, en definitiva, democràcia, són temes de preocupació constant per a la reflexió filosòfica. No hi ha crítica sense praxi filosòfica.


Tercer: perquè la filosofia forma part de la vida quotidiana de les persones i de les seves relacions ciutadanes. Totes i cadascuna de les persones ens confrontem i posicionem davant les coses que succeeixen al nostre voltant, i això ja implica un procés de reflexió i de crítica reconeixible en la filosofia. És tasca de cada ciutadà i ciutadana donar resposta dels seus posicionaments i procurar dotar-se de millors i noves eines per interpretar els esdeveniments.


Quart: en democràcies avançades la vida pública exigeix de ciutadans i ciutadanes que participin de manera activa i crítica en el desenvolupament de la vida social, cultural i política del seu entorn. És obligació moral de les institucions públiques procurar i incentivar en tot cas el desenvolupament crític i actiu de la ciutadania i facilitar els seus processos de participació qualitativa. Sense això no hi ha vida democràtica ni esfera pública.


Cinquè: perquè la filosofia, en situar-se entre la consciència d’ignorància i la voluntat de coneixement, permet adoptar una actitud imaginativa i realista alhora per a la resolució de conflictes socials i una alternativa a aquelles que redueixen la complexitat a elements binaris i unívocs. En moments de crisi i de demanda de nous paradigmes de comprensió això es converteix en un bé especialment necessari.

Per tot això, sempre, però particularment avui, considerem important no deixar de recordar que la pràctica i promoció de la filosofia és un element desitjable per al desenvolupament d’una societat oberta, dinàmica, justa i a l’alçada de les exigències de tolerància que les relacions personals exigeixen.

Signants:

Miquel Seguró, Daniel Innerarity, José Antonio Pérez Tapias, Victoria Camps, Jesús Adrián Escudero, José Luis Villacañas, Anna Pagès, Manuel Fraijó, Fernando Broncano, Mar Rosàs, Manuel Cruz, Camil Ungureanu, Antonio Valdecantos, Daniel Gamper, Juan Antonio Estrada, Josep Ramoneda, Joan-Carles Mèlich, Olga Belmonte, Francesc Torralba, Félix Duque, Ivan Ortega, Rafael Argullol, Alexander Fidora, Lluís Duch, Begoña Roman, Guillem Turró, Francesc Núñez, Miguel García-Baró, Alicia García Ruiz, Adela Cortina, Javier Sádaba, Javier Gomá

Última lliçó d’Història

Mª Asunción Álvarez de Paz, catedràtica d’Història, s’ha jubilat recentment (el passat 30 de setembre) a l’institut Secretari Coloma de Barcelona després de quaranta anys de carrera professional (26 anys al nostre institut, el Puig Castellar). Per aquest motiu i per acomiadar-se dels seus alumnes de 2n de batxillerat del curs passat, va escriure aquesta reflexió sobre la seva matèria: l’origen de la seva vocació, el significat de la Història com a disciplina humanística, els seus objectius com a professora, etc. Pel contingut d’aquest assaig i per provenir de l’Asun, una professora molt rigorosa i molt dedicada en cos i ànima a la seva professió, considerem que ha de ser conegut pel nostre alumnat d’ara i pel d’aquells anys de quan ella exercia el seu magisteri entre nosaltres. 

Última lliçó d’Història

Per als alumnes de 2n de batxillerat de l’Institut Secretari Coloma

Tot i que encara queden alguns dies de classes i treballs, avui, però, és el darrer dia de classe “oficial”, per a vosaltres que deixeu l’institut. En vosaltres, alumnes d’aquest darrer any de treball, voldria dir adéu a tots els altres alumnes, generacions ja, a qui he impartit classe en aquests meus 40 anys de professora d’institut.

Em coneixeu i sabeu que com a professora, com a tutora també, aquest curs no ha estat fàcil per a mi. Probablement, transitem per uns temps en què no és fàcil ser professor d’institut; tal vegada, per a vosaltres, nois d‘un altre temps que ja no serà el meu, no sempre haurà estat abellidor acoblar.-vos a les meves formes i maneres, a les meves exigències i expectatives envers vosaltres. Crec, però, que tots ens mereixem aquest petit homenatge final. Un moment per compartir amb vosaltres les meves reflexions i pensaments, per acompanyar-vos també en la vostra entrada en el món universitari, moment d’il·lusions però també de temences i incerteses davant el futur que us espera. En aquest moment en vénen al pensament les paraules d’un pensador i lluitador comunista que de jove havia llegit amb emoció: “La vida és terrible, però gran”. Ell, que afirmava l’optimisme de la voluntat enfront del pessimisme de la intel·ligència sabé preservar l’esperança en els difícils anys de presó, on morí, condemnat pel feixisme, a l’edat de 47 anys; voldria rescatar per a vosaltres el seu nom: Antonio Gramsci.

Potser sempre les coses han estat així, les dificultats d’entesa entre unes i altres generacions se’ns apareix com una vella cantilena, potser no és fàcil per a nosaltres cedir el pas als joves, entendre un món que ja no serà nostre. Vivim, però, un temps on l’acceleració que jo ja percebia quan de nena esguardava el passat amb la mirada virginal de l’infant, ha atansat una velocitat ja no de creuer sinó de nau sideral; en aquestes circumstàncies, la distància entre la vida que hem tingut i la que vosaltres tindreu, m’atreviria a dir que és molt més gran que en generacions anteriors. Crec, tanmateix, que podem compartir algunes coses abans de l’adéu final.

Sabeu que, de natural, tendeixo a la classe magistral, de seguida m’embalo en les paraules i no us voldria cansar; la passió per explicar, per compartir i alhora descobrir quelcom nou mentre les paraules volen lleugeres i els alumnes escolten (hom voldria que meravellats) pot ser una passió menor però no pas per això petita. Una passió, en el meu cas, esperonada per la curiositat per saber, per l’amor al coneixement, tan necessari com l’aire per a alguns de nosaltres que no concebem la vida sense aquest alè, sense ell i sense altres coses que hi van acompanyades: l’amistat, l’amor en el sentit més ampli. En el meu cas, podria dir que aquesta ha estat la meva manera de caminar per la vida, la meva manera d’acostar-me als altres i de reconèixer-m’hi.

Coneixement i vocació intel·lectual, emoció per l’art, per la literatura, per la filosofia, i per què no, per la física, que intueix l’infinit i prova a esbrinar el misteri de les coses; coneixement que és sentiment i emoció perquè la criatura humana és / som tot u, cos i ànima, raó i intuïció, pensar és també sentir. I pensem amb tot el nostre ésser, amb aquest cos que va envellint. Pascal deia que l’home era “una canya pensant”; jo diria també “un cos pensant”, una infinitud en aquesta fragilitat del cos que som i ens embolcalla.

Voldria recordar per a vosaltres que l’institut, en aquest món dispers i apressat en què vivim, és un lloc privilegiat, un territori especial, entre altres coses perquè és l’espai on encara la cultura és una, Ciències i Lletres, Tecnologia i Humanitats. Els professors d’institut, malgrat la dispersió d’horaris i la càrrega de moltes i diverses tasques que hem anat assumint al llarg dels anys, treballem, frec a frec en el dia a dia, certament, no sempre tenim temps per impulsar treballs conjunts a partir de les diverses disciplines, però respirem el mateix aire, homes i dones de ciències i de lletres. En la meva llarga carrera professional he pogut gaudir d’enriquidores experiències conjuntes, des de setmanes i actes culturals a taules rodones, passant per obres de teatre o per l’organització d’autèntics happenings i celebracions, que han donat i donen vida als nostres instituts: com a professora he après molt dels meus companys, he fruït de la seva generositat a l’hora de compartir coneixements, d’obrir horitzons, portes i finestres a la vida que s’escola, al món que es transforma rabent i apressat i a una societat que ens planteja interrogants que no havíem imaginat, una societat que també desitjaríem més justa.

Serà aquí , a l’institut, on per darrera volta molts de vosaltres haureu treballat i us hauran interessat assignatures de ciències i de lletres, comuns o troncals que diem ara, i jo, una mica a contracorrent, voldria apostar per uns instituts del futur on el tronc comú fos encara més fort, com, si no, hauran de ser les noves generacions de joves ciutadans d’aquestes societats cada cop més complexes?

Professora d’Història, d’Història de l’Art, professora de Geografia… però hauria pogut ser també professora de Filosofia o de Llengua i, fins i tot, de Ciències Naturals… Què fou allò que em decantà per la Història? Com en tota decisió humana hi ha molt d’atzar i de dubtes, escollir suposa renunciar a altres possibles camins i alguns ho vivim com una pèrdua o si voleu com una renúncia. Probablement, jo aspirava a parar l’oïda i sentir l’alè de tantes vides anteriors a la meva, i en l’últim moment m’hi decidí davant del programa d’algunes assignatures universitàries que volien recollir les vides humils i anònimes d’obrers i camperols, d’artesans, de tants d’altres.

Hi ha, però, una anècdota molt primerenca que mostra, tal vegada, que la Història era el meu destí. Tenia uns 13 anys i en classe de Literatura a l’institut havíem de fer una redacció. Jo vaig triar la Història, allò que maldava per entendre-hi: la necessitat de comprendre els éssers que ens han precedit en la vida. En aquells dies, un tema que em preocupava era “l’expulsió dels jueus pels Reis Catòlics”, desitjava saber-ne més, com comprendre una decisió com aquella que clarament desafiava els meus sentiments humanitaris, la compassió que veia en els pares… M’hi barallava entre la necessitat de trobar-ne alguna explicació, encara que fos un besllum fugisser i la impossibilitat de copsar del tot aquella gent, aquella època.

Per això, entre totes les frases que al llargs dels anys he anat aplegant sobre la Història, frases que sobretot durant els primers anys als instituts he anat compartint amb els meus alumnes, voldria portar aquí la de l’escriptora austríaca Ingebord Bachmann (1926-1973):

“La història ensenya constantment, però no troba alumnes.”

Heus aquí la paradoxa, la necessitat de la Història i també la seva impossibilitat. Les seves aspiracions que a vegades han portat a visions massa segures i travades; “voler explicar-ho tot” “voler saber-ho tot” tal vegada, conscients, però, de la impossibilitat d’aquest empeny. En aquest sentit podria dir que em commou la Història perquè mostra en ella els mateixos límits i fragilitats, les mateixes imperfeccions de la condició humana. “Humana, massa humana”, com deia el filòsof, de la vida, de la filosofia també.

Així, no pretenc que la Història sigui mestra en el sentit clàssic i acadèmic que molts cops hem sentit, diria que ni els historiadors ni els professors d’Història hem d’anar per la vida donant lliçons (alliçonant). Defenso, però, des d’aquesta humilíssima parcel·la del coneixement, la seva necessitat com un instrument més que des de la seva especificitat ens permet acostar-nos a la complexitat d’allò humà, a la complexitat dels homes i les dones com a éssers que vivim en societat i que des de la nostra particular i col·lectiva intempèrie, cerquem explicacions, significats i sentit a allò que som i fem.

Pertanyo a una generació universitària que, en gran part, fou educada en el paradigma de la Història com una ciència social. Durant molts anys, reflexionar, doncs, sobre el caràcter de la Història ha estat en el centre de les meves preocupacions intel·lectuals, interès i preocupació que s’han perllongat durant els anys de docència a l’ensenyament mitjà. I que com ja he comentat he compartit en ocasions amb els meus alumnes.

Per caràcter, en els meus temps universitàries cercava d’alguna manera la unitat de tot coneixement i, en aquest sentit, el físic Mario Bunge, em va servir per advocar per la unitat de totes les ciències, malgrat la seva diversitat dins d’un paradigma, certament obert i flexible. Recordo també i això entronca amb la nostra formació acadèmica on la presència metodològica i filosòfica del marxisme era molt gran, les meves disquisicions en relació al tema del subjecte i l’objecte en la Història, tant des d’una perspectiva filosòfica: la relació entre la consciència dels homes i la materialitat social en què aquests viuen, com des d’una perspectiva epistemològica: la relació entre el subjecte de coneixement i el seu objecte d’estudi quan aquest estudi es refereix al mateix ésser humà. Adam Schaaf i altres autors m’acompanyaren en aquestes reflexions. I en la llunyania de l’horitzó, la presència de Marx, amb totes les seves contradiccions, l’aspiració al tot, però també els seus espurnalls de poesia, “atisbos” de la fragilitat humana que es colen en els seus escrits, el seu cervell poderós, hereu ell també d’una tradició a vegades aclaparadora, un Marx alhora tocat també per la passió. Com la passió i l’emoció es fan presents en les nostres recerques intel·lectuals? Hauria de dir que ho he viscut en la meva carn, la meva implicació afectiva, personal ha estat present en molts dels temes que he anat explorant en aquests anys, i a vegades aquesta implicació ha servit també per afuar la meva mirada, per obrir-hi camins en l’estudi.

Amb els anys, m’he anat fent més humil en relació a la Història i potser en relació a altres coneixements, sense perdre, però, el desig i la il·lusió per anar més enllà. No sempre els meus condeixebles han entès aquesta meva evolució, i en alguna ocasió se m’ha qüestionat aquest distanciament meu envers el caràcter de ciència social de la Història. Probablement totes les disciplines, les científiques i les humanístiques, haurien de bregar amb aquesta presència d’allo humà en tota recerca, una presència que, segurament és diferent en unes i a altres disciplines, físics com Steven Weinberg, autor de El somni d’una teoria final, ens recorden que la bellesa també és present en la seva cerca d’una teoria final… final.

En Història com en la vida la pregunta del per què de les coses és “notoriamente equívoca”, com recorda el mateix Weinberg, i jo, a vegades, quan explico a les meves classes, penso que no és tant el per què sinó el com allò que estic plantejant. Tal volta per tot això, m’atreu molt un marxista heterodox com Walter Benjamin, la melangia que destil·la el seu Àngel de la Història, un Àngel que esguarda cap al passat per copsar “el dolor i la devastació humanes” i que tanmateix poua en aquell passat per esbrinar el futur, un futur que se’ns fa escàpol com a redempció i que tanmateix és present en tota vida humana malgrat la nostra precarietat. Benjamin hi copsa en aquesta fragilitat fugissera ,“ com un llampec en la nit”, un bri d’esperança malgrat tot el dolor de cada vida. Tal vegada fou això el que m’acostà a la Història, l’intent de copsar tot el dolor del món, la compassió primera que ens fa reconèixer-nos en els altres. La història vindria a ser, tal vegada, una forma de pietas que va trenant l’existència dels vius a la de les generacions que ens han precedit , un gest potser com el d’enterrar els morts per anar continuant amb la nostra existència.

Per acabar, què he provat a fer com a professora d’Història? Primer de tot hauria volgut ser honesta, acostumo a comentar amb els alumnes quin és el meu punt de partida, la meva posició, la meva mirada, en relació als temes que treballem. Situo la Història amb humilitat com una via de coneixement, un saber humanístic més amb les seves especificitats. Acostumo a donar importancia també a l’element narratiu, la Història com a relat que cada generació ha d’anar construint, com un diàleg que sempre fem des del present. Hi ha però alguns requisits que caldria tenir presents, el rigor i la cura en allò que investiguem o expliquem, la prudència, sempre la prudència com a companya a l’hora d’elaborar explicacions, la importància de copsar cada moment o temps històric, en la mesura del possible en el seu context, tot defugint ( no sempre ho aconsegueixo) de la linealitat en aquest relat, voldria que l’alumne copsés, malgrat les limitacions d’aquest propòsit, que res no està escrit, que hi ha cruïlles i moments, on s’entrecreuen diverses possibilitats, perquè l’atzar que toca les nostres vides és present en el relat històric i també en la seva complexitat…

Hauria volgut que les meves classes fossin d’alguna manera un aprenentatge d’aquesta complexitat de factors, desitjaria també que els meus alumnes evitessin les explicacions simplificadores i empobridores i que s’obrissin a una diversitat d’ angles i matisos, sempre enriquidors, sense descartar, és clar, quan calgui, la presa de posició honesta i clara. Hauria volgut que no fessin seu el meu relat sinó que intentessin anar assajant les seves explicacions, amb la consciència que sempre hem d’estar oberts a nous punts de vista que cal analitzar amb rigor, un rigor que anirà nodrint un criteri propi. I tant de bo que aquest criteri els allunyi del dogmatisme sense defugir, però, les conviccions personals. Conscients ells, de la necessitat i riquesa que es deriven de la capacitat d’argumentar, d’en-raonar i dialogar. A l’encalç d’un coneixement: raó, passió i sentiment que hauria de fer-nos créixer com a ésser humans.

Hauria volgut acabar aquestes reflexions amb un recordatori de les meves arrels familiars, posar veus i cançons a les petites històries d’avis i pares: des de la Guerra de Cuba i les “guajiras” que cantava el pare, recollides de l’avi: “Cuba no debe favores a ninguna extraña tierra….” Als cants de la meva infantesa com “En el Barranco del Lobo” o el “Cant dels partisans” (del maquis), amb què em vaig estrenar en la protesta antifranquista.

Que la sort us acompanyi en la vostra vida universitària, curulla, ben segur, de belles descobertes i del do meravellós de l’amistat.

Mª Asunción Álvarez de Paz

Barcelona, 12 de maig de 2017.

Aquest article ha estat publicat al número 437 de la revista L’Avenç, setembre de 2017.

[Altres escrits de la mateixa autora a la nostra pàgina web:

 

Nadie abandona su casa por gusto

HOGAR

nadie se va de casa salvo
que la casa sea la boca de un tiburón
solo corres hacia la frontera
cuando ves a toda la ciudad corriendo también
tus vecinos corriendo más rápido que tú
aliento ensangrentado en sus gargantas
el niño con el que fuiste a la escuela
que te besó aturdido detrás de la vieja fábrica de hojalata
lleva una pistola más grande que su cuerpo
solo te vas de casa
cuando la casa no te deja quedarte.
nadie se va de casa salvo que la casa te persiga
fuego bajo los pies
sangre caliente en tu vientre
es algo que nunca pensaste que harías
hasta que la cuchilla quemó amenazas en
tu cuello
e incluso entonces llevaste el himno
entre dientes
solo rompiste el pasaporte en el baño de un aeropuerto
sollozando mientras cada bocado de papel
dejaba claro que no ibas a volver.
tienes que entender,
que nadie mete a sus hijos en un barco
salvo que el agua sea más segura que la tierra
nadie se quema las manos
bajo trenes
debajo de vagones
nadie pasa días y noches en el estómago de un camión
alimentándose de periódicos salvo que las millas recorridas
signifiquen algo más que viaje.
nadie se arrastra debajo de vallas
nadie quiere que le peguen
que sientan lástima de él
nadie elige campos de refugiados
o registros sin ropa donde te dejan
el cuerpo dolorido
o la prisión,
porque la prisión es más segura
que una ciudad de fuego
y un guardia de la prisión
en la noche
es mejor que un camión lleno
de hombres que se parecen a tu padre
nadie podría soportarlo
nadie podría aguantarlo
ninguna piel sería lo bastante dura
los
volveos a casa negros
refugiados
sucios inmigrantes
solicitantes de asilo
exprimiendo nuestro país
negratas con las manos tendidas
huelen raro
salvaje
destrozaron su país y ahora quieren
destrozar el nuestro
cómo es que las palabras
las miradas sucias
caen rodando de vuestras espaldas
quizá porque el golpe es más blando
que un miembro arrancado
o las palabras son más tiernas
que catorce hombres entre
tus piernas
o los insultos son más fáciles
de tragar
que escombros
que huesos
que tu cuerpo infantil
en pedazos.
quiero ir a casa,
pero la casa es la boca de un tiburón
la casa es el cañón de la pistola
y nadie se iría de casa
salvo que la casa te persiga hasta la costa
salvo que la casa te diga
que muevas más deprisa las piernas
deja la ropa atrás
arrástrate por el desierto
vadea los océanos
ahógate
sálvate
sé hambre
mendiga
olvida el orgullo
tu supervivencia es más importante
nadie se va de casa hasta que la casa es una voz sudorosa en el oído
que dice:
vete,
huye de mí ahora
no sé en qué me he convertido
pero sé que cualquier lugar
es más seguro que aquí.

[Traducción del inglés de Berna Wang]

Warsan Shire
Warsan Shire (1988), escritora nacida en Kenia de padres somalíes (“Nunca he estado en Somalia y soy somalí. Los poemas son para mí una forma de crear una conexión con un país en el que nunca he estado”), vive en Londres. Ha publicado los libros  Enseñando a mi madre cómo dar a luz (2011) y Her Blue Body (2015) y ha recibido el premio de Poesía Africana de la Universidad de Brunel (2013) y el primer Young Poet Laureate de Londres. Algunos de sus poemas han sido cantados por Beyoncé en su álbum Lemonade.

Avaluació objectiva i cohesió social

Diu Gregorio Luri que vivim en un clima pedagògic d’exaltació de les bones intencions i reticència a les avaluacions. I un dels mantres que no es paren de repetir en aquest clima és que cal avaluar competències i no continguts. A les primeres s’hi associa la creativitat i el sentit crític; i als segons, l’aprenentatge memorístic tipus lloro. És un punt de vista vendible però que té zones molt fosques. Empesos per un fervor renovador més proper a la literatura d’autoajuda que al rigor científic, tendim a oblidar que competències i continguts són inseparables: només pensem amb paraules i només sabem el que reté la nostra memòria.

El nostre sistema educatiu ha patit i pateix una forta pressió populista, i cal definir molt bé aquest adjectiu ara que l’establishment el fa servir per atacar tot allò que el qüestiona. És populista dir a la gent el que vol sentir sigui cert o fals. Tots els pares volen fills brillants i és populista aprovar a qui hauria de suspendre, fer entrar a batxillerat a qui ha de fer FP i obrir la universitat a qui té greus dèficits en competències bàsiques. Durant anys hem anat bé en nombre de títols superiors i malament en competències bàsiques. Malament vol dir que gairebé un terç dels llicenciats universitaris tenen una competència lectora precària. És una manera de fer-se trampes al solitari.

El rebuig a les avaluacions que aspiren a ser objectives té molt de desig d’autoengany. No es tracta de fer competir nens i centres entre ells, però si no sabem on se situa cada nen i cada centre en habilitats tan fonamentals com entendre el que llegim ens privem d’instruments imprescindibles perquè l’ensenyament obligatori compensi, fins allà on això és possible, els dèficits i els avantatges familiars.

L’actual exaltació pedagògica pot acabar en ressaca. L’autonomia de centres està fomentant un llenguatge que s’assembla massa al màrqueting i uns mètodes pedagògics que es viuen amb la fe de les teràpies homeopàtiques. Et trobes pares que passen els períodes d’inscripció en un estat de semihistèria. Els han venut, i han comprat, que entrar en aquella escola marcarà decisivament el futur dels seus fills. Ningú els diu prou i potser tampoc ho volen sentir— que res que es faci o es deixi de fer en aquell centre tindrà la importància de l’educació i la cultura que ells estan en condicions de transmetre’ls. Res comptarà tant com el temps que dediquin a parlar-hi, a escoltar-los, a fer que se sentin estimats; el temps que cap nen ha de passar sol i hipnotitzat davant les pantalles.

El gran repte de l’educació és que l’escola mantingui en marxa l’ascensor social. I em fa la impressió que aquest repte demana molt més que eliminar llibres de text, treballar per projectes o partir de la curiositat de cada nen. Demana primer mitjançant una avaluació rigorosa i objectiva— detectar on són els centres i els alumnes que s’estan quedant enrere, i posar-hi després tots els mitjans professionals i materials necessaris perquè no condemnin ni estiguin condemnats al fracàs.

Albert Pla Nualart

[“Avaluació objectiva i cohesió social”, article d’opinió publicat al diari Ara, 17 de juny de 2017, per Albert Pla Nualart (Barcelona, 1959), autor dels llibres Un tast de catalàAixò del català.]

Curial e Güelfa avui

Un dia de febrer va saltar la notícia:  “Han trobat l’autor de la novel.la cavalleresca Curial e Güelfa (1445-1448). Desapareix el “misteri” de la seva creació.” I de seguida van arribar els comentaris entre companys que ens hem passat la vida explicant llengua i literatura. Comentaris com aquest, en broma però molt de veres: “Ara els nanos hauran d’estudiar un altre autor, en el cas que algú estudiï història de la literatura.” I aquí hi ha el quid de la qüestió, en la segona part de la frase: en cas que a algú li interessin obres com aquesta més enllà de l’àmbit de l’erudició i la investigació. La sorpresa de la troballa i la identitat i personalitat de l’autor tenen, sens dubte, interès periodístic. Els diaris i alguns espais informatius a ràdio i televisió han reconegut el valor de la tesi d’Abel Soler, presentada a la Universitat de València el passat 2016 i dirigida per l’excel·lent investigador i traductor Antoni Ferrando, en la qual s’argumenta i demostra qui era el fins ara desconegut autor. Fonamental ha estat l’estudi de Soler i altres estudis previs realitzats a llarg dels anys per prestigiosos professors sobre el riquíssim i divers cabal lingüístic i cultural plasmat en el deliciós Curial, fruit de la pròpia vida i del talent de l’autor.

Enyego d’Àvalos, gran camarlenc del rei Alfons el Magnànim, autor de Curial e Güelfa

I així ens ha arribat el nom d’Enyego –en castellà Íñigo- d’Àvalos (1414-1484), castellà de naixença, valencià d’adopció i enamorat de la literatura italiana, tot plegat un compendi d’allò que tantes vegades se’ns ha explicat del gresol de cultures i de llengües que enriqueixen llocs i persones il·luminant un temps que semblava sortir d’una gran foscor. Nascut a Toledo, va arribar amb només set anys a la cort valenciana del rei Alfons el Magnànim on va ser acollida la seva família, una de les més importants de la Castella del seu temps, en fugir per una conjura en què es va veure involucrat el seu pare, Ruy López Dávalos. Enyego arribà a ser ambaixador de la Corona d’Aragó a Milà i gran camarlenc a Nàpols en l’època del rei Pere el Gran.

Pel que fa a Curial e Güelfa, abans el feien llegir als estudiants de Filologia Catalana però sospito que era per interès particular d’algun professor. Jo vaig acabar l’especialitat sense haver llegit el Tirant i abans havia acabat Filologia Hispànica (dins l’extinta Filosofia i Lletres) sense haver llegit el Quijote. Increïble però cert. A l’institut tant el Tirant com el Quijote es feien llegir a tot l’alumnat quan existia l’assignatura d’Història de la Literatura, tant castellana com catalana, i d’això fa molts anys. S’ha intentat subsanar aquesta mancança però és molt difícil omplir un buit tan gran; actualment, si es fan llegir és a batxillerat, on no arriben tots, i de vegades en versions molt light i desvirtuades, com és el cas del Tirant.

Periòdicament s’alcen veus contra l’arraconament que estan patint les humanitats en els estudis mitjans. Les poquíssimes hores de què es disposa per treballar el català al batxillerat se les menja el temari de llengua, i és molt trist ja que és la literatura la forma més intensa (no l’única, evidentment però sí la més artística) de plasmar una llengua i d’estimar-la. Les novel·les, la poesia, el teatre, les memòries, els relats, la prosa periodística i de pensament, les narracions de viatges, els dietaris… mostren un món, una societat, pensament, inquietuds, fets que ens arriben a través del temps amb tota la seva intensitat. I en el cas de Curial e Güelfa és així. Hi ha amor, lluites, classes socials, relacions familiars, viatges i aventures, penes i alegries com en les obres modernes, on els herois no són superherois sinó gent mortal.

De vegades obres com aquesta poden fer por, i mandra. No cal anar a l’original medieval, ja sé que per a alguns és un sacrilegi no fer-ho però jo, potser per tants anys amb nanos, no hi veig cap problema a acostar-s’hi a través d’una bona adaptació, res de mutilacions com “episodis amorosos de…” sinó honrades i completes aproximacions al lector actual. Però en la nostra societat hi ha riqueses com aquesta del Curial que semblen una joia molt valuosa, heretada per ser molt ben guardada però que ningú se la posa. La modernitat durant molt de temps sembla haver renegat de la tradició, i això en altres àmbits fa temps que està quedant enrere. L’arquitectura tot sovint ens mostra com la creació casa perfectament amb el paisatge i com l’edifici antic i el nou s’uneixen en un tot harmònic. L’autèntica modernitat, la del segle XXI, és, sens dubte, acostar-se a la tradició, a obres com Curial e Güelfa, despullats de pors i de prejudicis, i deixar-nos seduir per algú que ens parla des del segle XV com si el tinguéssim a la vora.

Agustina Rico

Últimas tardes con Teresa

El título

Independientemente de que luego, tras la lectura, sus novelas gusten más o menos, muchos de los títulos de Juan Marsé (Barcelona, 1933) son tan golosos que al oírlos se abre el apetito lector: Encerrados en un solo jugueteÚltimas tardes con Teresa, La oscura historia de la prima Montse, Si te dicen que caí, El embrujo de Shanghai, Noticias felices en aviones de papel, etc. No extraña que, por su gracia poética o por lo que sugieren, hayan sido parafraseados decenas de veces en titulares de periódicos y en publicaciones diversas.

Por lo que se refiere al de la novela Últimas tardes con Teresa (1966), se recuerda con facilidad por cómo suena gracias a sus aliteraciones y por su significado, que apunta a la melancolía de una historia  de amor que se acaba. Anticipa, por otra parte, el punto de vista predominante desde el que está escrita la novela, pues esas tardes son las últimas para quien las pasó con Teresa, en este caso, el protagonista, Manolo Reyes, apodado Pijoaparte.

El origen

En una entrevista concedida en diciembre del 2006, cuando la novela cumplía 40 años, Juan Marsé recordaba que la idea de escribirla “surgió cuando estaba en París, en 1960. El primer latido ocurrió a raíz de unas conversaciones con unas chicas francesas a las que se suponía que yo daba clases de español. Nos reuníamos una vez a la semana, y una de ellas se llamaba Teresa, hija de un pianista. Una muchacha guapísima en una silla de ruedas. Me escuchaban, les contaba cosas de Barcelona, de mi barrio, y noté en ellas una atención especial. Ése fue el germen de la novela. Capté que despertaba en ellas cierta fascinación por el arrabal cuando les hablaba de mis juegos infantiles en el Monte Carmelo con los chavales de cabezas rapadas, hijos de los inmigrantes del sur. […] La nostalgia del arrabal que yo veía en aquellas señoritas se combinó con el sentimiento que advertí en los exiliados con relación a España. Conocía a los exiliados […]; hablaban de la inminencia de una huelga general, decían que la caída del franquismo estaba a la vuelta de la esquina, que los trabajadores estaban bullendo… Ahí no me podían engañar, porque desde los 13 años yo había trabajado en una gran taller, donde había 30 operarios, y yo sabía cuáles eran sus aspiraciones: comprarse un reloj, una gabardina, un coche. Aquel romanticismo de la izquierda que veía el cambio al doblar la calle no se correspondía con la realidad” (“El Pijoaparte sería hoy un inmigrante del Magreb”, entrevista de Juan Cruz a Juan Marsé, El País, 4 de diciembre de 2006).

El epígrafe

Al frente de la novela figuran unos versos en francés, un poema de Baudelaire (no se citan ni el título ni la última estrofa). El poema se titula “El albatros“, y una de sus muchas traducciones al castellano dice:

A veces, para divertirse, los marineros
cazan albatros, grandes pájaros de los mares
que, indolentes compañeros de viaje, siguen
al barco que navega sobre los oscuros abismos.

Mas apenas arrojados en la cubierta,
estos reyes del cielo, torpes y avergonzados,
dejan sus grandes alas blancas,
como remos, caer a sus costados.

¡Qué débil es y qué inútil el alado viajero!
Él, antes tan hermoso, ¡qué feo y ridículo aparece!
Uno, con su pipa le quema el pico;
otro, cojeando, remeda al lisiado que volaba.

El poeta es como este príncipe de las alturas
que asedia la tempestad y se ríe de las flechas,
desterrado en el suelo, entre burlas,
sus alas de gigante le impiden andar.

[Traducción de Ana María Moix, 1966.]

La última estrofa no aparece citada en el epígrafe para no confundir al lector, así se consigue que el albatros no se identifique con los poetas, sino con cualquiera que fracase después de haber intentado llegar muy lejos. Con los versos colocados intencionadamente en el umbral del libro Marsé tal vez haya querido destacar la importancia del medio en que se vive para ser quien se es: un pájaro tan imponente mientras vuela por los aires como el albatros pierde su fuerza y su elegancia cuando baja a tierra. Lo mismo le ocurre (parece anunciar el autor) al protagonista de esta novela, que pasa de ser objeto de deseo a ser objeto de burla y pierde su arrogancia cuando se descubre que no es quien creían.

Tema

Si el tema más evidente de esta novela es la imposibilidad de éxito de una relación extremadamente desigual (por diferencias económicas, culturales, de origen, de clase social, etc.), el subtema dominante sería la crítica de la inautenticidad de las relaciones en una sociedad devota de las apariencias, la de la Barcelona de la década de 1950, en plena dictadura franquista. Es decir, en simbiosis con la falsa condición de novela romántica (personajes que, por amor, parecen querer luchar contra las barreras sociales que lo dificultan), se desarrolla el tema moral de la impostura (personajes que, por diferentes motivos, fingen ser lo que no son).

Argumento

La noche de la verbena de San Juan de 1956, Manolo Reyes (Pijoaparte), que vive en una barraca de la barriada del Carmelo de Barcelona, entra con decisión en el jardín de una casa particular del barrio de San Gervasio para asistir a una fiesta a la que no ha sido invitado. Ha llegado hasta allí en una moto cualquiera que ha cogido en una plaza del Guinardó. En la fiesta conoce a una muchacha, Maruja, que dice veranear en Blanes, “en la torre de sus padres”. Unos meses después, en septiembre, Manolo se encuentra por casualidad con Maruja en Blanes, junto a una mansión (la Villa) cercana a la playa, y esa noche entra furtivamente en su habitación y hacen el amor. Por la mañana, cuando descubre que Maruja es una criada de la Villa y no la hija de los propietarios, decepcionado, en un arrebato de furia la despierta a bofetadas. Sin embargo, se hacen novios y empiezan a salir juntos; Maruja llega a conocer el ambiente en que vive Manolo y, de paso, le va hablando de Teresa, la hija de los Serrat, la familia para la que trabaja. Meses después, a consecuencia de una caída, Maruja entra en coma y es ingresada en una clínica de La Bonanova. Teresa y Manolo se encuentran con frecuencia en la habitación de la paciente, salen a pasear juntos y van intimando. Teresa, una estudiante progresista, quiere creer que Manolo es un obrero con ideología política de izquierdas, aunque Luis Trías, un líder estudiantil, no acaba de creérselo, y Manolo, por su parte, que ni trabaja como obrero ni tiene conciencia política, prefiere no desengañarla para mantenerla interesada. Maruja muere en la clínica y Manolo es detenido por la policía por haber robado una moto. Al saber que Manolo ha sido detenido por ese motivo, Teresa, que no sabía que fuera un delincuente, se echa a reír como si la historia con él “fuese un chiste viejo y casi olvidado”. Dos años después, cuando sale de la cárcel, Manolo se entera por Luis de esa reacción de Teresa y de los nuevos derroteros por los que está llevando su vida.

Estructura

La novela está compuesta por veintidós capítulos (veintitrés si se cuenta el primero, una simple viñeta), cada uno de ellos precedido por un breve epígrafe tomado de autores diversos (Espronceda, San Juan de la Cruz, Pablo Neruda, etc.). Los veintidós capítulos se agrupan en tres partes que se corresponden con la división clásica (presentación, nudo y desenlace).

En la primera parte (cinco capítulos) se desarrollan los encuentros entre Manolo y Maruja, durante el verano y el otoño de 1956, en tres escenarios principales: el barrio de San Gervasio, donde vive Teresa; el Carmelo, donde viven Manolo y sus amigos (Bernardo, el Cardenal, Hortensia…), y la casa señorial de Blanes, la Villa, donde veranea la familia de Teresa y adonde acude por las noches Manolo para encontrarse furtivamente con Maruja.

La segunda parte, la más extensa (diez capítulos), transcurre durante el verano de 1957. Maruja ha sido ingresada en una clínica como consecuencia de una caída, Manolo y Teresa la visitan y el supuesto pretendiente de Teresa, Luis Trías, deja de ser un estorbo; estos hechos propician el progresivo y particular enamoramiento de Manolo y Teresa y sus escapadas al Carmelo y a las playas de los alrededores de Barcelona.

En la tercera parte (siete capítulos),  se relatan los últimos encuentros de Manolo con Teresa a finales del verano del 1957, a veces solos o con los amigos de Teresa, a veces en la clínica ante la familia Serrat. Los escenarios en que se mueven los personajes se amplían por el Guinardó, las Ramblas, el Barrio Chino y Pueblo Seco. La muerte de Maruja, el abismo que se abre entre Teresa y Manolo, la denuncia de Hortensia y el encarcelamiento de Manolo ponen un amargo final a la historia.

Tanto la viñeta inicial como el último capítulo de la tercera parte presentan características propias. El cuadro descriptivo del principio funciona a modo de un salto en el tiempo, como una especie de anticipación cinematográfica (técnicamente se llama prolepsis): recoge el melancólico paseo de una solitaria y desigual pareja que avanza en la madrugada hacia un Floride blanco dejando atrás los restos de guirnaldas, farolillos y confetis de una verbena popular a la que asistirán Manolo y Teresa la noche del 11 de septiembre de 1957, pocas horas antes de enterarse de que Maruja acaba de morir. Capta con elegancia lírica el fin de fiesta, el fin del verano y (se descubre más tarde) el último momento de felicidad para Manolo junto a Teresa. En cuanto al último capítulo, se sitúa en el verano de 1959, dos años después de las últimas tardes pasadas con Teresa, cuando Pijoaparte sale de la cárcel y se encuentra en un bar, cerca de Las Ramblas, con Luis Trías, quien le cuenta cómo se había reído Teresa al enterarse de su detención. En ese momento el lector se acuerda del epígrafe inicial y piensa: “Teresa se ha reído de Manolo igual que los marineros se ríen del albatros que han cazado, el rey del cielo que ya no puede volar.”

Técnica

La novela utiliza un tipo de narrador omnisciente capaz de conocer lo que los personajes hacen, piensan (“Mal empezamos, chaval”, se dice a sí mismo Manolo), imaginan, desean, temen, recuerdan o recordarán en el futuro (“Era la madrugada del 12 de septiembre, recordaría la fecha por el desorden de flores y de besos que dejaron tras ellos, el triste abandono en que quedó todo”), un narrador que escribe la historia en 3ª persona sin disimular sus opiniones. Se trata de un narrador muy escrupuloso en el registro de ciertos datos (“El primer encuentro con Teresa Serrat tuvo lugar en la verja del jardín de su casa, en San Gervasio. Sucedió un jueves, a eso de las diez de la noche…”, pág. 77), pero con una fuerte tendencia al subjetivismo y a opinar muy libre y contundentemente sobre personajes y acontecimientos: “Con el tiempo, unos quedarían como farsantes y otros como víctimas, la mayoría como imbéciles o como niños, algunos como sensato, ninguno como inteligente, todos como lo que eran: señoritos de mierda” (pág. 232), concluye al hablar de los estudiantes que participaron en 1957 en los llamados hechos del Paraninfo.

En la narración predomina el punto de vista de Manolo y, muy en segundo lugar, en algunos momentos, el de Teresa. Sin embargo, en dos ocasiones por lo menos, el narrador cede la palabra a Maruja, que está inconsciente (en coma), para producir el efecto del monólogo interior:  “…la fragancia del jardín esa noche […], fue durante un pequeño descanso después de distribuir y preparar otra bandeja de canapés (ya sabía yo que faltarían) pues me dije mira vamos a sentarnos un rato al borde de la piscina para verles bailar…” (pág. 205), rememora Maruja en un larguísimo párrafo separado del resto del texto por un espacio en blanco, igual que ocurre más adelante, al final del capítulo dieciocho: “…mientras se dejaba caer muy despacio a los pies del elegante desconocido…” (pág. 273). El uso de esta técnica, que en un primer momento puede desconcertar por el desorden con que se engarzan las imágenes evocadas, permite, en teoría, conocer de manera más fidedigna los pensamientos más ocultos del personaje, aquello que no se atreve a reconocer conscientemente, y, a la vez, al insistir en episodios ya conocidos desde el punto de vista de Manolo, dar cabida a otra perspectiva (enfoque múltiple). No son estos los únicos fragmentos en los que emerge al exterior el mundo interior de los personajes: en varios pasajes, el narrador deja entrever las fantasías heroico-eróticas de Manolo en las que se ve a sí mismo como un héroe que salva de cualquier peligro a la heroína de sus sueños o en los que la imagen de Teresa se confunde con la de la actriz Jean Simmons en una imaginaria Teresa Simmons o con la de la hija de los Moreau, su primer amor en la igualmente imaginaria Teresa Moreau.

Todo eso no obsta para que en algún momento el narrador aparque a sus personajes y describa con rigor cómo se formaron los enjambres de barracas del Carmelo (capítulo tres de la primera parte) o se explaye con severidad sobre la naturaleza del incipiente movimiento estudiantil (capítulo primero de la tercera parte).

Un aspecto sobresaliente de este narrador es su capacidad para captar y retratar a sus personajes con trazos no abstractos, sino muy visuales y plásticos, y para señalar aspectos físicos que parecen reveladores de la personalidad de cada uno; por ejemplo, cuando se refiere al bigotito franquista de Oriol Serrat o a las piernas de tobillos anchos de su esposa. En ambos casos, como en muchos otros, el narrador manifiesta una fuerte tendencia a la ironía y a desvelar con humor sarcástico el aspecto más ridículo de algunos personajes y situaciones.

La acción principal se desarrolla a lo largo de poco más de un año (desde junio de 1956 a septiembre de 1957), con predominio de la linealidad cronológica (los hechos se cuentan siguiendo el orden en que ocurrieron), con algunas excepciones, básicamente para reconstruir momentos del pasado (analepsis): la infancia de Pijoaparte en Ronda (Málaga), la amistad de adolescencia de Maruja y Teresa en Reus, los recuerdos de cuándo se conocieron Manolo y Maruja, etc. Por no hablar de la anticipación temporal de la viñeta del principio  ni  del salto temporal a septiembre de 1959 del último capítulo.

El Carmelo

Muchos novelistas han inventado un territorio mítico donde situar sus sagas (Faulkner, YonakpatawphaGarcía Márquez, Macondo; Onetti, Santa María, etc.), pero a Juan Marsé no le ha hecho falta inventarlo. Como aclara en la entrevista citada, ha recordado los años de su infancia y adolescencia correteando por entre el Carmelo y el Guinardó y ha ido situando allí algunas de sus historias más punzantes de los años 40 y 50 del siglo pasado.

El barrio del Carmelo aparece descrito en Últimas tardes con Teresa como un barrio pobre y digno, formado por un enjambre de barracas autoconstruidas a lo largo de los años, a medida que iban llegando nuevos inmigrantes. Un barrio de aluvión que acogía a todo el que llegaba (“El barrio está habitado por gentes de trato fácil, una ensalada picante de varias regiones del país, especialmente del Sur”, pág. 25), en el que, sin embargo, en medio de la pobreza, el hambre y las calles enfangadas, quedaban resquicios para los sueños como un mecanismo necesario para no rendirse a la dureza del vivir: “En los grises años de la postguerra, cuando el estómago vacío y el piojo verde exigían cada día algún sueño que hiciera más soportable la realidad, el Monte Carmelo fue predilecto y fabuloso campo de aventuras de los desarrapados niños de los barrios de Casa Baró, del Guinardó y de La Salud” (pág. 24). Sin embargo, aunque el Carmelo no diste mucho de San Gervasio (unos siete kilómetros), entre ambos barrios se levanta una impenetrable barrera económica y social, muy perceptible para algunos. Así, “para la señora Serrat, el Monte Carmelo era algo así como el Congo, un país remoto e infrahumano, con sus leyes propias, distintas” (pág. 138): para ella, saber que Manolo vive en el Carmelo basta para suponer que es un “desvergonzado” y para pedirle a su hija que lo olvide.

Personajes

En Últimas tardes con Teresa Marsé presenta dos mundos contrapuestos: el mundo de la burguesía catalana, caracterizado como un mundo de pijos prejuiciosos, clasistas y relamidos, al que pertenecen Teresa, su familia y sus amigos (Luis Trías, Mari Carmen Bori, etc.) y el mundo del Carmelo, al que pertenecen inmigrantes (identificados genéricamente como murcianos o, más despectivamente, como xarnegos) que viven precariamente como Manolo y otros seres marginales, muchos de los cuales viven al borde o inmersos en la delincuencia (el Cardenal, Hortensia, Bernardo, las hermanas Sísters, etc.); por otro lado estarían Maruja y su familia, inmigrantes pero con trabajo estable al servicio de la burguesía, por lo que sirven de nexo entre ambos mundos (Manolo llega a conocer a Teresa gracias a Maruja).

El personaje de Manolo, aunque puede recordar a algunos protagonistas de la novela picaresca por su descaro, su gusto por vestir con elegancia, su carácter bronco y su facilidad para mentir, por sus orígenes humildes, por haber nacido en provincias y por su aspiración a ascender socialmente en la gran ciudad está emparentado con Julien Sorel (el protagonista de Rojo y negro, de Stendhal), con Eugène de Rastignaç (personaje de Papá Goriot y La piel de zapa, novelas de Balzac) e, incluso, según palabras del propio Marsé, con Jay Gatsby (de El gran Gatsby, de Scott Figtzeral) como “tipo que se fabrica a sí mismo”). Manolo puede ser violento (maltrata a Maruja, golpea brutalmente a Bernardo, entra en cólera con facilidad…), machista, roba motos para vendérselas al Cardenal, se juega a las cartas el dinero que no tiene, va dejando deudas a sus espaldas y más que buscar trabajo trata de dar el braguetazo, aunque, como señala Marsé, no sea el típico braguetero, y, sin embargo, a pesar de estos defectos, hay en él restos de inocencia, de decisión y de autenticidad capaz de, a partir de cierto momento, cautivar a Teresa, que llega a valorarlo por encima de sus amigos universitarios, más ricos, más cultos y… tan o más farsantes. Su capacidad para mentir sobre sí mismo llega a ser asombrosa: “Trabajo en los negocios de compraventa de mi hermano. Compraventa de coches” (pág. 155). Su obsesión por Teresa no le impide admitir para sí que la suya es una historia sin futuro, condenada de antemano. Manolo no se hace muchas ilusiones. En algún momento, incluso, se plantea contarle la verdad a Teresa: “¿Y si le hablara?…” (pág. 262).

Teresa, rubia de ojos azules, rasgos físicos que tanto le atraen de ella a Manolo, que es moreno, no es imagen de la bella cruel y despiadada, sino una joven universitaria perteneciente a la burguesía catalana, arrastrada por los incipientes movimientos estudiantiles de la época y fascinada algo ingenuamente por Luis Trías. No ve contradicción ninguna entre leer a Simone de Beauvoir, que predica la liberación de la mujer, y, al mismo tiempo, entretenerse con la revista Elle (“revista femenina de moda, belleza y cocina”), que es un escaparate de la mujer objeto, como tampoco entre considerarse de izquierdas y conducir con desparpajo un Floride blanco, símbolo de lujo. Quizás para diluir esas contradicciones prefiere creer que Manolo es un obrero comprometido con la lucha antifranquista, aunque ante su padre sea capaz de negar que lo conoce como San Pedro a Jesucristo (“Apenas lo conozco, papá…”, pág. 185) o como el mismo Manolo había hecho previamente cuando ella fue a avisarle del accidente de Maruja (“Yo no tengo novia. No conozco a ninguna Maruja”). Incluso con sus vaivenes, Teresa, caracterizada como una joven idealista, capaz de tener amistades con gente que escandaliza a los de su clase, empieza a madurar cuando sufre un enorme desencanto ante la impotencia y la pedantería de Luis Trias, en quien había confiado inicialmente. En el plano intelectual demuestra una honestidad muy superior a sus compañeros de grupo cuando admite, muy significativamente, preferir a Balzac y al personaje de Rastignac por encima de otros novelistas de moda (pág. 239).

Maruja, ingenua, confiada y sumisa, cree en Teresa como en una amiga fiel a pesar de la diferencia social y cultural y, aunque Manolo la maltratara, quiere creer en él como alguien que puede rectificar y enderezar su vida. Tampoco ella está idealizada ni se libra de incurrir en mentiras cuando Manolo le pregunta si veranea en la torre de sus padres o cuando no desmiente a Teresa que le pregunta por las reuniones clandestinas del supuesto comunista. En todo caso, su función en la novela es clara: es quien presenta a los dos personajes principales y quien alienta, sin advertirlo, el interés de Teresa por Manolo.

El Cardenal es hombre experimentado, maniático  y turbio que, además de los negocios de compraventa de motos robadas, parece ocultar muchos secretos, de ahí la atracción que parece inspirar en Manolo y en otros jóvenes del barrio. Aunque había ejercido un cierto poder sobre Manolo, a partir de cierto momento, viendo que este se le escapa y no se somete a sus deseos, empieza a adoptar un papel elusivo que será determinante para que Hortensia, una versión pálida y desvaída de Teresa, trate de tejer una red de dependencias y deudas con la que atrapar sentimentalmente a Manolo, pero como no lo consigue no duda en delatarlo a la policía.

Otro personaje que cumple un cierto papel decisivo, aunque involuntariamente, en la decantación de Teresa por Manolo es Luis Trías (gracias al desengaño erótico que sufre con él, Teresa empieza a desear a Manolo) en quien el narrador se ceba con sarcasmo presentándolo como impotente y como un ser superficial, izquierdista de pacotilla, incapaz de superar su clasismo ni la repugnancia teñida de celos que le despierta Manolo. En el último capítulo, ya convertido en un alcohólico sin remedio, cuando le cuenta a Manolo que Teresa se había reído de él, parece disfrutar malévolamente y vengarse de los antiguos golpes recibidos de alguien a quien considera inferior.

Bernardo, ocioso, débil y manipulable,  es un personaje característico del entorno semidelictivo en que se mueve Manolo, con quien tiene una relación de dependencia hasta el momento en que se casa con Rosa y pasa a depender de ella; luego, abrumado por la vida matrimonial, se va degradando por el alcoholismo (curiosamente, igual que Luis, que pertenece a una clase social tan distinta) hasta convertirse en una sombra de sí mismo. Manolo utiliza su nombre para hacerle creer a Teresa falsamente que tiene amigos muy comprometidos políticamente, lo que resulta una cruel ironía muy alejada de la realidad.

En fin, para Marsé los personajes no pueden ser de una manera simplista moralmente buenos o malos por el hecho de pertenecer a un determinado grupo social. Es cierto que los personajes del mundo burgués están presentados negativamente y, algunos, como moralmente desagradables, pero, en contrapartida, tampoco los personajes de clase baja como Manolo resultan ejemplares. Cada personaje tiene su matiz. Marsé sabe muy bien que si un novelista busca la verosimilitud no puede construir personajes maniqueos ni tampoco planos, idénticos a sí mismos de principio a fin. Tanto Manolo, como Teresa, como el mismo Luis pasan por diferentes fases, son personajes vivos que van cambiando a medida que van experimentando fracasos.

Humor

El humor que impregna las páginas de la novela  se manifiesta bajo diferentes mecanismos: el tono irónico del narrador, los juegos paródicos, los errores lingüísticos, las situaciones contradictorias, etc. Se trata de un tipo de humor que busca desenmascarar a los personajes (la mayoría, farsantes), desmitificar las modas intelectuales y, a veces, incidir en la crítica social. Sus manifestaciones son variadas, por ejemplo, a través de las descripciones de los padres de Teresa, cargadas de sentido político. De Oriol Serrat se destaca con ironía su bigotito franquista (“han querido eternizar su juvenil adhesión a la victoria con el fino, coqueto, bien cuidado y curiosamente recortado bigote ibérico”) y de Marta Serrat, su pierna, “símbolo de un sentido práctico y de una sólida virtud monserratina”.

Otras manifestaciones humorísticas más evidentes son las derivadas de la falsa presunción de que Pijoaparte es un hombre comprometido políticamente; por ejemplo, algunos momentos relacionados con el panfleto que Pijoaparte se compromete a imprimir sin tener noción de cómo hacerlo (el episodio termina de manera pijoapartesca en la terraza de un edificio de Pueblo Seco, adonde llega Manolo con la intención de ir por lana y solo consigue salir trasquilado) o cuando Teresa le habla a Manolo de Bertolt Brecht como si lo más natural del mundo fuese que un personaje apenas escolarizado como Manolo tuviese que estar muy ducho en el teatro de Brecht.

No falta  el humor basado en los usos o registros lingüísticos. En la primera escena, el mismo Manolo, consciente a su manera del significado de los registros lingüísticos, para impresionar a Maruja porque todavía no sabe que ella es una criada, utiliza varias veces la palabra “realmente” (cree que es palabra más propia de gente rica), y su manera de darse importancia  con esa palabra lo vuelve ridículo. Otras situaciones de la novela se vuelven humorísticas como consecuencia de equívocos basados en el desconocimiento de ciertas palabras. Cuando Manolo oye a hablar a los estudiantes de una máquina para imprimir panfletos entiende “lipotimia”, y no linotipia, que es una palabra que no conoce. Y cuando Teresa le habla de los pecés (palabra del argot político de la época para referirse a los miembros del Partido Comunista, PC), Manolo cree que se está refiriendo a peces de colores (pág. 158).

Abundan los juegos de intención paródica con nombres híbridos: con el nombre de Maruja (en diminutivo, como en la actriz Marujita Díaz, famosa en la época) y el apellido de Simone de Beauvoir se forma el híbrido Marujita de Beauvoir (un notable contrasentido que amalgama el nombre de una mujer sumisa y el de una feminista de pro), “compañera envidiable de Manolo Sartre o Jean Paul Pijoaparte” (pág. 127), formado por mezclar el nombre de Manolo con el de Jean Paul Sartre, filósofo y compañero sentimental de Simone de Beauvoir. De hecho, el nombre de Simone de Beauvoir llega a producir en otro momento el híbrido Teresa de Beauvoir. Otra broma onomástica consiste en llamar Maria’s Julian Jazz, a un grupo de jazz (broma a cuenta del filósofo Julián Marías). En todos estos casos queda claro que el narrador no se toma muy en serio, por diferentes razones, ni a Jean Paul Sartre, ni a Simone Beauvoir ni a Julián Marías, y los considera poco más o menos que charlatanes.

Tampoco faltan las alusiones que parodian referencias de contenido religioso: “Teresa veía, tocaba y luego creía” (pág. 279), alusión al episodio en que Santo Tomás necesitó tocar a Jesucristo para aceptar que había resucitado. O cuando Manolo reza “una oscura oración”: “¡Tere mía, rosa de abril, princesa de los murcianos, guíame hasta la catalana parentela” (pág. 319), en que se alude paródicamente al Virolai, o el nombre, menos irreverente, pero algo gamberro del grupo musical que actúa en el baile popular, el Trío Moreneta Boys. Sin que falten bromas a costa de la literatura reaccionaria: la obra Eugenio o la proclamación de la primavera, de Rafael García Serrano, autor franquista, se convierte aquí en Manolo o la proclamación erótico-social de la primavera (pág. 319).

Pero, en fin, si el sentido del humor empieza por uno mismo, Marsé demuestra en esta novela que sabe reírse de sí mismo, y así llama Marsé al pellizcón (pág. 252) que va por las salas de baile pellizcando el trasero de las mujeres y desapareciendo rápidamente.

Algunas referencias históricas y culturales

El principal acontecimiento histórico al que se alude en varias ocasiones en la novela y que tiene un valor central para entender la decantación ideológica de Luis, de Teresa y de otros estudiantes de su entorno es la protesta estudiantil de 1957, los llamados “sucesos del Paraninfo” de la Universidad de Barcelona, ocurridos el 18 y el 19 de febrero de 1957, cuando se arrojaron a la calle retratos de Franco y de José Antonio Primo de Rivera (el Gobierno replicó cerrando temporalmente la universidad). Esos disturbios habían tenido dos precedentes a los que se alude también en la novela: los llamados sucesos de 1956 ocurridos en Madrid (“En febrero de 1956, después de la suspensión de un Congreso de Estudiantes en Madrid, los ánimos estaban excitados, hubo un choque, sonó un disparo, y un joven cayó al suelo gravemente herido. Luis Trías, que por esas fechas estaba en Madrid […] fue detenido y sufrió seis meses de cárcel”, pág. 230), y las protestas de los estudiantes de Barcelona en octubre de 1956 contra la dictadura de Franco, en las cuales desempeña un cierto protagonismo Luis Trías, ya cargado con la aureola de preso franquista.

Algunas referencias culturales tienen que ver con obras y autores prohibidos por la censura franquista y leídos por los jóvenes izquierdistas en traducciones o en ediciones latinoamericanas que llegaban a España clandestinamente, como la poesía de Nazim Hikmet o los ensayos de Simone de Beauvoir (El pensamiento político de la derecha). El mismo sentido de identificación con el pensamiento de izquierdas tiene la referencia a los discos de Atahualpa Yupanqui, cantante argentino, o a películas prohibidas por la censura como El acorazado Potenkim, uno de los clásicos del cine ruso revolucionario. Pero si estas son las referencias culturales que interesan a los universitarios antifranquistas de la época, a Manolo le va más otro tipo de cosas, por ejemplo, la actriz Jean Simmons, su mito erótico, en películas como La isla perdida (Manolo la evoca obsesivamente en la playa de Castelldefels mientras imagina un híbrido entre Teresa y la actriz, una imaginaria Teresa Simmons). De hecho, una película que ven juntos, ¡Viva Zapata!, protagonizada por Marlon Brando, sirve de punto de extraña confluencia de sus gustos cinematográficos: Teresa, tan voluntariosa como ilusa, trata de ver en Zapata un posible precedente de un Pijoaparte revolucionario mientras que Manolo se fija en Marlon Brando como un seductor de quien aprender (“aprende, chaval”, se dice).

Otras ecos culturales se utilizan como elementos de cariturización de los universitarios de la época. Por ejemplo, en la conversación de los estudiantes en un bar del Barrio Chino (llamado pomposamente Saint-Germain-des.Prés) se alude a la caza de brujas del senador McCarthy, pero como de esa conversación sólo nos llegan algunos fragmentos que consigue atrapar Manolo, sin entenderlos muy bien, McCarthy aparece mencionado como Marcaci y Ethel Greenglass Rosenberg, víctima del mccartismo igual que su marido, aparece calificada por error (atribuible al estudiante que lo dice o a Manolo que cree escucharlo) como “un hijoputa llamado Greenglass”. En ese mismo contexto paródico, se alude a Balzac y a otros grandes novelistas del siglo XIX, de forma burda propia de ignorantes sabihondos: “En general, puede decirse que el novelista del siglo XIX fue poco inteligente” (idiotez a la que Teresa, con más sensatez e inteligencia que sus amigos, responde que ella prefiere Balzac a López Salinas, novelista que, según parece, preferían sus contertulios por simple devoción a la moda).

Todas estas alusiones ayudan a conocer mejor la época y el pensamiento de los jóvenes universitarios de entonces, aunque, de hecho, alguna otra tenga un disculpable carácter anacrónico: el Felipe, movimiento de izquierdas, que se cita en la pág. 115, no había sido fundado todavía; lo sería algo después, en 1958, y el Renault Floride, coche de lujo, no se fabricaría hasta 1958. Pero, obviamente, no se puede leer una novela como si fuera un libro de historia, el hecho de que aparezca aquí o allá un pequeño anacronismo no representa ningún demérito literario. En cambio, la portada de la revista Elle en la que Teresa apoya su rodilla (pág. 319) sí que se corresponde a la de aquel tiempo, como puede comprobarse en la siguiente ilustración.

Comentario

En uno de los poemas de Moralidades (1966), “Barcelona ja no és bona, o mi paseo solitario en primavera”, el poeta Jaime Gil de Biedma, amigo y, por aquella época, mentor literario de Marsé, recoge su experiencia de un paseo por Montjuïc y expresa un deseo:

[…]  Sólo montaña arriba, cerca ya del castillo,
de sus fosos quemados por los fusilamientos,
dan señales de vida los murcianos.
Y yo subo despacio por las escalinatas
sintiéndome observado, tropezando en las piedras
en donde las higueras agarran sus raíces,
mientras oigo a estos chavas nacidos en el Sur
hablarse en catalán, y pienso, a un mismo  tiempo,
en mi pasado y en su porvenir.

Sean ellos sin más preparación
que su instinto de vida
más fuertes al final que el patrón que les paga
y que el salta-taulells que les desprecia:
que la  ciudad les pertenezca un día. […]

Que la ciudad les pertenezca un día… Ese mismo deseo de integración y de mestizaje de los inmigrantes con la población autóctona lo defendía Marsé y lo encarna Pijoaparte. Sin embargo, Pijoaparte fracasa porque las uvas que él quiere comer, como las de la fábula clásica, estaban demasiado verdes, y no poder comer las uvas lo convierte en un perdedor… aunque ya fuera desde el principio un soñador que dudaba y que no acababa de creer del todo en su sueño de casarse con Teresa.

El cortejo de Manolo a Teresa, dos personajes opuestos en tantos aspectos, sobre todo en su condición social, sigue una fórmula clásica que, a veces, rige en las historias de amor: la ley de atracción de los contrarios. Aunque Marsé prefiere hablar de la nostalgia del arrabal, los franceses tienen una expresión, la nostalgie de la boue (la nostalgia del barro), que podría alegarse igualmente para explicar el encaprichamiento de Teresa por Manolo. Se define esa nostalgia como el gusto por lo más bajo y primitivo, por aquello que la clase media detesta y que la burguesía biempensante trata de prohibir a sus vástagos. Teresa, por impulso rebelde, tiene la tentación de diferenciarse, de acercarse a lo prohibido, pero su impulso se revela poco consolidado, pues luego, cuando encarcelan a Manolo, no le alcanza el coraje suficiente para defender sus sentimientos, renuncia y vuelve al redil familiar.

Que el matrimonio entre Teresa y Manolo no tendrá lugar se sabe antes de leer el libro: se anuncia en el título (si son las últimas tardes con Teresa, esto significa que la historia se acaba, que no continúa) y se anuncia en el epígrafe, como se dijo más arriba. Pero también lo señala el narrador en una imagen hermosísima en la primera página de la novela: “Hay en el caminar de la pareja el ritual solemne de las ceremonias nupciales, esa lentitud ideal que nos es dado gozar en sueños” (pág. 11). En esa escena, que anticipa el final, el narrador está avisando indirectamente de que Teresa y Manolo no llegarán a casarse, pues caminan con la lentitud con que se camina en los sueños, no en la realidad. Sin embargo, del fracaso algo se aprende, y el lector tiene la sensación de que así pasará con estos dos personajes; Teresa, por ejemplo, parece que, al final, después de haberse decepcionado de sus compañeros universitarios y de haber superado su “nostalgia del arrabal” se ha buscado nuevas amistades (su primo de Madrid…) muy alejadas del Carmelo y de ciertas veleidades intelectuales. En cuanto a Manolo, se diría que su humor se ha vuelto más amargo (cuando Luis le pregunta al final qué tal le ha ido, le responde que no le ha ido mal, que ha estado de viaje), pero no ha perdido la dignidad ni la entereza, y la maliciosa confirmación por parte de Luis de lo que Manolo ya intuía, que Teresa lo había olvidado, “no podía afectarle para nada, porque siempre […] la había llevado escrita en sus ojos sardónicos de una manera cruel e irrevocable” (pág. 330). Es decir, Luis sabe perfectamente que Manolo puede decir mil embustes, pero, al contrario que él y otros progresistas de pacotilla (o que la misma Teresa, que tiene mejor voluntad) no se engaña a sí mismo. Y es ese, precisamente, uno de los temas de la novela, la diferencia entre el engaño y el autoengaño. Todos mienten, pero hay muchas formas de mentir y de mentirse. Hortensia traiciona al Cardenal cuando le da dinero a Manolo y después traiciona a Manolo cuando lo denuncia por despecho. Incluso Maruja, que tiene menos pretensiones que otros, no duda en mentir por omisión cuando Manolo, creyéndola rica, empieza a cortejarla, y no le saca de su error hasta que no tiene más remedio. Las mentiras de Teresa, de Luis y de otros personajes de su entorno son de la categoría de autoengaños; todos, por esnobismo o moda, se fingen más progresistas de lo que en realidad son. Manolo en principio no pretende hacer creer a Teresa que él es un obrero comprometido, pero viendo que ella le atribuye un oficio y un compromiso político que no tiene, él se deja querer y acepta el juego por conveniencia. Esto no significa que se salve de la quema general. Bastaría, si no fuera suficiente con lo dicho en su contra, recordar que su menosprecio de los sentimientos de Hortensia le cuesta la cárcel, pero, sobre todo, que su cobardía al huir de la habitación en que deja a Maruja inconsciente no puede ser redimida cuando en la clínica recrimina a Teresa de manera farisaica que no hubiesen llevado a Maruja antes al médico.  De todas maneras, si Manolo y Teresa no quedan bien parados en la novela, tampoco los retratos de la familia Serrat, tan estirada y clasista, y el del grupo de universitarios (especialmente, el líder estudiantil, Luis) resultan complacientes. Marsé no parece hacerse ilusiones ni casarse con nadie. Se entiende, pues, que cuando escribió esta novela no pretendiera gustar a todos los lectores; sabía que algunos se incomodarían con él. No le importaba; él es un espíritu libre que no pretende gustar a los demás sino ser fiel a su manera de ver el mundo y de entender la literatura. Quería mostrar su visión de la Barcelona de los años 50 (y al que le pique, que se arrasque, parece decir), el tejido de mentiras, de autoengaños y de desigualdades sociales sobre el que se erigía la convivencia en la ciudad en aquellos años. Resulta admirable, por ejemplo, que Marsé, hombre de izquierdas, no se pliegue a la visión esperanzada, benevolente, algo cándida y optimista del movimiento estudiantil que solía tenerse desde la izquierda oficial y deje a su narrador calificar el movimiento estudiantil de la época con una expresión rotunda: “señoritos de mierda”,

La autenticidad del narrador a la hora de hablar sin tapujos de lo que no le gusta es uno de los aspectos más reconfortantes de la obra, pero ni mucho menos el único valor destacable. Es admirable, por ejemplo, su penetración a la hora de plasmar la psicología y las reacciones de sus personajes a través de gestos o de movimientos corporales. Esta cualidad la comparte Manolo, quien intuye, en su primer encuentro nocturno en la Villa, que Maruja se le entregará pese a estar amenazando con gritar, cuando observa, “a pesar de la oscuridad, el gesto que hizo de llevarse los dedos a la nuca para atusar sus cabellos” (pág. 43).

Este tipo de observaciones, tan frecuentes en la novela, sirve para valorar la obra más que por la crítica social que contiene por la verdad humana que muestra. En este sentido, valdría la pena destacar la primera escena en la clínica entre Teresa y Manolo, a la que ya hemos aludido, cuando él se debate entre sentimientos y sensaciones muy complejas y contradictorias. hasta el punto de que al sentir la mano de Teresa en su hombro, “y ante el temor de que la ternura o la compasión acabaran por jugarle una mala pasada, concentró su impulso vital, reprimido durante tres días a causa del miedo y de los remordimientos, en un arrebato de indignación” (pág. 146). La escena, de extraordinaria tensión, se queda grabada largamente en la memoria.

De  hecho, esa escena tan intensa sirve, como otras, para darle la razón a Marsé, quien, en una nota a la 7ª edición, en febrero de 1975, destacaba algunas imágenes de la novela que le seguían produciendo placer estético “como la de Teresa en su jardín de San Gervasio, avanzando hacia Manolo con el pañuelo rojo asomando por el bolsillo de su gabardina blanca y con una temblorosa disposición musical en las piernas. Y al Cardenal sentado en su sillón de mimbres color naranja, con su raído batín y su bastón, decoroso y pulcro, espiando la vida efímera de un músculo dorsal del murciano…”. Si no bastara con esas imágenes para subrayar la plasticidad de los detalles utilizados para impresionar la sensibilidad del lector, se podría recordar el penúltimo capítulo de la novela en que Manolo, “apretando entre sus muslos las ardientes caderas del depósito de gasolina” de una Ducati, cabalga épicamente en medio de la noche hacia la Costa Brava hasta el momento en que la policía, con una escueta palabra (“Documentación”), frena sin contemplaciones el vuelo del albatros de su ambición…

En definitiva, la novela cumplió ya 50 años y aguanta bien el paso del tiempo. Más que por las vicisitudes del argumento, que tiene tintes melodramáticos (aunque, todo lo contrario que aquí, en los folletines el galán pobre que seduce a la muchacha rica acaba saliéndose con la suya por su heroísmo, su emprendeduría o sus habilidades como arribista), la novela debe valorarse por sus cualidades literarias. Es verdad que algunas alusiones de época pueden parecer excesivas (por ejemplo, las digresiones sobre el movimiento estudiantil) o que algunas reacciones de Manolo pueden resultar insoportables y políticamente incorrectas para un lector contemporáneo (aunque el lector, obviamente, no tiene que compartirlas), pero los méritos de la novela (la honestidad del narrador, su humor irresistible, la plasticidad de algunas imágenes, la complejidad con que están analizadas algunas emociones, etc.) compensan ampliamente sus posibles defectos. A estas alturas, Juan Marsé lleva casi 60 años en el oficio y goza de buena salud literaria. ¡Que dure!

[Todas las citas de la novela corresponden a la 25ª edición de Seix Barral, Barcelona, febrero de 1996.]

Omnia tibi felicia

Como estamos convencidos de que el estudio de las humanidades puede contribuir a pensar y a vivir mejor, si en la entrada anterior recogíamos un manifiesto a favor de las ciencias, en esta, aunque creamos que la contraposición letras/ciencias sea una falsa dicotomía, queremos abogar en favor de las letras, ninguneadas en nuestro sistema educativo como en el de otros países europeos hasta extremos vergonzosos. Pero como bastaría situarnos ante un buscador de Internet para encontrar inmediatamente numerosos manifiestos en defensa, por ejemplo, de la filosofía y de las humanidades en general, aquí nos limitaremos a recoger algunas citas (aurea dicta, frases de oro) y  a abrir con ellas una ventanita para que los más jóvenes se asomen por un momento a uno de los mayores monumentos de la antigüedad clásica, la lengua latina, e intuyan y admiren su grandeza. Por ejemplo, las palabras que encontramos en un mosaico expuesto en El Bardo, el Museo Nacional de Túnez, procedente de una casa de Dougga: Omnia tibi felicia (“Que todas las cosas te lleven a la felicidad”).

Omnia tibi felicia

Desde la implantación de la Ley de Educación de 1990 (LOGSE), el latín ha ido perdiendo espacio, visibilidad y dedicación en los estudios de secundaria. En nuestro tiempo, puede ocurrir que un alumno acabe la ESO y el bachillerato sin haber oído o leído una sola frase en latín a lo largo de sus años de estudio e, incluso, puede ocurrir que tenga una noción prejuiciosa, rudimentaria y equivocada de lo que significa la cultura clásica, aunque también es posible que, en alguna clase (por ejemplo, de catalán o de castellano, al hablar del origen de las lenguas románicas), se haya recordado, por lo menos, un principio necesario para retener las explicaciones de los profesores o para cimentar los conocimientos que se van aprendiendo: Verba volant, scriptum manet (“Las palabras vuelan, lo escrito permanece”), porque lo que oímos una vez podemos olvidarlo, pero si lo escribimos podemos llevarlo con nosotros y compartirlo como algo muy preciado con quien queramos. Así, las locuciones y frases que transcribimos a continuación. Algunas de ellas son muy conocidas; otras, menos; algunas son frases históricas que se han repetido muchas veces pero que no nos cansamos de oír porque parecen encerrar un secreto y un encanto inagotables; otras, traducidas o adaptadas en forma de refranes, son pensamientos muy comunes que con los años se han convertido en tópicos cuyo origen se ha olvidado. Todas, en cambio, dichas en voz alta, por su sonoridad y su significado nos dejan entrever la intensidad, la belleza y la fuerza de la la lengua latina, De algunas damos la traducción más literal; de otras, la traducción más aceptada.

Verba volant scripta manent

  • Veni, vidi, vici: “Llegué, vi, vencí”, frase pronunciada por Julio César en el Senado romano después de la victoria en la batalla de Zela,
  • Alea iacta est: “La suerte está echada”, traducción de un verso griego de Menandro que Julio César dijo después de cruzar el río Rubicón y marchar contra Roma,
  • Tu quoque, Brute, fili mi?: “¿Tú también, Brutus, hijo mío?”, frase que alcanzó a decir Julio César cuando reconoció entre los conjurados que lo acuchillaban a su ahijado Brutus).
  • Carpe diem (Horacio): “Coge el día de hoy”, es decir, disfruta del presente.
  • Volat aetas (Cicerón): “El tiempo vuela”.
  • Taedium vitae (Aulo Gelio): “Desgana de vivir”.
  • Quod era demonstradum (Euclides): “Como queríamos demostrar”.
  • Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? (así empieza Cicerón su primera Catilinaria para denunciar ante el Senado romano la conjura de Catilina): “¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”
  • Noli me tangere (le dice Jesucristo después de su resurrección a María Magdalena, según San Juan): “No quieras tocarme” o “No me toques”, como se traduce habitualmente.

Pinturas de Pompeya

  • Beatus ille, qui procul negotiis (Horacio): “Dichoso aquel que lejos de pleitos…”
  • Ut pictura poesis (Horacio): “Como en la pintura, así en poesía”.
  • Omne tullit punctum qui miscuit utile dulci (Horacio): “Quien mezcle [en arte, pero también en la enseñanza] lo placentero con lo útil, ganará la aprobación de todos”.
  • Tristis est anima mea usque ad mortem (San Mateo): “Mi alma está triste hasta la muerte”.
  • Homo sum: humani nihil alienum puto (Terencio): “Soy hombre: nada humano me es ajeno”.
  • Nosce te ipsum: “Conócete a ti mismo”, traducción latina de una máxima griega inscrita en el santuario de Delfos y que Sócrates tenía como lema.
  • Homo homini lupus (Plauto): “El hombre es un lobo para el hombre”.
  • Nec revocare potes, qui periere dies (Ausonio): “No puedes volver a llamar a los días que ya han muerto”.
  • Brevis a natura nobis vita data est; at memoria bene redditae vitae sempiterna (Cicerón): “Breve es la vida que la naturaleza nos ha dado, pero el recuerdo de una vida bien empleada es eterno”.
  • Optima quaeque dies miseris mortalibus aevi prima fugit (Virgilio): “Para los infelices mortales los días que antes se van son los mejores”.
  • Praeterita mutare non possumus (Cicerón): “No podemos cambiar el pasado”.
  • Factum abiit; monimenta manent (Ovidio): “Lo hecho pasa; quedan los recuerdos”.
  • Omnis habet sua dona dies (Marcial): “Cada día tiene sus dones”.
  • Quod ratio non quit, saepe sanavit mora (Séneca): “Con frecuencia el tiempo cura lo que la razón no ha podido”.
  • Nullius boni sine socio iucunda possessio est (Séneca): “La posesión de un bien no es grata si no se comparte”.
  • Unum bonum est quod beatae vitae causa et firmamentum est, sibi fidere (Séneca): “Solo hay un bien causa y fundamento de la vida feliz: creer en uno mismo”.

Séneca

  • Tolle, lege (San Agustín): “Toma y lee”.
  • Si fallor sum (San Agustín): “Si me equivoco existo”.
  • Salus populi suprema lex est (Cicerón): “El bien del pueblo es suprema ley”.
  • Cedant arma togae (Cicerón): “Que las armas se sometan a las togas”.
  • Si hortum in bibliotheca habes, deerit nihil (Cicerón): “Si cerca de tu biblioteca tienes un jardín, no te faltará nada”.
  • Nil nimis: “De nada demasiado”, traducción de una máxima griega que propugna la moderación.
  • Audentes fortuna iuvat (Virgilio): “La fortuna ayuda a los audaces”.
  • In dubio pro reo (principio jurídico): “En caso de duda, favorecer al reo”.
  • Nil posse creare de nilo (Lucrecio): “Nada puede crearse de la nada”.
  • Fugit irreparabile tempus (Virgilio): “El tiempo se va para no volver”.
  • Ars longa, vita brevis (Séneca): “El arte es largo y la vida corta” (traducción de un aforismo de Hipócrates en el que ars se refiere a la ciencia, pero que suele citarse en el sentido de arte).
  • Labor omnia vicit (Virgilio): “El trabajo puede con todo”.
  • Age quod agis: “Haz lo que haces”, es decir, presta atención.
  • Quid pro quo: “Una cosa por otra”.
  • Sine ira et estudio (Tácito): “Sin rencor ni parcialidad”, así dice Tácito que escribe su historia de Roma.
  • Religio peperit scelerosa atque impia facta (Lucrecio): “La religión ha dado origen a hechos impíos y criminales”.
  • Aliena vitia in oculis habemus, a tergo nostra sum (Séneca): “Siempre tenemos ante los ojos los vicios ajenos, y los nuestros a la espalda”.
  • Felix qui potuit rerum cognoscere causas (Vrigilio): “Dichoso el que pudo conocer el porqué de las cosas”.
  • Ut ameris, amabilis esto (Ovidio): “Para ser amado, sé amable”.

Virgilio

En fin, tanto si alguna de estas frases les inducen a dejar a continuación algún comentario o reflexión como si no, queremos desear a quienes las lean lo mismo que los dueños de la casa de Dugga deseaban a sus visitantes: Omnia tibi felicia (“Que todas las cosas te lleven a la felicidad”).

Posdata.- Después de haber tramado esta entrada, hemos leído que Nicola Gardini, un profesor italiano, acaba de publicar con gran éxito de público (ocho ediciones en poco tiempo) un libro, Viva el latino, storie e belleza di una lengua inutile, en defensa de los estudios de latín: “Hay que estudiar latín”, concluye Gardini, “no sólo para disfrutar, sino además para educar el espíritu, para darle a las palabras toda la fuerza transformadora que se aloja en ellas” (“El latín, ¿lengua oficial de la UE?”, escribe Rubén Amón en El País de hoy, 5 de febrero).