La vida difícil

El proper 21 de març, al grup de lectura del nostre institut, comentarem el llibre de relats La vida difícil, de l’escriptor i dramaturg polonès Slawomir Mrozek. Amb aquest motiu, i per anar preparant el terreny d’altres possibles comentaris, presentem ara aquest article, que havia estat ja publicat al número 3 de la revista De 14 a 20.

La sintonia entre un polac i un polonès: Pere Calders i Slawomir Mrozek 

Abans de res, saludo l’Andreu Banús i en Joan Fernàndez, fundadors i ànima de la companyia teatral colomenca El Que Ma Queda de Teatre, i exalumnes del Puig, i els dono les gràcies per haver-me fet conèixer l’obra de Mrozek a través de l’adaptació dels contes d’aquest autor polonès i la fusió que en van fer amb els de Pere Calders en la seva obra Història de polacs i polonesos, estrenada el 2001.

Andreu Banús i Joan Fernández, en un assaig al Teatre Sagarra de Santa Coloma de Gramenet, on va estrenar-se l’obra Història de polacs i polonesos

No són de la mateixa època ni van viure al mateix país, ni tenen llengües germanes però tots dos escriptors, a més de ser uns mestres del relat curt —de vegades hipercurt o microrelat com es diu darrerament— i de conrear un sorneguer sentit de l’humor, van saber el que era viure sota una fèrria dictadura política que no permetia la crítica ni tenia gaire sentit de l’humor. I tots dos van haver d’exiliar-se.

Slamowir Mrozek (1930-2013), entre joventut i maduresa

Mrozek, el polonès, és més trist i més clarament polític; Calders, el “polac”, és més costumista i surrealista. Cal explicar per als més joves que el terme “polac” (castellanisme del gentilici polonès, que és el correcte) referit a un català, en aquest cas a Pere Calders, és irònic ja que “polacos” es com es designava despectivament els catalans en èpoques no gaire llunyanes. El terme s’ha recuperat amb l’èxit de Polònia, el programa televisiu d’humor bàsicament polític.

Pere Calders (1912-1994) en la seva joventut

D’aquests dos grans narradors no recomano només un conte o uns quants sinó que en recomanaré un llibre de cada un tot esperant que siguin la porta d’entrada a la resta de les respectives obres. Són llibres breus, d’expressió i contingut concentrats, d’un minimalisme modern i precursor que comparteixen, i que els ha convertit en mestres de generacions posteriors de contistes.

Mrozek comparteix amb Calders una peculiar visió de les coses

  • Pere Calders (1912-1994), Invasió subtil i altres contes (1978)
  • Slawomir Mrozek (1930-2013), Joc d’atzar (2001)

Agustina Rico

2 pensaments a “La vida difícil

  1. La vida difícil reúne 37 relatos de diferente temática: algunos son sátiras de la burocracia y del régimen estalinista (“La cara”, “Una charla sobre historia contemporánea”, “Por un nuevo fútbol”…); otros, parodias del catolicismo (“La praxis”, “La coexistencia”…); en otros, como en “El Juicio Final”, la religión y la política aparecen combinadas hasta confundirse como si fueran la misma cosa; una serie de relatos presentan originales y divertidas versiones de fábulas tradicionales (“La cría”…) y de cuentos clásicos (“Caperucita”, “La Bella durmiente”…); el humor corrosivo se extiende hasta otros campos, por ejemplo, el de las leyes de la dialéctica (“La vida espiritual, intelectual y artística”…), el de las relaciones sexuales (“Conferencia”…), etc.
    Como es habitual en la literatura satírica (piénsese en Quevedo, Pere Quart, Swift, Rabelais, Voltaire, etc.), el humor es un excipiente idóneo para canalizar la amargura y el pesimismo sobre la condición humana sin que al lector se le atragante la medicina. Así, en “La vida espiritual, intelectual y artística” se concluye que la forma más rotunda de convencer a un contrincante es utilizar la clave ideológica universal: un bastón, y que hay que “pegar primero y conversar después”.
    Relatos como “La revolución” (el protagonista, para combatir el aburrimiento, va cambiando de sitio en su habitación la cama, el armario y la mesa) o “El guardián del jarrón chino” (el protagonista no tiene que perder de vista durante toda su vida laboral un valiosísimo jarrón chino cuyos añicos han sido arduamente recompuestos) esconden bajo su sencillez narrativa una profunda y desoladora reflexión sobre lo que suele llamarse el sentido de la vida (para qué estamos aquí).
    En fin, a Slawomir Mrozek los lectores de La vida difícil, si no han leído todavía otros de sus libros, le deberán al menos treinta y siete historias para sonreír amargamente cada vez que las recuerden mientras se acercan con meditativo entusiasmo a la biblioteca o a la librería más próxima para proveerse de otras recopilaciones de sus relatos. O, al menos, así opinaban quienes asistieron a nuestro club de lectura del pasado 21 de marzo.

  2. Acabo de descubrir a Slawomir Mrozek gracias al club de lectura del Puig del 21 de marzo, en el que leímos y comentamos su obra “La vida difícil”.
    Sin duda ha sido muy interesante leer unos relatos cortos en los que destaca el uso del humor absurdo y de la ironía para tratar temas diversos: la crítica al sistema socialista y comunista, las parodias de carácter religioso, la reelaboración de cuentos clásicos, la utilización de la fábula y de personajes literarios. Puesto que los autores que forman la tradición literaria seguida por Mrozek ya han sido mencionados en el artículo y en el comentario anterior de este blog, quisiera hacer referencia a dos escritores actuales que se puede decir que siguen la línea literaria de los relatos cortos de “La vida difícil” y en los que destacan algunas de sus principales características: el humor y la ironía de Quim Monzó y la forma especial de observar la realidad de Juan José Millás.
    Aunque el humor es un elemento fundamental de “La vida difícil”, hay que decir que la amargura y el pesimismo impregnan los treinta y siete relatos que constituyen el libro. Podemos encontrar reflexiones sobre el inexorable paso del tiempo (“La epidemia”), de “un tiempo que nunca falta, pero que falta siempre” (“Mi amigo desconocido”), sobre las falsas ilusiones que nos hacemos en la vida (“El lago”), sobre la dificultad para aceptarse uno tal como es (“El artista”) o para comprender quién es uno mismo (“La visita”).
    En muchos relatos aparece la amarga idea de que la vida carece de sentido y de que lo que predomina en nuestras vidas es una rutina de la que es muy difícil escapar. Hay personajes que intentan romper con la rutina para poder dar un sentido a su vida, como en los cuentos “El guardián del jarrón chino”, “La rutina” y “Autorretrato”, o como el personaje que dice que “cuando me consume el aburrimiento recuerdo los tiempos en que fui revolucionario” (“La revolución”). También se nos plantea el hecho absurdo de que nos lamentemos continuamente sobre lo que no nos gusta hacer durante nuestra vida y nos decimos “nunca más, ésta será la última vez” (“El secreto”), pero lo volvemos a hacer una y otra vez y, claro, nos seguimos lamentando por haberlo hecho.
    ¿Hay entonces alguna manera para escapar de la terrible verdad sobre el sentido de la vida? Parece que no, pero si nos fijamos en el relato “En un instante”, podemos llegar a la conclusión de que a veces nos preocupamos con divagaciones sobre las motivaciones que hay en lo que dicen o hacen los demás, cuando quizás la vida es mucho más sencilla y no merece la pena dedicar demasiado tiempo a buscar explicaciones sobre el sentido de la vida, sino, simplemente, vivir, como se dice en el cuento titulado “Don Juan”: “¿Qué hace un ratón en este desierto palacio de mármol? Lo que tiene que hacer, vivir”.

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