{"id":4086,"date":"2025-02-20T18:30:13","date_gmt":"2025-02-20T16:30:13","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/?p=4086"},"modified":"2025-10-24T13:18:31","modified_gmt":"2025-10-24T11:18:31","slug":"una-jaula-fue-en-busca-de-un-pajaro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/?p=4086","title":{"rendered":"Una jaula fue en busca de un p\u00e1jaro"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right\">Franz Kafka, <em>&#8220;T\u00fa eres la tarea&#8221;. Aforismos<\/em>.                                                                     Edici\u00f3n, pr\u00f3logo y comentarios de Reiner Stach.                                                       Traducci\u00f3n de Luis Fernando Moreno Claros. Barcelona, Acantilado, 2024. <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Franz-Kafka.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-4285\" width=\"301\" height=\"495\"\/><figcaption>Franz Kafka, <em>&#8220;T\u00fa eres la tarea&#8221;. Aforismos<\/em><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Cuando me planteo comentar este aforismo de Kafka, \u201cUna jaula fue en busca de un p\u00e1jaro\u201d, me vienen a la memoria por asociaci\u00f3n l\u00e9xica composiciones literarias en que aparecen jaulas y p\u00e1jaros. Me acuerdo de una balada bengal\u00ed recogida por Rabindranath Tagore en su novela <em>Gora<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Vuela a la jaula el ave extra\u00f1a,<br>no s\u00e9 de d\u00f3nde vendr\u00e1.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No logra mi mente encadenarla,<br>no s\u00e9 ad\u00f3nde ir\u00e1.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pero no tardo en descartar la asociaci\u00f3n, pues, al margen de la intenci\u00f3n l\u00edrica de la balada, ni el ave  \u2014encarnaci\u00f3n de un esp\u00edritu inquieto o de un sentimiento inestable que va y viene\u2014 ni la jaula \u2014imagen de la comprensi\u00f3n racional de los sentimientos\u2014 pueden asimilarse a los de nuestro aforismo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Circunstancias del autor y contexto<br><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En agosto de 1917, despu\u00e9s de haber sufrido dos v\u00f3mitos de sangre, a Franz Kafka se le diagnostic\u00f3 un brote de tuberculosis y, al cabo de pocas semanas, a mediados de septiembre, se instal\u00f3 en Z\u00fcrau (un pueblecito checo que hoy se llama Sirem), en el noroeste de Bohemia, a dos horas de tren desde Praga, en una granja agr\u00edcola regentada por su hermana Ottla. Hab\u00eda obtenido una baja laboral por enfermedad y la fue renovando hasta finales de abril de 1918, fecha en que volvi\u00f3 a Praga para reincorporarse a su trabajo en el Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo. Durante esos ocho meses de vida campestre su estado de salud hab\u00eda mejorado, hab\u00eda roto definitivamente su compromiso con su prometida Felice Bauer y algunas de las ideas que le ocuparon entonces se hab\u00edan ido plasmando en las anotaciones conocidas posteriormente como aforismos de Z\u00fcrau.<\/p>\n\n\n\n<p>Franz Kafka hab\u00eda conocido a Felice Bauer el 13 de agosto de 1912 en Praga, en casa de su amigo Max Brod, y no tard\u00f3 en encontrar en esa relaci\u00f3n sentimental acuciantes est\u00edmulos para la escritura. La primera carta que le escribi\u00f3 (ella viv\u00eda en Berl\u00edn) est\u00e1 fechada el 20 de septiembre de 1912, y la \u00faltima, el 16 de octubre de 1917, un mes despu\u00e9s de haberse instalado en Z\u00fcrau. Las 502 cartas de Kafka a Felice conservadas ocupan 792 p\u00e1ginas en la primera edici\u00f3n espa\u00f1ola de Alianza Editorial (1977); las de Felice Bauer a Franz Kafka no se han conservado. En <em>El otro proceso de Kafka<\/em>, El\u00edas Canetti analiza con rigor admirable el contenido de esas cartas para iluminar con fundamento los v\u00ednculos entre la vida sentimental del autor y la evoluci\u00f3n de su obra literaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la correspondencia con Felice Bauer hab\u00eda sido para Kafka un acicate para escribir (sobre todo al principio), una vez instalado en Z\u00fcrau parece decidido a tomar otro rumbo y a empezar una nueva etapa. La primera entrada de su diario escrita en Z\u00fcrau es significativa de este cambio de orientaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>15 de septiembre de 1917. Hasta cierto punto, ahora tienes la posibilidad, si realmente existe tal posibilidad, de comenzar. No la desperdicies. Si quieres penetrar en ti mismo, no podr\u00e1s evitar tanta suciedad que te desborda. Pero no te revuelques en ella. Si, como t\u00fa mismo dices, la herida de tus pulmones solo es un s\u00edmbolo, un s\u00edmbolo de la herida cuya inflamaci\u00f3n se llama Felice, y cuya profundidad se llama justificaci\u00f3n, si eso es as\u00ed, entonces tambi\u00e9n son s\u00edmbolos los consejos m\u00e9dicos (luz, aire, sol, reposo). Agarra ese s\u00ed<\/em>m<em>bolo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>De esa entrada vamos a retener la repetici\u00f3n de la palabra <em>s\u00edmbolo<\/em>, porque tendremos que recurrir a ella para comentar nuestro aforismo, pero, antes, aportemos otras circunstancias para contextualizar con m\u00e1s datos el nacimiento de los aforismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Franz Kafka, cuando ya llevaba una semana en Z\u00fcrau, recibi\u00f3 la visita de su prometida Felice Bauer, concretamente los d\u00edas 20 y 21 de septiembre (hab\u00eda recorrido una distancia de treinta horas en tren para verlo e interesarse por su salud). El encuentro entre ambos no sirvi\u00f3 para fortalecer el curso de sus relaciones. Poco despu\u00e9s de ese encuentro, Kafka todav\u00eda le escribi\u00f3 dos cartas m\u00e1s a Felice, una el 30 de septiembre y otra, la \u00faltima (\u201cQuerid\u00edsima Felice\u2026\u201d), el 16 de octubre de 1917, y el compromiso entre ellos dos acabar\u00eda rompi\u00e9ndose definitivamente en Praga en las Navidades de ese mismo a\u00f1o, cuando se encontraron por \u00faltima vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar Kafka a Z\u00fcrau ya estaba pr\u00e1cticamente agotada su febrilidad por escribirle a Felice. Podr\u00eda pensarse entonces que su necesidad perentoria de escribir se encauzar\u00eda en su diario, pero no fue as\u00ed: las entradas en su diario durante su estancia en Z\u00fcrau son escasas y escuetas. Incluso cuando Max Brod le pregunta por carta el 4 de octubre de 1917: \u201c\u00bfEscribes algo?\u201d, Kafka, dos d\u00edas despu\u00e9s, contesta: \u201cNo estoy escribiendo. Mi voluntad no me lleva a escribir\u201d. E incluso, el 18 de octubre, la entrada de su diario no puede ser m\u00e1s escueta ni m\u00e1s rotunda: \u201cRomper todo\u201d. Pero, al d\u00eda siguiente (el 19 de octubre), empieza a escribir, aparte, una serie de anotaciones: los llamados p\u00f3stumamente aforismos de Z\u00fcrau.<\/p>\n\n\n\n<p>La palabra aforismo naci\u00f3 en la Antigua Grecia para designar los preceptos m\u00e9dicos de Hip\u00f3crates (\u201cQue tu medicina sea tu alimento y el alimento tu medicina\u201d es uno de los m\u00e1s conocidos, muy af\u00edn, por cierto, a los principios naturistas de Kafka), aunque, de hecho, fil\u00f3sofos presocr\u00e1ticos como Her\u00e1clito ya hab\u00edan utilizado anteriormente f\u00f3rmulas sentenciosas y oraculares equivalentes, y m\u00e1s tarde, la palabra fue ampliando su uso y su significaci\u00f3n en la literatura y en la filosof\u00eda. As\u00ed que la flexibilidad formal que ha alcanzado el g\u00e9nero permite acoger la diversidad expresiva de las ciento cinco anotaciones numeradas de Kafka reunidas como una colecci\u00f3n de aforismos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el pr\u00f3logo de <em>\u201cT\u00fa eres la tarea\u201d. Aforismos<\/em>, sostiene Stach que, aunque \u201csea problem\u00e1tico calificarlos as\u00ed\u201d, \u201clos aforismos de Kafka figuran entre las creaciones intelectuales m\u00e1s originales del siglo XX, pese a que no hubo nada m\u00e1s ajeno a su autor que la b\u00fasqueda de la alusi\u00f3n graciosa, el efecto inesperado o la voluntad de asombrar a un lector imaginario\u201d. As\u00ed que, si los comparamos con los aforismos de otros grandes cultivadores del g\u00e9nero (Baltasar Graci\u00e1n, Quevedo, Lichtenberg, Chamfort, Nietzsche, etc.), concluiremos que se les parecen en poco: no tienen ni el brillo conceptual ni la sonora redondez por la que se recuerdan otros y, sin embargo, admiran por su condensaci\u00f3n, su valor literario y la fuerza de sus im\u00e1genes (al leer algunos, los imaginamos como si fueran fotogramas, y este es el caso del que comentamos a continuaci\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una jaula fue en busca de un p\u00e1jaro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>De este aforismo, el n\u00famero 16 de la serie, anotado el 6 de noviembre de 1917, escribe Stach que es \u201ctal vez el m\u00e1s famoso y citado de Kafka, [y que] desde luego no es tradicional, ni siquiera una par\u00e1bola o un relato breve, sino m\u00e1s bien una surrealista imagen parad\u00f3jica y chocante, que estimula la imaginaci\u00f3n del lector\u201d. Y tiene raz\u00f3n. Pero eso no impide que a muchos lectores ese aforismo les pueda parecer el principio de un relato inconcluso, pues, al fin y al cabo, otros escritos de Kafka comienzan tambi\u00e9n de manera enigm\u00e1tica o, al menos, intrigante. Veamos tres ejemplos.<\/p>\n\n\n\n<ol><li>&#8220;Alguien deb\u00eda de haber calumniado a Josef K, porque sin haber hecho nada malo, fue detenido una ma\u00f1ana&#8221; (<em>El proceso<\/em>)<\/li><li>&#8220;Cuando una ma\u00f1ana, Gregor Samsa se despert\u00f3 de unos sue\u00f1os agitados, se encuntr\u00f3 en su cama convertido en un monstruoso bicho&#8221; (<em>La transformaci\u00f3n)<\/em><\/li><li>&#8220;Tenemos un nuevo abogado, el doctor Buc\u00e9falo. Poco en su aspecto exterior recuerda la \u00e9poca en que a\u00fan era el corcel de Alejandro de Macedonia&#8221; (&#8220;El nuevo abogado&#8221;, relato incluido en <em>Un m\u00e9dico rural<\/em>)<\/li><\/ol>\n\n\n\n<p>Estos tres principios no tienen forma afor\u00edstica, es verdad; se refieren a personajes reconocibles (Josef K, empleado en un banco; Gregor Samsa, viajante de comercio, y el doctor Buc\u00e9falo, abogado) y constituyen el embri\u00f3n de sendas historias, pero los casos an\u00f3malos que declaran producen extra\u00f1amiento y tienen la intensidad necesaria para atraer la curiosidad del lector y garantizar que quiera seguir leyendo. Y algo parecido puede ocurrir con esa jaula capaz de ir en busca de un p\u00e1jaro: la imagen es tan desconcertante que, una vez aceptada, la creemos susceptible de convertirse en el origen de una singular historia. El extra\u00f1amiento en este caso derivar\u00eda de la personificaci\u00f3n de la jaula: ha tomado una determinaci\u00f3n y ha dejado der ser un mero objeto inerte para convertirse en protagonista de una b\u00fasqueda.<\/p>\n\n\n\n<p>Las jaulas en literatura no acostumbran a ser tan audaces como la del aforismo de Kafka. En algunos cuentos tradicionales (por ejemplo, en \u201cEl p\u00e1jaro de oro\u201d, de los hermanos Grimm) llega un momento en que el protagonista tiene que elegir entre una jaula de oro y otra de hierro (o de madera) para transportar al p\u00e1jaro que ha atrapado; en todos ellos, el error consiste en elegir la jaula de oro al creer que es la m\u00e1s apropiada por ser la m\u00e1s valiosa. Olvidan esos personajes que el oro de esas jaulas sirve para deslumbrarlos pero no para alcanzar la verdad (la verdad suele ser modesta, renuncia a los oropeles y se acoge a la sencillez). Pero en todos esos casos la jaula, por muchas caracter\u00edsticas f\u00edsicas que presente, carece de iniciativa propia.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a los p\u00e1jaros, en la tradici\u00f3n literaria suelen encarnar diversos significados. A veces simbolizan las almas humanas, que van y vienen, inquietas y misteriosas; otras son manifestaciones de la divinidad, presagios de lo que est\u00e1 a punto de ocurrir, im\u00e1genes o met\u00e1foras de la libertad, etc. Ya lo hemos dicho: el p\u00e1jaro de la balada bengal\u00ed, aunque parezca volar hacia una jaula, no se deja atrapar ni encadenar: es escurridizo e inasible. El mismo Kafka, seg\u00fan Canetti en la obra citada, \u201cse compara con un p\u00e1jaro al que una maldici\u00f3n tiene alejado de su nido, pero que revolotea constantemente en torno a ese nido vac\u00edo, sin jam\u00e1s perderlo de vista\u201d Cada p\u00e1jaro es lo que es y tiene sus atributos, el vuelo, el colorido de su plumaje, el canto, etc., y sin ellos pierde su condici\u00f3n\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>En el aforismo de Kafka no importa la circunstancia del material de que est\u00e1 hecha la jaula, como tampoco importa la especie del p\u00e1jaro, ni su colorido ni su canto. Importa lo que simbolizan estos dos elementos (ya hemos llamado la atenci\u00f3n sobre el uso de la palabra s\u00edmbolo en su diario y ahora se requiere interpretarlos). Lo importante es lo esencial, lo que esos dos elementos sugieren juntos (peligro, enjaulamiento) y por separado (la jaula, prisi\u00f3n, encierro; el p\u00e1jaro, vuelo, libertad), y la determinaci\u00f3n o el impulso de la jaula de complementarse, de tener una funci\u00f3n y servir para aquello para lo que fue fabricada.<\/p>\n\n\n\n<p>En su mismo apellido, Franz Kafka llevaba escrita la referencia a un p\u00e1jaro, el grajo (la palabra checa <em>kavka <\/em>significa \u201cgrajilla\u201d), de ah\u00ed que no sea raro que ese p\u00e1jaro negro aparezca en algunos escritos del autor, por ejemplo, en el aforismo 32 (\u201cLos grajos afirman: un solo grajo podr\u00eda destruir el cielo. Esto es indudable, pero no prueba nada contra el cielo, pues cielo significa precisamente: imposibilidad de grajos\u201d), en el relato \u201cEl cazador Gracchus\u201d (el nombre Gracchus procede de la palabra italiana <em>gracchio<\/em>, que significa \u201cgrajo\u201d) y en la descripci\u00f3n de la torre de <em>El castillo<\/em>, rodeada de \u201cenjambres de grajos\u201d, pues los grajos son p\u00e1jaros que acostumbran a anidar en los torreones de iglesias y castillos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esas nociones y una serie de hechos concatenados el lector puede llegar a interpretar el aforismo como si fuera la proyecci\u00f3n de un episodio de la vida amorosa del autor, pero esa, por veros\u00edmil que pueda parecer, ser\u00eda una interpretaci\u00f3n sin fundamento documental. Podr\u00eda pensarse que si Felice encarnaba a ojos de Kafka la idea de matrimonio y el matrimonio comportaba para \u00e9l la p\u00e9rdida de libertad para escribir, la llegada de Felice a Z\u00fcrau pod\u00eda interpretarse como un recordatorio funesto (del posible matrimonio y de la consiguiente p\u00e9rdida de libertad), algo equivalente a lo que una jaula podr\u00eda significar colocada junto a un p\u00e1jaro. La elegancia de esp\u00edritu de Kafka, su sentido del pudor y su profundo respeto por Felice no le hubieran permitido, creemos, expresar nunca sus temores en t\u00e9rminos demasiado directos, ni siquiera, acaso, a admitirlos ante s\u00ed mismo, pero la cercan\u00eda temporal de esos hechos (la visita de Felice a Z\u00fcrau y la escritura del aforismo) no deja de ser sorprendente. Lo cierto es que una interpretaci\u00f3n restrictiva del aforismo como simple proyecci\u00f3n autobiogr\u00e1fica del autor reduce su valor polis\u00e9mico y limita su fuerza pl\u00e1stica. Este aforismo, que quede claro, tiene un valor literario en s\u00ed mismo, y es secundario que pueda tener o no un origen autobiogr\u00e1fico.<\/p>\n\n\n\n<p>La frase original en alem\u00e1n (<em>Ein K\u00e4fig ging Vogel Suchen<\/em>) alguna vez ha sido traducida como \u201cUna jaula sali\u00f3 en busca de un p\u00e1jaro\u201d, pero esta traducci\u00f3n parece menos apropiada que la que venimos comentando; \u201csali\u00f3\u201d lleva a pensar en una circunstancia material, un lugar del que se entra y se sale, y le otorga a la personificaci\u00f3n de la jaula una naturaleza distinta, como si tuviera piernas o patas y no fuera solo un impulso. Tal vez por razones parecidas, Kafka hab\u00eda escrito primero: \u201cUna jaula fue a cazar un p\u00e1jaro\u201d, pero luego decidi\u00f3 corregirlo y suprimir la referencia a cazar, que conlleva una connotaci\u00f3n de violencia. Lo que quer\u00eda expresar Kafka con esta correcci\u00f3n, seg\u00fan Stach, es que \u201cquien pierde su libertad o est\u00e1 cautivo invariablemente pone algo de su parte y, por consiguiente, tiene alguna responsabilidad\u201d. A esta observaci\u00f3n podr\u00edamos a\u00f1adir un matiz: que si bien hay muchos grados de responsabilidad al aceptar relaciones de interdependencia, tambi\u00e9n hay varios tipos de cautividad, pues no es lo mismo ser <em>cautivo<\/em> por haberse dejado <em>cautivar<\/em> que ser <em>cautivo <\/em>contra la propia voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, dicho esto, no puede saberse qu\u00e9 tipo de v\u00ednculo se hubiera establecido entre la jaula y el p\u00e1jaro en el caso de haberse encontrado. La brevedad del aforismo dispara la imaginaci\u00f3n y lleva a que, como dice Stach, pueda \u201caplicarse a m\u00faltiples circunstancias sociales\u201d, tantas como son las personas que buscan a otras para mantener con ellas relaciones \u2014sentimentales, laborales, amistosas\u2026 \u2014 de dependencia y de sumisi\u00f3n o de interdependencia y colaboraci\u00f3n. Y, en ese sentido, asimilados el s\u00edmbolo de la jaula y el del p\u00e1jaro al comportamiento humano, podr\u00edamos decir que, como vocaciones hay muchas, unas personas tienen vocaci\u00f3n de seducir, otras de ser seducidas\u2026 y otras de seguir volando sueltas sin rendirle cuentas a nadie. Incluso, si se ampl\u00eda el sentido de la alegor\u00eda, podr\u00eda identificarse la jaula con cualquier sistema de ideas o creencias (pol\u00edticas, filos\u00f3ficas, religiosas, etc.) y el p\u00e1jaro con quienes corren el riesgo de quedar fascinados o apresados dogm\u00e1ticamente por ese sistema: el aforismo alcanzar\u00eda en ese caso una universalidad dif\u00edcil de eludir y pocas personas se librar\u00edan de ser o poder ser enjauladas de una u otra manera.<\/p>\n\n\n\n<p>No sabemos qu\u00e9 continuidad o uso posterior le hubiera dado Kafka a esta anotaci\u00f3n. Tal como est\u00e1 expresada, deja abierta la puerta a muchos significados: la jaula podr\u00eda ser, por ejemplo, la muerte \u2014o la enfermedad, la tuberculosis en el caso de Kafka\u2014 y el p\u00e1jaro, el sujeto al que la muerte \u2014o la enfermedad\u2014 viene a apresar y a llevarse consigo. Pero lo dejamos aqu\u00ed y que cada lector busque y nos diga cu\u00e1l es su interpretaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">F. Gallardo<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Franz Kafka, <em>\u201cT\u00fa eres la tarea\u201d. Aforismos<\/em>. Edici\u00f3n, pr\u00f3logo y comentarios de Reiner Stach. Traducci\u00f3n de Luis Fernando Moreno Claros. Barcelona, Acantilado, 2024.<\/p>\n\n\n\n<p>Franz Kafka, <em>Novelas. El desaparecido, El proceso, El castillo<\/em>. Traducci\u00f3n de Miguel S\u00e1enz. Edici\u00f3n dirigida por Jordi Llovet. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 1999.<\/p>\n\n\n\n<p>Franz Kafka, <em>Narraciones y otros escritos. <\/em>Traducci\u00f3n de Adan Kovacsics, Joan Parra Contreras y Juan Jos\u00e9 del Solar. Edici\u00f3n dirigida por Jordi Llovet. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2003.<\/p>\n\n\n\n<p>Franz Kafka, <em>Diarios.<\/em> Traducci\u00f3n de Andr\u00e9s S\u00e1nchez Pascual y Juan Parra Contreras. Edici\u00f3n dirigida por Jordi Llovet. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2000.<\/p>\n\n\n\n<p>Franz Kafka, <em>Cartas a Felice<\/em>. Edici\u00f3n de Erich Heller y J\u00fcrgen Born. Madrid, Alianza Editorial, 1977.<\/p>\n\n\n\n<p>El\u00edas Canetti, <em>El otro proceso de Kafka<\/em>, Traducci\u00f3n de Michael Faber-Kaiser y Mario Muchnick. Barcelona, Muchnik Editores, 1981 (2\u00aa edici\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>Reiner Stach, Kafka. <em>Los primeros a\u00f1os. Los a\u00f1os de las decisiones. Los a\u00f1os del conocimiento<\/em>. Traducci\u00f3n de Carlos Fortea. Barcelona, Acantilado, 2016.<\/p>\n\n\n\n<p>Reiner Stach, <em>\u00bf\u00c9ste es Kafka? 99 hallazgos<\/em>. Traducci\u00f3n de Luis Fernando Moreno Claros. Barcelona, Acantilado, 2021.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Franz Kafka, &#8220;T\u00fa eres la tarea&#8221;. Aforismos. Edici\u00f3n, pr\u00f3logo y comentarios de Reiner Stach. Traducci\u00f3n de Luis Fernando Moreno Claros. 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