{"id":4554,"date":"2026-06-14T12:22:56","date_gmt":"2026-06-14T10:22:56","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/?p=4554"},"modified":"2026-07-01T11:01:59","modified_gmt":"2026-07-01T09:01:59","slug":"recordando-a-borges","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/?p=4554","title":{"rendered":"Recordando a Borges"},"content":{"rendered":"\n<p>Hoy, 14 de junio de 2026, hace cuarenta a\u00f1os que muri\u00f3 <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Jorge_Luis_Borges\">Jorge Luis Borges<\/a> (1899-1986). No se necesitan aniversarios ni excusas para leer a Borges, pero compartir uno de sus poemas puede ser una manera de recordar y celebrar su obra. Elegimos &#8220;Los justos&#8221;, cuya lectura agradecer\u00e1n muchos lectores. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los justos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un hombre que cultiva un jard\u00edn, como quer\u00eda Voltaire.<\/p>\n\n\n\n<p>El que agradece que en la tierra haya m\u00fasica.<\/p>\n\n\n\n<p>El que descubre con placer una etimolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos empleados que en un caf\u00e9 del Sur juegan un silencioso ajedrez.<\/p>\n\n\n\n<p>El ceramista que premedita un color y una forma.<\/p>\n\n\n\n<p>Un tip\u00f3grafo que compone bien esta p\u00e1gina, que tal vez no le agrada.<\/p>\n\n\n\n<p>Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.<\/p>\n\n\n\n<p>El que acaricia a un animal dormido.<\/p>\n\n\n\n<p>El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>El que agradece que en la tierra haya Stevenson.<\/p>\n\n\n\n<p>El que prefiere que los otros tengan raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esas personas, que se ignoran, est\u00e1n salvando el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Jorge Luis Borges, <em>La cifra<\/em> (1981)<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/La-cifra.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4557\" width=\"255\" height=\"417\"\/><figcaption>Jorge Luis Borges, <em>La cifra. <\/em>Madrid, Alianza Tres, 1981<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Comentario de texto<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Presentaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Javier Ot\u00e1rola, el narrador de \u201cUlrica\u201d, uno de los cuentos de <em>El libro de arena<\/em> (1975), de Borges, sostiene que \u201clo que decimos no siempre se parece a nosotros\u201d. En el caso de \u201cLos justos\u201d  \u2014y ese es uno de los motivos por los que hemos elegido este poema para recordar hoy a su autor\u2014, lo que en \u00e9l se dice se parece fielmente a uno de los varios Borges que admiramos, quiz\u00e1s no al m\u00e1s brillante y sorprendente, pero s\u00ed a uno de los m\u00e1s verdaderos y entra\u00f1ables.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLos justos\u201d no es un poema de juventud, ni por su estilo ni por su significado; Borges lo escribi\u00f3 a los ochenta y un a\u00f1os y se incluye en <em>La cifra<\/em> (1981), su pen\u00faltimo libro de poemas (el \u00faltimo ser\u00eda <em>Los conjurados<\/em>, publicado en 1985, un a\u00f1o antes de la muerte del autor). <em>La cifra,<\/em> como <em>El hacedor<\/em> (1960), combina escritos en verso (entre ellos, uno formado por 17 haikus) y otros, pocos, en prosa, todos ellos precedidos por una \u201cInscripci\u00f3n\u201d a modo de dedicatoria a Mar\u00eda Kodama \u2014con quien conviv\u00eda desde 1975 y con quien acabar\u00eda cas\u00e1ndose en abril de 1986\u2014 y un \u201cPr\u00f3logo\u201d a modo de po\u00e9tica; adem\u00e1s, al final, el libro incluye &#8220;unas notas&#8221; explicativas del propio autor sobre algunos de esos textos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El t\u00edtulo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00edtulo del poema podr\u00eda remitir a \u201clos hombres justos\u201d de los que hablan los comentaristas de la Biblia para definir a No\u00e9, Abraham, Job y a otros patriarcas b\u00edblicos que acatan la voluntad de Dios y son recompensados con la salvaci\u00f3n eterna. O podr\u00eda aludir a los 36 hombres piadosos y justos que, seg\u00fan la leyenda talm\u00fadica, son elegidos en cada generaci\u00f3n por Dios para cargar, sin que ellos lo sepan ni se conozcan entre s\u00ed, con los sufrimientos de la humanidad. O a los &#8220;Justos entre las Naciones&#8221; premiados por Israel por haber protegido de los nazis a jud\u00edos en peligro. Pero en Borges no quedan huellas de esas connotaciones religiosas o pol\u00edticas; las personas justas de las que \u00e9l habla no han sido elegidas por Dios ni son, necesariamente, personas representativas de su estirpe, no son h\u00e9roes \u00e9picos ni v\u00edctimas sufrientes: son tipos humanos corrientes de los que puede haber millones en el mundo. No conforman ninguna \u00e9lite. Borges seculariza y poetiza la idea de los hombres justos. los hace trascender \u2014sin que ellos lo esperen ni lo sepan\u2014 m\u00e1s all\u00e1 de su oficio y de su vida cotidiana: los universaliza y los convierte en salvadores del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias literarias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En el primer verso del poema (&#8220;Un hombre que cultiva su jard\u00edn&#8230;&#8221;),  Borges cita a <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Voltaire\">Voltaire<\/a> y en el d\u00e9cimo (&#8220;El que agradece que\u2026&#8221;) a <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Robert_Louis_Stevenson\">Stevenson<\/a>. Ambos son autores recurrentes en Borges, por lo que no es dif\u00edcil rastrear en su obra esas querencias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cIl faut cultiver notre jardin\u201d (\u201cTenemos que cultivar nuestro jard\u00edn\u201d, o \u201cnuestro huerto\u201d, seg\u00fan algunas traducciones). Son las \u00faltimas palabras de <em>C\u00e1ndido o el optimismo<\/em>, novela corta o cuento filos\u00f3fico de Voltaire. Las pronuncia C\u00e1ndido, el protagonista, que da t\u00edtulo al libro, como una alternativa realista ante las propuestas ilusorias a las que quiere seguir arrastr\u00e1ndolo el fil\u00f3sofo <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Pangloss\">Pangloss<\/a>, un personaje que evoca sat\u00edricamente a <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Gottfried_Leibniz\">Leibniz<\/a>. C\u00e1ndido rechaza la posibilidad de volver a su optimismo anterior despu\u00e9s de haber viajado por varios pa\u00edses y de haber conocido diversas formas de violencia y algunos de los horrores que campean por el mundo (guerras, ejecuciones, terremotos\u2026). Ha perdido su candidez inicial y sus creencias (influido por Pangloss hab\u00eda cre\u00eddo vivir \u201cen el mejor de los mundos posibles\u201d), y ha llegado a la conclusi\u00f3n de que hay que olvidarse de los excesos del optimismo, centrarse en el trabajo pr\u00e1ctico y cultivar la tierra. Tras su desencanto, C\u00e1ndido se acoge, aunque no lo diga, a la filosof\u00eda estoica y epic\u00farea (\u201cSi cerca de tu biblioteca tienes un jard\u00edn, no te faltar\u00e1 de nada\u201d, consideraba Cicer\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, la expresi\u00f3n que emplea C\u00e1ndido (&#8220;cultivar nuestro jard\u00cdn&#8221;) puede tener un doble sentido, literal y metaf\u00f3rico: puede aludir a trabajar la tierra pero tambi\u00e9n a profundizar en el mundo interior, en un estado de la conciencia donde refugiarse y protegerse de las inclemencias del mundo exterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Que Borges retome al principio de &#8220;Los justos&#8221; la \u00faltima idea del personaje volteriano, la amplifique, la lleve m\u00e1s all\u00e1 de su significado literal y la convierta en trascendente podr\u00eda llevar a pensar en una secreta afinidad entre los dos autores o, por lo menos, en la admiraci\u00f3n que sent\u00eda Borges por Voltaire, y no se estar\u00eda muy desencaminado. Lo comprobamos en la <em>Biblioteca personal<\/em> de Borges, el libro que recoge sesenta y seis pr\u00f3logos de una colecci\u00f3n que iba a contener cien t\u00edtulos escogidos por \u00e9l. All\u00ed, entre otras cosas, escribe lo siguiente sobre Voltaire:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo pasa un d\u00eda sin que usemos la palabra optimismo, que fue acu\u00f1ada por Voltaire contra Leibniz\u201d, fil\u00f3sofo defensor de la de idea de que \u201cvivimos en el mejor de los mundos posibles [\u2026]. Voltaire, muy razonablemente, neg\u00f3 esa exorbitante opini\u00f3n\u201d. Y, m\u00e1s adelante, en el mismo escrito, defiende Borges que \u201cel estilo de Voltaire es el m\u00e1s alto y l\u00edmpido de su lengua y consta de palabras sencillas, cada una en su lugar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese mismo libro, la <em>Biblioteca personal, <\/em>en el pr\u00f3logo correspondiente, leemos lo que Borges, con fervor, dice de Stevenson.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNoches pasadas, me detuvo un desconocido en la calle de Maip\u00fa. Borges, quiero agradecerle una cosa, me dijo. Le pregunt\u00e9 qu\u00e9 era y me contest\u00f3: Usted me ha hecho conocer a Stevenson. Me sent\u00ed justificado y feliz.\u201d, porque \u201cRobert Louis Stevenson es uno de los autores m\u00e1s escrupulosos, m\u00e1s inventivos y m\u00e1s apasionados de la literatura.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Y con esta cita se entiende no solo la admiraci\u00f3n que sent\u00eda Borges por Stevenson, sino tambi\u00e9n  el origen autobiogr\u00e1fico del verso en que lo nombra.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra referencia literaria, sin nombre, acaso referida a la <em>Comedia<\/em> de Dante (escrita en tercetos y dividida en cantos), de la que Borges era un gran lector y comentarista (<em>Nueve ensayos dantescos<\/em>, de 1982), a veces en compa\u00f1\u00eda de Mar\u00eda Kodama, la encontramos en el verso 7: &#8220;Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.&#8221;<\/p>\n\n\n\n<p>Sea como sea, estas referencias no son extra\u00f1as en Borges: los libros, escritos y le\u00eddos, constituyeron su verdadera vida.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Forma y contenido<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El poema est\u00e1 formado por doce versos libres, de desigual medida y sin rima, y cada uno de estos vers\u00edculos coincide con un enunciado, con una unidad de significado (recurso ret\u00f3rico llamado esticomitia). Este ritmo, sin que el lector sea necesariamente consciente del efecto, transmite serenidad y contribuye, por su lentitud, a reforzar la idea de armon\u00eda que el poeta quiere comunicar. <\/p>\n\n\n\n<p>Los versos se distribuyen en dos partes desiguales, una de once y otra, el cierre, de un  solo verso. Los once primeros versos conforman una serie r\u00edtmica basada en el paralelismo sint\u00e1ctico (<em>Un hombre que<\/em>\u2026, <em>Dos empleados que<\/em>\u2026, <em>El ceramista que<\/em>\u2026, etc.), fen\u00f3meno que, por tratarse de estructuras sustantivas o sustantivadas (<em>El que agradece<\/em>, <em>El que descubre<\/em>, <em>El que acaricia<\/em>, etc.) a las que no se atribuye una actividad com\u00fan hasta el final, produce un doble extra\u00f1amiento, sonoro y sint\u00e1ctico. Podr\u00edamos hablar, pues, de suspensi\u00f3n del significado; ya que al ir leyendo los once elementos de esa serie el lector se va preguntado qu\u00e9 es lo que tienen en com\u00fan, qu\u00e9 acci\u00f3n es la que comparten todos esos tipos humanos mencionados. Adem\u00e1s, la serie se ordena de manera subjetiva, sin un orden l\u00f3gico (una construcci\u00f3n muy habitual en Borges), con referencias gen\u00e9ricas a diferentes personas seg\u00fan su oficio (empleados, ceramista, tip\u00f3grafo), aficiones (jardiner\u00eda, m\u00fasica, etimolog\u00edas, ajedrez, lectura, animales) o actitudes personales hacia los dem\u00e1s (sociabilidad, tolerancia, empat\u00eda). <\/p>\n\n\n\n<p>El \u00faltimo verso funciona como colof\u00f3n y s\u00edntesis. Satisface la curiosidad que alientan los versos anteriores:  expresa en una frase completa lo que aglutina a las personas aludidas, lo que las une aunque no se conozcan. Todas contribuyen, sin saberlo, cada una a su manera, a dignificar el mundo, a salvarlo. Las diferentes acciones m\u00e1s o menos concretas o materiales que desempe\u00f1a cada persona tienen una repercusi\u00f3n trascendente, espiritual, que se expresa de manera abstracta: sirven para algo m\u00e1s que para su eficacia inmediata, sirven para que el mundo siga existiendo y contin\u00fae su andadura. Y, en solidaridad entre el fondo y la forma, entre el cuerpo y el alma del poema, todos los verbos utilizados para expresar las acciones de <em>los justos<\/em> se conjugan en un presente intemporal (<em>cultiva, agradece, descubre<\/em>, etc.). Es decir, los actos de &#8220;los justos&#8221; generan un efecto sincr\u00f3nico (la salvaci\u00f3n del mundo) y durativo, como queda subrayado con la per\u00edfrasis de gerundio (<em>est\u00e1n salvando<\/em>) con la que se expresa ese efecto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lenguaje y estilo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras que componen el poema no producen extra\u00f1eza, forman parte de un estilo fluido y limpio;  son claras, no presentan dificultades de comprensi\u00f3n y no incluyen particularismos l\u00e9xicos. Estamos aqu\u00ed, en 1981, muy lejos del barroquismo, de las met\u00e1foras y del ingenio verbal de los primeros libros del poeta. La raz\u00f3n de este alejamiento tiene que ver, seg\u00fan \u00e9l, con la edad y tambi\u00e9n con la \u00e9tica. Veamos al respecto algunas sus declaraciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1969, en el pre\u00e1mbulo a la reedici\u00f3n de <em>Fervor de Buenos Aires<\/em> (1923), su primer libro de versos, Borges reconoce haber \u201cmitigado sus excesos barrocos\u201d, haber \u201climado asperezas, he tachado sensibler\u00edas y vaguedades y, en el decurso de esta labor a veces grata y otras veces inc\u00f3moda, he sentido que aquel muchacho que en 1923 lo escribi\u00f3 ya era esencialmente [\u2026] el se\u00f1or que ahora se resigna o corrige [\u2026]. Como los de 1969, los j\u00f3venes de 1923 eran t\u00edmidos. Temerosos de una \u00edntima pobreza, trataban como ahora, de escamotearla bajo inocentes novedades ruidosas [el autor se refiere a las actitudes beligerantes de los movimientos de vanguardia]. En aquel tiempo, buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha; ahora, las ma\u00f1anas, el centro y la serenidad.\u201d As\u00ed que, seg\u00fan Borges, el barroquismo est\u00e9tico es m\u00e1s propio de la juventud que de la madurez. Pero, asimismo, la evoluci\u00f3n est\u00e9tica puede llegarle al poeta por otra reflexi\u00f3n: \u201cel barroco es condenable por razones \u00e9ticas; el barroco es condenable porque corresponde a la vanidad\u201d, le declar\u00f3 a Osvaldo Ferreri mientras le hablaba de Quevedo. <\/p>\n\n\n\n<p>Eso \u00faltimo, naturalmente, como otras opiniones de Borges, es muy discutible, pero lo cierto es que el sentido que comunica &#8220;Los justos&#8221; no se avendr\u00eda bien con un estilo alambicado ni abundante en figuras literarias. A &#8220;Los justos&#8221; le sienta bien el clasicismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y le sienta bien el clasicismo porque la filosof\u00eda subyacente a este poema propugna que la virtud y la serenidad, que est\u00e1n al alcance de todos los seres humanos, se encuentran en las actividades corrientes de la vida m\u00e1s que en las extraordinarias, no en las grandes gestas heroicas sino en los peque\u00f1os gestos y actos de la vida cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sentido y coherencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un hermoso proverbio del <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Talmud\"><em>Talmud<\/em> <\/a>dice que &#8220;quien mata a un hombre es como si destruyese un mundo&#8221; y que &#8220;quien salva a un hombre es como si salvara un mundo&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>Una idea similar se recoge en <em><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Cor%C3%A1n\">El Cor\u00e1n<\/a><\/em>: &#8220;Quien mata a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. Y [&#8230;] quien salvara una vida, fuera como si hubiera salvado las vidas de toda la Humanidad.&#8221;<\/p>\n\n\n\n<p>Borges, en &#8220;De la salvaci\u00f3n por las palabras&#8221;, el \u00faltimo texto de <em>Atlas<\/em>, cuenta que, en una asamblea de las divinidades del <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Sinto%C3%ADsmo\">sinto\u00edsmo<\/a>, uno de los dioses propuso borrar del mapa a los seres humanos por haber construido armas de destrucci\u00f3n masiva, pero que otra divinidad se opuso y aleg\u00f3 que hab\u00eda que salvar a la humanidad por haber creado un haiku redentor, un poema de diecisiete s\u00edlabas. Unas palabras escritas \u2014un acto humano\u2014 sirven para salvar a la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Con estos ejemplos vemos que la idea de &#8220;salvar el mundo&#8221; no es original, tiene muchas versiones literarias; como tampoco lo es la idea de que un hombre sea a la vez toda la humanidad (&#8220;cualquier hombre es todos los hombres&#8221;, considera nuestro autor); lo que resulta sorprendente en nuestro poema es la categorizaci\u00f3n de &#8220;justos&#8221; que establece Borges y el mecanismo (&#8220;m\u00e1gico&#8221;, po\u00e9tico) de salvar el mundo mediante la repetici\u00f3n de actos cotidianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Efectivamente, el jardinero, el amante de la m\u00fasica, el aficionado a indagar el origen de las palabras, los jugadores de ajedrez, etc., todas las personas aludidas en el poema \u2014y tantas otras que no figuran pero podr\u00edan figurar por los mismos o similares motivos\u2014  no son h\u00e9roes de ninguna \u00e9pica, pero merecen ser consideradas justas, al margen de sus devociones religiosas,  porque, con su trabajo, misteriosamente, de manera discreta y silenciosa,  ejemplifican &#8220;los secretos v\u00ednculos que unen a todos los seres del mundo&#8221;, seg\u00fan dice Borges en &#8220;Unas notas&#8221;, al final de <em>La cifra<\/em>. Y son esos v\u00ednculos la explicaci\u00f3n y la causa de la salvaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>La clave de esa interpretaci\u00f3n, de esa l\u00f3gica o po\u00e9tica borgiana, la tenemos expuesta en la \u201cInscripci\u00f3n\u201d, al principio de <em>La cifra<\/em>. En esa inscripci\u00f3n preliminar escribe Borges que la dedicatoria de un libro forma parte de &#8220;la serie de hechos inexplicables que son el universo o el tiempo&#8221; y que \u201ccomo todos los actos del universo, la dedicatoria de un libro es un acto m\u00e1gico\u201d y no &#8220;el menos arcano&#8221;. Y si todos los actos del universo son &#8220;arcanos&#8221; y &#8220;m\u00e1gicos&#8221;, tambi\u00e9n lo ser\u00edan las personas a las que se alude en el poema, los actos que ejecutan y las consecuencias que generan esos actos para la continuidad del mundo. Esas personas, que ignoran la trascendencia de sus actos, no se conocen entre s\u00ed, pero, por estar unidas &#8220;por secretos v\u00ednculos&#8221;, dependen unas de otras, son interdependientes, y cada una tiene su valor y su funci\u00f3n. Nadie es insignificante.<\/p>\n\n\n\n<p>Borges nos hab\u00eda mostrado en muchas de sus ficciones lo extraordinario que habita secretamente entre nosotros; en este poema, en cambio, nos muestra que lo ordinario es lo verdaderamente extraordinario. Aquello que debemos volver a descubrir y amar. Aquello por lo que debemos aprestarnos a seguir cultivando nuestro jard\u00edn. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">F. Gallardo<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Bibliograf\u00eda consultada<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Jorge Luis Borges, <em>La cifra.<\/em> Madrid, Alianza Tres, 1981.<\/p>\n\n\n\n<p>Jorge Luis Borges, <em>Biblioteca personal (pr\u00f3logos). <\/em>Madrid, Alianza Tres, 1988.<\/p>\n\n\n\n<p>Jorge Luis Borges, <em>El libro de arena<\/em>. Madrid, Ultramar-Emec\u00e9, 1975.<\/p>\n\n\n\n<p>Jorge Luis Borges, <em>Fervor de Buenos Aires<\/em>, incluido en <em>Obra po\u00e9tica.<\/em> Madrid, Alianza-Emec\u00e9, 1972.<\/p>\n\n\n\n<p>Jorge Luis Borges-Osvaldo Ferrari, <em>Di\u00e1logos.<\/em> Barcelona, Seix Barral, 1992.<\/p>\n\n\n\n<p>Jorge Luis Borges, <em>Atlas<\/em>. En colaboraci\u00f3n con Mar\u00eda Kodama. Barcelona, Lumen, 1999.<\/p>\n\n\n\n<p>Voltaire, <em>C\u00e1ndido o el optimismo<\/em>, incluido en <em>Novelas y cuentos.<\/em> Traducci\u00f3n de Carlos Pujol. Barcelona, Planeta, 1982.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Las bellezas del Talmud<\/em>. Selecci\u00f3n y traducci\u00f3n de Rafael Cansinos-Assens. Barcelona, Edicomunicaci\u00f3n, 1988.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El Cor\u00e1n<\/em>. Traducci\u00f3n de Julio Cort\u00e9s. Madrid, Editora Nacional, 1979.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy, 14 de junio de 2026, hace cuarenta a\u00f1os que muri\u00f3 Jorge Luis Borges (1899-1986). 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