{"id":2297,"date":"2018-09-26T11:21:29","date_gmt":"2018-09-26T09:21:29","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/?p=2297"},"modified":"2020-05-06T21:39:32","modified_gmt":"2020-05-06T19:39:32","slug":"solenoide-un-libro-tiene-que-pedirte-una-respuesta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/?p=2297","title":{"rendered":"Solenoide: un libro tiene que pedirte una respuesta"},"content":{"rendered":"<p>Mircea Cartarescu, <em>Solenoide<\/em>. Editorial Impedimenta. Madrid, 2017. Traducci\u00f3n de Marian Ochoa de Eribe.<\/p>\n<p>Antes de leer esta novela conoc\u00eda poco a Mircea Cartarescu: s\u00f3lo hab\u00eda le\u00eddo un libro suyo, <em>Por qu\u00e9 nos gustan las mujeres<\/em>, un conjunto de relatos al que me llev\u00f3 el cebo del t\u00edtulo, que vagamente me recordaba <em>Queremos tanto a Glenda,\u00a0<\/em>de Julio Cort\u00e1zar; ahora, despu\u00e9s de leer <em>Solenoide<\/em>, empiezo a conocerlo mejor.<\/p>\n<p>El resultado es que al acabar <em>Solenoide<\/em> puede tenerse la sensaci\u00f3n de haber ascendido a un Everest literario y de haber vivido una experiencia magn\u00e9tica (aunque, a ratos, la novela parezca magm\u00e1tica y canse por la reiteraci\u00f3n de algunos materiales). Si un libro tiene que ser como un hachazo para romper el mar helado que todos llevamos dentro, como quer\u00eda Kafka, <em>Solenoide<\/em> consigue con creces ese objetivo.<\/p>\n<div id=\"attachment_2300\" style=\"width: 520px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Mircea-Cartarescu.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-2300\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-2300 size-full\" src=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Mircea-Cartarescu.jpg\" alt=\"\" width=\"510\" height=\"295\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-2300\" class=\"wp-caption-text\">Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956)<\/p><\/div>\n<p>Dicen que para subir a la cima del Everest se necesitan unos 40 d\u00edas (sobre todo para aclimatarse a las alturas); no s\u00e9 si en ese tiempo algunos escaladores, mientras ascienden por sus laderas, se sienten asediados por las dificultades, el cansancio o la tentaci\u00f3n de abandonar. Habr\u00e1 habido de todo, como habr\u00e1 todo tipo de respuestas y reacciones mientras se arma el puzzle llamado <em>Solenoide<\/em>. Pero quien no llega a la cima o no acaba de montar el puzzle no podr\u00e1 saber lo que se experimenta al final de la experiencia. Por esa raz\u00f3n, si tuviera que dar un consejo sobre este libro a alguien de quienes componemos\u00a0<a href=\"https:\/\/elpuig.xeill.net\/Members\/institut\/curs-2015-2016\/un-altre-llibre-si-us-plau\">el grupo de lectura del Puig Castellar<\/a>, no podr\u00eda ser otro que este: &#8220;Persevera, amigo, y ver\u00e1s recompensados tus esfuerzos&#8221;. Un poliedro no se conoce mientras no se han visto todas sus caras. Y <em>Solenoide<\/em> tiene muchas; a continuaci\u00f3n se habla de algunas de las m\u00e1s evidentes.<\/p>\n<div id=\"attachment_2301\" style=\"width: 284px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Un-solenoide.png\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-2301\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-2301 size-full\" src=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Un-solenoide.png\" alt=\"\" width=\"274\" height=\"184\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-2301\" class=\"wp-caption-text\">solenoide.- Bobina cil\u00edndrica de hilo conductor arrollado de manera que la corriente el\u00e9ctrica produzca un intenso campo magn\u00e9tico. (DRAE)<\/p><\/div>\n<p>El protagonista de esta novela es un buscador: busca en los libros y en los encuentros azarosos la llave que le permita escapar de la prisi\u00f3n de este mundo. Trabaja como maestro de Lengua rumana en una escuela de las afueras y vive solo en una casa en forma de barco de la calle\u00a0<a href=\"http:\/\/bucurestiul.info\/strazi\/strada-maica-domnului\/\">Maica Domnului<\/a>. Despu\u00e9s de disfrutar del prodigioso efecto levitatorio que produce el <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Solenoide\">solenoide<\/a> enterrado en los cimientos de su casa, va localizando por casualidad los otros cinco solenoides esparcidos por Bucarest y, sobre un plano de la ciudad desgastado por el uso, coloca envoltorios de bombones para marcar la ubicaci\u00f3n de cada uno: el <a href=\"http:\/\/www.legmed.ro\/\">Instituto de Medicina Legal Mina Minovici<\/a>, la casa de Palamar, al fondo del <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Pantelimon_(Bucarest)\">barrio de Pantelimon<\/a>, la escuela del <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Colentina_(Bucarest)\">barrio de Colentina<\/a> en la que trabaja, etc. Todos estos nombres de lugares bucarestinos y otros muchos, si al principio causan extra\u00f1eza al lector for\u00e1neo, acaban result\u00e1ndole familiares a fuerza de repetirse como centros de inter\u00e9s, pues, efectivamente, si el protagonista de la novela es el narrador (ser\u00eda un error de perspectiva identificarlo totalmente con el autor, m\u00e1s bien se dir\u00eda que es uno de sus posibles desdoblamientos), el pernicioso antagonista contra el que lucha es la ciudad de Bucarest:<\/p>\n<p><em>&#8220;&#8230;deambulaba aturdido entre unos edificios en cuyo avanzado estado de ruina no reparaba todav\u00eda y entre transe\u00fantes cuya melancol\u00eda no percib\u00eda. Ten\u00eda que conocer mejor esa ciudad en cuyo caos, entre el per\u00edmetro de tres cinemat\u00f3grafos, hab\u00edan reconstruido mis padres, procedentes del campo, su pueblo. Por eso compr\u00e9 el plano y lo estudi\u00e9 luego tardes enteras, hechizado y aterrorizado por el gran laberinto bucarestino, en avanzado estado de ruina, dibujado all\u00ed con tanta minuciosidad que pod\u00edas distinguir no s\u00f3lo las calles, los r\u00edos y los lagos de los planos convencionales, sino cada edificio por separado, con sus apartamentos, sus cocinas y ba\u00f1os, con la mugre de las paredes, con los zapatos en el recibidor, con la ropa de los armarios, con las hilachas de la ropa y con las hebras microsc\u00f3picas que forman las hilachas, y con las ramas y hojas de cada \u00e1rbol, con los nervios de cada hoja y sus manchas de tanino en forma de cara, de nubes o de lejanos pa\u00edses africanos&#8221;\u00a0<\/em>(p\u00e1gs. 746-747).<\/p>\n<p>En ese fragmento puede apreciarse la mirada penetrante del narrador, una mirada de entom\u00f3logo: capta el alma de la ciudad en toda su podredumbre y, al mismo tiempo, registra todo tipo de realidades, desde las m\u00e1s visibles a las aparentemente m\u00e1s insignificantes, los accidentes geogr\u00e1ficos, la tristeza inmemorial de los transe\u00fantes y la belleza escondida en las manchas de las hojas de los \u00e1rboles. (Como dec\u00eda Salvat-Papasseit, <em>res no \u00e9s mesqu\u00ed<\/em>, y Dios, el Diablo y las ra\u00edces de la poderosa escritura de Cartarescu est\u00e1n en los detalles.) Pero es que, adem\u00e1s, se encuentran aqu\u00ed algunas observaciones que definen la relaci\u00f3n del personaje con su ciudad: <em>deambulaba aturdido<\/em>, <em>hechizado y horrorizado&#8230;\u00a0<\/em>Este deambular solitario y aturdido en medio de la multitud es un motivo clave de la novela contempor\u00e1nea ambientada en la gran urbe (as\u00ed, por ejemplo, en\u00a0<em>Hambre<\/em>, de Knut Hamsun, cuyo narrador protagonista busca respuestas, merodea sin rumbo por las calles de Cristian\u00eda\/Oslo y se aferra a la escritura como tabla de salvaci\u00f3n). En cuanto a sentirse <em>hechizado y horrorizado<\/em> al mismo tiempo es un estado, aparentemente contradictorio, propio de quien se siente atrapado por la complejidad de la realidad y palpa en la oscuridad del t\u00fanel buscando el camino de salida. Otras palabras ic\u00f3nicas que aparecen en ese fragmento: <em>ruinas, caos, laberinto<\/em>&#8230; Expresan una visi\u00f3n del mundo.<\/p>\n<div id=\"attachment_2323\" style=\"width: 2076px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Pantelimon-1.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-2323\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-2323 size-full\" src=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Pantelimon-1.jpg\" alt=\"\" width=\"2066\" height=\"1139\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-2323\" class=\"wp-caption-text\">Barrio de Pantelimon donde vive Palamar.<\/p><\/div>\n<p>El hecho de que la ciudad parezca caerse a pedazos podr\u00eda conducir a una interpretaci\u00f3n pol\u00edtica de la novela, cuya acci\u00f3n principal se desarrolla b\u00e1sicamente durante el periodo de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Nicolae_Ceau%C8%99escu\">Ceausescu<\/a> (!965-1989). As\u00ed lo recuerdan los retratos de personajes que cuelgan de las paredes de la escuela en la que trabaja el protagonista, las peri\u00f3dicas campa\u00f1as patri\u00f3ticas de recogida de botellas, la prepotencia y la ostentaci\u00f3n de los maestros miembros del Partido Comunista, o la beligerancia con que la polic\u00eda secreta persigue a los piquetistas. Es decir, los edificios ruinosos y abandonados ser\u00edan una met\u00e1fora de la descomposici\u00f3n de un r\u00e9gimen corrupto e ineficiente. Pero el narrador no fomenta esta l\u00ednea interpretativa con comentarios expl\u00edcitos ni sobreact\u00faa como los populistas. No duda, en cambio, en desvelar las legiones ocultas de chup\u00f3pteros que, como los \u00e1caros, parecen labrar desde el subsuelo la descomposici\u00f3n moral y f\u00edsica de la ciudad. De esas fuerzas ya le hab\u00eda hablado\u00a0\u00a0su primer mentor, Traian, en el sanatorio de tuberculosis, cuando ni\u00f1o, pero el narrador no las describe hasta el final, en el momento en que quedan desarmadas y desnudas como alacranes desconcertados cuando se levanta la piedra que los cubr\u00eda. Al fin y al cabo, los par\u00e1sitos, como aquellos de los que habla en la primera l\u00ednea (&#8220;He cogido piojos otra vez&#8221;), constituyen un elemento recurrente en toda la narraci\u00f3n, no tanto como elementos simb\u00f3licos sino como seres vivos reales que le fascinan por su persistente y ubicua presencia, la infinita variedad de sus formas y la imposibilidad de comunicarse con ellos (como pone de manifiesto el experimento en la casa de Palamar, un verdadero y dram\u00e1tico viaje al coraz\u00f3n de los \u00e1caros).<\/p>\n<div id=\"attachment_2319\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/\u00c1caros.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-2319\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-2319 size-full\" src=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/\u00c1caros.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"331\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-2319\" class=\"wp-caption-text\">Los \u00e1caros que estudia Palamar.<\/p><\/div>\n<p>Palamar encarna al viejo sabio secreto, solitario y silencioso, dedicado al objeto de su estudio con una intensidad y una pasi\u00f3n rayanas en la demencia: igual que el alquimista capaz de experimentar en s\u00ed mismo el veneno cuya f\u00f3rmula persigue, Palamar cr\u00eda sarna en su propia piel para tener un mayor conocimiento de este par\u00e1sito, sobre el que escribe la mayor monograf\u00eda de todos los tiempos.\u00a0 Adem\u00e1s, Palamar, que hechiza por su discreci\u00f3n y su inquietante saber, es el verdadero padre intelectual del protagonista, aquel que lo conduce desde la distancia y trata de ayudarlo a salir del laberinto. Representa lo mismo que Virgilio representa para Dante en la <em>Divina Comedia<\/em><em>,\u00a0<\/em>pues si Dante se sent\u00eda extraviado en una selva oscura, el protagonista de <em>Solenoide\u00a0<\/em>se encuentra extraviado entre dos realidades que se comunican entre s\u00ed hasta complementarse: la diurna (la del trabajo en la escuela, las relaciones familiares, el deambular por las calles, etc.) y la nocturna (los sue\u00f1os, los miedos, el desasosiego, etc.). Con el mismo asombro con que Alicia penetra en madrigueras y traspasa espejos en los libros de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Lewis_Carroll\">Lewis Carroll<\/a>, el protagonista de <em>Solenoide<\/em> recorre s\u00f3tanos, t\u00faneles, pasadizos, galer\u00edas y edificios abandonados; contempla &#8220;el mundo como un enigma, como un laberinto, como una pregunta que exige imperiosamente una respuesta&#8221; (p\u00e1g. 267) y va registrando minuciosamente, por si acaso, todo aquello que encuentra a su paso por desagradable, monstruoso o s\u00f3rdido que parezca. Cuando cree haber encontrado alguna clave, su emoci\u00f3n impaciente se identifica con la de Edmond Dant\u00e9s (<em>El Conde de Montecristo<\/em>) mientras escucha golpes al otro lado de la pared de su celda.\u00a0 En sus recorridos por el mundo de las sombras confluye en algunos momentos con los piquetistas, esa especie de secta que se manifiesta contra el dolor y la muerte: &#8220;\u00a1Muera la muerte!&#8221;, gritar\u00edan si sus voces no estuvieran acaparadas por un grito m\u00e1s desesperado y contundente todav\u00eda: &#8220;\u00a1Socorro!&#8221; (la palabra que gritan centenares de voces a lo largo de diez p\u00e1ginas del libro).<\/p>\n<p>Cartarescu es un explorador de los senderos luminosos y de los abismos sombr\u00edos de la mente humana. Su afici\u00f3n a los laberintos y a los enigmas matem\u00e1ticos nos recuerda a Borges y su obsesi\u00f3n por los t\u00faneles on\u00edricos, a V\u00edctor Hugo, que sigue al Jean Valjean<em>\u00a0<\/em>fugitivo por\u00a0 las cloacas de Par\u00eds en\u00a0<em>Los miserables<\/em>. Pero tambi\u00e9n a<em>\u00a0<\/em>Sabato, autor de <em>El t\u00fanel<\/em> (&#8220;&#8230;en todo caso, hab\u00eda un solo t\u00fanel, oscuro y solitario, el m\u00edo&#8221;) y de\u00a0<em>Sobre h\u00e9roes y tumbas,<\/em>\u00a0por cuyas p\u00e1ginas transitan los pasos angustiados de Fernando Vidal a trav\u00e9s de los canales subterr\u00e1neos de Buenos Aires. Estos y otros autores resuenan como latidos entre las p\u00e1ginas de <em>Solenoide,\u00a0<\/em>pues en la b\u00fasqueda de respuestas, Cartarescu ha le\u00eddo todos los libros posibles y algunos de ellos, hitos de su formaci\u00f3n, aparecen citados en la novela; por ejemplo, <em>Nietcha N\u00e9zvanova<\/em>, de Dostoievski,\u00a0<em>El t\u00e1bano<\/em>, de Ethel L. Voynich, o los diarios de Kafka. Del libro de Dostoievski el narrador toma el ejemplo de Efimov, el violinista mediocre que le sirve de modelo de artista fracasado. De <em>El t\u00e1bano\u00a0<\/em>se dice que, adem\u00e1s de haberle hecho llorar como ning\u00fan otro libro, se convirti\u00f3 en &#8220;la primera pieza del motor metaf\u00edsico&#8221; de su escritura. En cuanto a los diarios de Kafka, son una fuente constante de inspiraci\u00f3n para su escritura y para su vida.<\/p>\n<div id=\"attachment_2333\" style=\"width: 267px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Las-tentaciones-de-San-Antonio.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-2333\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-2333 size-full\" src=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/Las-tentaciones-de-San-Antonio.jpg\" alt=\"\" width=\"257\" height=\"196\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-2333\" class=\"wp-caption-text\">Las tentaciones de San Antonio, obra de Dal\u00ed a la que se alude en dos o tres ocasiones en la novela.<\/p><\/div>\n<p>La b\u00fasqueda de un estilo propio por parte de Cartarescu es, al mismo tiempo, la b\u00fasqueda de una respuesta a las obsesiones del protagonista de <em>Solenoide<\/em>, sin que ambos, como se pone de manifiesto al hablar del fracaso del poema <em>La ca\u00edda<\/em>, deban confundirse. En la noche del 24 de octubre de 1977 Cartarescu y su doble se separan literaria y vitalmente. Esa noche, el narrador protagonista, ante un p\u00fablico de <em>lletraferits<\/em> que se re\u00fanen bajo el nombre de Cen\u00e1culo de la Luna, lee su <em>primer y \u00fanico mapa de su mente\u00a0<\/em>(p\u00e1g. 40). El fracaso hunde al poeta en ciernes y le sirve de excusa para compararse con el mediocre Efimov de Dostoievski. Desde entonces, Mircea Cartarescu empieza a construir su trayectoria como novelista de \u00e9xito, pero uno de sus yoes queda maltrecho, dolido y resentido. De esa herida le supurar\u00e1n centenares de p\u00e1ginas recogidas en cuatro cuadernos en los que incorpora el registro de algunos sue\u00f1os y pesadillas\u00a0 recurrentes: el manuscrito de\u00a0<em>Solenoide. <\/em>Son p\u00e1ginas<em>\u00a0<\/em>escritas por un sosias de Cartarescu, una especie de doble fracasado que se pregunta angustiosamente por el sentido de la vida, por el sentido de los sue\u00f1os, por el sentido del azar y de los encuentros casuales&#8230; y por el significado del <em>Manuscrito Voynic<\/em>h, el libro m\u00e1s misterioso de todos los libros, entre otras cosas, por estar escrito en una lengua que no ha sido descifrada.<\/p>\n<div id=\"attachment_2331\" style=\"width: 540px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/El-manuscrito-Voynich.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-2331\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-2331\" src=\"https:\/\/blog.elpuig.xeill.net\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/El-manuscrito-Voynich.jpg\" alt=\"\" width=\"530\" height=\"367\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-2331\" class=\"wp-caption-text\">P\u00e1ginas del Manuscrito Voynich<\/p><\/div>\n<p style=\"text-align: left;\">Para Cartarescu, encontrar un estilo, su voz, representa la salvaci\u00f3n por la palabra; para su doble, el narrador de <em>Solenoide<\/em>, la salvaci\u00f3n finalmente no estar\u00e1 en la palabra, sino en la vida. Ha escrito cuatro cuadernos en los que ha ido acumulando sus reflexiones, sus miedos (&#8220;Siempre he tenido miedo, un miedo puro, surgido no de la idea del peligro, sino de la vida misma&#8221;, p\u00e1g. 69) y la b\u00fasqueda del libro definitivo que podr\u00eda salvarlo (por un momento cree haberlo encontrado en el <em>Manuscrito Voynich<\/em>, pero no es as\u00ed). La salvaci\u00f3n para Cartarescu puede estar en los libros, pero su doble escoge la salvaci\u00f3n por el amor de Irina y por su hija, la peque\u00f1a Irina. As\u00ed que, efectivamente, Irina resulta ser la Beatriz que gu\u00eda al doble novel\u00edstico de Cartarescu hacia la vida nueva, es decir, hacia la paternidad. El doble de Cartarescu quema sus manuscritos (el libro que estamos leyendo, <em>Solenoide<\/em>) y descubre el valor de la vida:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>&#8220;Permanecer\u00eda atrapado para siempre en este valle. Pero ahora sab\u00eda que no habr\u00eda marchado solo, que estaba unido a trav\u00e9s de la hermandad y el amor a todos mis semejantes, a los de la fila de la muerte, a aquellos cuya huella en este mundo se extinguir\u00eda enseguida. A los piquetistas, a mis colegas, a cada uno de los rostros que hab\u00eda visto alguna vez. No habr\u00eda partido sin mis Irinas, que iluminaban ahora mi vida. Porque solo cuando mi manuscrito se destruy\u00f3 entre las llamas empec\u00e9 a sentir que tengo de verdad otra vida&#8221; <\/em>(p\u00e1g. 784)<em>.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Esas l\u00edneas, que se escriben despu\u00e9s de la asombrosa desaparici\u00f3n de la ciudad muerta, le sirven de respuesta y de consuelo tambi\u00e9n al lector. &#8220;Permanecer\u00eda atrapado&#8221;, nos dice el narrador: no hay escapatoria posible de la prisi\u00f3n de este mundo; <em>la vida no est\u00e1 en otra parte: <\/em>hay que vivirla aqu\u00ed, en este mundo, <em>en la hermandad y el amor a todos los semejantes<\/em>. Ya no le hace falta seguir llevando el libro de registros de sus b\u00fasquedas, su manuscrito; por eso decide quemarlo. Parece, pues, haber le\u00eddo el ep\u00edgrafe inicial de la novela, las versos de\u00a0<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Tudor_Arghezi\">Tudor Arghezi<\/a>: &#8220;Amado libro, tan infecundo,\/ no ofreces respuesta a ninguna pregunta&#8221; . Puestas al principio de su novela, Cartarescu parece advertir con esas palabras que un libro no es un or\u00e1culo al que haya que preguntar nada. Y para rematar esa idea, m\u00e1s adelante, el narrador afirma: &#8220;Un libro tiene que pedirte una respuesta&#8221; (p\u00e1g. 263), es decir, que es el lector el que tiene que dar respuesta a las preguntas que el libro pueda plantear y no al rev\u00e9s. Con estos mimbres, el lector de la novela ya sabr\u00e1 a qu\u00e9 atenerse cuando se le pregunte, como Irina a su amante, si prefiere el arte o la vida. La gran literatura, aunque hable de grandes tragedias, monstruosidades y dolores, siempre es una forma de afirmar la vida, de defenderla y de perpetuarla. Pues la vida es m\u00e1s grande que cada una de sus manifestaciones. Seguiremos hablando de Mircea Cartarescu; le deb\u00edamos una respuesta y le agradecemos la lecci\u00f3n pr\u00e1ctica que nos brinda en\u00a0<em>Solenoide:\u00a0<\/em>un autor tiene que escribir sin pretender gustar a nadie m\u00e1s que a s\u00ed mismo. En esa actitud, tan rara en nuestro tiempo, radican su libertad y el motivo de nuestra admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">F. Gallardo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mircea Cartarescu, Solenoide. Editorial Impedimenta. Madrid, 2017. Traducci\u00f3n de Marian Ochoa de Eribe. 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